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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1988 No puede haber reforma contra el PRI. Manuel Camacho Solís.

 

 

Es para mí el más alto honor llegar, en este momento, en el que el licenciado Jorge de la Vega encabeza los trabajos de nuestro Partido, al cargo de Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional. Valoro, en todo lo que significa, que haya sido precisamente el Sector Obrero, el que haya propuesto mi nombre en este Consejo Nacional Extraordinario

Saludo a Humberto Lugo Gil, militante con una excepcional experiencia de representación popular y sectorial, que ha ocupado este cargo de dirección con claro sentido político y lealtad. Mi testimonio de reconocimiento a mi amigo Humberto Lugo Gil.

Vengo a cumplir la determinación de contribuir a la unidad de los priístas, de apoyar el reagrupamiento de nuestras fuerzas, de sumarse a las tareas políticas inmediatas.  Vengo a ser parte del esfuerzo colectivo que habrá de llevar a la renovación de nuestro Instituto Político.

En el momento actual, los priístas reclaman un rumbo cierto y firme. Los millones de militantes que participaron en el proceso electoral saben que, con su esfuerzo, se pudieron recuperar plazas difíciles, mantener presencia, o defender la votación en regiones adversas. Ellos  quieren que, con inteligencia y decisión, libremos las batallas democráticas   de  las   próximas   semanas. Quieren que el Partido sea el lugar donde todos hagamos política.

El Partido tiene grandes fuerzas de reserva. Si, hoy es tiempo, para nosotros, de combate político. Los priístas quieren que hagamos a un lado los pequeños intereses: que trabajen, por su Partido, los hombres de experiencia y los hombres y mujeres que quieren participar en la renovación de nuestra organización y en la transformación democrática de la vida política.  Este es el momento de sumar nuestras fuerzas, de abrir las puertas del Partido El PRI abre sus puertas a todos sus militantes y simpatizantes, y también, a los amplios sectores de la sociedad que se identifican con nuestro proyecto.

Estamos conscientes del mandato de cambio que recibió nuestro Partido y de que una importante parte del electorado priísta nos ha hecho una llamada de atención.  La tomaremos en cuenta en nuestra política y acción.  Con sensibilidad y realismo recogeremos las inquietudes, muy especialmente en lo social, porque estamos decididos a seguir siendo el partido mayoritario del país: el partido que enarbola, con eficacia, la defensa de nuestra soberanía y la necesidad de un crecimiento económico con mayor justicia social, el partido que convoca a las reformas de nuestro régimen político para afianzar nuestra democracia.

En momentos difíciles, lo más importante es afianzar nuestra identidad política. La fuerza de nuestra organización, y de nuestra propuesta, nos viene de un sentido práctico para conciliar los conflictos y de nuestro compromiso con las cuestiones básicas que dieron origen a la Revolución Mexicana, la cuestión de la democracia, la cuestión social,  la cuestión nacional. El  PRI ha abanderado la defensa de la soberanía el mejoramiento de  las condiciones sociales de la población y la defensa de las libertades.  Los principios fundadores siguen plenamente vigentes.

La modernización que encabeza Carlos Salinas de Gortari significa, precisamente, robustecer la independencia y dinamizar la economía en forma estable y duradera. Sólo así, haremos frente a las necesidades de empleo para los jóvenes y daremos sustento duradero a las reformas democráticas.

Para nosotros, la reforma y renovación del PRI es parte integral de la modernización del país, de la democratización de la nación. Si no nos actualizamos, nos quedaremos a la zaga de los cambios que se están produciendo en el país y en el mundo, y perderíamos el papel de conducción del desarrollo   -de acuerdo con los principios y metas de la Revolución Mexicana-  que nos dio vida como partido y que ha consolidado a la nación.

Mantener vigentes propósitos políticos originales, obliga a adecuar nuestras prácticas políticas y a fortalecer nuestra organización.  Hay que consolidar la participación de las organizaciones de trabajadores, campesinos, maestros servidores públicos y de la población urbana y recuperar, también la presencia de las clases medias.

Ganemos la confianza de los jóvenes.  Abrámosles las puertas de una  política limpia,  digna, de una política de servicio, de impulso a la transformación.

La  política es principios, reclutamiento de cuadros y capacidad de organización.  Tenemos todo ello: lo necesario para consolidar nuestra fuerza y unidad internas; para sumar rápido a los mejores cuadros priístas en tareas inmediatas, para poner en movimiento a nuestra organización.  Tenemos todo para preparar las directrices que habrán de llevar a nuestra  renovación interna  Tenemos todo para concentrarnos en la gran tarea de recuperar nuestra victoria electoral  en regiones tan importantes como el Distrito Federal. Para lograr todo ello, tenemos que partir de una visión muy clara del momento actual, de las dificultades que tenemos por delante, y estar conscientes de la gran dedicación política que habremos de empeñar.

Caminar por la vía de la democracia implica, desde luego, garantías para todas las fuerzas, empezando por las nuestras. No puede haber reforma contra el PRI, contra la unidad del Partido.  Las reformas se harán con nosotros y a partir de nuestra fortaleza.

Nuestra revitalización tiene que proponerse mantener y reconstruir la alianza de clases y sectores sociales, en las nuevas condiciones de competencia económica internacional y de transformación de nuestra economía.

El PRI tiene que seguir siendo movimiento político y una alianza social.  Simultáneamente, hay que fortalecer y recrear a las organizaciones de base del Partido: en sus actividades electorales y en su vida permanente.

La modernización debe servir a la justicia social, a las mayorías.  Cuando la política no se hace para la sociedad, deja de ser política.

Es vital que vayamos a la sociedad, que practiquemos una política de puertas abiertas, para todos, no sólo para miembros del PRI, sino para la sociedad en su conjunto. Vamos a hacer política de masas, vamos a hacer, también, política ciudadana.

Somos un partido abierto, pero disciplinado, una organización madura.

En la democratización de la vida del Partido, lo más importante será un permanente flujo de información y de inquietudes no sólo de los dirigentes a las bases, sino de las bases hacia la dirección del Partido.

En la modernización y reforma del PRI uno de los puntos esenciales  será la relación con el Gobierno. Nuestro Partido tiene que ser un gran interlocutor con la sociedad y un puente permanente y vivo entre sociedad y Gobierno. Es decir, el PRI debe expresar las demandas y anhelos de las mayorías, sus preocupaciones y sus reclamos.

Nuestro Partido enfrentará nuevos retos en el Congreso. Nos tocará defender, con convicción, nuestra posición política en las Cámaras de Diputados y Senadores. Deberemos construir un diálogo democrático con las oposiciones. Así, se abrirán posibilidades de coincidencias, entendimientos y hasta alianzas, en uno u otro punto de la agenda nacional. Nos tocará encabezar la renovación del Poder Legislativo.

Buscaremos siempre el consenso, sin comprometer la dirección. El consenso, si se busca a toda costa, se puede convertir en derecho de veto de pequeños grupos o en pérdida de dirección. Por ello, el consenso se debe buscar cuándo y dónde sea posible, en forma realista, y siempre que sirva al mejor cumplimiento del mandato democrático que nos ha otorgado la ciudadanía.

La renovación de nuestra organización la haremos con serenidad, tomando en cuenta las realidades políticas, con claridad en las ideas; con limpieza de miras. El camino, y los tiempos, habremos de trazarlos y medirlos entre todos.

Lucharemos siempre por fortalecer al régimen democrático en sus instituciones, cumplir sus reglas y exigir que éstas se cumplan. Debemos aceptar la crítica, pero rechazar las prácticas que debiliten al proceso democrático. No hay que olvidar que la libertad, en un país, será siempre la libertad de pensar de otra manera, y que por eso, para permitirlo, empezó, precisamente, la Revolución Mexicana. Hay que defender seriamente a la democracia.

Hemos tenido toda una elección competida, porque una sociedad plural ha encontrado los cauces para expresarse. Es justo reconocerle, al Presidente Miguel de la Madrid, que en los últimos años ha conducido al país con tolerancia y conciliación de diferencias, y ha promovido la renovación nacional y los cambios legales que permiten mejorar la representación política.

Al amparo de nuestras leyes, la nación ha dado un paso hacia adelante. Hay que ver la tendencia, sin dejar de reconocer lo que todavía tenemos que superar El método para dirimir las controversias electorales es que éstas se resuelvan en los ámbitos institucionales y de acuerdo a las normas que a todos nos obligan. Por nuestra parte, nos sujetaremos a las resoluciones de los órganos competentes. Vamos a informar a la nación sobre el contenido y el sentido de cada una de nuestras victorias, en forma muy particular la victoria de nuestro Candidato a la Presidencia de la República. Vamos también a analizar con sentido crítico los casos donde perdimos.

Sostendremos nuestras victorias y reconoceremos nuestras derrotas, con sujeción a la Ley. Eso mismo exigimos de nuestros contendientes para bien de la República.

Compañeras y Compañeros:
El 6 de julio el pueblo de México votó a favor de más democracia y contra los radicalismos; votó a favor del crecimiento económico y en contra de las desigualdades extremas; el 6 de julio el pueblo de México reafirmó su nacionalismo.

La tarea inmediata, en lo interno, es poner en movimiento nuestra organización para consolidar el triunfo electoral de nuestros candidatos. Por lo que se refiere a las oposiciones, vamos a dar la batalla, pero con una clara definición democrática. No hay que olvidarlo: la democracia pasa por la movilización y las urnas, pero se encauza y consolida en las instituciones; no puede realizarse fuera del Estado de Derecho. Nuestro compromiso es con el Estado de Derecho. El Derecho no debe ser pretexto para la contención, para evitar cambios, pero tampoco invocarlo como estratagema para vulnerar la Ley.
 
Los priístas sabemos que la única salida a las controversias está en la solución política y en la firmeza de los principios. Sabemos, por experiencia, que la lucha por la democracia no pasa por la fractura del orden social; que un país dividido es un país donde no es viable la democracia. La razón política de la nación y de nuestra soberanía ha sido superar la división interna; partamos de esa experiencia y de la realidad institucional.

En el momento actual, frente a la transición democrática que tendremos que consolidar y construir en los próximos años, los priístas seguiremos asumiendo la política como propuesta de cambio, de debate y previsión responsables; porque nuestro pragmatismo se tunda-menta y justifica en nuestro compromiso ético y político con la nación.

Que nadie olvide: tenemos capacidad de iniciativa y reforma, porque tenemos un viejo y profundo compromiso con la República.

Como lo ha afirmado nuestro candidato triunfante a la Presidencia de la República, el Lic. Carlos Salinas de Gortari, accedemos a una nueva vida política con un mandato de cambio.

Si somos capaces de luchar por lo que creemos, de hacer lo que tenemos que hacer, de estar a la altura de los tiempos, ésta habrá sido la elección que abrió para el PRI una gran oportunidad histórica.

Así será.

 

 

Fuente: Revista Proceso. Semanario de información y análisis. Agosto 2 de 1988, pp. 8-9.