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1996 Los compromisos con la Nación. Desplegado de ciudadanos.

Junio 21 de 1996

 

Los compromisos con la Nación

Como fruto de las aportaciones individuales de cada uno de los conferenciantes del ciclo celebrado en el Polifórum Siqueiros, en marzo y abril pasados, ha surgido un amplio y diverso conjunto de Compromisos con la Nación. Son propuestas que reflejan el sentir de muchos ciudadanos y recogen lo expresado en distintos foros y debates; pero también se plasma en ellas nuestra visión del país, nuestras preocupaciones y experiencias personales Cada uno de estos compromisos fue desarrollado y sustentado en cada una de las conferencias, y todos ellos fueron debatidos con el público asistente. El volumen que hoy aparece publicado en Plaza & Janes recoge íntegramente todos los textos leídos por los conferenciantes.

Los compromisos con la Nación pretenden reflejar las preocupaciones centrales de los ciudadanos de México y se han inspirado en las grandes demandas nacionales:

-Segundad para todos los mexicanos ante la criminalidad y la violencia crecientes, y ante la impunidad y el abuso del poder.

-Seguridad social ante la pérdida del empleo o de la vivienda, de la fábrica, la tierra o el negocio familiar; ante loa riesgos que implica la severa crisis que enfrentamos.

-Revisar la política salarial y revertir la caída del ingreso de los mexicanos, a la vez que se abren nuevas oportunidades para todos y se restablecen v amplían diversas conquistas sociales.

-Detener la descomposición de nuestra vida social y revertir la pérdida de la estima nacional, fortaleciendo más el sentido de pertenencia colectiva de los mexicanos; precisamos detener la erosión de la soberanía y conquistar un espacio propio y más digno en el mundo.

-Reformar a fondo el sistema de procuración, administración e impartición de la justicia y vigorizar el estado de derecho.

-Limitar el presidencialismo mexicano y establecer un nuevo sistema de equilibrios y contrapesos entre poderes y órdenes de gobierno.

Nuestro objetivo común es lograr un nuevo equilibrio de fuerzas que sea favorable a la sociedad y que permita dar un impulso definitivo a nuestra transición a la democracia. Para ello, se requiere:

-Apoyar decididamente la reforma electoral, de manera que la contienda por el poder sea más abierta, equitativa e imparcial.

-Alentar la movilización cívica y social con el propósito de expandir las libertades públicas, fortalecer la seguridad jurídica y defender los derechos humanos.

-Aceptar que las autonomías indígenas no pueden verse como una invención o como una concesión, sino como el inicio, por vez primera en cinco siglos, de un proceso de acercamiento y de reconocimiento institucional de los pueblos indígenas.

-Liberar al movimiento obrero del tutelaje del estado, con acciones que conduzcan tanto a la democratización de los sindicatos como al reforzamiento y actualización de los derechos laborales.

-Promover una discusión amplia con los trabajadores de la ciudad y del campo, con los empresarios, los partidos políticos y las organizaciones no gubernamentales, con las comunidades indígenas, las mujeres y los jóvenes; con el fin de impulsar una política de respeto y creación de derechos sociales, de crecimiento económico, de empleo, de combate a la corrupción y para recuperar la capacidad nacional en la toma de decisiones soberanas.

-Buscar la más amplia convergencia de fuerzas políticas, sociales y cívicas, que hagan posible la instauración de una nueva mayoría en el Congreso de la Unión para 1997, y que permitan construir nuevos consensos nacionales y erradicar los abusos en el ejercicio del poder.

-Edificar, a partir de esa nueva mayoría, un nuevo sistema político, más plural y verdaderamente representativo, que garantice las libertades, la seguridad de los ciudadanos, la responsabilidad de los gobernantes, la justicia y la soberanía de la nación.

Estamos convencidos de que los espacios electorales deben ser lo más amplios e incluyentes que sea posible. Ahí deben dirimirse los conflictos y la contienda por el poder entre las diferentes fuerzas políticas y sociales. Ello supone que junto con el fortalecimiento del régimen de partidos se dé cabida a otras formas de expresión electoral: independientes, comunitarias, regionales y sectoriales, e incluso que se contemple la revocación de los mandatos.

Partimos de la certeza de que no hay progreso social ni democracia duradera en una sociedad con una economía estancada y fracturada por abismales desigualdades sociales. Por ello, sostenemos que los esfuerzos económicos deben orientarse fundamentalmente a la reducción de las desigualdades, pero también reconocemos que no hay política social efectiva sin crecimiento económico y, en con-secuencia, sin una sólida base financiera.

México requiere urgentemente de un proyecto que combine adecuadamente solidaridad con libertad y justicia, y, que ante todo, erradique las causas de la pobreza; de un modelo económico que optimice el uso de los recursos nacionales y encauce, de manera eficiente, las capacidades productivas de los mexicanos. Ello implica lo mismo identificar claramente los intereses prioritarios de la nación que reconquistar nuestra capacidad de negociación en el ámbito internacional.

Querámoslo o no, todos los países se encuentran inmersos en el proceso de globalización. Lo medular de la cuestión radica en ser parte de la globalidad sin perder soberanía ni limitar nuestra capacidad interna de tomar las decisiones que mejor convienen a los mexicanos.

Coincidimos en el ánimo que inspiran y el horizonte que trazan las propuestas contempladas en el libro "Los Compromisos con la Nación". Quienes participamos en el ciclo de conferencias que dio origen a éste volumen, arribamos a dichas propuestas cada cual por un camino diferente y desde una trinchera distinta. No hay unanimidad sino convergencias.

Es por ello que queremos invitar a los ciudadanos a enterarse de estos compromisos con la nación, a discutirlos, rebatirlos y enriquecerlos. A las organizaciones civiles y sociales, a examinarlos, y en su caso, adoptarlos. A los trabajadores del campo y la ciudad, y a sus respectivas organizaciones, a someterlos a la discusión en sus gremios. A los empresarios, a examinarlos sin dogmas ni prejuicios. A los dirigentes y militantes de los partidos políticos, a debatirlos y a procurar su realización práctica. A los funcionarios y autoridades, a examinar su viabilidad con la mente abierta y desprejuiciada.

Consideramos que este ejercicio de debate y búsqueda de coincidencias es una labor apremiante; la crisis profundiza la polarización social y puede conducir a la radicalización de los mexicanos más duramente agraviados y marginados. Comprendemos la radicalización de los movimientos y la protesta social, pero tenemos la convicción de que debe ser encauzada por vías legales y pacíficas, buscando verdaderas soluciones de fondo a nuestros más graves problemas sociales.

Más ominoso aún se vislumbra el endurecimiento del régimen. Por eso lo reprobamos y nos sumamos a todo esfuerzo que favorezca al diálogo e impulse la transición hacia un México más libre y democrático. Pero también sostenemos que esta transición habrá de sus-tentarse en una nueva mayoría que podría tener carácter constituyente, surgida de las elecciones federales de 1997.

Atentamente

 

México, D. F., 21 de junio de 1996.

Carlos Fuentes, Lorenzo Meyer, Ricardo García Sainz, David Ibarra, Adolfo Aguilar Zinser, Carlos Montemayor, Clara Jusidman, Jorge G. Castañeda, Elba Esther Gordillo, Raúl Padilla, Víctor Flores Olea, Vicente Fox, Manuel Camacho, Porfirio Muñoz Ledo.
Responsable de la publicación: Jorge G. Castañeda.

 

Proceso, 1025. 24 de junio de 1996, pp. 73