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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1987 Durante la reunión de trabajo con la CEMA

Miguel de la Madrid, México, D.F., 16 de Febrero de 1987

Durante la reunión de trabajo con los integrantes del Comité Bilateral México-Estados Unidos del Consejo Empresarial Mexicano para Asuntos Internacionales (C.E.M.A.)

Señores:

Yo creo que, como en las ocasiones anteriores que nos hemos reunido, este intercambio de opiniones, este análisis conjunto de los problemas, de las relaciones económicas bilaterales entre México y Estados Unidos es siempre útil. Aprecio que muchos de los problemas que surgen en nuestras relaciones cada vez más amplias, cada vez más complejas, se deben, en mucho, a problemas en la comunicación. Por ejemplo, nosotros apreciamos desde México que hasta mediados del año pasado había una ignorancia muy preocupante de lo que estaba pasando en México: de las políticas económicas del Gobierno, de la forma en que se venían aplicando y de los avances y problemas que hemos confrontado en estos últimos años, que han sido extremadamente duros para la economía mexicana.

Considero que este es uno de los problemas que debemos seguir superando en el futuro. Tenemos que buscar canales de comunicación suficientemente fluidos, que vean las realidades con objetividad, para que de esta manera las actitudes de ambas partes se comporten, en consecuencia.

En tiempos de cambio, como el presente, existen en general este problema de comunicación. Entiendo que lo tengamos respecto al mundo y, específicamente, frente a los Estados Unidos, porque la comunicación dentro de nuestros propios países se ha vuelto uno de los grandes problemas de la sociedad contemporánea.

Hay problemas o temas o políticas que no se comprenden, a veces por resistencia de tipo emotivo, o porque la novedad de los problemas encuentra a una opinión pública desentrenada para considerar objetivamente y llegar a conclusiones razonables estos temas. Por ejemplo, yo recuerdo que aquí en México, durante los primeros meses de este Gobierno, causó un gran desconcierto al término de "cambio estructural", y que en la opinión pública hubo temores de qué significado tenía este "cambio estructural" y hacia dónde nos llevaba.

Los gobiernos tienen que operar mediante grandes consensos sociales, y en consecuencia, uno de los retos es lograr que sus políticas y sus enfoques sean debidamente comprendidos y entendidos, en primer lugar, en el propio país, pero desde luego en el resto del mundo, dado que la interrelación de países como México así lo exige.

Así pues, debe haber un diálogo franco, y creo que este Comité es un buen foro para ello.

Ustedes habrán observado que respecto a ciertos temas, aún en México hay distintos matices o, inclusive, discrepancias, y es bueno quelos empresarios de los Estados Unidos se den cuenta de que hay temas que dentro de la comunidad mexicana se analizan, se discuten, y no existen posiciones necesariamente unificadas en la comunidad, no digo ya entre los distintos sectores sociales, sino aun dentro de los propios empresarios mexicanos. Esto pasa —por señalar algunos temas— respecto a la apertura comercial, como aquí se ha dicho, en donde ciertos sectores de opinión en México consideran que estamos yendo muy aprisa, y otros consideran que estamos yendo muy despacio.

Esto pasa, también en cuento a la inversión extranjera, en donde hay ciertos sectores de opinión que todavía muy restrictiva, yen cambio hay otros sectores de opinión que sienten que la flexibilidad que hemos adoptado ha sido demasiada.

Creo que se debe reconocer esta realidad, porque es una realidad son la cual el Gobierno tiene que tratar de llegar a soluciones ponderadas, llegar a soluciones que además de servir al interés nacional, obtengan el consenso básico de la comunidad.

No hay teoría económica válida, si no es viable en un país, y la viabilidad se ve condicionada, en gran parte, por factores políticos y sociales que ameritan un especial ciudado de los gobiernos.

No estoy diciendo nada nuevo, puesto que ustedes, los norteamericanos, están acostumbrados a una discusión diaria de sus problemas, y en donde la transacción y la negociación es lo que caracteriza al proceso político nortamericano, aunque no siempre se acomode a la ortodoxia de la teoría económica.

Creo que las relaciones entre nuestros países debemos de enfocarlas con una visión de largo plazo. Ciertamente, en el corto plazo puede haber problemas relevantes o urgentes, pero si no se consideran en una visión de más largo plazo, se corre el riesgo de equivocación. Estados Unidos y México, por su vecindad y su fuerte interconexión económica, seguramente tendrán relaciones cada día más intensas y cada vez más complejas. Esta situación nos ofrece grandes oportunidades de cooperación, pero también —como y lo he dicho— nos ofrece importantes potenciales de conflicto.

Los gobiernos, pero también los distintos sectores sociales de ambos pueblos, debemos de estar conscientes de esta realidad y sacar la conclusión obvia: debemos ampliar al máximo posible las posibilidades de cooperación y tomar las medidas preventivas para evitar o disminuir los conflictos que impone una vecindad de la naturaleza que tenernos.

Me parece que en el aspecto de las relaciones económicas tenemos también que tratar de darles un enfoque integral. No es posible considerar aisladamente las materias del financiamiento, del comercio, de la inversión, de la transmisión de la tecnología. Todos estos factores se interinfluyen y tratar de ver solamente un aspecto de la relación es hacer un análisis incompleto y, por lo tanto, insuficiente.

Creo que, sobre todo, debemos de destacar la relación estrecha que existe entre comercio y aspectos financieros. La deuda externa de México sigue siendo un problema, como aquí se ha destacado, y si bien en el corto plazo pensamos que hemos hecho avances importantes para lograr su reestructuración en las mejores condiciones disponibles en el mercado, estarnos conscientes que el problema de la deuda necesita esfuerzos adicionales por parte de los gobiernos, por parte de las instituciones financieras internacionales y por parte, también, de la banca privada.

No es posible que el mundo viva, respecto al problema de la deuda externa, a base de sobresaltos periódicos o recurrentes. El año pasado había una gran preocupación por el problema de la deuda externa mexicana. Pudimos librar el año de 1986 con costos importantes en materia de crecimiento y de inflación, pero evitamos el colapso que muchos predijeron a principios del año. Evitamos una crisis grave en la economía mexicana con decrecimientos que algunos apuntaban de alrededor del l0 por ciento y pudimos limitarla a alrededor del 4, y la inflación que muchos pronosticaron que se dispararía arriba del 200 por ciento o que entraríamos en una espiral hiperinflacionaria incontrolable, pudo limitarse a 105 por ciento. Hechos negativos, desde luego, que nos han afectado, pero que no fueron de la magnitud catastrófica que algunos preveían.

Pudimos seguir defendiendo en lo fundamental la planta productiva y el empleo, pudimos mantener una normalidad básica en el funcionamiento de la economía y pudimos terminar el año con una reserva monetaria internacional superior en más de mil millones de dólares a laoriginal de 1986. Esto se debió, en mucho, desde luego, a las políticas, económicas que se siguieron en forma consciente: en materia fiscal, tanto de lacio del gasto como del ingreso; a la política cambiaria, de ajuste realista, para estar en una situación de equilibrio que diera competitividad a las exportaciones y al turismo y que ajustara las importaciones. Yo dudo que pueda hablarse de una subvaluación deliberada en nuestro tipo de cambio sino más bien de una posición de equilibrio para hacer frente a los problemas del sector externo de la economía mexicana y para ajustar la política cambiaria la proceso inflacionario interno.

Observamos ya en los últimos meses del año de 1986, como aquí se ha señalado. un proceso franco de retorno de capital privado. Seguramente ha influido en ello la política restrictiva en materia de crédito y la política de tasas de interés congruentes con el proceso inflacionario.

Pero yo quiero también señalar, porque a veces se desestima, que toda esta política económica no hubiese sido posible ni viable de no contar en México con un consenso social básico y con una fortaleza institucional que no es producto de ahora sino de los últimos 50 años en México. Políticas económicas tan estrictas, tan severas, como las que hemos tenido que seguir, no se pueden explicar de otra manera sino reconociendo este consenso social básico, en el cual cada parte ha jugado su papel, no sólo el Gobierno sino también los empresarios mexicanos, los obreros y los campesinos. Es importante subrayar que cualquier política económica debe tener viabilidad política para poder implementarse.

Para 1987 nos proponemos, como aquí se ha mencionado, un ejercicio difícil de política económica: seguir combatiendo el proceso inflacionario, abatirlo en relación a los niveles alcanzados en 1986 y, al mismo tiempo, propiciar una reactivación moderada de la actividad económica. Por lo difícil del ejercicio, sé muy bien que hay escepticismo. como escepticismo hubo el año pasado respecto a la capacidad del país para evitar el caos económico, y según algunos analistas de larga distancia o algunos expertos que juzgan al país por visitas de tres días, también temores respecto a la estabilidad social y política de México.

Pero nosotros creemos que no lograremos una reactivación económica firme y duradera si no seguirnos combatiendo la inflación; pero también pensamos que el combate a la inflación se vuelve muy difícil en un periodo de estancamiento prolongado como el que hemos tenido que soportar en México debido a las razones ya conocidas. Esto es, a los desequilibrios internos que la economía mexicana fue generando a través de los años y también a factores externos extraordinarios como lo han sido en los últimos años el deterioro de los términos del intercambio mexicano, fundamentalmente del petróleo, pero también en otras muchas materias primas que México exporta y, por otra parte, los altos costos del dinero debidos, fundamentalmente, al déficit del Gobierno de los Estados Unidos que ha trastocado las corrientes financieras de todo el mundo y que, desde luego, ha afectado a los mexicanos.

Pensamos también seguir consolidando el proceso del cambio estructural, en lo que aquí se ha mencionado: en una mayor apertura de la economía mexicana a la economía mundial, sin precipitaciones, sin dogmatismo, pero con dicisión; pero como ustedes comprenderán, tendremos que armonizar la necesaria competitividad de la economía mexicana en los mercados mundiales con la protección de nuestra planta productiva y nuestro empleo.

No conozco ningún país que ahora esté tomando medidas radicales sin cuidar su interés nacional. El ritmo al que hemos estado llevando esta apertura comercial y esta revisión de nuestras políticas de proteccionismo creo que difícilmente las podernos encontrar en otras partes del mundo.

Estamos también decididos a continuar la reestructuración del tamaño y cobertura del sector público. La filosofía en esta materia ha sido que la rectoría económica del Estado se había venido deteriorando por una expansión indiscriminada de sus actividades y que era indispensable racionalizar el tamaño y la responsabilidad del sector público en esta materia. Sin embargo, también es obligación de franqueza de nuestra parte señalar que esta revisión y esta reestructuración del sector público mexicano no harán cambios en los sectores estratégicos que define la Constitución General de la República y las leyes vigentes en esta materia.

También hemos hecho ver que algunas ramas industriales tendrán que seguir este camino de la reconversión. No todas, porque, comoustedes saben hay varias ramas de la industria mexicana que desde hace tiempo se han preocupado por un proceso de modernización y actualización tecnológica, y que son competitivas no solamente en México, sino en el exterior.

Sabemos que todos estos esfuerzos requieren que el Estado mexicano supere obsolescencias y cuellos de botella en su infraestructura material. Aun dentro de la escasez de recursos le hemos dado prioridad a la educación, a la salud, a la vivienda y a programas de alimentación que ven a la infraestructura social del país y que tratan de no incurrir en rezagos graves en esta materia, no sólo por motivos económicos, sino también por consideraciones sociales y políticas.

Pero también estamos haciendo un esfuerzo importante en la red de comunicaciones y transportes, sabiendo que es mucho lo que nos falta: en transporte autocarretero, en transporte ferroviario, en modernización portuaria y en comunicación aérea. A nosotros nos gustaría hacer más y hacerlo más rápido, pero las circunstancias lo han impedido. Sin embargo, en esta materia también hay datos importantes, no suficientemente conocidos, que muestran cómo el país ha sido capaz, aun dentro de la crisis, de cuidar sus problemas infraestructurales, tanto en el lado del desarrollo social como en el lado de la infraestructura propiamente física.

En suma, señores, que reconocemos en México que todavía estamos viviendo una situación difícil, que todavía hay riesgos importantes. Nos preocupa en el sector externo la falta de coordinación de políticas entre los países industrializados, la guerra comercial que se apunta hacia el agravamiento, la falta de un enfoque global de la política de Estados Unidos frente a América Latina, el riesgo de tasas de interés que puedan nuevamente ascender, y todo ello podría anular, en el caso de México, las ganancias que estamos obteniendo por una estabilización en el precio del petróleo.

Creo que son problemas sobre los cuales conviene que ustedes también analicen y reflexionen, para que enmarquemos la relación bilateral dentro de nuestros dos países, con objetividad y con enfoque global.

El Gobierno que presido está en la mejor disposición, como lo ha hecho hasta ahora, de mantener un diálogo constructivo con este Comité Bilateral de Hombres de Negocios.

Respecto a asuntos específicos sobre detalle, me parece que el camino está abierto, las diferentes dependencias del Poder Ejecutivo están en la mejor disposición de examinar esos problemas, con las agendas que ustedes consideren convenientes.

Y por mi parte yo creo que también en estos diálogos, la parte mexicana. en sus diferentes manifestaciones, ya sea la gubernamental, ya sea la empresarial, también podrán plantear algunos asuntos que son de nuestro interés.

Vamos a seguir explorando la posibilidad de un acuerdo económico bilateral. Es un tema complejo y es un tema que debemos ver con la mayor ponderación. Tendremos que ver hasta dónde ambas partes están dispuestas a avanzar en una primera etapa y no necesariamente pretender que en un primer episodio resolvamos todos y cada uno de los problemas que a ambas partes nos afectan, pero tenemos la mejor voluntad de avanzar en este sentido y desde luego, que la colaboración de la opinión empresarial de nuestros países será un elemento de juicio valioso, espero no sólo para el Gobierno de México, sino también para el Gobierno de los Estados Unidos.

Señores:

Nuevamente les manifiesto mi satisfacción por haberme reunido con ustedes y espero que prosigamos con estos trabajos que nos han dado resultados positivos en estos últimos años, y que si los mantenemos con la tónica que han tenido hasta ahora, de la franqueza y de la buena fe, podrán seguir colaborando a la mejoría y al progreso de las relaciones económicas bilaterales entre nuestros dos países.

Muchas gracias.