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1988 Palabras pronunciadas durante la firma del Acuerdo de Concertación del Pacto de Solidaridad Económica, para los meses de junio, julio y agosto próximos

México, D.F. 22 de mayo de 1988

Señores y señoras:

Manifiesto mi satisfacción porque las partes del Pacto hayan logrado nuevamente la concertación. Concertar no es tarea fácil cuando hay intereses legítimos, la mayoría de ellos. que sostienen puntos de vista atendibles desde un ángulo meramente particular.

Vimos, en vísperas de esta nueva concertación, opiniones muy diversas; muchas de ellas querían modificar la concertación que logramos para abril y para mayo, con diversas razones y encubriendo diferentes intereses, inclusive intereses de carácter político, como aquí se ha mencionado.

El Gobierno de la República convocó nuevamente, como lo hizo desde el origen mismo del Pacto, a que se tuviera un amplio diálogo entre las partes; a que se sopesaran pros y contras de las distintas fórmulas que podrían adoptarse para esta nueva concertación.

El Gobierno de la República convocó a este Pacto desde los días de noviembre, en que la hiperinflación era una amenaza real. En cumplimiento de su deber, como rector de la economía, el Estado consideró que, además de las medidas que el propio Gobierno debía tomar, mucho ayudaría a la lucha antiinflacionaria la actitud de los diversos agentes de nuestras economías. Probablemente hubiese sido también posible combatir la hiperinflación sólo con medidas de Gobierno, pero las actitudes que hemos encontrado de parte de obreros, campesinos y empresarios, han ayudado a que la lucha contra la inflación, y ahora como lo vemos a su sensible descenso, no haya sido acompañada de un grave y profundo fenómeno recesivo.

El Pacto, pues, además de haber logrado alejarnos de la hiperinflación y lograr el descenso de la inflación a un ritmo, inclusive, mayor del que habíamos avizorado a finales del año próximo, ha evitado fenómenos recesivos que hubiesen perjudicado gravemente, sobre todo a las clases de menores ingresos, pero que también hubiesen dañado a la planta productiva y al empleo.
Es pues, este Pacto y sus sucesivas concertaciones un ejemplo de cómo funciona el marco constitucional de nuestra economía. Por man dato constitucional el Estado es rector de la economía, como es rector de la sociedad, porque no lo puede ser ninguno de sus sectores aislados, salvo que cambiáramos el sistema político y económico del país; pero esta rectoría se ejerce con respeto a las libertades económicas que consagra y protege nuestra Constitución, con respeto a los derechos sociales que también consagra y protege nuestra Constitución y dentro de un sistema de planeación democrática, donde es posible dialogar, negociar y concertar. Ese es el sistema constitucional de nuestra economía mixta, y el Pacto es un ejemplo de cómo puede funcionar en este caso para combatir la inflación.

Puede funcionar también para otros objetivos, y yo tengo la firme creencia de que una vez derrotada la inflación en forma estable y permanente, pueda la concertación fijarse las metas que México requiere: la meta de la recuperación y la meta de la justicia social.

El Pacto solamente aborda uno de los problemas de la economía mexicana: el problema de la inflación; pero éste no es el único, existen otros que también hemos venido atacando mediante las reformas estructurales que ha puesto en marcha el Gobierno de la República: la revisión del tamaño y la cobertura del sector público, para que el Estado mexicano mantenga, bajo su propiedad y gestión directa, los sectores estratégicos y prioritarios; sectores que están definidos en la Constitución General de la República y en las leyes correspondientes, y que se van fijando por la política de desarrollo del Estado mexicano, conforme el desarrollo del país así lo aconseja o así lo exige.

El saneamiento de las finanzas públicas es una consecuencia derivada, en parte, de esta revisión del tamaño y cobertura del Gobierno del sector público: pero, además, tiene su propio valor: he afirmado –lo vuelvo a decir- que México necesita un Estado fuerte para seguir conduciendo el desarrollo del país y para proteger la soberanía nacional. Yo creo que para que un Estado sea fuerte necesita finanzas fuertes. No puede haber un Estado fuerte si es estructuralmente deficitario; cae, entonces, en las ataduras del endeudamiento interno y externo, que le reducen margen de maniobra para realmente conducir la economía nacional.

La revisión de la política comercial, la revisión del proteccionismo industrial, es otra reforma estructural que hemos llevado a cabo, y que en esta circunstancia de lucha antiinflacionaria es un herramental útil.

La descentralización de la vida nacional es otro cambio estructural importante. Por ello, no hemos circunscrito la política económica del Gobierno de la República sólo al embate a la inflación; por ello, paralelamente al combate a la inflación continuamos con las reformas estructurales que requiere la economía mexicana.

Creo que han acertado las partes al prorrogar la concertación de abril y de mayo para el próximo trimestre; creo que de volver a indizar la economía mexicana volveríamos a aumentar la inflación y correríamos el peligro de que los precios, los salarios; los precios y tarifas, el tipo de cambio, volvieran a niveles que no le conviene a nadie, pero sobre todo no le convienen al sector de los trabajadores.
A mí me parece que la organización obrera y la organización campesina, han sido particularmente responsables al preferir seguir haciendo el esfuerzo de mantener a la economía estabilizada y de profundizar este esfuerzo en vez de dejarse llevar por una ilusión de aumentos nominales de salarios o de precios de garantía, ya que la inflación de estos años nos ha probado que siempre le han ganado los precios la carrera a los salarios; que quienes se han beneficiado con la inflación son los que más tienen y los especuladores.

Creo, pues, que esta tesis, si bien no es atractiva es profundamente responsable.

Quiero llamar la atención a la nación mexicana sobre la profunda madurez y responsabilidad del movimiento obrero organizado y del movimiento campesino; creo que sin su colaboración no sería posible en México el abatimiento a la inflación como lo estamos viendo.

Creo, en consecuencia, que la nación tiene que apuntar, como un esfuerzo que debe compensar éste que ahora realizan nuevamente obreros y campesinos.

Yo me hago eco de lo que aquí se ha acordado y pedido, particularmente por obreros y campesinos, de hacer un esfuerzo para bajar precios. liemos visto que ya algunos precios han observado algunas bajas; pero yo creo que, todavía, se puede hacer un esfuerzo adicional. Me parece que la baja de tasas de interés, tan importante, que hemos observado gracias a la vigencia del Pacto, está bajando en forma importante costos de producción. Esta baja de costos de producción permite, en la mayoría de los casos, no solamente mantener precios. sino reducirlos.

Quiero hacer un exhorto a los productores de bienes y servicios; quiero hacer un llamado especial a los comerciantes para que, inclusive abatiendo márgenes de utilidad, contribuyan a los objetivos del Pacto, pero. sobre todo, que se hagan solidarios con un espíritu de justicia de las necesidades y las condiciones de las clases laborantes del país. Esto es sano, esto es justo, esto es posible.

El Gobierno de la República confirma sus compromisos: los que están establecidos en el Pacto, aquellos que se refieren al saneamiento de las finanzas públicas, aquellos que se refieren a la revisión del tamaño y cobertura del sector público. Por compromiso con el pueblo de México, porque el pueblo de México así lo demanda, sin compromisos secretos de ninguna naturaleza, siempre de frente a la nación, porque no tenemos nada que ocultar.

Creo, señores, que este experimento de concertación nos ha dado resultados básicamente favorables. No desconozco que algunos individuos o empresas. en forma aislada, no han seguido la pauta de la mayoría. En estos casos el Gobierno de la República actuará dentro de sus facultades legales en materia de precios controlados y sujetos a registro; actuaremos con la mayor energía, es lo menos que podemos hacer para corresponder al gran esfuerzo de las clases laborantes del país.

El Gobierno de la República estará pendiente, también a los comportamientos de los diversos agentes económicos, para contribuir a que los objetivos del Pacto se logren.

Efectivamente, yo creo que los mexicanos no podremos cantar victoria en la lucha contra la inflación sino hasta que ésta adquiera los niveles comparables con los socios comerciales de nuestro país, y además, cuando mantengamos por varios meses una tasa inflacionaria de esta naturaleza. No estamos buscando alcanzar la meta un solo mes. La inflación no estará derrotada sino hasta que en varios meses se afiance esta tendencia y para que dentro del clima de estabilidad podamos propiciar recuperación, crecimiento, empleo y cumplir los compromisos de la justicia social.

Señores:
El compromiso que hoy adquirimos -así lo entiendo- es un compromiso que asumimos seriamente todas las partes. El Gobierno de la República sabe cómo queda obligado, en este Pacto, sobre todo en favor de los obreros y en favor de los campesinos. Cumpliremos nuestro compromiso.

Muchas gracias.