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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1976 En la Reunión Nacional Tripartita

Luis Echeverría Álvarez, 22 de Noviembre de 1976

Hemos recordado en algunas ocasiones, cómo al iniciarse el desfile obrero el primero de mayo de 1971, al caminar lentamente, al frente de la columna obrera, rodeando la Plaza de la Constitución, charlábamos Fidel Velásquez y yo, acerca de algunos problemas y del modo de atacarlos mediante alguna forma de coordinación de esfuerzos, de lo cual habría de resultar dos semanas y media después, justamente el 18 de mayo, la instalación de la Comisión Nacional Tripartita, como organismo consultor del Poder Ejecutivo Federal.

Estos temas con los que hablábamos con este maduro y responsable y experimentado líder obrero, eran el del desempleo, el de la productividad, el de la habitación de los trabajadores, el de la contaminación ambiental. Se instaló la Comisión Nacional Tripartita, y con más o menos fortuna, han venido creciendo y cristalizando algunos de sus estudios.

Es evidente que en esa sociedad plural en que vivimos y en que queremos vivir en la libertad, hay diversas contraposiciones que suscitan frecuentemente conflictos, conflictos que son encauzados en forma civilizada por nuestras leyes.

En nuestra Constitución se prevé la resolución de estos conflictos. Y es el vivir dentro de nuestra Ley Fundamental lo que hace posible la convivencia y la unidad esencial dentro de una frecuente diversidad de criterios de los mexicanos.

Nació la Comisión Nacional Tripartita para estudiar diversos asuntos de interés común entre trabajadores y empresarios con la participación directa y activa cíe representantes del Ejecutivo Federal.

Uno de sus primeros frutos y seguramente el que maduró más aprisa y que será en los próximos años de mucha mayor amplitud de la alcanzada hasta ahora, es el INFONAVIT. Ya señala el camino para la resolución de¡ problema de la habitación de los trabajadores y será la Comisión Nacional Tripartita -seguramente que propuso su creación-. serán, los representantes de los trabajadores en el Congreso de la Unión y los organismos profesionales específicos, los que quizá en los próximos meses den un segundo y gran paso para apresurar la resolución total de esta grave cuestión que deriva de un rezago en materia habitacional de siglos.

Quisimos tener con todos los presentes esta reunión para exhortarlos a que la Comisión Nacional Tripartita multiplique durante el Gobierno del señor José López Portillo, sus actividades. A que independientemente de lo que haya que discutirse en otras arenas, en los tribunales del trabajo, en las oficinas o en el Poder Judicial en donde tengan que afrontarse y resolverse en definitiva los problemas agrarios que siempre debemos de resolver de acuerdo con, la ley; independientemente de las necesidades de que en todos lo medios de difusión se logre un desarrollo pleno para llegar a un uso totalmente responsable de nuestras libertades; independientemente del diálogo que hay que fomentar en el seno de cada hogar para romper los evidentes conflictos generacionales entre niños y jóvenes y adultos para que haya más recíproca comprensión y no desperdiciemos ni la inteligencia espontánea ni los impulsos frescos de las nuevas generaciones, y seamos los adultos capaces de mejores ejemplos en el estudio continuado y en el esfuerzo mantenido; independientemente de la continuación y la consolidación en las prácticas de los conflictos entre varones y mujeres en la vida social, en las relaciones de trabajo, en las actividades políticas; porque ya en los últimos años el Régimen ha igualado totalmente las oportunidades legales de hombres y mujeres; independientemente de los conflictos que hay que resolver en la vida social en relación con el incremento tan acelerado de nuestra población y de tantas otras cuestiones en una sociedad que sabe reconocer con objetividad que hay problemas; pero que hay que disponerse a resolverlos. Y que no queremos resolverlos por la fuerza, porque en una y otra forma se optaría por las formas de dictadura que tienden a prevalecer en el mundo con uno y otro signo ideológico.

Hay minorías inmaduras que piensan que podemos resolver con la supresión total de las libertades y con regímenes burocráticos que en realidad esclavizan a los trabajadores y persiguen a los disidentes; o en el otro extremo pequeñas minorías que creen muy fácil en México la implantación -como ha sucedido en algunos países hermanos- de regímenes que estén dedicados a preservar sus privilegios con el pisoteo de los derechos de las grandes mayorías.

Si en realidad queremos construir una democracia social que perfeccione los procesos electorales; pero los procesos electorales en que la mayoría decida, no solamente en las elecciones generales, sino en el seno de cada sindicato, de cada cooperativa, de cada consejo empresarial, de cada sociedad de alumnos escolar; si en realidad queremos avanzar en ese sentido, debemos, lealmente, decidirnos a hacerlo y saber escuchar a los demás.

La democracia política de un país tiene que emanar de la que exista desde el seno de cada hogar o de cada organización pequeña o de cada organismo de resistencia y de lucha social, para que la proyección después signifique un progreso político general. Y si esta democracia la queremos social, tenemos que reconocer que el fundamento de las formas políticas, cualesquiera que sean sus niveles, podrá sólo derivar de una mejor distribución de la riqueza y de la multiplicación de oportunidades de trabajo y de estudios para toda la población.

Es preciso que maduremos en este sentido y que multipliquemos organismos como la Comisión Nacional Tripartita, que deberá hacer más sólido y más rápido su avance en el futuro.

Creemos -y esto tiene mucho que ver con la productividad. Por que debemos ser competitivos en el mundo- el Instituto Mexicano de Comercio Exterior, y paralelamente salirnos a muchos países. La sola mención ahora de las naciones que visitarnos en seis años de trabajo, en comitivas estrictamente tripartitas, de las que siempre formaron parte los líderes estudiantiles, etcétera, han sido y este es el reto que tenemos para ser más productivos y más competitivos y mejores exportadores-, la sola mención de este resumen que significa un compromiso.

5Quise apuntar, para no olvidar ninguno de los países que deben ser objeto de nuestro esfuerzo exportador, quise apuntar esta lista: Japón, Perú y Chile, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Bélgica, Francia, la URSS, la República Popular China, Austria, Alemania, Italia, El Vaticano, Yugoslavia, Las Bahamas, Costa Rica, Ecuador, Perú, Argentina, Brasil, Venezuela, Jamaica, Estados Unidos otra vez, Italia, Guatemala Guyana, Senegal, Argelia, Irán, la India, Sri Lanka, Tanzania, Kuwait, Arabia Saudita, Egipto, Israel, Jordania, Trinidad y Tobago, Cuba, otra vez a los Estados Unidos, Guatemala de nuevo, Canadá y Estados Unidos con motivo de la última exposición de exportadores mexicanos.

De 67 países con los que teníamos relaciones diplomáticas hace seis años, tenemos ahora con 133 o 134; hemos duplicado el número de posibilidades para nuestro comercio exterior. Con todos ellos o casi todos ellos tenemos relaciones amistosas, y no obstante la ausencia de relaciones diplomáticas con España, hemos hecho esfuerzos en los últimos años por un mayor intercambio comercial y turístico.

Todo esto tiene que ver mucho con la productividad, y si le agregamos que en materia educativa, para formar la infraestructura humana, técnica y profesional; el presupuesto -y no ha sido despilfarro, que en ningún sector lo ha habido- ha aumentado de 8 mil 800 millones a 42 mil 400 millones entre el primero y el último año, y que esto ha significado -de lo que ha crecido en algunos sectores educativos simplemente el aumento de l9 a 48 institutos tecnológicos regionales, la creación de institutos tecnológicos agropecuarios, forestales y pesqueros, se ratifica el esfuerzo de nuestro país por contribuir a un aspecto esencial para la productividad.

Quiero exhortar a todos los presentes para que se vea más de cerca una serie de problemas con los que venimos hablando. Saben los Gobernadores que nos acompañan, que en los presupuestos locales va siendo ya ineficiente lo disponible para el ramo educativo; que si en algunos Estados el gasto educativo ha crecido hasta en 55 o en 58 por ciento, en otros llega ya al 95 por ciento, y que tienen que solicitar créditos cuando viene la época de los aguinaldos, y no tienen recursos para afrontar el gasto educativo de una población que crece aceleradamente.

Algunos a veces piensan, desde un criterio desarrollista muy limitado, que es preferible emplear los recursos en crear fuentes de trabajo, aunque no aprendan a leer ni escribir varias generaciones de trabajadores, porque dicen: "lo principal es que trabajen y después de algunos lustros vendrá la educación''. Esto contradice los más elementales principios morales y sociales.

"Tendrán que buscarse nuevos caminos para que sectores de más altos ingresos puedan pagar la educación de sus hijos. Esto tendrá que afrontarse ya, no digo en pocos años, sino en pocos meses para que el desarrollo económico en las obras productivas, el fomento de negocios no sea algo de que sean incapaces los Gobiernos de los Estados. Porque la propia Federación debe fundamentarse en un desarrollo económico creciente de cada uno de los Estados que la integran, para no multiplicar los renglones de que dependen del Gobierno Federal y haya más autonomía en todas las actividades productivas.

Sin duda alguna, señores miembros de la Comisión Nacional Tripartita, la Comisión sirvió para dar pasos importantes; pero va el mundo a ver que sus conflictos se profundizan, y nosotros veremos que éstos, con trastornos económicos y contraposiciones ideológicas, se reflejan en nuestra sociedad.

Verán los mexicanos que el crecimiento de la población y al inconformidad de los jóvenes, de los campesinos, de los obreros y el propio afán de progreso de los empresarios, tanto particulares como estatales, y la necesidad de producir más y mejor, y ser mejores productores y exportadores, y ser cada día más orgullosos de lo que hacemos con nuestro esfuerzo y con nuestras manos, nos hace una sociedad más compleja, que requiere del uso responsable de la libertad.

Esas formas de subdesarrollo moral y político, que son los rumores catastrofistas, las murmuraciones irresponsables, por el bien de México deben desterrarse. Debemos aprender a tener el valor de hablar claramente de los problemas, de hacer oposición política al Gobierno u oposición a cualquier forma de poder en los negocios o en los sindicatos o en las comunidades. Son formas realmente de involución en una sociedad libre. ¡Que queden los rumores y las murmuraciones para las dictaduras en donde no hay medios libres de expresión y oportunidades de participar en organizaciones de diálogos, como ésta y otras muchas!

Se rebajan los mexicanos o empleándolos o haciéndoles caso. Yo decía hace unos días en Tabasco que cuando en hogares mexicanos escuchan rumores catastrofistas, absolutamente sin ningún fundamento, ¿qué pensarán los hijos de los padres? ¿qué envenenamiento moral se está creando allí? Debernos todos los mexicanos combatirlos, porque son formas inferiores, involucionadas de un subdesarrollo social, del cual debernos de salir, porque estas formas de labor de zapa, en realidad sólo manchan y perjudican a todos los mexicanos.

El cambio de paridad ha traído trastornos, pero ha multiplicado oportunidades. Podemos exportar más si nos decidimos a ser mejores productores.

El presente Gobierno ha sido obrerista, pero es necesario, y yo quiero decirlo, que haya una conciencia creciente en el sector obrero. para una amplia colaboración en todo lo que sea producir mejor. No implica esto aludir a formas de explotación, sino a formas de cooperación que pueden tener múltiples facetas. Significa que el empresario mexicano sea orgullosamente nacionalista; que como lo hemos manifestado desde la iniciación de este Gobierno, cuando tenga necesidad -que será muy frecuente- de capital o tecnología extranjeros, sepa cómo aprovecharlos para que el empresario mexicano no sea empleado de intereses extranjeros, sino que maneje con sagacidad la vinculación que se establezca.

Que aprendamos juntos a ahorrar mejor en los gastos que significan la importación de tecnología. Ya son muchos los miles de millones que las nuevas normas legales han ahorrado en general, a las empresas de México. Y que en todo aquello que no sea objeto de necesaria disputa o emulación, haya una unidad patriótica; que haya un esfuerzo - ningún sector puede resolver los problemas-; hay todavía algunos que piensan que el Estado debe de supeditarse al gran interés económico empresarial; hay otros que piensan erróneamente, también, que el Estado debe invadir todas las empresas económicas y que por el camino de la dictadura o la soberbia política, todo ha de resolverse. Hay otros cuantos ingenuos, inmaduros, que insisten en formas -que son de inspiración extranjera-, que llevan al caos social y político, subvirtiendo muchos valores que deben ser comunes en todos los mexicanos. No es fácil vivir en una sociedad contemporánea que quiere modernizarse como la mexicana. Se requiere un grado mayor de trabajo, de reflexión, de previsión, de inversión, de discusión acertada, y de prudencia en todas las tareas.

Quiero agradecer a los miembros de la Comisión Nacional Tripartita, la eficacia de su Consejo; de sus opiniones libremente expresadas, a partir del 18 de mayo de 1971, y exhortar a todos a que continúen adelante con esta útil tarea para México; a los señores Gobernadores a que arriben a etapas superiores de la Administración; a que dejemos atrás las formas primarias de los Gobiernos, y me refiero a actividades tanto federales como estatales; a que se fomente la actividad de los comités de desarrollo que han sido creados; a que se reúnan con frecuencia los industriales y los obreros en el despacho del señor Gobernador y que estudien juntos a fondo, los problemas de la industrialización que en todos los Estados absolutamente tienen uno u otro cariz; a que estudien juntos en los Estados, porque de otra manera no combatiremos el colonialismo interno que ha concentrado la industria, o vida económica, en unas cuantas ciudades o zonas del país, para que haya un estímulo recíproco con una profunda autocrítica.

Tenemos, claro, que quitarnos el saco y, la corbata y ponernos la guayabera o la chamarra para salir al campo; pero tenemos también, en las tareas del Gobierno, que estudiar a fondo los problemas, las teorías y las prácticas económicas para arribar a formas modernas del Gobierno estatal o Federal; y esto sólo con una profunda, cotidiana inconformidad con lo que sabemos o con lo que hacemos. No tenemos derecho -nadie- a criticar a los demás, si ante todo no asumimos una profunda y sincera y leal autocrítica con nosotros mismos. Y no puede el Gobierno -y lo digo aquí con toda lealtad, y lo he dicho desde hace varios años-, no puede el Gobierno, ni el Federal ni los estatales, pedir productividad a los empresarios y a los trabajadores, cuando tenemos todavía muchas oficinas que parecen coloniales, verdaderos rincones, en donde aburren al público y a los solicitantes, los malos trámites burocráticos; la productividad debe ser de todos los sectores, que ya no se nos ocurra a los funcionarios federales o estatales pedir productividad, si nosotros lealmente no exigimos a nuestros escalones y burocráticos, a los políticos influyentes, si no exigimos trabajo, dedicación, honradez y asiduidad. Esta es nuestra autocrítica para la productividad.

Les pido, les exhorto, que trabajen intensamente en este tipo de actividades de diálogo en que se comparten responsabilidades civilizadamente; en donde formas de presión que en realidad a nadie presionan ya, desplegados costosos -con lo caro que están las páginas de los periódicos.

Rumores, lamentaciones, y que todo arribe mediante el estudio y la autocrítica a planos de superación, para que México pueda seguir adelante vigorosamente.

Tenemos que ser competitivos no sólo haciendo artículos manufacturados; tenemos que ser competitivos política y moralmente hablando; tenemos que ser mejores en todos sentidos y educar a nuestros hijos y a los jóvenes, en las escuelas, para que sean mejores que nosotros; porque no tenemos un criterio derrotista, y porque pensamos que el futuro de México será mucho mejor que el presente, y claro, mucho mejor que el pasado.