Home Page Image
 

Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

El contenido de la Memoria está a disposición como apoyo didáctico para los docentes de historia. Solicítelo en el siguiente enlace:

Solicitud de Descarga

Contacto:
MemoriaPoliticadeMexico@gmail.com

 

Comentarios:
MePolMex@gmail.com

 
 
 
 


1983 Discurso ante los miembros del Consejo Coordinador Empresarial

Miguel de la Madrid, México, D.F., 6 de julio de 1983

Amigos empresarios:

Les agradezco su visita a la residencia presidencial. Este evento constituye un episodio más de los muchos que hemos tenido en estos meses, para incrementar la comunicación, exponer nuestro pensamiento y afinar las estrategias de acción que requiere el país para superar la situación difícil por la que atravesamos.

Quiero aprovechar esta oportunidad para hacer una memoria, un balance de las decisiones y acciones del Gobierno de la República a partir del primero de diciembre, fundamentalmente en el capítulo de la economía.

El primero de diciembre anuncié los 10 puntos básicos del Programa Inmediato de Reordenación Económica. Este programa contiene una estrategia precisa para abatir la inflación, la inestabilidad cambiaría y proteger el empleo y la planta productiva. Establece tiempos para lograrlo, la dirección del cambio y el mando que esto requiere.

Destacamos desde un principio la magnitud de la crisis y el análisis de sus raíces profundas. Establecimos desde entonces, que el proceso de ajuste duraría cuando menos dos años, pues se trataba de reorientar el cambio en las pautas de crecimiento de la economía, y sentar las bases de una recuperación permanente, de un desarrollo cualitativamente diferente.

Propusimos medidas específicas para reducir el déficit público, sin duda alguna, uno de los factores determinantes del proceso inflacionario; pero, al mismo tiempo, no quisimos aplicar un programa de estabilización económica del corte ortodoxo de los años 50's, en donde por no cuidar los aspectos sociales del proceso de ajuste, los programas relativos fracasaron en un largo proceso no sólo de inestabilidad económica, sino también de inestabilidad política.

Tuvimos entonces también que combinar con los programas de ajuste de la demanda, acciones específicas para evitar el deterioro de la planta productiva y del empleo. Medidas también para reivindicar el mercado cambiario bajo la autoridad y soberanía monetaria del Estado, para proteger los consumos básicos de las grandes mayorías, y también, medidas para reestructurar la Administración Pública y para reafirmar nuestro sistema de economía mixta.

De acuerdo con ese programa anunciado el día primero de diciembre, se ha tornado una serie de acciones y medidas que reflejan la consistencia entre lo dicho y lo hecho.

El Presupuesto de Egresos se viene ejerciendo según lo autorizado por las Cámaras, y de acuerdo con el calendario previamente establecido.

La reestructuración de la Administración Pública nos ha permitido racionalizar el gasto y hemos estado perfeccionando los mecanismos para su control efectivo.

Se ha establecido una clara política de intervención del Estado en la economía, manteniéndose las empresas públicas estratégicas y liberándose o adoptando una actitud flexible en aquellas actividades que no tienen este carácter. El caso de Di ha y Renault representa una muestra de esta nueva actitud. Queremos un Estado fuerte y no un Estado grande; un Estado que cumpla con su responsabilidad con la sociedad en lo que atañe a la organización política, y un Estado que intervenga en la economía de manera adecuada para asegurar crecimiento y desarrollo de acuerdo con los intereses de las grandes mayorías nacionales.

Hemos tomado medidas duras para incrementar los ingresos públicos, tanto los de carácter tributario, como los precios y tarifas de los bienes y servicios que produce el sector público.

Le hemos dado una mayor dinámica a la política de precios del sector privado, sin lograr desde luego las soluciones idealmente óptimas, porque en la batalla en contra de la inflación continuamente tenemos que hacer ajustes y transacciones entre objetivos conflictivos.

Hemos adoptado una serie de medidas para incrementar las exportaciones y para racionalizar el proteccionismo excesivo. Se han simplificado trámites para la exportación. Hemos avanzado en la liberalización de fracciones arancelarias y en sustitución de permisos previos por aranceles.

La política de inversiones extranjeras se ha agilizado en cuanto a su tramitación. Y hemos señalado que siempre y cuando se cumplan o seapoyen los objetivos de nuestra política de desarrollo, y se aplique la ley de la materia en términos estrictos y auténticos, reconocemos el papel positivo que puede seguir llenando en México la inversión extranjera para complementar en estos momentos un ahorro interno menguado; pero también y sobre todo para acelerar el proceso de transferencia de tecnologías modernas y para ayudarnos a encontrar mercados de exportación.

Hemos mantenido una política de tipo de cambio realista, con deslizamiento proporcionado a los demás factores de la economía, y hemos introducido mecanismos financieros de apoyo cambiario a las empresas, sin necesidad de recurrir a subsidios.

Hemos logrado negociaciones satisfactorias, dado el contexto nacional, en los salarios. El segundo aumento salarial previsto desde diciembre, se dio prácticamente en la fecha y momentos pactados. No fue necesario recurrir a mecanismos de fijación gubernamental de salarios de emergencia. Indujimos el retorno a las negociaciones previstas por la Ley Federal del Trabajo. La fijación de salarios en nuestro sistema legal y económico es responsabilidad de la negociación colectiva de las partes. El Estado sólo debe intervenir como árbitro moderador, como elemento de orientación, pero abstenerse de fijar medidas excepcionales que sustituyan la negociación de las partes.

Creo que esa experiencia en materia salarial la debemos afianzar, y esta pauta que, reitero, es la que señala la Ley Federal del Trabajo, con base en la Constitución General de la República, es la que permite un diálogo fructífero entre los factores de la producción y un mayor acercamiento entre los que tienen la responsabilidad de dirección de la empresa y los líderes obreros. Con ello, todos tenemos que ganar.

Hemos establecido también diferentes medidas para apoyar la planta productiva y el empleo. En materia salarial hemos combinado el objetivo del empleo y, no cabe duda —esa es la opinión del Gobierno—, la prioridad de los mexicanos en este momento es conservar el empleo y no recurrir a alzas salariales inmoderadas en relación a la capacidad de la economía.

Hemos realizado exitosamente la renegociación de la deuda pública externa y avanzado también en los mecanismos que permitirán la renegociación de la deuda privada. "También en este caso, evitando subsidios fiscales que pesando sobre el déficit nos autoderrotarían en los objetivos antiinflacionarios.

Hemos cumplido cabalmente nuestros compromisos frente a la comunidad financiera internacional. México se destaca en este momento, dentro del caos económico que vive el mundo, por su seriedad, su responsabilidad y el cumplimiento de sus compromisos.

Hemos seguido una política realista en materia de tasas de interés, que alienta el ahorro interno y evita la desviación de los recursos financieros hacia inversiones especulativas. Es un costo —lo reconozco—alto, en el proceso de ajuste; pero no hay opción si queremos conseguir los objetivos que nos hemos propuesto.

Creo, también, que el avance_que se ha logrado en el diálogo para fijar la indemnización derivada de la nacionalización bancaria, nos permitirá ya ahora sí, en unas cuantas semanas, dar certidumbre sobre el futuro de la banca nacionalizada y de las empresas filiales a los bancos correspondientes.

Ello nos dará la oportunidad de definir con mayor precisión el mapa resultante de nuestra economía mixta y de proponer las reestructuraciones empresariales que sean necesarias, tanto de los grupos existentes, como la de nuevos empresarios que hasta ahora, no han tenido oportunidad de participar en el proceso de la industrialización y de la economía en México.

A siete meses de distancia de la iniciación de este nuevo Gobierno de la República, podemos afirmar que hemos controlado los efectos más agudos y graves de la crisis económica; que hemos evitado el disparo inflacionario que amenazaba rebasar los límites hiperinflacionarios que hemos confrontado desde el segundo semestre de 1982.

La economía mexicana ha mostrado una enorme capacidad de adaptación y no se ha producido, como lo temíamos, el desempleo masivo y el cierre de empresas.

Hemos fortalecido también la balanza de pagos. Todo ello lo hemos logrado los mexicanos, no es mérito exclusivo del Gobierno, con madurez institucional y con realismo frente a las circunstancias. En lo que hemos logrado en estos meses, debo reconocer por igual la responsabilidad y sensatez del movimiento obrero organizado y el talento y la capacidad de trabajo de los empresarios mexicanos.

Varios sectores —ustedes lo saben bien— apuntan ya hacia la recuperación. Inclusive en algunos hay optimismo, producto de la puesta en marcha de las acciones propuestas y de los primeros resultados observados.

La inflación está en proceso de control. Muestra una tendencia decreciente. La tasa de crecimiento de los precios en junio, 3.8 por ciento, ha sido la más baja de los últimos 14 meses. Esto es reflejo de la reducción de las expectativas inflacionarias. Y hemos observado también la correspondiente respuesta favorable en los mercados cambiarios financieros y bursátiles.

Las relaciones con el exterior han reaccionado favorablemente. La balanza comercial reflejó en el período eneromayo un superávit superior a los 5,500 millones de dólares, arriba, inclusive, del monto necesario para pago de intereses, habiéndose producido no sólo el superávit comercial del caso, sino un superávit en la cuenta corriente que nos ha permitido, inclusive, posponer el giro de líneas de financiamiento que tenemos arregladas.

Estas cifras no se habían visto en México desde hace muchos años, y esto nos ha permitido incrementar la asignación de divisas para importaciones necesarias, cubrir escrupulosamente los compromisos de nuestra deuda externa y aumentar el ritmo de otorgamieno de los permisos de importación, a un nivel superior del que se había previsto e, inclusive, a un nivel superior al del ejercicio efectivo de los propios permisos.

Reflejo de esta mejoría ha sido el afianzamiento del mercado cambiario que, inclusive, algunos días, ofrece la apreciación derivada de la mejoría en las expectativas.

Las medidas de reducción del déficit público en conjunto, con la política financiera, han resultado en una reducción significativa del medio circulante, el cual, en términos reales, ha disminuido en más de 30 por ciento durante el primer semestre de este año en relación al mismo período del año anterior.

Las tasas de interés hemos podido mantenerlas sin alzas considerables e, inclusive, en algunas oportunidades con ajustes a la baja.

La encuestas de información más recientes nos muestran que no sólo se ha mentenido la planta de empleo de finales del año de 1982, sino que se observan algunos repuntes en sectores específicos.

Todos estos hechos no pueden constituir, no constituyen una actitud excesivamente optimista frente a la situación que confrontamos; pero sí son por lo menos, índices que señalan que estamos en el camino correcto. Los sectores vinculados a la sustitución de importaciones, muestran una clara recuperación al verse favorecidos por la reorientación de la demanda interna.

Ciertamente hay sectores que siguen abatidos: la construcción y la industria metalmecánica. En las actividades ligadas directamente con la exportación, se observa una indudable recuperación. Estamos aprovechando las circunstancias de la nueva ventaja cambiaría y se observan ya resultados en la promoción de exportaciones.

Se han realizado —y esto quiero subrayarlo— cambios estructurales asociados principalmente al establecimiento de nuevos precios relativos, en materia de energéticos, de recursos financieros, de mano de obra y de divisas.

Todo esto se deberá seguir manifestando en transformaciones profundas, transformaciones estructurales a partir de 1984, que orientarán el aparato productivo hacia un uso más intensivo de la mano de obra, a un fortalecimiento del ahorro interno, hacia una vinculación más eficiente con el exterior y a una distribución geográfica más equilibrada de nuestro desarrollo.

Estos son los cambios cualitativos de irnportacia que estamos ya observando y a los cuales se refiere con mayor amplitud el Plan Nacional de Desarrollo, porque quiero insistir que la política económica del Gobierno de la República, no sólo está encaminada a superar la crisis, sino a inducir, en nuestras pautas de desarrollo, los cambios de estructura que eviten en el futuro la recurrencia de crisis como las que ahora estamos viviendo.

La formulación y publicación del Plan Nacional de Desarrollo 198388, en los tiempos que marca la ley y dando amplia participación a las opiniones de la sociedad mexicana, ha constituido la definición política y el establecimiento de reglas de juego claras. Este documentorector marca la dirección, el rumbo y la intensidad de las políticas, y de él estamos derivando acciones concretas y metas específicas en los programas sectoriales y de mediano plazo que próximamente se publicarán.

Estamos también en este sentido haciendo honor al compromiso electoral de establecer la planeación democrática como instrumento de trabajo de la sociedad mexicana.

Frente al balance de acciones propuestas y resultados, se concluye que es necesario promover las acciones de acuerdo a los tiempos establecidos en los programas.

Afianzaremos las expectativas de control y de recuperación. La perseverancia es indispensable en la ejecución del plan y de estrategia económica de corto plazo.

Se trata de reordenar la economía; de lograr una recuperación permanente que sustente una revisión a fondo de nuestra estrategia de financiamiento, que oriente el aparato productivo de acuerdo a las grandes prioridades nacionales que señalan el plan y lograr una vinculación eficiente de nuestra economía con el exterior.

Acepto que uno de los instrumentos fundamentales para lograr todo lo anterior, es un gran esfuerzo de eficiencia y productividad en la sociedad mexicana, no sólo en el aparato productivo, sino en todas las instituciones que influyen determinantemente en la vida nacional.

También reconozco que un elemento primordial para lograr el éxito de esta política, de esta estrategia, es que inyectemos permanentemente fe en nosotros mismos en todos los sectores sociales, en todos aquellos grupos donde tenemos influencia. Esta no puede ser sólo una responsabilidad exclusiva del Gobierno de la República. El Gobierno lo ha hecho porque tiene la profunda convicción de que México es un país fuerte, nacionalista y con el vigor suficiente para superar la crisis actual y para retomar los caminos del crecimiento y de un desarrollo más sano, sostenido y equitativo; pero creo también que todo aquel que tiene influencia en segmentos de opinión, tiene una responsabilidad frente a la Nación. Quien induzca dudas sobre el destino nacional, está traicionando su propia situación de mexicano.

Todos tenemos esta responsabilidad de actuar sobre la opinión pública para hacer ver que México tiene las bases suficientes para superar las dificultades presentes y para realizar un capítulo mejor en la historia de nuestra Patria.

Inyectemos fe y confianza en nosotros mismos y en todos los mexicanos. Desechemos por principio actitudes negativas o pesimistas. No hay razón para ello. La pérdida de la comodidad no puede ser argumento suficiente para dudar de México. Esta solidaridad que requerimos de todos los mexicanos, de todos los grupos sociales, debe ser una solidaridad explícita.

Seguramente ustedes los empresarios coincidirán conmigo en que necesitamos dar muestras de solidaridad y cuidado esmerado por las grandes mayorías nacionales, por los campesinos y por los obreros. Si se diera la impresión de que no hay preocupación por los intereses de la mayoría del pueblo de México, no podríamos tener el clima necesario para mantener con perseverancia y con firmeza la estrategia que nos hemos trazado.

Este cuidado no debe ser sólo del Gobierno. Los empresarios —creo yo— pueden optar también por revisar sus relaciones obreropatronales y hacer ver a sus trabajadores que están solidarizados con ellos en los momentos difíciles por los que atraviesan, al reducir su nivel de vida y su poder adquisitivo.

El Gobierno de la República no se cansará de predicar cotidianamente la necesidad de la concordia nacional; el Gobierno de la República cumplirá con su obligación de mantener en la ley la vida social; el Gobierno de la República no aceptará que sectores minoritarios pongan en duda el destino de México.

Muchas gracias.