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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1988 Lázaro Cárdenas y el Estado Mayor

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Septiembre de 1988

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Ex-gobernador de Michoacán, candidato presidencial por el Frente Democrático Nacional en las elecciones de 1988.

Quizás en el origen fue sólo vanidad y frivolidad lo que transformó al Jefe de Ayudantes del Presidente de la República en Jefe del Estado Mayor Presidencial y a un grupo de ayudantes militares en un segundo estado mayor. El cambio trajo otras consecuencias: con los presidentes civiles, en quienes por su desvinculación con el ejército una dosis de desconfianza es probable no haya estado ausente, se crearon de hecho dos cabezas, dos fuentes de mando en competencia para las fuerzas armadas, invadiendo y restando el EMP funciones que debieran corresponder al Secretario (o a la Secretaría) de la Defensa Nacional.

Con el tiempo fueron ampliándose las funciones del EMP: de puramente militares y de ayudantía pasaron a cubrir también las de protección de la persona del Presidente y en esa función, con el transcurso de un periodo a otro, este cuerpo se fue constituyendo en una barrera infranqueable, porque así lo han consentido y decidido los presidentes, tanto en cuestiones de la actividad oficial, como en mantener las distancias y los contactos (o las faltas de contacto) que ellos han querido (o no han querido) tener con la gente.

La presencia visible del EMP se ha constituido para el pueblo en la medida del distanciamiento entre sus intereses y los del Presidente, así como en el grado de convivencia y acercamiento que puede tenerse con él; también en la medida del temor, un temor que aisla al Presidente de las realidades, pues se le deja ver y saber lo que la trama de intereses que deja se forme en su alrededor, de la que el EMP es una parte importante, y quiere que vea y sepa.

Desde hace mucho el ciudadano común y corriente es ahuyentado cuando busca contacto espontáneo con su Presidente, se aleja atemorizado o sufre los atropellos producto de la prepotencia de aquellos a quienes conviene mantener cercado al Presidente y que se niegan a ver en él, con su aceptación tácita, al funcionario mortal y falible, como cualquier persona, que tiene ciertamente una muy importante encomienda que desempeñar, pero que tendría que cumplirla con la consideración hacia los demás y la modestia que se espera de quien nunca debiera perder de vista que está en el cargo porque lo debe a un consenso colectivo.

La confianza presidencial en el pueblo y su consecuente cercanía o alejamiento de él, resultan consecuencia directa de la propia valoración presidencial de cómo ha dado respuesta su gobierno a la demanda social y del cumplimiento que ha hecho de los compromisos públicamente contraídos.

El pueblo espera ya el fin de las escoltas, con todo lo que presuponen y significan, la desaparición de los guaruras, de los jóvenes pelados casi a rape y con un distintivo fosforescente que se asolean por horas y horas en los pasos a desnivel, de la irracional movilización de cuerpos del Ejército en las giras presidenciales, como signos de que los altos funcionarios públicos, encabezados por el Presidente de la República, estarán cumpliendo sus mandatos con conductas y actitudes que correspondan a una república y a una democracia reales, a quienes confían en el pueblo y tienen voluntad política para trabajar con él, a quienes no le temen ni rechazan su contacto.