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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1981 Quinto Informe de Gobierno

José López Portillo, 1o. de Septienbre de 1981

Honorable Congreso de la Unión:

Cambios exigen estructura, por conciencia y voluntad, en el entorno y de nosotros mismos. En dónde estancos y qué tenemos, qué somos y qué nos falta.

Nadie lo tiene todo y menos al mismo tiempo. Ni siquiera los poderoso del inundo. Ya lo hemos dicho: uno tiene suficiencia en alimentos y no la tiene en energéticos: el otro, la tienen energéticos y no en alimentos; el que pretende controlar inflación por la imposición del mercado, causa desempleo y recesión; el que lo quiere hacer por el mercado impuesto, provoca escasez y coarta la libertad. Y lo que es peor cuando los poderosos imponen sus fines, padecen los principios. Y en ello involucran a la humanidad.

Los que no son poderosos, sufren por todo: alimentos, energéticos, inflación, recesión, desempleo, comercio, finanzas, intereses, moneda. Hay quienes se defienden más: hay quienes empiezan a no ser viables; y los hay industrializados —también lo he dicho— que están en vías de subdesarrollo.

México tampoco lo tiene todo: pero lo que tiene debemos valorarlo en una doble reacción: con nosotros mismos y con los dermis.

Saberlo no es consolarnos, sino activarnos; no es inhibirnos, sino ubicarnos.

Con objetividad y realismo, podemos afirmar que México, a pesar de problemas que no negamos y como lo hemos acreditado en este Informe, tiene crecimiento económico y ofrece empleos por arriba de la tasa del crecimiento demográfico como nunca en su historia reciente: es autosuficiente en energéticos y exporta petróleo, con lo que empieza a tener autodeterminación financiera y tiene a la vista su autosuficiencia alimentaria. No muchos lo pueden decir.

No deseo hacer énfasis de excelencia; pero torpe sería ignorar que al inicio de la década de los ochentas, la sociedad mexicana cumple mejor su responsabilidad social, política y económica; que se ha logrado lo más preciado: conciliación nacional y confianza pública; democracia política; libertad y paz en la calle, en el trabajo, en la escuela. Pocos países lo pueden afirmar. Miremos alrededor y comparemos. Apreciemos el bien que tenemos, que muchos otros lo supieron cuando ya lo habían perdido.

Hasta quienes en plena libertad manifiestan, critican, disienten, denuncian y grillan, disfrutan de nuestra situación.

Con realismo, veracidad y confianza en 1976 propusimos a la Nación un plan para modernizar el país congruente con nuestra filosofía política.

Precisamos los grandes objetivos.

Independencia económica y política, autodeterminación soberana; generación de empleos y, por el trabajo, riqueza y justa distribución del ingreso, conservando libertad para adelantar por la democracia. Hemos avanzado sustancialmente en ello.

Fijamos prioridades: alimentos y energéticos. Tenemos ya suficiencia de éstos y a punto de lograr la de de aquellos.

Nos comprometimos con Reformas: la Política, la Administrativa, la Fiscal. la Económica. Las hemos hecho y las dinamizamos como procesos constantes.

Nos propusimos estrategias: Alianza para la Producción; Sistemas Alimentario Mexicano: Programa de Productos Básicos; atención a zonas marginadas y grupos deprimidos. Están en ejercicio y avanzan.

Nos fijamos planes nacionales por sectores de actividad económica y social, subordinados a las prioridades globales y objeto de las estrategias. Están en ejecución y han tenido éxito.

Dividimos el sexenio en tres períodos bianuales: restauración de la economía, consolidación, crecimiento acelerado.

Con la confianza, logramos restaurar la economía y la vitalidad del país, y el impulso combinado del sector público, del social y del privado, lo lanzó tan repentinamente que antes de consolidar la economía, crecíamos aceleradamente, descubriendo frente al progreso nacional todas las insuficiencias del estancamiento y las deficiencias de la economía internacional.

Frente a las realidades externas, cuyos efectos internos no podemos todavía modificar, y a los problemas de última hora derivados en fuerte proporción de medidas monetarias descompensatorias provenientes del exterior, hemos ajustado nuestros planes, con la flexibilidad que si propia racionalidad y objetividad lo permiten, sin afectar ni nuestra prioridades, ni el propósito de producir más, creando más empleo, Sería una burla a la Constitución. Persistiremos en ese esfuerzo. El derecho al trabajo es sagrado y está por encima de los temores de lo timoratos que sólo ven el corto plazo o de los privilegiados que sólo velan por sus intereses.

Los ajustes ya ejecutados y en proceso, facilitarán evaluar col mayor tranquilidad los nuevos acontecimientos internacionales.

Es prudente reconocer límites y actuar en consecuencia y sin precipitaciones. Pero reconocer límites es conceder oportunidad y no cara piar el rumbo.

En el último bienio de esta Administración, particularmente en lo que le falta, haremos el esfuerzo de consolidación de lo ya logrado, que se nos mezcló con el crecimiento acelerado. Tenemos capital político capital económico para enfrentar con éxito las circunstancia y soportar las.

No asumo un triunfalismo acrítico e irresponsable.

Sé que el país vive un proceso inflacionario que apenas estamos deteniendo y empieza a declinar y que, mientras no lo controlemos, ni el país conocerá plena salud, ni el Gobierno habrá cumplido a plenitud.

Sé que, por la situación petrolera pasarnos por una etapa con problemas de liquidez y que tenemos que vigilar de cerca la flotación o la moneda y los flujos de capital. Pero hay conciencia nacional voluntad colectiva para no precipitar acontecimientos por expectativa falaces.

Sé que tenernos que corregir nuestra relación de intercambio con e exterior haciéndonos más competitivos y sin volver a caer en el proteccionismo inhibidos e ineficiente.

Sé que contra la justicia no cumplida, tenemos el imperativo de las leyes que apremian nuestra libertad, nuestra voluntad y nuestra vergüenza y los ojos críticos de las minorías vigilantes que se responsabilizan ya no sólo en la denuncia, sino en la acción democrática.

Sé que contra nuestra ineficiencia tenemos el reclamo y la capacidad de una juventud emergente y preparada que, mejor dotada que nosotros, dará competitividad y orden al país.

Sé que contra la corrupción, habremos de continuar una lucha permanente, asumiendo como lo hemos hecho, el riesgo del escándalo, del chantaje, y de los que, desde la crítica y la oposición, arriman su sardina a las brasas. Muchas primeras piedras se han tirarlo contra funcionarios públicos. Ojalá los demás, estén libres de culpa. Con frecuencia denunciar la corrupción es una forma de ser corruptos. No lo decirnos como excusa sirio corro recomendable ejercicio de conciencia, para no caer en el cinismo.

Flota en el ambiente, señores, una proposición que quiero formular a esta soberanía. Por recientes acontecimientos, públicamente por mí reconocidos puesto que fui protagonista, se impone, para salud de la República, se impone para tranquilidad de suspicacias y solución y conflictos de carácter funcional de los funcionarios públicos, el que esta soberanía legisle sobre los obsequios y donaciones que con frecuencia se dan a los funcionarios públicos, particularmente al Presidente de la República.

En la sabiduría, en el sentimiento de justicia, equilibrio que reconozco a esta soberanía, está iniciativa. La veré con especial agrado y con total disciplina.

Sé que contra el desorden, tenemos energía del Derecho y su fuerza y, contra la improvisación, la planeación democrática.

Todo ello en nuestro propio ámbito; pero también sabernos que lo que adentro hagamos es insuficiente sin un orden exterior que nos permita progresar en paz y justicia.

Por ello, reconociendo la fuerza de la realidad externa, aunque adaptamos nuestro proceso a su imperativo, inconformes, realizamos también afuera, los principales esfuerzos que en el mundo actual tienen expectativas para mejorarlos. Subrayo que somos no sólo protagonistas sino promotores. No es mérito, sino deseo de ser útiles a todos y por ello, a nosotros mismos.

Mantenernos y luchamos por los principios de convivencia que nos dan estructura en la historia, frente al desorden y la arbitrariedad.

Propusimos un Plan Mundial de Energía, y propiciarnos y seremos anfitriones del diálogo Norte-Sur.

Es esta situación, con estas perspectivas y definiciones, nos acercamos a los tiempos en los que la República habrá de renovar los poderes Ejecutivo y Legislativo de la Federación.

Lo hará por primera vez bajo el sistema que constituye la Reforma Política, que abre al pueblo de México las opciones ideológicas de nuestra época, en un sistema que armoniza la responsabilidad de las mayorías y de las minorías, por las cuales puede elegir cada ciudadano en doble posibilidad. Con ello hemos ido mucho más allá de la representación proporcional, limitada por un juego matemático elemental.

En lo que a sus facultades se refiere, el Ejecutivo a mi cargo garantiza la efectividad del sufragio a lo largo de todo el proceso, desde el supuesto del Padrón Electoral actualizado y autentificado, hasta el momento de la calificación colegiada por parte del Legislativo.

Espero confiado que cada partido, cada funcionario, cada representante de los que intervienen en el proceso, cumplan con su cometido. Como espero que cada ciudadano concurra a las urnas para gozar del privilegio de la democracia, designar por sí y no dejar que otros lo hagan por él. Estamos ciertos que se elegirá a los mexicanos más idóneos para enfrentar los graves problemas que continuarán y otros que se avizoran.

Espero igualmente, honestidad en el reconocimiento de los resulta-dos, que igual peca el que comete vicios para triunfar, como el que los inventa o para justificar su derrota.

Me permito enfatizar que la Reforma Política garantiza la libre elección de los representantes minoritarios, con respeto a la voluntad electoral de la mayoría y que no consiste necesariamente en que el partido que la agrupa, pierda, sino en que se exprese con efectividad y amplitud cualitativa, la opinión democrática de la Nación.

Así a cinco años de distancia del inicio de mi gestión y a unos cuantos meses de que principie el proceso democrático de renovación de poderes, las grandes líneas de mi responsabilidad en lo interno y en le externo, están trazadas. Sabernos donde estamos; qué nos falta por hacer: qué no podremos concluir y qué si adaptar.

Es razonable esperar que la dinámica estructurada del país le permitirá llegar al siglo XXI con el proyecto nacional revolucionario bien cumplido: una Nación que sin hostilidades ni exclusivismos es capaz de plantear sus problemas y resolverlos con sus propios recursos, en la independencia política y económica, en donde el trabajo es la fuente de la riqueza y la libertad camino de la justicia.

Porque ahora, después de haber vivido cinco años de esta máxima responsabilidad política, ratifico la convicción de nuestras mayorías: frente al entorno mundial significado por las oposiciones económicas Norte-Sur y las políticas Este-Oeste, que descuartizan a la humanidad, aceptamos como nuestra estructura en el cambio, el proyecto de país que resulta de nuestra Constitución. Mientras más penetro en las contradicciones del mundo y la realidad de lo absurdo, más admiro el genio de nuestros próceres para resolver unas y racionalizar la otra, con esa Norma Fundamental en la que devino la Revolución Mexicana, privilegiadamente válida, aunque todavía no plenamente vigente por nuestra causa y no por su imperativo. Porque es la norma, el encauce de nuestras propias contradicciones, que nos permiten institucionalmente aspirar a lo deseable; proponernos lo posible; demandar lo necesario. Sólo así conservamos permanencia en el tránsito. Ser México en el mundo y no una hoja inerte en el viento y las tinieblas de la historia. Estar en ella de pie, marchando por muestro propio tumbo y no alineados, ni alienados.

Sé que la sabiduría política de nuestras mayorías no quieren cambiar lo que ya tenemos, sino que lo que ya tenemos, cambie para acceder a estadios superiores de vida.

Tenemos y dejaremos un país con recursos explorados y reservas definidas; una Nación solidaria con recursos humanos; tenemos y vivimos instituciones que nos abren opciones democráticas.

Tenemos historia, tenemos destino, tenemos orgullo y afirmamos dignidad. Tenemos aportaciones que hacer al mundo y abierta nuestra capacidad para aceptar de él lo valioso, en busca siempre de la perfectibilidad universal en la que creemos, fundada necesariamente en la igual-dad, la libertad, la justicia y la paz.

Tenernos, en suma, a México y todos somos y seguiremos siendo con nuestros hijos, México.

¡VIVA MÉXICO!