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2000 La democracia no se puede dar sin ti. Mensaje del Episcopado Mexicano al pueblo de México en ocasión a las elecciones del 2000.

Mayo 2 de 2000

 

 

El pueblo de México se dispone a vivir una importante jornada cívica el próximo 2 de julio, fecha en que se llevarán a cabo elecciones generales de presidente de la República, de diputados y senadores federales, de gobernadores en tres Estados, y de congresos locales y presidentes municipales en otros diez Estados.

Ante la actual coyuntura política, los obispos de México, en nuestra condición de pastores de la Iglesia y ciudadanos preocupados por el bien de nuestra nación, en un momento tan importante de la vida nacional, nos sentimos obligados a decir a todos los mexicanos una palabra de aliento y esperanza desde la fe, ofreciendo nuestra reflexión a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Queremos ofrecerles con sencillez nuestro ministerio episcopal al servicio de la verdad, de la unidad y la reconciliación y a favor de la dignidad de la persona humana.

En este año en que celebramos el gran jubileo de la Encarnación, deseamos contribuir a que el pueblo de México viva cada vez más los grandes valores de la paz, la reconciliación, el perdón, la tolerancia, la democracia, la unidad nacional, el diálogo abierto y la participación solidaria en la construcción del bien común.

México ha tenido en los últimos años avances importantes en el campo de la vida política. Hemos tenido una reforma política: contamos con una ley que norma los procesos electorales, existe un Instituto Federal Electoral, cuya tarea es la de vigilar que el proceso electoral sea limpio y transparente y un Tribunal independiente y autónomo para calificar las elecciones, hacer que se respete la voluntad popular y dirimir las controversias electorales en estricto apego al principio de legalidad.

Estos órganos electorales tienen la finalidad de generar y asegurar la suficiente certeza y credibilidad en el resultado de las elecciones, sea cual sea el partido o candidato que resulte ganador. A partir de estas reformas, las elecciones locales en diversos Estados de la República en general han sido más tranquilas y sin controversias postelectorales violentas, aunque todavía se han dado recientemente algunos lamentables acontecimientos. Ya no queremos más los fraudes del pasado y las acostumbradas pugnas postelectorales.

El pueblo de México ha optado decididamente por la democracia como forma de gobierno, preparándose para ella, participando en los procesos electorales, emitiendo y defendiendo su voto, haciéndose más presente en las decisiones de interés común y participando en los cargos de gobierno. Existen, sin embargo, todavía fallas que se tienen que superar para llegar a una madurez política y a una democracia plena.

Una de estas fallas es el abstencionismo, que lamentablemente se sigue dando entre nosotros, ya sea por una apatía natural o por la desconfianza de que el voto no sea respetado. Sólo por razones graves una persona se puede abstener de votar. El dejar de votar es una falta grave de responsabilidad y constituye una falta moral.

Los valores de la democracia

En documentos anteriores hemos hablado ya de los valores de la democracia. Sin embargo, como lo expresamos en nuestro Proyecto pastoral 1996-2000, hoy, más que nunca, «vemos necesario acompañar e impulsar, desde nuestra misión de pastores, el proceso democrático del país, superando el ambiente sofocante de desconfianza en las instituciones, proclamando los valores de una genuina democracia pluralista, justa y participativa, animando al pueblo hacia un real protagonismo».

La democracia define una forma de gobierno en la que las leyes y las instituciones públicas funcionan de acuerdo a la voluntad general, establecida a partir de una mayoría. Se caracteriza por la participación igualitaria de los ciudadanos. A los gobernantes se les elige mediante sufragio o voto ciudadano. El gobierno se ejerce mediante órganos independientes: poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

La Iglesia como institución no hace suyo ningún sistema político. Sin embargo, ha manifestado su preferencia por el sistema democrático en cuanto que éste asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar, mediante sus representantes, a sus propios gobernantes, e incluso de sustituirlos de manera legal y pacífica si fuese  necesario (cf. Centesimus annus, 46}.

Una vez más lo decimos: la Iglesia no se identifica con ningún partido político y ningún partido político podría pretender representar a la Iglesia. La Iglesia ofrece a los fíeles católicos principios y criterios que dimanan del Evangelio, para que ellos con plena libertad decidan sus opciones políticas. Es más, «una misma fe puede dar lugar a diversos compromisos políticos con los que la Iglesia como institución jamás debe asociarse» (Carta pastoral, 287). No nos debe extrañar, por tanto, que los católicos libremente se afilien a diferentes partidos políticos, conforme a su conciencia.

Importancia del voto

En un país donde se aspira a vivir la democracia, los ciudadanos disponen del voto para participar e influir en la conducción de los asuntos públicos. Es también un medio para que los ciudadanos manifiesten su aprobación o desaprobación a sus gobernantes, a los partidos políticos que los respaldan y a los programas que dichos partidos ofrecen.

El voto es al mismo tiempo un derecho y una obligación que se deben ejercer con gran responsabilidad y cuidado. Por disposición constitucional, el voto es personal, secreto, consciente y razonado. Cada ciudadano es libre de votar conforme a lo que le dicte su conciencia. No basta, sin embargo, emitir libremente nuestro voto. Para hacer una elección responsable es necesario tener criterios que orienten tal decisión.

El voto, como se ha dicho, es libre y no puede inducirse a cambio de dádivas o de ofrecimientos de beneficios posteriores. No se compra ni se vende. Tampoco puede ser «corporativo», es decir, no puede ser comprometido en bloque por los líderes o los sindicatos.

Ya es tiempo de superar las prácticas viciosas del voto clientelar o corporativo. Menos aún puede ser obtenido a base de presiones o de prácticas intimidatorias o coercitivas, por amenazas y represalias. Todo lo que de alguna manera constituya una forma fraudulenta de obtener el voto, es deshonesto, censurable, y constituye una falta moral grave, pues se manipula a la persona, hiriendo su dignidad, tanto más cuando se especula con la pobreza e ignorancia de las personas. Esta práctica, además, está sujeta a sanciones penales por parte de las autoridades correspondientes.

Para votar responsablemente es necesario conocer y valorar no sólo los programas o plataformas políticas de los partidos, sino la calidad moral de cada candidato: sus antecedentes, su capacidad profesional, su compromiso con los grandes ideales de la nación, su experiencia, su honestidad y la rectitud de su vida personal y familiar.

Hay también algunos asuntos que son fundamentales para el bien de un país y sobre los que es importante saber qué proponen los candidatos para decidir si se les apoya o no con el voto; por ejemplo, si reconocen o no el deber moral de garantizar el derecho inalienable a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; si van a brindar apoyo a la calidad de la enseñanza y garantía efectiva del derecho de los padres a escoger el modelo de educación integral que desean para sus hijos; si aplicarán políticas que favorezcan la libre iniciativa social, oportunidades de trabajo para todos y la moralidad en la vida económica, con una especial atención a los más desfavorecidos de la sociedad: pobres, inmigrantes, ancianos, enfermos. Serían estos, también, criterios para emitir nuestro voto de una manera responsable.

Recientemente en México se ha introducido la práctica de las encuestas para conocer la popularidad y aceptación que los candidatos tienen entre la gente. Esto responde a las técnicas de la llamada mercadotecnia y a estrategias publicitarias en las que se acentúa la imagen o apariencia personal, aun por encima de la verdad.

Esta práctica es válida, siempre y cuando sea realizada e interpretada en forma correcta, ya que se refiere sólo a las tendencias o intención de los encuestados, que pueden cambiar en el momento de votar; la encuesta se limita a un grupo determinado de personas que no necesariamente son representativas de toda la nación; la respuesta a la encuesta puede no ser veraz y el resultado puede ser dudoso, si la metodología no es la adecuada. Se da por hecho que los ciudadanos emitirán su voto inducidos por los porcentajes que se atribuyen a cada candidato, sin considerar los factores verdaderamente importantes que ya hemos mencionado.

Los partidos políticos

Los partidos políticos son las organizaciones que agrupan a individuos con intereses afines, les dan una forma de expresión común, que se traduce en demandas y propuestas de políticas y cambios que debe realizar el Gobierno. La finalidad de los partidos es crear una plataforma de pensamiento (proyecto de Estado), proporcionar a la ciudadanía una formación cívico-política para el logro del bien común y, en último término, alcanzar el poder y traducir en acciones de gobierno las demandas y propuestas de todos los ciudadanos.

La fuerza de un partido está en su capacidad de convocatoria; de dar expresión política al sentir de los ciudadanos, respondiendo a sus necesidades; en su organización, para asegurar la participación de sus afiliados en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos y de esa manera participar en la conducción del cambio social. Los partidos políticos son, por ello, los principales protagonistas del proceso electoral.

Una democracia moderna no puede darse sin un régimen de partidos que permita a los ciudadanos hacer sus opciones políticas y elegir entre distintas alternativas de solución a los grandes problemas nacionales. En un país como México, con una sociedad tan compleja y desigual, necesariamente se da un régimen plural de partidos, cada uno de los cuales ofrecen diferentes propuestas y busca mantener o conquistar el poder para tener en sus manos las decisiones de gobierno.

Las campañas políticas

Las campañas políticas son todas las acciones que los partidos políticos realizan para conseguir la afiliación de los ciudadanos o al menos el voto en tiempo de elecciones. En este caso su finalidad es dar a conocer los programas de los partidos, su plataforma política (ideas, principios, propuestas) y dar lugar a que los candidatos sean suficientemente conocidos por los electores.

En orden a una elección libre, consciente y responsable, los ciudadanos necesitan conocer a los candidatos, pero no solamente conocer la imagen del candidato a través de los medios, ni dejarse simplemente llevar de las frases o anuncios llamativos en la radio o en la televisión; es necesario además conocer, como ya se ha dicho, sus ideas, sus propuestas, y valorar su capacidad profesional, su experiencia, su honestidad y su compromiso de cara a la nación. En la hipótesis de que un candidato sostenga políticas contrarias a los principios de la ética y la moral, un católico no puede, en conciencia, darle su voto.

Las campañas, como todo el proceso electoral, deben hacerse con apego a la ley, con civilidad, tolerancia y respeto entre los contendientes. Las campañas no deben dar lugar a que los candidatos se vuelvan enemigos irreconciliables, pues ellos deben ser conscientes de que su única aspiración ha de ser el buscar el bien de la nación. La preferencia por un partido o candidato mucho menos ha de ser ocasión de divisiones y rencores entre las familias.

Los medios de comunicación, al influir en la opinión pública, juegan un gran papel en la forma como las campañas se desarrollan. Tienen, por ello, la grave responsabilidad de informar en forma veraz y objetiva sobre los actos de campaña de los candidatos. Es inmoral y deshonesto el que los dueños o directivos de los medios, comunicadores y líderes de opinión manipulen la información para favorecer y privilegiar a un candidato en particular o a un partido.

El buen éxito de las elecciones dependerá de la participación y colaboración responsable de todos, de la conciencia cívica de los ciudadanos, del apego a la ley y del orden que se guarde el día de la votación, evitando cualquier acto de violencia que empañe esa jornada cívica. La paz es un bien superior, que debemos preservar a toda costa, ya que es condición indispensable para la convivencia armónica y el progreso de un pueblo.

Participación de la Iglesia en la vida política del país

«Cuando los obispos hablamos sobre los distintos problemas sociales que afectan a nuestro pueblo, insistimos en que nuestra labor es prioritariamente pastoral y nunca partidista» (Carta pastoral «Del Encuentro... », 285). Nuestra responsabilidad como pastores es hacer ver la relación profunda de la vida personal y social con la moral y la fe. Estas dos realidades forman un todo y no pueden separarse.

La Iglesia «tiene como misión, como derecho y como deber, enunciar los principios éticos básicos que regulan los cimientos y el correcto funcionamiento de la sociedad, en la que los hombres y mujeres peregrinan hacia su destino final» (Juan Pablo II, Mensaje a la Academia pontificia de ciencias sociales, n. I). Por tanto, la participación de la jerarquía en el proceso electoral se limita a iluminar las conciencias, invitando a la población a vivir los valores de la democracia.

Llamado a los diferentes sectores de la sociedad

A los sacerdotes y religiosos les recordamos que, como pastores, nuestra misión es la de ser signo de unidad y reconciliación en medio de las tensiones políticas. Por otra parte, aun antes de la ley civil que prohíbe a los ministros de culto cualquier actividad política partidista, la legislación canónica de la Iglesia nos compromete a ello (Código de derecho canónico, c. 287).

A los colegios y universidades les pedimos que se empeñen más para fomentar los valores morales tan necesarios para una convivencia social justa y armónica, especialmente educar a las nuevas generaciones en una cultura de la democracia participativa que se funda en esos valores.

A los dirigentes políticos los exhortamos a tener presente que la actividad política es un servicio indispensable para la vida democrática del país y la construcción del bien común. Su dedicación al servicio generoso y desinteresado de la sociedad, especialmente de los más desprotegidos, es una tarea muy noble y meritoria. Les invitamos por ello a comprometerse en la vida pública como auténticos constructores de la «civilización del amor».

A los medios de comunicación social los invitamos a realizar su servicio informativo de una manera profesional y apegada a la ética, informando de una manera objetiva, honesta, equitativa y eficaz, cuidando de no convertirse en propaganda manipuladora, que busque favorecer sólo intereses de grupo a costa de los intereses superiores de la nación.

A todas nuestras hermanas y hermanos mexicanos que tienen derecho a votar les pedimos que el próximo 2 de julio acudan a las urnas a depositar su voto, sabiendo que de esta manera están contribuyendo al bien de todos y cada uno de los mexicanos. Actúen con libertad, siguiendo únicamente lo que les dicte su conciencia, en la elección de los candidatos que consideren más idóneos para servir a la nación.

Invitamos a todas las comunidades parroquiales a emprender desde ahora una campaña de oración para pedir a Dios, Padre y Señor de la historia, sabiduría y acierto en la elección de los legisladores y gobernantes para el bien del país.

Pedimos a Santa María de Guadalupe, bajo cuya protección está puesto el pueblo de México, que por su intercesión maternal nos alcance buscar el progreso de la patria por caminos de justicia y de paz.

México, D. F., 2 de mayo de 2000

Los obispos de México

Fuente: Portal del Episcopado.