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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1962 Al dar la bienvenida al presidente Kennedy de los E.E. U. U.

Adolfo López Mateos, Aeropuerto Central, 29 de Junio de 1962

Señor presidente Kennedy, señoras y señores: Me complace, en nombre del gobierno y del pueblo de México, saludar al presidente de los Estados Unidos de América, la gran nación vecina, con la que nos liga una amistad que el tiempo y un nuevo espíritu de comprensión va llenando de contenido histórico y haciéndonos conscientes de la responsabilidad común que esa vecindad entraña.

Me complece que al haber aceptado la invitación que le hice, visite Ud. México, y no sólo al gobierno, sino al verdadero dueño de la casa, al pueblo de México, del que los gobernantes sólo somos y aspiramos a ser fieles intérpretes y servidores esforzados.

Por ventura, cada vez los hechos amistosos se acrecientan entre nuestros pueblos y nuestros gobiernos. Yo le aseguro que el pueblo de México lo recibirá a Ud. con el mismo gesto cordial y la misma sonrisa amiga con que el pueblo norteamericano me brindó en mi visita del 9 de octubre de 1959, a Washington.

En nuestros dos países, hombres de buena fe se esfuerzan por que sus relaciones sean cada día más fimesc basadas, en las buena fe, y esperamos que adquieran la solidez necesaria para que ni las interpretaciones maliciosas o equivocadas o incomprensivas puedan evitar que se consoliden en beneficio de nuestra sincera amistad.

Vivimos, señor presidente Kennedy, en una época de zozobra, en que el mundo quisiera paz y concordia, para que el hombre pueda dedicarse al trabajo que rinde frutos fecundos. Vivimos, además en un continente donde se acetúa la libertad, donde nacieron y se fortalecieron los derechos del hombre, donde encontraron seguro puerto los náufragos de todas las doctrinas. Vivimos, en fin, en el nuevo continente donde 20 países luchan por romper el cerco de hierro en que lo encierran sus carencias. Señor presidente: en estas condiciones México y los EE.UU tienen mucho que platicar. Su diálogo, independientemente de sus resultados prácticos, tiene que ser fecundo, porque en él hablaremos de Astablecer en qué concordamos y en qué diferimos; pero habremos también de limitar campos de comprensión y de colaboración. El único tema de ese diálogo lo ha inscrito el destino en nuestra agenda: es el presente y el porvenir.

Señor presidente; señora Kennedy; ilustres acompañantes del señor presidente Kennedy; que disfrutemos juntos —el pueblo de México y ustedes, ilustres visitantes— de lo entrañable que representa esa vieja institución que es la hospitalidad, que enaltece tanto a quien la da como al que la recibe. En nombre de la hospitalidad del pueblo mexicano, sean ustedes muy bien venidos.