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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

Este Sitio es un proyecto personal y no recibe ni ha recibido financiamiento público o privado.

 

 
 
 
 


1975 Discurso como candidato del PRI a la presidencia de la República. José López Portillo.

Octubre 5 de 1975

 

Después de formular esta protesta necesito decir:

Amo entrañablemente a mi Patria, creo en ella. Toda mi fe, toda mi esperanza, toda mi solidaridad y buena voluntad, en ella están significadas. A la causa de su pueblo, que es la de nuestro partido, entrego todo lo que soy y lo que pueda ser.

Somos una nación síntesis por vocación de origen. Águila aguerrida y serpiente sabia. Vuelo y repto. Horizonte abierto y contacto total con la tierra.

México es superior a toda tesis. No hay ortodoxia o geometría que nos obligue. No reconocemos imperativos intelectuales o políticos derivados de ajenas experiencias o pretensiones, porque somos terminal dinámica de nuestra historia, la nuestra y no la extraña.

Tenemos un pasado excepcional que debemos merecer todos los días: planteo de dos troncos vigorosos, que en consciente proyecto de integración y mestizaje aspiran a síntesis con validez universal. Lamentamos profundamente que ahora una de nuestras raíces, no acierte a librarse del fascismo y el garrote vil. Nos da dolor. Formulamos votos por que el entrañable pueblo español rescate una vez más de las fuerzas oscuras, su dignidad y su orgullo. En ese momento México estará presente.

Incorporados al mundo occidental como colonia de un imperio, de propio esfuerzo conquistamos nuestra soberanía y el derecho de autodeterminarnos. Desde entonces, como estructura fundamental de nuestra historia, luchamos y lucharemos contra toda forma o restos de coloniaje.

No somos hostiles a nadie; reafirmamos tan sólo nuestra decisión original de plantear, nosotros, nuestros problemas y resolverlos, nosotros, con nuestras capacidades y recursos manteniendo nuestra libertad política y nuestra independencia económica. Que tal es el sentido profundo de nuestra originalidad nacional. Estamos y estaremos contra toda forma de sumisión, abuso, desigualdad o injusticia en cualquiera de sus manifestaciones. Por eso nuestra causa es la causa del tercer mundo, entendida su acción no sólo como defensa a la agresión sino como la conseguida participación en el destino del mundo en el que formamos mayoría.

Aceptamos en el siglo XIX como fórmula constitucional de unión federada, la democracia política, resultado de las revoluciones burguesas de occidente, con su tabla de derechos del hombre y del ciudadano –incluido el de la representación política, en un poder dividido-, para evitar los abusos de la autoridad y garantizar el sistema y resolvimos ajustar nuestra convivencia a un régimen jurídico. Sin embargo, en el camino de la democracia quisimos ir más allá; nuestra revolución de 1910 no fue la última revolución burguesa, sino la primera social de este siglo. Aspiramos a mucho más que a un sistema político o régimen jurídico. Queremos un estilo de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo. No un simple equilibrio de oportunidades iguales para quienes sabemos que no lo son, sino de seguridades sociales que tenemos que resolver a favor de los desiguales, a pesar de las tormentas de nuestra historia, de la acumulación de carencias, de agresiones externas. de claudicaciones, ambiciones, cobardías y corrupción internas.

El camino de México está resuelto por nuestra revolución: es la justicia social, imperativo que afirmaremos una y otra vez, a pesar de los cansados, los ambiciosos, los traidores o los poltrones.

En un régimen jurídico bien organizado, cada capacidad de trabajo cuando lo tiene, ajusta su satisfacción de necesidades y el sistema político debe garantizarlo. Esa es la tradicional justicia distributiva y no basta.

Por la justicia social cada sociedad, al límite de sus fuerzas, debe crear la riqueza y las condiciones para que cada capacidad de trabajo encuentre trabajo y con él satisfaga las necesidades de la sobrevivencia, la perfectibilidad y la dignidad humana.

Por ello el imperativo de nuestra revolución no se detiene en el derecho del trabajo, sino en el derecho al trabajo y a la capacitación de los desiguales; de otra manera es burla hablar de igualdad de oportunidades en un régimen de libertad. Es, en consecuencia, la justicia social, un problema de voluntad, supuesto y término de libertad, y no para morirse de hambre; sino para ser hombre completo, que eso es lo que a cada quien le debe corresponder en una sociedad que haga constante y renovada la voluntad de justicia social. De ahí el tremendo reto de crear empleos y avanzar en la política de precios y salarios. Que el temor al hambre no cancele jamás nuestro amor a la libertad.

Que no estamos satisfechos con lo logrado, es cierto. Que nuestra conciencia entra en crisis ante las insuficiencias o desviaciones, es cierto, pero por ello, precisamente por ello, deseamos renovar el pacto para avanzar más en el camino de la justicia y de la libertad, como exigencia de nuestra vergüenza política, imperativo y justificación de nuestra acción de políticos. De otra manera seremos basura de la historia.

La represión como sistema ha sido y es signo de toda dictadura. Hemos decidido erradicar para siempre el fantasma de la intolerancia y el temor a la genuina disidencia. Fortaleceremos nuestro estado social y revolucionario de derecho, convencidos de que el progreso, el cambio pacífico y las grandes transformaciones son posibles en nuestro país, por la vía legal e institucional. Gobernantes y gobernados estamos sometidos a un orden jurídico que, por la amplitud de sus concepciones y por la profundidad de sus postulados, no sólo permite sino que aun exige de cada generación un auténtico esfuerzo de renovación.

Los cambios que requiere el país son compatibles con el marco de libertades ciudadanas que la Constitución consagra. Un más amplio régimen de libertades individuales amplía las posibilidades de transformación progresista de la sociedad y, a su vez, las reformas estructurales robustecen el contenido y la práctica de las garantías políticas. En ello radica, y en buena medida, el cumplimiento y la vigencia plena de la democracia social.

La libertad de expresión, en nuestros días, es inseparable del derecho a la información. En un mundo en el que se multiplica y crece la influencia de los medios de comunicación social, el derecho a la información constituye un patrimonio del pueblo para rechazar los métodos enajenantes de la sociedad de consumo, consolidar el sistema de libertades y garantizar la efectividad de los procesos democráticos.

Para hacer más operante nuestra democracia, debemos esforzarnos cada vez más en la participación, que es el mejor camino para compartir. Y para ello crear la condición básica: la capacitación para participar, exigencia y condición de una democracia que sea social y no se quede en el borde formal de las oportunidades iguales.

Para avanzar en ese camino, cada tiempo exige su circunstancia y cada intención normativa realiza su voluntad de avance.

En 1975 la Revolución Mexicana es norma y sociedad, normada y por normar, realización y proyecto, fruto y promesa. también, en ocasiones, desviación e insuficiencia. La historia construye y en el devenir siempre hay algo qué construir, qué modificar. Que todo fluye y cambie es obvio. Estructurar el cambio, constituye la máxima responsabilidad de la voluntad humana: influir en el futuro como progreso y no como regreso. Mantener en lo estructural lo que vale; desechar sin contemplaciones lo que no sirve y estorba. Sólo así regimos nuestro existir; nos convertimos en autores de nuestro destino.

Pero todo propósito, para ser pleno y responsable requiere del ahora y el aquí. Ordenar en cada tiempo y lugar la acción útil para el propósito buscado.

Para ello la razón humana prevé, planea y programa. Racionalizar el destino es privilegio del ser humano. Normarlo; pasar del ser al deber ser para insertar fines humanos a la naturaleza, incluso la propia naturaleza social del hombre.

Es así como la política se convierte en el más alto propósito de la cultura humana.

Nuestro partido, al continuar la Revolución por las vías de las instituciones, ha formulado un plan básico para el gobierno 1976-1982. Al aceptar la candidatura que los tres sectores me ofrecieron, acepté también el plan que será la base sobre la que estructuraré la campaña que en breve habremos de iniciar. Me atrevo a disentir en un punto: el régimen de Echeverría, no es de transición: apertura, diálogo y crítica reestructuran a nuestra democracia. Su política exterior es permanente y trasciende la importancia nacional. La vida de los mexicanos se ha enriquecido. La juventud está rescatada. Eso no es tránsito sino permanencia.

Sobre el plan y sus líneas de política ordenaremos el acto de gobierno en el tiempo y en el espacio, estableciendo las prioridades y resolviendo las carencias que las urgencias del país demanden.

De ahí saldrá el plan de gobierno 1976-1982, que tendrá los ajustes anuales que las circunstancias exijan, o las adaptaciones que los cambios imprevistos aconsejen. Tendremos, como tiene todo país moderno, la flexibilidad necesaria para adecuarnos a las modalidades supervenientes, sin perder el rumbo. No reconoceremos otro imperativo que los grandes objetivos nacionales que en el plan están consignados y que desde el 25 de septiembre hice míos. A ellos me remito: es la obra de los mejores hombres del partido.

Hombre y mujeres en común esfuerzo participativo, expresión pareja de la especie, en síntesis igualitaria, seguiremos conservando, perpetuando y perfeccionando a México. Reconocemos con plena validez las conclusiones de la declaración de México 1975 sobre la igualdad de la mujer y su contribución al desarrollo y la paz, y el plan de acción mundial.

México es una nación de gente joven, cada vez más informada y participativa.

Debemos asumir la responsabilidad de crear para la juventud una sociedad más equitativa, en donde la justicia sea igual para todos y las oportunidades estén abiertas sin prejuicios ideológicos ni mezquinas discriminaciones económicas. Queremos convertir las oportunidades en igualdad de seguridades para compartirlas. Pediré a las fuerzas de la nación, me ayuden a asegurar contra el miedo al futuro, a una juventud que necesitamos solidaria para resolver su propio problema.

No ofrezco utopías ni espejismos. La buena voluntad es condición necesaria, pero no suficiente. La voluntad tiene que expresarse en trabajo eficaz, promoción de lo que es esencial y organización bien dirigida y planeada que no inhiba al individuo en su vida social y creadora.

Cárdenas en su tiempo, y Echeverría en estos años, alertaron al pueblo y con su apoyo rompieron estructuras anquilosadas y crearon otras nuevas. El letargo encubría el privilegio. Mirábamos sin ver. No volveremos a perder el camino. A ello me comprometo.

Nuestro Partido Revolucionario Institucional tiene vitalidad y es flexible. La experiencia reciente lo demuestra. Compenetrado de las legítimas aspiraciones del pueblo y forjador del futuro, se apresta para lograr una victoria electoral definitiva en las ciudades y en el campo.

¡Convencemos y vencemos!

Conocemos las deficiencias e inequidades de la estructura económica y social. Sabremos hacerles frente sin mitos ni dogmas. No ocultamos los problemas; pero tampoco menospreciamos la fortaleza adquirida en los últimos años para resolverlos.

Sabemos que no es posible realizar todo lo deseable o necesario al mismo tiempo. Creo en la disciplina que entraña la asignación de prelaciones.

Conocer y evaluar lo hecho y consolidar lo ya logrado.

Completar y complementar lo que está en proceso.

Sujetar los nuevos programas y proyectos a una cuidadosa evaluación previa de los recursos humanos, materiales y financieros disponibles.

Acrecentar estos recursos, tanto en calidad como en calidad.

Planear, en suma, dando momento y lugar a toda obra y a todo acto.

Los países ricos pueden darse el lujo de no planear, un país pobre no tiene alternativa y la situación internacional lo exige.

Prolongaremos la reforma para que la administración pública sea un eficaz instrumento del desarrollo con justicia. Ello incluye perfeccionar el sistema de planeación, presupuesto, programa y evaluación.

La depresión y el desempleo van de la mano de la inflación y de la escasez. Los países industrializados de occidente no encuentran soluciones viables. Así, ante la crisis del orden internacional, se debilita el volumen de exportaciones, los precios tienden a la baja, el turismo se frena y, por otro lado, los precios de la maquinaria y equipos continúan aumentando. La tensión que por estas razones sufre el sector externo de las economías de los países en desarrollo va a persistir durante un periodo indeterminado.

El desarrollo de México depende fundamentalmente de su propio esfuerzo. Pero nos engañaríamos si descartáramos a la ligera las restricciones que la desquiciante situación internacional nos impone.

Las bases en que todavía se sustentan las relaciones económicas internacionales son inequitativas. Ese es el origen de los conflictos. Las nuevas normas de conducta planteadas en la Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados empiezan a surtir efectos en el seno de las Naciones Unidas; pero el camino va a ser largo y difícil.

Un problema económico básico es elevar el ingreso de divisas por medio del comercio para aliviar las presiones sobre el endeudamiento externo. Si México se supeditase a las reglas del juego del Primer Mundo o del Segundo, tendría que vender barato sus materias primas. El Tercer Mundo reúne a los países que se han propuesto obtener precios equitativos para las materias primas en concordancia con los precios de los bienes de capital. No importa a estos propósitos la ideología política ni las diferencias culturales. Existen intereses comunes que deben defenderse de común acuerdo. Creemos en la fuerza de las ideas, en el diálogo y en el respeto mutuo. Buscamos soluciones viables. Siempre hemos afirmado que entre los hombres, como entre las naciones, vale la regla de oro de la relación humana: tratar como quisiéramos ser tratados, no exigir, sino lo que en su caso estemos dispuestos a dar. Esa es la íntima verdad de la democracia. Sacar a la relación internacional de la barbarie, es democratizarla, convenir códigos de conducta en los que se reconozcan derechos y deberes. Por ello pugnaremos.

Lo esencial es fortalecer la confianza en nosotros mismos.

Tener necesidades y no traducirlas en demandas reales, es problema de miseria o de injusticia. Para resolver una y otra sólo hay un camino: El trabajo y la garantía de la distribución de lo que produce. Garantizar el derecho al y del trabajo.

El derecho al trabajo es el derecho a comer, a vestirse, a una vivienda digna, a disfrutar de la seguridad social, a educar a los hijos, a participar en la cultura y en las diversiones. El ejercicio pleno de esos derechos sociales es la forma lógica de ampliar el mercado interno y de alentar nuevas inversiones y nuevos ahorros. Transformar las necesidades en demandas efectivas. Hacer justicia como propósito y a la vez condición del crecimiento autosostenido.

Producir por producir no tiene sentido social. Hacerlo en beneficio de una clase es injusticia. El propósito debe ser producir más y mejor lo que hace falta y distribuirlo mejor. La estructura productiva deberá irse adaptando a los patrones del consumo básico de las familias, y éstas al modelo de país que queremos ser.

El abastecimiento suficiente de alimentos y bienes indispensables de consumo tiene prelación. La asignación de recursos de toda índole, a ese propósito, es un compromiso social ineludible. La inversión privada tiene aquí una responsabilidad y una oportunidad. Estoy seguro de que sabrá responder con eficiencia y rapidez.

Asumo la responsabilidad de que el Estado asegurará al pueblo de México por lo menos un abastecimiento adecuado de alimentos y de los bienes estratégicos, fundamentalmente, energéticos.

Le propondremos al pueblo de México una alianza para la producción.

Este magno esfuerzo nacional debe responder, prioritariamente, a nuestras carencias más inmediatas y al mismo tiempo orientarse a fortalecer y a ampliar las bases materiales e institucionales de un desarrollo económico más justo, permanente y estable. Por ello debe recibir atención principal el vigorizamiento de la capacidad nacional para alimentar, vestir y dar habitación a las grandes mayorías populares y a la vez iniciar un esfuerzo serio y sistemático para abrir nuevos campos de inversión con grandes proyectos que respondan en lo fundamental a la dotación de recursos naturales de que dispone el país, buscándose su explotación racional y ordenada. Nuestros bosques, nuestros mares y nuestras minas, en particular, deben constituirse en el eje de la nueva etapa de desarrollo iniciada por el gobierno del presidente Echeverría, que a nosotros toca continuar y profundizar.

La alianza para la producción debe inscribirse en un programa general y de largo plazo que al mismo tiempo que defina con precisión las prioridades del desarrollo nacional, establezca con claridad los términos de las relaciones entre el Estado, el sector privado nacional y el capital extranjero, así como las formas de participación de los trabajadores que aseguren una efectiva justicia distributiva. Las complejidades del desarrollo presente y futuro del país exigen por tanto un esfuerzo fundamental y el que dicho esfuerzo responda de manera ordenada a criterios racionales que hagan compatible la expansión económica con el desarrollo social. Para ello contamos sin duda alguna con 30 años de experiencia en la construcción de una economía mixta y con una Constitución Política dentro de la cual deberá inscribirse la actividad productiva y la vida ciudadana de los mexicanos.

Afirmadas esas bases fundamentales se logrará un impulso sostenido en el incremento de la oferta de todas las demás actividades productivas; públicas, sociales y privadas. De este modo, combatiremos la inflación con verdadera eficacia.

El poder adquisitivo del salario debe mantenerse y acrecentarse con la productividad. La mejoría en la distribución del ingreso así lo exige. Respeto al movimiento obrero. Reconozco su contribución fundamental y positiva al desarrollo económico, social y político del país. En una palabra, soy sindicalista. Afirmar el respeto al derecho del trabajo, no es suficiente; impulsaremos al movimiento obrero organizado; los derechos que lo informan y los objetivos a que aspira, que son los de la Revolución Mexicana.

Desde los días de la lucha armada, la vanguardia de la alianza popular ha sido la clase obrera. Las responsabilidades históricas del sindicalismo organizado son, hoy en día, mayores. Las metas nacionales encuentran en su combatividad una garantía para su cumplimiento.

La conciencia de clase de los trabajadores los ha llevado a plantear sus reivindicaciones como la esencia misma de las grandes conquistas y metas nacionales. La independencia económica del país, el desarrollo compartido y la redistribución de los beneficios del progreso, son banderas que han distinguido la lucha del proletariado nacional en este siglo.

Ningún compromiso; ningún obstáculo desviará la decisión de cumplir estos propósitos. Para ello, tenemos la firme determinación de hacer realidad las aspiraciones de una máxima ocupación, asegurando a los trabajadores un empleo permanente y justamente remunerado. Como derecho social y responsabilidad de la comunidad, el derecho al trabajo está en la base de toda política social auténticamente revolucionaria.

Corresponderemos a la confianza que nos ha depositado el sector obrero de nuestro partido, cumpliendo los objetivos de política salarial, de capacitación, de vivienda, seguridad social y recreación que se han señalado en el plan básico aprobado por la VIII Asamblea Nacional de nuestro partido.

Los campesinos de México cuyo salario es el precio de sus productos saben producir cuando los precios de venta son adecuados y obtienen un ingreso adicional. Algunos impacientes querían ver resultados inmediatos de las nuevas políticas de fomento. No era posible después del abandono anterior. Pero ya está demostrado con hechos que la agricultura sabe responder a los incentivos cuando éstos son verdaderos y eficaces. No habrá pausa en la dedicación personal que otorgaré a los problemas del campo y de los verdaderos productores.

Sin la participación del hombre del campo en las grandes tareas nacionales, se desvirtuaría el contenido social de nuestra democracia. La lucha contra el caciquismo, el latifundismo y la marginación, que representa una dramática triada de los problemas rurales, no podría tener éxito si se librara sin la participación de los campesinos en forma directa. A través del pacto de Ocampo y el pacto social de concertación política, el sector campesino se apresta a dar la batalla. Contamos con que la misma entrega que caracterizó su esfuerza en la contienda armada de 1910, y que singularizó su empeño en la etapa de reconstrucción nacional, serán ahora estímulo primordial por hacer respetar el derecho a la tierra, al empleo y al bienestar.

El compromiso como militantes del Partido de la Revolución Mexicana y como su candidato a la Presidencia de la República, está contenido directamente con las clases trabajadoras y particularmente con los campesinos, por ser ellos quienes han llevado la más pesada carga en toda la historia del México independiente.

En rigor sociológico, las clases medias contemporáneas son creación de la Revolución, expresión económica del equilibrio como objetivo buscado y nunca de la mediocridad más ligada a la sociedad de consumo que a los intereses nacionales.

De origen soy de clase media. Hijo de un militar modesto, empleado público, e intelectual. Fui educado en las escuelas de la Revolución. Supe de las penurias y de la necesidad de cubrir apariencias. Mi madre alargaba milagrosamente el salario de los dos empleos de mi padre. Pertenezco a una generación que, cuando tuvo que manifestar en la calle, fue a favor de la expropiación petrolera. Así se entiende mi vocación revolucionaria.

Por ello entiendo que los profesionales, maestros, intelectuales, periodistas, artistas y otros integrantes de la clase media, fortalecen con su trabajo y dedicación la identidad nacional, constituyen crítica y espejo. Capacitan cultural y tecnológicamente al país para emprender nuevas y más complejas actividades. Alentaré su valiosa contribución social. Reafirmamos nuestra convicción de que la clase media es un agente social modernizador e innovador; y, sin su concurso a la alianza popular, difícilmente podríamos realizar la liberación tecnológica, cultural y científica que nos hemos propuesto.

Por sus antecedentes y composición social actual, el ejército y la armada han desempeñado un papel revolucionario en nuestra sociedad. Superando los resabios del siglo XIX, que las concebían como una casta privilegiada, las fuerzas armadas, sin dejar de cumplir sus tareas tradicionales para salvaguardar las instituciones y la soberanía nacionales, han asumido nuevas responsabilidades. Su estructura actual, su lealtad a las autoridades civiles y la elevada conciencia cívica de que han dado muestra, garantizan al pueblo y al gobierno de México que las altas funciones que, por ley les han sido encomendadas, serán cumplidas cabalmente.

La confianza en nosotros mismos se afirma cuando las expectativas son favorables para la sociedad en su conjunto. Aislarse enajena. Participar activamente en el destino del país y en el propio de cada individuo alegra el espíritu. Creo en un pueblo que trabaja pero que también canta, que baila y que ríe.

El Estado tiene una responsabilidad importante en la creación de expectativas de concordia y prosperidad compartida. Las familias y grupos sociales tienen su propia responsabilidad que cumplir.

Comprometo mi esfuerzo de todos los días para que las expectativas sean alentadoras. Permanencia n el trabajo, ingreso real adecuado, seguridad en la propiedad del patrimonio familiar, oportunidades crecientes del empleo y, en general, de bienestar colectivo.

Hay tanto por hacer que resulta ocioso divagar: El sistema económico de México está definido en la Constitución. Las atribuciones y responsabilidades del Estado son indeclinables y no están sujetas a negociación. Las iniciativas de todos serán promovidas y respetadas.

Ciudadanos del partido:

Tenemos un camino: A la justicia por la libertad.

Tenemos un plan básico de gobierno, para avanzar en ese camino.

Tenemos una organización política ejemplar.

Tenemos confianza en nosotros mismos.

La tarea es convencer para vencer con el voto de las mayorías.

Capacitar para participar y participar para compartir.

Todo ello es expresión de nuestra democracia política y social.

Triunfaremos en las elecciones.

Haremos, todos juntos, un buen gobierno democrático, progresista, revolucionario. ¡Viva el PR! ¡Viva México!

Tomado de: Instituto de Capacitación Política. Historia Documental del Partido de la Revolución. México. Partido Revolucionario Institucional PRI. 13 Tomos. 1987