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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1981 En la ceremonia de apertura de la Reunión Internacional sobre Cooperación y Desarrollo

José López Portillo
22 de Octubre de 1981

Aceptar alternativas

Jueves 22-X-81. En la ceremonia de apertura de la Reunión Internacional de Sobre Cooperación y Desarrollo, el Presidente José López Portillo improvisó algunas palabras v, después, leyó un discursó. El texto de ambas intervenciones es el siguiente:

Como todos sabemos, lamentablemente y debido a problemas graves de salud, cuatro Jefes de Estado o de Gobierno no han podido acudir personalmente a esta reunión. Estoy seguro de interpretar el sentimiento de todos ustedes, y desde luego el ruío propio, al expresar nuestros fervientes deseos por su pronta y cabal recuperación.

Otro Jefe de Estado no tuvo oportunidad a última hora y por causas de fuerza mayor, de realizar el viaje a Cancún, Todos ellos han tenido a bien designar representantes personales que asisten en su nombre a la reunión. Están entre nosotros y son de ustedes conocido.

Bienvenido, señores.

Ayer por la noche se realizaron algunas consultas informales sobre la cuestión de la Copresidencia. En esas consultas se confirmó, en primer lugar; la conveniencia de mantener vigente el criterio de la Copresidencia, característica importante de esta reunión.

Como una muestra más de su interés y compromiso con las cuestiones de Norte-Sur, el señor Trudeau amablemente aceptó actuar como Copresidente.

Siendo este el resultado de las consultas informales de anoche, entiendo que todos los distinguidos participantes están de acuerdo con esta forma de proceder.

Voy a ofrecer a ustedes algunas informaciones. Con arreglo a los criterios adoptados en la reunión preparatoria de Ministros de relaciones Exteriores, el Gobierno de Francia hizo llegar a la coordinación general de la Reunión un importante documento para ser distribuido a los participantes. Así se hizo. La coordinación cuenta con ejemplares adicionales de este documento, a disposición de los señores delegados.

La coordinación general de la reunión recibió también documentos de los Gobiernos de Bangladesh y de Venezuela: ejemplares de estos documentos están a disposición de los señores delegados en la mesa de distribución de documentos.

El informe de la séptima sesión ministerial del Consejo Mundial cíe la Alimentación ha sido distribuido entre los participantes a solicitud del señor Presidente del Consejo: existen también ejemplares adicionales a disposición de los señores delegados.

Hemos recibido otros documentos y se nos ha pedido formalmente darlos a conocer a los participantes de la reunión; se distribuyen a través de la mesa de distribución de documentos, se trata de los siguientes: "Declaración a la Cumbre de Cancún", de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres: "Declaración de la Conferencia Sindical Mundial sobre el Desarrollo". Personalmente encuentro en estos documentos aportaciones interesantes, espero que ustedes también los consideren útiles.

Los Copresidentes hemos considerado la mejor manera de hacer frente a la muy considerable demanda de información que se ha generado alrededor de esta reunión; a este propósito, desearíamos presentar algunas sugerencias:

Pareciera conveniente que los voceros de los Copresidentes acudieran a la Sala de Prensa al término de cada una de nuestras primeras tres sesiones, es decir, este medio día, esta noche y mañana al mediodía. Los voceros ofrecerían información de carácter general sobre el desarrollo de la reunión, no identificarían ni discutirían las posiciones expresadas por ninguna delegación en lo particular: más bien se referirían a la tendencia general que se manifestara en los debates. Es claro que resulta preferible ofrecer este tipo de información a dejar que por falta de ella, la prensa se sienta libre de presentar todo tipo de especulaciones sobre nuestros trabajos. Y también el entendimiento al que se llegó en la reunión preparatoria de Ministros de Relaciones Exteriores, en el sentido de que las delegaciones se abstendrían de ofrecer informes sobre el desarrollo de la reunión, antes de que los Copresidentes ofrezcan su conferencia de prensa en la noche del viernes 23.

Los Copresidentes estamos ciertos de que este entendimiento será respetado.

Estamos ahora en condiciones de iniciar la sesión inaugural de la reunión. Se ha convenido que esta sesión inaugural sea la única abierta a la prensa.

Señores:

En esta sesión inaugural se escucharán las declaraciones iniciales de los Copresidentes de la reunión.

Valiéndome del privilegio del anfitrión, presentaré a ustedes, ahora mi declaración inicial:

Excelentísimos señores

Jefes de Estado y de Gobierno.

Distinguidos Delegados, Amigos:

Estoy cierto de que el primer logro importante de este evento, es encontrarnos aquí reunidos, en torno al propósito común de cooperación y desarrollo. Por ello es profundamente satisfactorio para México brindarles la más cordial bienvenida. Es un privilegio ser el ámbito geográfico de este importante acontecimiento. El pueblo de mi patria lo entiende y lo desea trascendente para la historia.

Convencidos de que la libertad, la justicia y la paz son los valores supremos de la convivencia entre los individuos como entre las naciones, México ha querido ser útil a su realización y por ello asumimos cabalmente todos los riesgos políticos que implica ser sede de esta reunión.

Sabemos que la humanidad ha creado instancias interestatales para buscar soluciones compartidas a sus problemas comunes. Pero debemos reconocer que no siempre han desempeñado un papel significativo, pues suelen transformarse en simples cajas de resonancia, sea de los puntos de vista de los países que numéricamente dominan la votación, o de los que pueden adoptar medidas restrictivas a las políticas de los países en desarrollo. Esto, en vez de alentar el entendimiento, ahonda el resentimiento y la frustración, aparte de que las decisiones tomadas, o no trascienden, a aun son negadas.

Por eso hemos convocado a esta reunión, concebida para ser instrumento que agilice planteos y alternativas. Ni sustituye ni compite con los organismos creados. Intenta revivirlos y fortalecerlos.

Acudimos aquí en nuestro propio nombre, nosotros, los Jefes de Estado o de Gobierno, depositarios de la responsabilidad que nuestros pueblos nos han conferido, dispuestos a prestar atención urgente a las cuestiones que vamos a tratar; a buscar el entendimiento simultáneo de nuestra recíproca relación; a expresar, al máximo nivel político, lo que estamos dispuestos a hacer para optimizarla y proponer a los foros idóneos de compromiso, el consenso o las alternativas diseñadas por nuestra voluntad expresa. Admitamos que lo racional es posible, y que la distensión es razonable. No aspiramos a representa a la comunidad internacional. No intentamos alcanzar acuerdos que comprometan a los no asistentes. Sería imposible. Esperamos que ellos aprecien el resultado de nuestras deliberaciones en su propio valor y justa medida. Hemos creado una expectativa en el mundo. Respondamos a ella de buena fe y con buena voluntad política.

Aportemos aquí y ahora nuestros más claros juicios y no nuestros prejuicios, buscando que el diálogo sustituya a una sucesión de monólogos, o aun al enfrentamiento. Abramos nuestra conciencia y estemos dispuestos, no a vencer sino a convencer, o a ser convencidos. Podemos hallar solidaridad en vez de subordinación. No persigamos vanos prestigios ni rescatemos rencores, no pidamos a los demás lo que no estemos dispuestos a dar nosotros mismos. Superemos el egocentrismo de los enfoques que sólo conducen al absurdo y la incomunicación. No venimos a ostentar orgullos ni a levantar lamentos. No queremos imponer sin exponer nuestros puntos de vista con toda objetividad para entender nuestra realidad contemporánea, como problema compartido, sin hostilidades ni exclusivismos.

Aceptemos alternativas, orientemos políticamente las acciones destinadas a hacerle frente. El imperativo es reconocer la complejidad y pluralidad del mundo y no pretender recrearlo a nuestra particular imagen y semejanza. No somos ni pontífices ni mecías: merezcamos el poder de representatividad que se nos ha otorgado, para consumar la esperanza de quienes en nosotros han tenido fe y confían en que sepamos hacerlo.

Hay todavía en nuestro mundo actual una hiriente contradicción entre opulencia y miseria; entre el Norte y el Sur; entre progreso, atraso y En la mayor parte de los países desarrollados, se plantea un doble problema: la inflación y el desempleo. este último no muestra una tendencia a reducirse, e implica la existencia de equipo improductivo y de mano de obra ociosa, porque el mercado interno no puede absorber, a precios remuneradores, todos los bienes y servicios que es posible producir.

Nos encontramos en una situación paradójica: un grupo importante de países dispone de fondos líquidos que se colocan a corto plazo, en los mercados de dinero de los países ricos. Estos actúan, ahí, como intermediario y garantes entre los países que tienen estos fondos y aquellos que los necesitan para financiar inversiones, casi todas a largo plazo.

En los países pobres el crecimiento de la economía se mantiene deprimido, porque faltan los bienes y servicios que sólo se producen en los países avanzados y que los primeros no pueden adquirir por falta de divisas, pues su ritmo de crecimiento está determinado por sus balanzas de pagos. Existe demanda potencial, pero no efectiva. Así se da el drama del Subdesarrollo: las necesidades, aun las fundamentales, no se convierten en demandas.

La pobreza crónica es un factor que aumenta la inestabilidad política y social al interior de cada país y, con frecuencia, alimenta la rivalidad entre las grandes potencias, exacerba las tensiones existentes y deteriora, aún más, sus relaciones. En alguna medida, sin duda importante, la inestabilidad generada por el subdesarrollo, ha alentado la reaparición de la guerra fría, reforzado las aspiraciones hegemónicas e impulsado la carrera armamentista.

El gasto adicional en armamento, es el que más compite con los programas de desarrollo en la atracción de los recursos financieros disponibles. Cierto que en el egoísmo del corto plazo constituye magnífico negocio para los vendedores; pero en términos de progreso social y político y estabilidad en el inundo significa la vigencia de lo absurdo y sus peligros.

El mundo necesita que, con verdad, imaginación y voluntad política, se busquen las formas de concertar las acciones de los países que tienen conocimientos técnicos, capacidad productiva ociosa y mano de obra desempleada, con las de los países que tienen demanda con capacidad de compra limitada y con las de aquellos otros que son poseedores de recursos financieros para que, todos, hagan posible la cooperación internacional para el desarrollo.

La reactivación duradera y estable de la economía mundial, no provendrá de la prosperidad de alguno de sus segmentos, si en los demás se mantiene el estancamiento. El progreso de cada uno es, cada vez más, condición para el progreso de todos. Entendamos que el crecimiento de las economías avanzadas significa, si se vence la presión proteccionista, mercado en expansión para las exportaciones del mundo en desarrollo y demanda suficiente que frene la tendencia de los precios de éstas a disminuir. El desarrollo de los países de la periferia se traduce en mercados crecientes para las producciones de los países avanzados y estimula el empleo y el crecimiento en estos últimos. Significa también suministros suficientes de materias primas y energéticos, que estimulen la reactivación a escala mundial. Las políticas económicas internas y las acciones de cooperación internacional de todos, deben responder a las nuevas realidades de la interdependencia global.

Si no somos capaces de ponernos de acuerdo en soluciones concertadas, será en el campo del enfrentamiento económico y de la violencia política donde se diriman los distintos intereses nacionales. Estos enfrentamientos son, costosos y estériles, no hay vencedores ni vencidos, todos somos perdedores, de niveles de vida, de estabilidad política, de posibilidades; y pagamos a veces hasta con nuestra sangre el precio de nuestra incapacidad para entendernos y cooperar. Vergüenza infinita que nos hundiría irremediablemente si a tiempo y juntos no nos organizamos y actuamos.

Tenemos la convicción de que esta reunión habrá de basarse en el entendimiento y no en el enfrentamiento. Sería irreal esperar que, en sólo dos días, se encuentre solución al cúmulo de asuntos que nos preocupan y afectan. Sin embargo, sería una pena y resultaría un enorme desperdicio, que nos limitáramos sólo a un intercambio de opiniones, sin causa, ni propósito, ni porvenir.

Corremos el riesgo de que la pobreza avance más rápido que las a veces regreso. No se establecen, o aún se cancelan las oportunidades y las seguridades para una vida buena. No hemos acertado a coincidir en lo que es importante para todos y sólo se atiende lo urgente para algunos.

No quiero, ni debo, dramatizar; pero si concluir que existe inequidad; que se padece injusticia; que en muchos sitios de este mundo que es hogar común del hombre, hay hambre, pobreza e indignidad. Y que todo ello, grave en sí mismo, es causa de inestabilidad generalizada; origen de enfrentamientos que se precipitan en círculos viciosos, verdaderos vórtices del deterioro mundial.

El primero de nuestros deberes es reconocer que existen los problemas, e identificados, ubicarlos en su contexto y admitir que no es cuestión de circunstancia pasajera o coyuntura, sino de estructura; de la forma de organización que nos hemos dado. Se pueden explicar por la soberbia o por la angustia, desde el triunfo o el fracaso, con euforia o con reproches. Alejémonos de uno y otro extremo. Seamos realistas. Atengámonos a los hechos.

El que propongo no es un enfoque simplista o maniqueo. No hay un Norte homogéneo, ni existe un Sur uniforme. En ninguna de las naciones del Norte y en ninguna de las del Sur se da, tampoco, la uniformidad de oportunidades y de condiciones de vida. Sí prevalece, en cambio, el contraste y la inconformidad que se manifiestan cotidiana y duramente, con múltiples consecuencias y con una especificidad bien definida. Desde luego que muchos de los problemas del Sur, al Sur deben ser imputados; pero otros estructurales, limitantes y fatales, derivan de la relación con el Norte y el conflicto Este-Oeste.

A pesar de los planteos realizados en los últimos años, no sólo no han desaparecido las causas de los choques económicos mundiales, sino que se han agravado conforme se arredra la voluntad, que sólo parece responder ante condiciones de extrema urgencia, pero no frente a los problemas creados por la pobreza que ya es crónica, ni frente al desorden que ya es atávico, y que amenaza convertirse en una constante de las relaciones económicas durante el actual decenio.

Así frente al hambre, no hemos aceptado un compromiso organizado para erradicarla. Los alimentos se manejan como armas y a la producción y distribución de éstas se da prioridad excluyentemente abrumadora. La muerte campea en las dos alternativas.

En materia de energéticos, reducimos la solución a cuestiones de precio y manipulación de mercados, en vez de plantear el tránsito razonable y orientado de la época del petróleo a la siguiente, aprovechando que por primera vez toda la humanidad, al mismo tiempo, ha identificado un problema de sobrevivencia.

Si se trata de financiamiento del desarrollo, se regatea la cooperación y se niega la ayuda porque se concibe como riqueza no merecida por pueblos que no la han sabido crear, o se condiciona para defender intereses o ideologías.

Enormes intereses se oponen a la realización de una reforma efectiva de las instituciones monetarias y financieras internacionales. Todo parece indicar que contra la posibilidad de diseñar un nuevo sistema, hay la intención de mantener o bien retroceder en el actual, que tiene probada su insuficiencia e inequidad.

Proteccionismo, especulación y manipuleo deforman el comercio. Baja el precio de las materias primas, y sube el del dinero. La inflación y la recesión impiden una vinculación armónica entre procesos orientados de industrialización y comercio, con la pretensión de congelar la actual estructura del intercambio y de la división internacional del trabajo.

Por otro lado, la empresa transnacional, liberada de obligaciones sociales y compromisos políticos, muchas veces ya sin metrópoli ignora o conculca las soberanías nacionales, que no han sabido organizar respuestas a la lógica de la interconexión e interdependencia de la economía mundial.

La tecnología como la información, se convierten en fuentes de poder.

Por falta de armonía, el mundo en que vivimos es cada vez más peligroso para los países ricos, e implacable y cruel con los países pobres. No vivíamos una situación similar desde la gran depresión y. por eso, ya la habíamos olvidado. Estamos obligados a cambiar este tipo de relaciones económicas, cuyo efecto negativo mantuvimos ignorado por casi treinta años de expansión, que obviamente, no benefició a todos por igual negociaciones y que se excluya la colaboración y la concordia como salidas, no por falta de opciones, sino por irresponsabilidad y torpeza.

Puede suceder que de nuestros debates surjan, más que soluciones o respuestas únicas, diferentes opciones. Nos corresponde apuntarlas, definirlas como viables y abrirles camino para su consideración formal en los foros que la comunidad internacional ha establecido para estos propósitos y lo que es más importante, para que se conviertan en obras y hechos.

Suficientemente enfatizada la tragedia del hambre, hablemos de alimentos, de estrategia para producirlos más y mejor; para distribuirlos; para incrementar el ingreso de los productores de los países pobres; hablemos de capacitación para la alimentación.

No hablemos de la ayuda como sacrificio, sino como responsabilidad y conveniencia a largo plazo. Tratemos sobre el financiamiento del desarrollo compartido que puede proporcionar suficiencia y salud a la economía mundial.

No hablemos tanto de los vicios del comercio, sino de la posibilidad de organizarlo desde los sistemas de producción de básicos y de bienes industriales para propiciar un intercambio equitativo y compensado, general y estimulante.

No hablemos tanto de los precios y mercados del petróleo sino de ordenar la exploración, investigación, explotación, distribución y consumo razonable de energéticos; imaginemos cómo aliviar ya repartir la carga de la cuenta del petróleo a los países en desarrollo que lo importan.

Debemos encontrar, a través del debate y por medio de la concertación, respuestas nuevas para problemas seculares. Estamos obligados a construir, en los dos últimos decenios del presente siglo, un nuevo sistema de relaciones económicas internacionales, basado en una realidad de creciente interdependencia genuina y fundado en los principios de justicia y equidad, que responda a nuestros intereses colectivos y que permita, e incluso favorezca, la consecución de nuestros objetivos nacionales, determinados en uso de la soberanía de cada uno.

La tarea histórica que nos corresponde, consiste en demostrar que es posible la unidad en la diversidad; que los países poderosos pertenecen a la humanidad y no la humanidad a los poderosos; que es viable la acción conjunta en el respeto de las particularidades nacionales y posible la congruencia entre la estrategia interna y la conducta internacional; empecemos a delinear un mundo de cooperación que a todos beneficie, en especial a quienes más lo requieren y más han aportado, como condición indispensable para la prosperidad y la paz.

Y puedo afirmar, finalmente, que si el problema es de todos, la solución somos todos.