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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1975  Discurso pronunciado por el presidente del PRI anunciando el Plan Básico de Gobierno

Junio 12 y 13 de 1975  Conferencia Nacional del Plan Básico de Gobierno.

El Partido Revolucionario Institucional se encuentra en plena etapa de organización, sin abandonar los trabajos ideológicos, sino por el contrario, incrementándolos. Los vasos comunicantes que existen entre ideología y organización partidaria permiten y hacen ineludible ocuparse simultáneamente de ambas tareas.

Por muchas razones, nuestra organización en el Distrito Federal es clave para resultados futuros. Es en el Distrito Federal donde los problemas que a todo México afectan se ven en relieve y adquieren mayor dimensión. Las contradicciones que sufre la sociedad mexicana de nuestros días se agudizan y se hacen tensas en el Distrito Federal. De aquí la gran actividad ideológica y de organización que se debe realizar. Entusiasmar a los convencidos, persuadir a los dudosos, combatir a los adversarios sin subestimarlos ni sobrestimarlos, son tareas a ejecutar sin reservas.

Tiempos de cambios son tiempos de tensión y hay quienes, bajo distintos signos o con diversas caretas, quieren aprovechar las inevitables tensiones para impedir que los problemas de que provienen sean resueltos, para que el agitar predomine sobre la razón y la tensión se convierta, por ansias, delirio, absurda conservación, resistencia al cambio o juegos extranacionales, en carga explosiva para el futuro.

Pasamos entre dos extremos: los que quieren que nada cambie; los que quieren que todo cambie. Los que dicen que todo lo hecho está bien hecho: los que dicen que todo lo hecho está mal hecho. Con la paradoja de que por intereses concretos, ocultos e insospechables, cuando avanzamos nos critican los partidarios, en teoría, del avance, y cuando nos detenemos nos critican los partidarios del inmovilismo. Estamos en una actitud receptiva, ágil y permanentemente actual, para no lamentar lo que desaparece ni temer a lo que viene. Previsión frente a lo que muere y frente a lo que nace.

Combatamos los intentos de supervivencia de lo que, siendo negativo en el presente es débil para triunfar, pero tiene la suficiente fuerza para estorbar los afanes renovadores. No dejemos nada sin esclarecer, ocupémonos de todo lo que ocupa y preocupa a la nación. Antes, algunos, decían que el silencio los asfixiaba y ahora afirman que las palabras los confunden, que el inventario de problemas los anonada y que la confrontación de ideas los enerva. ¡Dejémoslos a un lado! La polémica, la discusión, no perturba; esclarece y obliga a pensar.

Si dentro de nuestro Partido hay pluralidad de ideas con coincidencias fundamentales y pluralidad de intereses con denominadores comunes no podemos proceder monolíticamente. Las distintas corrientes que se dan dentro del Partido tienen que expresarse, tienen que dar lugar a grandes discusiones y tienen que ser firme base para la unidad en la acción. Queremos democratizar; por lo tanto, no deben asustamos los resultados de la democratización. Son consecuencias inherentes, inevitables de una evolución que iniciamos, de la reforma política en que participamos. Sería incongruente la audacia retórica democratizante con la timidez frente a los hechos democratizadores.

Desde noviembre del año pasado manifestamos que dentro del Partido existían corrientes a favor de varias personas como precandidatos a la Presidencia de la República. El análisis de las características distintivas de estos compañeros concierne a todos los militantes de nuestro Partido, quienes tienen el derecho, y casi diría, la obligación de efectuado.

Los dirigentes del Partido, sea cual fuere nuestro nivel, debemos mantenernos al margen de estas corrientes, precisamente para lograr que nuestro proceso interno sea democrático, venga de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Por ser dirigentes, tenemos que abstenernos de opinar sobre las personas; por ser dirigentes estamos obligados a oír las opiniones de nuestros militantes, de todos los integrantes del Partido; es nuestro deber escucharlos con atención, valorar sus opiniones, cuantificar y evaluar las distintas corrientes. Aclaramos que si bien debemos tomar en cuenta apoyos y adhesiones para algunos compañeros, también debemos impedir ataques o reproches para otros. A aquellos que intenten lanzar estos ataques, les señalamos que han escogido un camino equivocado que, a la postre, puede perjudicar a quien tratan de apoyar. Hay que evitar que los simpatizantes se conviertan en séquito.

Por otra parte, no debe olvidarse en ningún momento la integración dual de nuestro Partido, que es territorial y sectorial, y, por consiguiente, la especial gravitación que en las grandes decisiones tienen los sectores. Nada importante para la vida de nuestro Partido se ha resuelto ni se resolverá al margen de sus sectores.

El Partido fijará el calendario para los actos internos de selección de candidato, de acuerdo con la experiencia que al respecto se tiene. Reiteramos: ni antes ni después, en su momento; ni nos precipitarán los impacientes ni nos retrasarán los inmovilistas. Todo a su tiempo.

Los dirigentes, al pulsar las distintas corrientes, al escuchar opiniones, deberán en cada momento reiterar la vigencia de nuestro calendario electoral.

Para ser candidato de nuestro Partido no basta ocupar un alto cargo federal. Una designación presidencial, por honrosa que sea, no convierte en revolucionario a quien no lo es. Para ser nuestro candidato hay que ser revolucionario; serlo y no parecerlo. Un partido revolucionario como el nuestro sólo puede tener un candidato que sea revolucionario.

Afortunadamente disponemos de hombres probados -y no me refiero exclusivamente a los recientemente mencionados-, con convicciones revolucionarias y dispuestos a la entrega que se demanda. Los hombres son decisivos en cualquier país y más en un régimen presidencial como el de México. Pero no son todo. Junto a ellos están las ideas, los programas, los planes, el examen de los problemas y el señalamiento de sus posibles soluciones.
En estas condiciones, hemos propuesto al Comité Ejecutivo Nacional que convoque a una amplia Conferencia Nacional para la elaboración de un proyecto de Plan Básico de Gobierno 1976-1982. Propondremos que durante el mes de junio se celebre la Sesión Constitutiva de esta Conferencia, que deberá estar integrada por representantes de diputados y senadores de nuestro Instituto Político, de los Comités Directivos Estatales, del Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales y sus Centros correspondientes, de las Comisiones Nacionales Consultivas, del Movimiento Nacional de la Juventud Revolucionaria, de la Agrupación Nacional Femenil Revolucionaria, de organizaciones de profesionales y técnicos y del número de expertos o especialistas que se juzgue conveniente.

Con todos estos elementos, emprenderemos la tarea de investigación y jerarquización de problemas y recursos. Contamos al respecto con un valioso material acumulado por el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales. Sin embargo, este material, más el adicional que se obtenga, deberá ser sometido a opinión, juicio y decisión política de nuestros integrantes. Mediante reuniones plenarias nacionales y regionales y de comisiones especiales, de las que habrá el número que resulte necesario, pensamos que en el curso de agosto o septiembre esta Conferencia del Plan Básico de Gobierno podrá entregar su proyecto, mismo que, ulteriormente, será sometido a la consideración de los órganos estatutarios competentes. Aprobado por nuestra Asamblea Nacional, el Plan Básico de Gobierno 1976-1982 será, junto con la Declaración de Principios, el Programa de Acción y los Estatutos, materia de la protesta por quien sea nuestro candidato a la Presidencia de la República y, posteriormente, sometido a consulta nacional en el curso del proceso electoral.

Cuando dispongamos del Plan a la luz de él, desde la amplia perspectiva que él nos dará, nuestro Partido determinará quién es el hombre a la medida de dicho Plan, quién puede seguirlo y cumplirlo. No un plan para un hombre, sino un hombre para un plan.

En las próximas elecciones queremos que las grandes mayorías ratifiquen su confianza y respaldo a nuestra ideología, su apoyo a nuestros hombres, pero también que voten por un Plan Básico de Gobierno.

No se trata de hacer un plan completo, minucioso, en detalle, sino de las decisiones fundamentales, de las líneas esenciales para el próximo sexenio.

No se pretende presentar un juego aritmético o un conjunto de cifras frías, sino los criterios decisivos, las orientaciones primordiales que debe contener un plan básico sexenal. Posteriormente, en el curso de la campaña y mediante la consulta nacional, deberá ser completado al máximo posible para regir las actividades del futuro gobierno.

Deberá ser un plan que nutriéndose de nuestra ideología consignada en la Declaración de Principios del Partido, sea rígido, inalterable en cuanto a fines, pero sumamente flexible en cuanto a medios de acción, atendiendo a las distintas circunstancias que puedan presentarse en el contexto internacional y nacional.

Partiendo de nuestra ideología, tendrá que estar de acuerdo con el marco constitucional y político de México. Perseguirá desarrollo económico para la independencia, el bienestar social, la libertad y la democracia.

¿Qué pretendemos con este Plan Básico de Gobierno? Garantizar, por la consignación en él de las líneas esenciales, de las decisiones fundamentales, la consolidación y el avance de las realizaciones del régimen del presidente Echeverría. Hay avances realizados en este régimen que deben ser consolidados y su plena consolidación exige avances en otros aspectos. Ya hemos dicho que la disyuntiva consolidar o avanzar es antidialéctica y a ello agregamos que la ley pendular es antihistórica. Avanzar exige consolidar; consolidar exige avanzar.

El presidente Echeverría ha dicho que la política no es un mero juego de intereses creados. Añadamos que frecuentemente la política se hace en contra de ciertos intereses creados y que, como Partido de los revolucionarios mexicanos, tenemos que cuidar y acrecentar una amplia herencia ideológica, que responder a intereses y posibilidades revolucionarias, que obedecer a las grandes mayorías que quieren un mejor México por la vía revolucionaria.

Ha habido un cambio en las relaciones sociales, en la composición de la sociedad, en las relaciones de clases y en la correlación de fuerzas. Ya lo hemos dicho, los intereses mandan en los procesos históricos y el régimen ha creado intereses y expectativas para el pueblo, que aseguran en el futuro el profundizar y llevar más allá las actuales realizaciones.

No se puede revolucionar sin pasión, sin fe en las ideas y confianza en la capacidad transformadora del hombre. La potencia política de nuestro movimiento social es indiscutible. Campesinos, obreros, clases medias, populares saben que haciendo política consolidan o logran conquistas.

Podemos ofrecer un destino mejor a las grandes mayorías nacionales. El Estado se apoya en el poder popular y por ello realiza una política para la sociedad en su conjunto. Detrás y en nuestras instituciones revolucionarias hay fuerzas vivas, actuantes, orientadas, que saben lo que quieren y cómo alcanzarlo. Entre ellas destacan nuestras fuerzas armadas, pueblo uniformado y cuerpo comprometido con el progreso institucional y revolucionario de México y, por tanto, garantía de dicho progreso.

No hay revolucionarios sin revolución; no hay revolución sin revolucionarios. No hay política sin hombres; pero tampoco hay política sin ideologías, programas y planes. Porque tenemos los mejores hombres y nos orienta una gran ideología nacional, debemos y podemos tener los mejores planes.