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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1989 Discurso de Fernando Gutiérrez Barrios, Secretario de Gobernación, al concluir las Consultas Públicas sobre la Reforma Electoral y la Concertación entre los Partidos Políticos.

Abril 26 de 1989

 

Señores comisionados; Señores invitados; Señoras y señores;

Finalizamos hoy la primera etapa de un importante proceso de consulta, para determinar democráticamente las reformas que requiere la Legislación

Federal en materia electoral. La Comisión Especial que integramos, como parte de la Comisión Federal Electoral, tendrá que rendir oportunamente, el informe y las conclusiones de esta auscultación. La trascendencia de nuestros trabajos en este corto periodo, tendrá que medirse por la profundidad que alcancen estas reformas y lo perdurable de los acuerdos a los que logremos arribar.

Durante doce semanas y a lo largo de fecundas horas de diálogo público en este recinto, representantes de los partidos políticos y ciudadanos, han expuesto, discutido y comentado los temas centrales de nuestra organización política y sus mecanismos de elección. Cuarenta y ocho documentos partidistas, y cuarenta y tres ponencias de muy distinguidos comparecientes, han servido de punto de partida para el análisis serio y el debate cuidadoso de los tópicos fundamentales del proceso electoral mexicano y las instituciones representativas de la República.

La Nación ha manifestado su interés por este trabajo de concertación política. Los medios de comunicación social han difundido a lo largo del territorio nacional, con sentido de responsabilidad y profesionalismo los pormenores de nuestros encuentros. Radio televisión y prensa escrita, han contribuido a darle forma a las opiniones populares expresadas en torno a los temas aquí analizados. La discusión de la parte esencial de nuestra institucionalidad democrática, ha sido realizada en el marco de la más amplia libertad.

Gobierno, partidos políticos y ciudadanos, interlocutores estructurales del proceso electoral, han expresado a la sociedad, sin retórica, con claridad y profundidad, lo que importantes sectores del pueblo piensan y quieren respecto a las elecciones y los mecanismos para prepararlas, desarrollarlas, vigilarlas y calificarlas.

Se han generado en la opinión pública, múltiples expectativas, acerca de las propuestas de reformas que deben resultar de este importante foro democrático. Todos abrigamos la legítima aspiración de que así sea, para fortalecer el más importante pacto social y político que nos vincula como pueblo y nos conduce como Nación: nuestra Ley Fundamental.

Es por ello, que debemos esforzarnos para que concluida esta parte inicial de concertación, se ingrese a una nueva etapa con la mejor de nuestras convicciones. Ese otro periodo que nos aguarda, es el consenso entre los partidos políticos. Consenso que sin duda, será arduo y difícil, y del que depende desde luego, el éxito o el fracaso de los trabajos posteriores de la Consulta que hoy concluimos.

Aunque han predominado en estas reuniones los puntos de coincidencia que animan la negociación y el diálogo, también hemos advertido diferencias y confrontaciones que denotan la expresión pública de nuestra rica pluralidad. Los partidos políticos tendrán que esforzarse para que esas diferencias no impidan el consenso, en el entendido que éste no implica unanimidad absoluta, ni exige el abdicar de posiciones políticas e ideológicas, sino consiste en buscar que los procesos electorales en nuestro país sean cada vez más transparentes y más confiables.

Este consenso, no es sino el equilibrio resultante de los mutuos beneficios, con cargo a las mutuas concesiones. Los acuerdos consensuales significan pactos en los que todos dan y todos reciben; convenios en los que todos reservan lo básico de su interés y todos ceden algo a favor del interés del pueblo mexicano. En la praxis del consenso, todos adelantan, porque todos obtienen. El monólogo estéril se sustituye por el diálogo fecundo.

Este es el nuevo espacio y el nuevo escenario en el que se da el debate político nacional. Es una tarea compleja, pero de su alcance dependerá la creación de un nuevo marco para definir nuestro rumbo y así lograr la construcción superior de nuestras instituciones políticas y sociales.

No deseamos los mexicanos una armonía política precaria y artificial, y mucho menos acuerdos efímeros o superficiales que se desvanezcan al menor contacto con la realidad. El pueblo está en espera de transformaciones de gran alcance y de mecanismos que promuevan y consoliden la unidad y la concordia. Aguarda que las reformas garanticen una interacción civilizada, que enriquezca con su pluralidad la vida social y cultural, y no sea factor de confrontación irreductible que nos convierta en sociedad de amigos y enemigos. Si alguna justificación tienen estos esfuerzos de concertación y de cambio, es lograr que la institucionalización del equilibrio político, sea el mejor aval de paz social, progreso económico, desarrollo colectivo y beneficio justo y solidario de todos los mexicanos.

Al recapitular el trabajo de esta Comisión Especial, durante doce semanas, es obligado reflexionar sobre las imperfecciones lógicas de nuestro sistema electoral, pero también, en el vigor y fortaleza de nuestras instituciones. Eliminar y superar nuestras deficiencias y consolidar nuestras virtudes, tiene que ser propósito básico de nuestros acuerdos y de los consensos a los que habremos de arribar.

Si hemos podido reunimos y discutir en un marco de libertad y respeto mutuo, es porque estamos convencidos de que queremos seguir viviendo en la democracia, para preservar y mantener la crítica libre y el derecho de las minorías para convertirse en mayorías, o sea, el derecho a la alternancia en el poder, postulado que sólo puede hacerse realidad si el voto del pueblo así lo determina.

No queremos un Estado caracterizado por la arbitrariedad por el autoritarismo. Los derechos humanos, las garantías individuales, el respeto a la persona, como fin último del quehacer público, enmarcan nuestras acciones y fundamentan nuestro compromiso de fortalecer la vida democrática. Ello nos evitará transitar por el camino desviado de las imposiciones o la indeseable alternativa de la anarquía, cuyo único efecto seguro, es el de cancelar la posibilidad de hacer perdurar nuestras libertades.

En consecuencia, los consensos que logren los partidos políticos nacionales dependerá en buena medida que la democracia de hoy, definida como perfectible, sirva para construir la democracia del mañana, más eficaz, más plena y más transparente.

Los puntos de convergencia, vislumbrados en estas audiencias públicas, tendrán que enriquecerse en la negociación de los consensos entre partidos, donde la prudencia y la equidad habrán de prevalecer. Es oportuno solicitar respetuosamente a los partidos políticos, que sin renunciar a sus convicciones e intereses, busquen y protejan el interés superior del país. Cualquier avance en esta materia nos acercará más a la modernización política que propugnamos, enriquecerá el prestigio de México ante el concierto internacional y ante el amplio espacio geográfico y político de la propia Nación. En este aspecto el foro de Consulta organizado por esta Comisión Especial, comparte sus objetivos renovadores con las audiencias públicas realizadas por las legislaturas y comisiones electorales de los estados, encaminadas a propósitos concurrentes a los nuestros, así como a los de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal y a los de la Consulta convocada por la Cámara de Diputados del Honorable Congreso de la Unión.

La República entera se ha puesto en movimiento, y ante ella debemos rendir cuentas de este trabajo común. Responderemos también, al requerimiento respetuoso del Presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, quien ha hecho un público llamado para renovar la normatividad electoral y construir las bases del nuevo acuerdo democrático del país.

A todos los que han participado con su esfuerzo, su talento, su sinceridad y sus ideas para la realización de estas audiencias públicas, nuestro amplio agradecimiento y nuestro cabal reconocimiento. Pero por encima de todo, la conciencia compartida y solidaria de haber cumplido con esta etapa, de innegable y profunda responsabilidad.

Muchísimas gracias.

 

Fuente: Consulta Pública sobre Reforma Electoral, Memoria, Tomo II, México, Comisión Federal Electoral. 1989.