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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1985 Reunión Nacional de Evaluación de la Reforma Municipal

Miguel de la Madrid, México, D.F., 4 de Julio de 1985

Señores presidentes municipales;

Señores directores de los Centros de Estudios Municipales de los Gobiernos de los Estados;

Señores funcionarios federales:

Me alienta en forma extraordinaria ver cómo vamos avanzando en la reforma municipal. Coincido en que la reforma municipal que hemos emprendido conjuntamente todos los mexicanos es una profunda reforma política, y es una de las grandes tareas de la renovación nacional en la que estamos comprometidos.

Es muy alentador poder constatar cómo un país que afronta severas dificultades económicas, conserva, no obstante, el vigor suficiente para seguir planteando su proyecto nacional con ánimo renovador. La crisis no nos ha paralizado, sino, por el contrario, nos estimula a nuevas tareas, por grandes y complejas que sean.

La reforma municipal es pieza fundamental de la democratización integral de la sociedad. La democratización debe verse como un proceso mediante el cual se incorporen las grandes mayorías a los mecanismos de decisión y ejecución de las tareas comunitarias. De nada valen moldes formales en una democracia, si no logran, efectivamente, esta participación de las grandes mayorías en la vida nacional.

La reforma municipal, como aquí se ha dicho, es instrumento decisivo de la descentralización de la vida nacional. Nuestro sistema constitucional nos señala el camino. No tenemos que inventar nuevos sistemas, sino profundizar y hacer efectivos los principios que ha marcado nuestra Revolución, a través de la Constitución General de la República.

Creo que esta tarea de la reforma municipal es, por su propia naturaleza, por la enorme densidad que ahora tiene la sociedad mexicana —en lo demográfico, en lo social, en lo econórnico y en lo político—una tarea de magnas proporciones; una tarea que no se puede hacer de la noche a la mañana, como todo aquello que se enraiza y profundiza en la vida nacional. De esta manera, tenemos que proceder con un esquema gradual pero firme, y con un esquema que profundice las tareas en todo el ámbito de la República.

La reforma municipal —aquí se ha dicho bien— ha ido procediendo con el orden lógico que implica nuestro sistema constitucional y político. Primero, se promovió la reforma del artículo 115 de la Constitución. Nada que no tenga su fundamento mismo en la Constitución General de la República, puede tener un efecto amplio y sustantivo en la vida nacional.

Un segundo momento de la reforma municipal, desde el punto de vista normativo, lo ha constituido la incorporación de los nuevos principios a las Constituciones de los Estados y a las leyes orgánicas correspondientes.

Pero coincido en que el siguiente escalón es ahora que cada uno de los municipios de la República asuma los nuevos principios municipalistas en sus propios ordenamientos. Para ello, considero que la República debe movilizarse, como lo ha hecho, para promover esta tercera fase del desarrollo normativo del municipio mexicano.

Lo que hemos logrado ha sido mediante la consulta popular que se realizó primero a nivel de una campaña electoral, la de 1982, y después mediante la consulta popular que se tradujo en orientaciones que oportunamente fueron recogidas, con sus propios matices, por cada una de las entidades federativas.

Tenernos ahora que promover esta tarea común de toda la República, para orientar la tercera fase de la normatividad municipal.

Creo pues que tomando en cuenta las experiencias que hemos tenido sobre el particular, es conveniente pedir a la ciudadanía en su conjunto que aporte ideas para llegar a esta tercera etapa.

Doy instrucciones en este momento a la Secretaría de Gobernación, para que a través de los Centros de Estudios Municipales convoque, a efecto de que la ciudadanía aporte ideas y elementos de juicio para llevar a cabo, de la mejor manera posible, el proceso de la reglamentación municipal.

Invito, al mismo tiempo, a los señores Gobernadores de las entidades federativas y a los presidentes municipales a que se sumen a esta convocatoria nacional para convertir al Municipio Libre en la institución que merece ser, a través de la reglamentación de sus nuevas atribuciones y de la modernización de su administración pública.

Creo que esta consulta popular deberá de estudiar la forma y alcance de los reglamentos municipales. Estos reglamentos, en mi opinión, deben de tomaren cuenta los criterios de flexibilidad, de agilidad y de simplificación. Deben aprovechar la experiencia que hemos tenido a nivel federal y a nivel local, en el sentido de que las reglamentaciones excesivas muchas veces cohiben la vida social. La reglamentación no debe ser para inhibir la iniciativa de los ciudadanos y de los grupos sociales, sino para canalizar el enorme potencial que tiene en nuestro país la participación comunitaria.

Estoy consciente de que no podemos pensar en una reglamentación tipo para todos los municipios de la República. Estos son diferentesen razón de su tamaño, en razón de su composición urbana o rural o mixta, y en razón de las características de cada una de las entidades federativas. No se trata, pues, en mi opinión, de reglamentar por reglamentar, sino de precisar en normas jurídicas, claras y sintéticas, las facultades que queremos desarrollar en el municipio; pero las queremos desarrollar no al nivel exclusivo de lo que es propiamente el gobierno municipal, las queremos impulsar al nivel de las comunidades municipales, de la sociedad civil que existe en cada uno de los municipios. Ese es el sentido del impulso municipal y no centrar en ayuntamientos o gobiernos municipales actividades que lo emboten, o bien actividades que impidan lo que querernos realmente en esta importante reforma política que es, como se ha dicho, la redistribución del poder y de la riqueza, no en favor de niveles gubernativos o de nuevas burocracias, sino en favor de toda la comunidad, de sus fuerzas fundamentales.

Hemos ido formulado y enriquecido lo que aquí se ha llamado una cultura municipalista. Creo que esta tarea es de la mayor importancia. Creo que solamente en la medida en que tengamos un conjunto de ideas claras, operativas, renovadoras, en esa medida podremos hacer calar, hasta la raíz misma de nuestra vida social, los principios del municipalismo mexicano, en esta etapa de renovación nacional.

Para ello, pues, movilicemos a la ciudadanía, hagamos participar a todos los mexicanos en el planteamiento de los problemas, en la toma de decisiones, en la ejecución compartida de las tareas que nos vayamos fijando. Este es el sentido de nuestra democracia, que no es ni quiere quedarse en una democracia formal o neutra, sino una democracia de contenido social, económico y cultural. No queremos una democracia real; la democracia requiere de contenido y no puede ser simplemente el formalismo que impida la sustancia misma de la idea de democracia que tenemos los mexicanos: una democracia social, una democracia que no puede volver a principios y a técnicas superadas de la democracia liberal individualista, sino que tome en cuenta la necesidad de llevar la democracia, como dice al artículo 3o., a un permanente mejoramiento económico, social y cultural del pueblo de México.

Les agradezco el informe que hoy he recibido de parte del Centro Nacional de Estudios Municipales y de los centros estatales. Estaré pendiente de las sucesivas etapas que nos faltan para seguir impulsando la reforma municipal mexicana, que estor cierto caminará, porque es decisión política fundamental de nuestro proceso revolucionario y porque es tarea ineludible de la renovación nacional.