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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1971 Con los rectores de las universidades del país

Luis Echeverría Álvarez, 15 de Febrero de 1971

Les agradezco mucho, señores rectores, la gentileza de su visita. Ahora que estamos reunidos, lo que importa es que, aunque sea brevemente, intercambiemos ideas acerca de los problemas que tienen las universidades de provincia, que son problemas similares a los de la Universidad Nacional Autónoma de México y que, en última instancia, son problemas que preocupan al Gobierno Federal.

Ciertamente tenemos que hacer una reflexión muy seria acerca del hecho de que ustedes, cada uno de ustedes se encuentren, como es natural, dentro de una corriente de sucesos, de prácticas, de intereses, ante las cuales tienen que ceder, que colaborar, que modificar en parte, en la medida de sus posibilidades administrativas y económicas.

A mi modo de ver, señores, la reforma educativa general es una idea que no es propia de la Secretaría de Educación Pública, que no corresponde solamente a quienes dirigen los sistemas estatales de educación oficial, sino que late y vive en todos los centros culturales del país, en todos los centros educativos, incluyendo a nuestras universidades; por ello, tenemos que contemplarla realmente como una aspiración popular y tenemos que afrontarla simultáneamente, con todos los instrumentos e instituciones de que disponemos.

No debemos adoptar, en este problema de la Reforma Educativa en México, una actitud meramente contemplativa o analítica, sino afrontar, encarar el problema, y contribuir a solucionarlo. Pero esto, debemos hacerlo sin caer en el extremo de hacer planteamientos que sólo vean soluciones apresuradas, inmediatas y a corto plazo, sino que en lo que se refiere a esta reforma, hay que tener en cuenta el futuro del país y lo que ocurra con las próximas generaciones de mexicanos. Sólo así, llegando a establecer objetivos a largo plazo, en esta materia, el país podrá encontrar soluciones verdaderas, en la educación; y sólo haciendo de la Reforma Educativa un proceso dinámico, de vigencia permanente, que se genere internamente en todas las escuelas e instituciones de cultura del país, podrá tener un sentido profundo y la trascendencia que todos anhelamos, a fin de que las presentes y las futuras generaciones del país, a la vez que tengan una preparación superior, encuentren mejores y más amplias oportunidades de trabajo.

A mi modo de ver, la multiplicación de escuelas primarias, de escuelas secundarias y preparatorias, y el ritmo acelerado del crecimiento de la población, han hecho que irrumpan en las universidades, para estudiar todo tipo de carreras, promociones crecientes de estudiantes. Pero en muchas carreras, el número de los integrantes de estas promociones ha sido superior al de las posibilidades de empleo, de ocupación, para los egresados de esas carreras.

Ustedes, gentilmente, no me han tratado el problema económico de las universidades, pero yo sé que es fundamental; el problema económico es el principal que afrontan las universidades de provincia.

Necesitamos la Reforma Educativa, la reforma educativa en las universidades, con el respeto a la autonomía de aquéllas, de parte del Gobierno Federal, con el respeto de los gobiernos de los Estados a la vida interna de las universidades, y con el absoluto respeto a la libertad de cátedra.

Reforma Educativa, sí, pero ¿en qué sentido, con qué elementos económicos? No voy a soslayar en esta visita, que tanto les agradezco, el problema fundamental, que es el económico, para simplemente referirme a lo que parece ser superficial. Existe problema económico para resolver las situaciones tradicionales que vivimos en materia de educación; para el aumento del número de maestros, de aulas, de laboratorios, de campos deportivos y bibliotecas ¡cómo no va a haber problema económico para poner en práctica una profunda reforma educativa, acorde con los imperativos del crecimiento económico del país, el de la ampliación de las actividades productivas! Y dentro de esto, tenemos que considerar que el país no puede crecer tan rápidamente como quisiéramos, si esa reforma no se realiza. A su vez, la reforma no podría marchar de una manera acelerada, si no contáramos con una vida económica creciente, que aumente la oferta de empleos para los nuevos profesionales y técnicos.

Una reforma educativa profunda, no sólo implica cambios en los sistemas, métodos, programas de estudio y orientación de la educación, sino que requiere del financiamiento. La Reforma Educativa tiene un costo económico. Por ello, el primer paso respecto a esta cuestión, exige que en cada centro educativo y, especialmente en cada Universidad, se haga un análisis, una evaluación, para ver si realmente los alumnos que han sido inscritos en cada carrera, van a tener empleo en ella; hay que hacer un análisis cuantitativo y cualitativo; creo que en cada Universidad y en cada escuela, la tarea esencial de los maestros y alumnos consiste en evitar la saturación, la preparación de profesionistas que cuando salgan no van a encontrar ocupación, dentro de su materia. Por ello, lo importante sería buscar una fórmula que permita a los estudiantes encontrar su verdadera vocación, y no seguir simplemente, por la línea de menor resistencia, hacia carreras tradicionales; y a la vez, que aquellos que tengan verdadera vocación por cada carrera, estudien con profundidad y se preparen lo más intensamente posible, para que sirvan en sus respectivas esferas con mucho mayor eficiencia. A la vez, encontrar fórmulas para ampliar la asistencia a carreras de nueva creación, en las Universidades e Institutos Tecnológicos, que muchas veces resultan verdaderamente desconocidas por los alumnos y que sin embargo pueden aportar profesionistas y técnicos con elevadas capacidades y de gran utilidad para la sociedad.

Nosotros observamos que hay algunas carreras cuyos egresados realmente no encuentran empleo; carreras universitarias, que responden a actividades económicas que no han crecido al mismo ritmo que el resto de la economía del país. En el fondo, no se trata más que de un problema cíe redistribución, de acuerdo con las verdaderas vocaciones de los estudiantes y de acuerdo con las necesidades económicas del país; pero que tal redistribución se haga dentro de los términos de la más amplia libertad para estudiantes y maestros, y a la vez, dentro de la más alta responsabilidad de estudiantes y maestros, respecto del país.

En muchas ciudades se dice que sobran médicos; pero en cambio, hay enormes zonas del país carentes de los servicios más esenciales de los médicos. Hacen falta médicos en muchas zonas apartadas del país, donde los habitantes, aun de modestos recursos, sí podrían pagar tales servicios; pero la defectuosa distribución de esos servicios -igual a la de muchos otros-, crea el problema de inexistencia o escasez de servicios médicos para numerosos núcleos de mexicanos.

Hace falta una planificación, con ciertos estímulos económicos, pero también, que incluya un espíritu de servicio social, para que médicos y otros profesionales, vayan a zonas donde se les necesita.

Recientemente fundamos la Comisión Nacional de las Zonas Acidas, regiones que tienen las condiciones económicas más pobres, y ocupan más del 40 por ciento de la superficie del país. Hace unos 15 días me fueron a ver a Palacio Nacional los pasantes de medicina de la Universidad de Coahuila y me dijeron que querían hacer su servicio social y trabajar en la zona desértica en donde no hay médicos. Esta actitud les da a estos jóvenes una nueva dimensión y, creo, es un caso que debe ser ejemplo para otros muchos grupos de estudiantes y pasantes; debemos encauzar la energía, la preparación de estos nuevos profesionistas, para que en la medida de sus posibilidades, puedan servir mejor a los compatriotas que más les necesitan.

En algunas poblaciones, aparentemente sobran abogados. Se dice que hay demasiados abogados en el país. Muchos de ellos, hacen su carrera trabajando en alguna oficina, taller o comercio, y cuando se reciben, cuelgan su título en una pared y siguen desarrollando la misma actividad distinta de la abogacía.

Se han encontrado todos ustedes, en mayor o menor proporción, con carreras que tienen pocos alumnos, cuyo sostenimiento resulta oneroso. Esa situación tal vez podría mejorarse de alguna manera; es cuestión de que en cada institución de cultura exista una planificación, una concepción mejor del funcionamiento de la organización; es necesario que se evalúen con justeza las situaciones y que se opte por la mejor decisión, a fin de impulsar aquellas carreras que cada vez son necesarias para el desarrollo económico del país.

Todos ustedes están palpando la existencia de inquietudes juveniles universales, que a veces corresponden a moda, a planteamientos ideológicos más o menos transitorios; pero en el fondo de todo subyace la angustia de los jóvenes, de una manera que a veces no es muy consciente, contemplan el problema de su futuro desempleo; jóvenes que con templan con angustia que al término de su carrera, probablemente no encontrarán trabajo. Es decir en el fondo de todo ello, está la duda sobre el porvenir: ¿para qué estudiamos? simplemente para saber, o también para trabajar?

Es verdad que en todo hombre, y particularmente entre la juventud, existe el espíritu científico que indaga la verdad; estudiar para encontrar la verdad. Pero también es cierto que, además, en los reales términos de nuestro mundo, los jóvenes estudian para el trabajo; para obtener un título que, además de la categoría intelectual que les otorgue, les permita fundar una familia y poderla mantener. Eso es lo más simple de explicar y de entender.

En el fondo de las inquietudes juveniles, que plantea problemas de la más diversa índole, desde problemas municipales, de mercados, de política, de elecciones de gobernadores o de Presidente de la República, subyace la preocupación por el futuro, por el porvenir. En realidad, el problema esencial es el de estudiar mejor, pero también el de encontrar trabajo, una vez que se ha terminado la carrera.

No creo yo posible, ni debido, ni legal, ni ético, que alguien desde el Gobierno Federal quisiera planear la educación universitaria del país; no creo que todos los rectores, reunidos, pudieran llegar a un acuerdo sobre qué hacer sobre los diferentes aspectos de la educación universitaria; porque cada rector, cada uno de ustedes, tiene su modo de ver las cosas, y cada sociedad de alumnos tiene también su propia forma de observar el problema.

Por ello, creo que la Reforma Educativa debe ser un proceso general, dentro del cual, cada universidad, cada institución educativa, realice sus propias reformas internas. Es decir, que la Reforma Educativa sea un proceso autogenerado y autogenerable. Que nada se imponga desde afuera; que todos los cambios se promuevan dentro de cada institución, dentro de cada universidad. Creo que ese es el camino.

Así por ejemplo, en cada universidad de provincia pueden estimularse las carreras necesarias para impulsar las actividades productivas propias de la región: forestales, mineras, pesqueras, industriales y ganaderas.

Hace unas horas escuchábamos al señor Rector de la Universidad de Guanajuato, mencionar en San Miguel Allende, que hay una escuela de minas que es necesario impulsar, ahora que está renaciendo la minería en el país.

En realidad, estamos tratando de impulsar la actividad económica en el campo, y lograr que su producto sea distribuido con justicia. Estamos alentando todo lo que se relacione con la ganadería,.con la fruticultura, con la transformación de materias primas agrícolas, y la ampliación de la producción de artesanías. Para todo ello se requerirá el impulso a muchas carreras, y la apertura de otras nuevas.

Claro está que el país necesita de poetas, filósofos, pintores, músicos, artistas, cuya actividad embellece la vida y eleva el nivel cultural de, la población; pero es necesario impulsar las carreras que contribuyen de una manera directa a elevar la producción, a mejorar la tecnología, a elevar la productividad, para que el pueblo tenga más y mejores alimentos, más y mejor vestido y niveles de vida superiores.

Por otra parte, se observa que muchos egresados de universidades, de amplios medios económicos, se olvidan de sus propias universidades. Quienes tienen mayores medios económicos, no acuden en ayuda de su casa de estudios. Tal vez sería conveniente ir pensando en la forma en que los egresados de las universidades puedan allegar fondos para el desarrollo ulterior de éstas.

Por nuestra parte, les manifiesto el interés, que tiene el Secretario de Educación Pública y el Presidente de la República, por aumentar la ayuda económica a las universidades; pero hablando objetivamente, en el curso del primer semestre de este año, no se podrán solucionar ,muchos de los graves problemas que tienen las universidades del país.

El Gobierno Federal tiene el mayor interés en impulsar la educación superior y, dentro de ella, la educación universitaria. Pero también, dentro de todo este cuadro de Reforma Educativa, parecería viable que las cámaras nacionales y estatales de industria, de comercio, y otras agrupaciones, junto con ustedes, en una actitud comprensiva y de respeto, sin que aquéllos adopten una actitud de caridad, sino de contribución al país, puedan aportar fondos que permitan el mejoramiento del equipo y la superación económica en general, de las universidades.

Porque, en resumidas cuentas, la industria beneficia directamente de las universidades, al encontrar profesionales preparados, que aumentan la productividad y la eficacia de las empresas industriales.

Este es el planteamiento general: por una parte que la Reforma Educativa en las universidades e instituciones superiores, parta del interior de ellas mismas; por la otra, que el Gobierno Federal ponga todo su interés en superar las condiciones económicas de las universidades, pero que al mismo tiempo las agrupaciones industriales y otras, contribuyan de una manera más amplia al financiamiento de los intentos por superar las condiciones de esas casas de estudios.

La Reforma Educativa es una tarea nacional en la que todos los ciudadanos, todas las tuerzas productivas, en la que todos quienes quieran el bien de la Patria, tienen responsabilidad, y dentro de ellos, particularmente, los maestros, los estudiantes y los rectores.

Los jóvenes siempre querrán cambios: cambios en sus escuelas y en sus comunidades, en las que han nacido; siempre tendrán actitud de inconformidad y rebeldía contra la sociedad, sobre muchos aspectos que consideran que están mal. Y todo ello, por el contraste que observan entre las normas morales que se les han enseñado desde el hogar y en la escuela, y lo que observan en la vida diaria, en prácticas que constituyen una alteración o deformación de esas normas. Es muy compleja la vida social, pero el joven siempre aspira con ideales, con romanticismo, a modificar las condiciones reales, antes que adaptarse a ellas. Lo importante es que los jóvenes encuentren el camino de su realización; que sus carreras no sólo las sigan para sobrevivir económicamente, sino para poder servir a la sociedad con limpieza y con honradez.

El señor Secretario de Educación Pública ha ordenado, después de muchas pláticas que hemos tenido, que en el Instituto Politécnico Nacional se creen bolsas de trabajo, en donde industriales y comerciantes puedan examinar las calificaciones profesionales de quienes aspiren a obtener un empleo, y donde los jóvenes puedan encontrar posibilidades de trabajo bien remunerado. Creo que este servicio las universidades de provincia pueden implantarlo.

La vida económica y social del país requiere de jóvenes cada vez más preparados, más capaces. Qué bien que los jóvenes traten siempre de transformar la realidad; pero sólo los preparados, los capaces, los estudios, los de cultura sólida, serán quienes logren hacer algo por superar la sociedad en que viven, al través de su incorporación al trabajo productivo, a las actividades sociales, políticas y económicas.

Les agradezco mucho, señores, la visita, y los exhorto a que sigamos pensando, juntos, en estos problemas de nuestro país. Espero que este diálogo continúe de manera permanente, y que encontremos las soluciones más adecuadas. Nunca tendremos indiferencia, ni abulia o falta de atención, para los problemas de las universidades; por el contrario, tenemos un gran interés, una gran preocupación, porque crezcan, prosperen y se encaucen, con autonomía, con medios económicos crecientes, con mejores planes y programas de estudio, para que sirvan cada vez mejor a los fines del desarrollo económico y social de la República.

Estas son las ideas, dichas con toda sencillez, señores rectores, que les he querido manifestar acerca de la Reforma Educativa y su relación con las universidades del país. Deseo que en cada comunidad universitaria haya tranquilidad, estudio y laboriosidad de maestros y estudiantes. En todo aquello que podamos ir sirviendo, lo haremos pensando en mejorar esas comunidades de trabajo, tan indispensables para el país -y cuya actividad marcará en parte importante su futuro- que son las universidades, a efecto de que México pueda avanzar cada vez de una manera más acelerada.