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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1971 Intervención del Lic. Luís Echeverría Álvarez en la Confederación Patronal de la República Mexicana.

28 de enero de 1971

Luís Echeverría Álvarez

Les agradezco mucho, señores miembros directivos de la Confederación Patronal de la República Mexicana, esta visita, producto de una solicitud a la cual yo accedí tan luego como ustedes me la pidieron.

En realidad nos hemos visitado recíprocamente en muchas ocasiones. Con mucho interés, a muchos de los aquí presentes y a compañeros de ustedes los invité a visitar regiones del país que requieren de inversiones, que están en situación de atraso económico.

Tratamos siempre de acentuar el sentido nacionalista de la economía mexicana, de la cual muchos de los miembros de la Confederación son auténticos representantes, y siempre tratamos de tener un intercambio de ideas que se caracterizará por su franqueza, por la misma franqueza que contiene este documento, que he escuchado con tanto interés.

Creo que, en primer término, debemos de felicitamos de que en México -como pasa actualmente en muy pocos países y me parece que este documento es inequitativo por no subrayarlo así-- se puede tener un intercambio muy fácil y muy elástico entre los sectores sociales y el Gobierno, que representa a todos los sectores sociales en conjunto.

Naturalmente que el diálogo es continuamente necesario en un país democrático, cuyos avances cívicos tampoco deben ser desestimados o se comete una injusticia contra los progresos reales y concretos de México.

Ciertamente es muy importante que los órganos del Gobierno sepan escuchar a la distinta y diversa variedad de condensaciones humanas que representan las instituciones, las organizaciones, las agrupaciones de todo género.

Lo que es un poco injusto es que haya molestia de alguien porque los funcionarios tengan amigos personales, a través de los cuales recojan opiniones de orden popular. No podríamos, ni en una tecnocracia mítica, señor licenciado, abstenemos, los funcionarios de cualquier nivel, de tener una relación con amigos personales, de los cuales recibir las opiniones que en distintos sectores de población corren; y la amistad, que es una de las más altas cualidades humanas, no deben perderla los funcionarios públicos, y por eso en este Régimen se ha fomentado en realidad, independientemente de su relación con los señores directivos y gerentes de las distintas cámaras del sector empresarial.

Creo que este documento, señor licenciado, tiene una franqueza que a mí como Presidente de la República me es muy satisfactoria. Debemos cada vez vivir más sin recámaras mentales, pero una cosa es opinar con franqueza y otra cosa es, como ocurre en muchos pasajes de este documento, expresar -y espero que usted no se moleste, porque yo con serenidad he escuchado todo lo que usted ha afirmado-- realmente puntos de vista contradictorios, porque por una parte se elogia en el documento a algunas nuevas instituciones que este Régimen ha creado y. por otra parte, se critica una supuesta falta de presupuesto para mantener esas nuevas instituciones que serán útiles para la economía.

Creo que algunos pasajes del documento -independientemente de las manifestaciones de apoyo que tanto agradezco con toda sinceridad- no son precisamente producto de una desinteresada reflexión. El Gobierno tiene que escuchar a todos los sectores. Esta visita es una prueba de ello, tanto como la reunión que se acaba de celebrar en este despacho en donde estuvieron hace unos minutos sectores representados por líderes obreros y líderes patronales: el presidente de la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio, el de la Canacintra, los directivos de los navieros mexicanos y de los agentes aduanales, así como los líderes obreros que representan a todas las actividades que confluyen en los puertos. Me parece un poco alejado de la realidad y una actitud política un poco injusta y sin mucho fundamento señor licenciado -y espero que no se moleste por esta franqueza, como no me he molestado con algunas afirmaciones que contiene el documento - que usted subestime ese esfuerzo que por el desarrollo económico independiente del país se está haciendo.

Yo nunca he escuchado a usted, señor licenciado, hacer una manifestación de desaprobación frente a los empresarios mexicanos que venden empresas al extranjero. Pienso que un empresario o un directivo de empresarios, como usted lo es, que quiera en realidad ser consecuente con ideas siempre afirmativas en bien de México, debería de estar recomendando, más que con críticas injustas al Gobierno -porque muchas de las que contiene este documento son injustas- repito, debería estar recomendando a sus compañeros de asociación velar por los intereses patrios que representa cada industria mexicana. No es posible hacer convivir, en el seno de una organización como la que usted dirige, intereses contradictorios, algunos de los cuales realmente afectan al porvenir económico de México, con otros que son de un sano nacionalismo.

En este mismo grupo hay personas que no dependen estrictamente de negocios mexicanos: que realmente representan intereses que no son los de nuestro país y que ojalá algún día colaboraran lealmente para que fueran íntegramente acordes con los intereses nacionales; pero también hay otros que se han defendido para no vender sus empresas. Sin embargo, la Cámara no ha tenido una actitud decidida al respecto.

Me pregunto cómo es posible tener una sólida autoridad para opinar con desinterés de la nueva política económica del Gobierno, si en una pequeña comunidad de intereses -como la que ustedes representan- no se esclarece una política y no se establece con claridad que los empresarios deben de tener un sano nacionalismo que vele por los intereses populares de nosotros, los mexicanos.

Les agradezco mucho la visita señores y la franqueza con que me han invitado a hablarles. Pienso que el diálogo no consiste, señor licenciado, simplemente en que la autoridad escuche la franqueza de la lectura de los pliegos -indudablemente escritos en la calma de los gabinetes de trabajo- sino también en que los funcionarios hablen a todos los sectores con la franqueza y con la sinceridad que da la convicción de las ideas que se mantienen vivas en todo momento y que le permiten a los funcionarios de Gobierno también, expresar desde luego lo que piensan acerca de las actitudes que observan.

No será posible, de ahora en adelante, que los empresarios mexicanos piensen exclusivamente en sus intereses. No será posible que hagan caso omiso del hecho de que viven en un país en el cual tienen que trabajar con ese afán que impulsa a la economía, que es el afán de capitalización y de lucro, pero que no debe de ser avasallador hasta el punto de ignorar los esfuerzos que por el bien de la colectividad de todos los mexicanos, hace el Gobierno, que es un Gobierno para todos los mexicanos como lo demuestra esta reunión que estamos teniendo en este momento.

Lo que usted me afirma en este documento, significa en muchas de sus partes un testimonio de apoyo y de comprensión. Eso quiere decir que ustedes están sintiendo que el Gobierno trata de ser para todos los sectores. Partiendo de eso, yo les digo en nombre de todos los sectores que el Gobierno representa, que los empresarios mexicanos deben tener un sentido, por razones morales -en primer lugar- y por razones económicas también válidas -en segundo lugar-de solidaridad social: que la empresa mexicana no tenga un desmesurado afán de lucro y de supervivencia, en detrimento de intereses generales: que tenga más comprensión acerca de las medidas que tiene que adoptar ante situaciones muy complejas. Estamos luchando, sí, contra problemas -como usted dice- de corrupción a los cuales ningún sector, como usted lo manifiesta, es ajeno: esa corrupción viene, quizás, desde hace tres siglos y medio, o cuatro siglos, y desde entonces tiene manifestaciones como el contrabando.

Si no tenemos los mexicanos una actitud clara que todos compartamos como un común denominador, nos seguiremos manteniendo sobre todo en estos sectores de trabajo que piensan únicamente en su prosperidad económica sectorial, en una actitud de incomprensión para los problemas de todo el pueblo.

¡Qué bueno que hablemos con franqueza! ¡Qué bueno que ustedes han meditado las frases de franqueza que me han venido a entregar! Debemos reconocer que éste es el diálogo que usted está buscando y que sólo así, hablando libre y francamente, lograremos dar pasos adelante en esta discusión que sin duda continuará enalteciendo esta vida cívica democrática de la República, que creo ustedes nunca han reconocido en México.

A los ejidatarios del país, que es un sector de los mexicanos con los mayores problemas de producción y de ingresos, les pedí. a través de sus organizaciones, sus diversos puntos de vista sobre un proyecto de Ley Federal de Reforma Agraria, destinado fundamentalmente a fortalecer al ejido, a hacerlo más productivo, a reorganizarlo, a fin de que la producción agrícola mexicana pueda elevarse de manera considerable. Tomé en cuenta la opinión de esos ejidatarios, que fueron peones de las viejas haciendas porfiristas, en donde predominaba la esclavitud semicolonial. También llamamos a los pequeños propietarios para obtener sus puntos de vista sobre esta Ley de Reforma Agraria y contar así, con un instrumento legal moderno y adecuado, que permita el equilibrio económico y social en el campo. Pero los ejidatarios son gente que necesitamos impulsar y proteger.

Tengo entendido que la Confederación Patronal de la República Mexicana no está integrada por personas con problemas como los de los ejidatarios, sino que está formada por industriales y por comerciantes. Dentro de la problemática social tomamos en cuenta diferentes puntos de vista y consideramos a todos los sectores: mantenemos la flexibilidad y el diálogo: sin embargo, lo esencial radica siempre en que dentro de esa actitud flexible nos mantengamos dentro de la Ley. Por eso, señor licenciado, tenga usted la seguridad de que si la Constitución Política de la República me ordenara enviar a la Confederación Patronal de la República mis proyectos de ley para su consideración, ustedes los hubieran tenido, como los tuvieron los señores senadores y diputados, desde el primer momento.

Pero es preciso, por ello, no confundir las formas elásticas de la convivencia social y política mexicana, con lo que la Constitución ordena, y pretender que el Ejecutivo someta sus proyectos de ley a una organización de tipo privado. Lo importante para el país, y eso es lo que estamos buscando, es vivir dentro de la ley, por ser un Régimen de derecho, aún en medio de un mundo en convulsión. Estamos luchando por afirmar los mejores valores del hombre, con autenticidad, tratando de que los diversos sectores sociales mexicanos se alejen de los desmedidos afanes de lucro, de poderío económico y de todo aquello que ofende la dignidad humana y que propicia las tendencias que quieren mantener una situación en la que el hombre siga siendo el lobo del hombre: estamos contra las actitudes de grupos o personas que postulan actitudes morales formalmente, pero que las niegan todos los días con sus actitudes y sus prácticas.

Es natural, por otra parte, que veamos con mucha simpatía estas manifestaciones de franqueza que sin cortapisas se expresan, y con el valor de decirlas públicamente y por escrito.

¡Qué bueno que así podamos vivir en México, y que eso reafirme esa vida cívica que debemos mantener perfectamente y enaltecer con orgullo todos los mexicanos!

Si a este documento se hubiera agregado, con objetividad, que los fenómenos de inflación y de carestía son universales; que el sector privado está importando maquinaria y. materias primas a precios que contribuyen a la propia inflación; que hay especuladores y acaparadores en muchos negocios que han contribuido a la inflación y al encarecimiento de modo artificial, sería un documento más justo y más equilibrado.

Y al hablar así ahora, no he hecho, señor licenciado, sino corresponder a la franqueza con que usted se ha expresado.

Yo espero que la Confederación Patronal pida a todos sus miembros una actitud -si son realmente mexicanos en todos sentidos- vigorosamente nacionalista; que nunca antepongan ningún aspecto de interés personal o de grupo por más deseos que haya de que crezca la empresa privada, a la cual estamos protegiendo con base en la Constitución; que sobre los intereses prevalezcan los intereses generales.

Espero que no quede, señor licenciado y señores miembros de la Confederación, aquí presentes, ninguna recámara mental. Por las expresiones francas que aquí han expuesto en su documento, yo los felicito, y les digo al mismo tiempo que el Presidente de la República es tan franco como cualquier otro mexicano que quiera servir con la verdad a su país.

Muchas gracias, señor licenciado. El diálogo que usted ha pedido, no será nunca un monólogo del señor gerente de la Confederación Patronal de la República Mexicana; siempre escuchará usted, para que nuestro contacto sea verdaderamente un diálogo, la opinión franca de su amigo el Presidente de la República.

Muchas gracias.