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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1946 Discurso en su postulación por el PRI

Miguel Aleman Valdes, 18 de Enero de 1946

Ciudadanos delegados:

Me es satisfactorio saludar a ustedes con toda cordialidad y expresarles mi reconocimiento por las resoluciones que en esta asamblea han tomado, y que prestigian a la Democracia Mexicana.

Con esa justa satisfacción pueden ustedes regresar a los distintos lugares del país de donde proceden, y hacer extensivo este saludo para todos los ciudadanos que junto con nosotros anhelan el bienestar de la nación.

Distintos grupos de ciudadanos y las organizaciones revolucionarias y progresistas del país, en diversos actos, tomaron la decisión de apoyar mi candidatura para la Presidencia de la República. Estas demostraciones de adhesión se patentizaron en la gira que he realizado por el país y que abarca más de la mitad del territorio nacional.

Con oportunidad sometí a la opinión nacional una Síntesis de Programa de Gobierno, cuyo contenido ha recibido demostraciones de simpatía y de aprobación de parte de la ciudadanía mexicana. Hemos ampliado estos estudios programáticos en reuniones a las que han asistido representantes de todos los sectores sociales y económicos, cuyos resultados complementan el Programa de Gobierno y constituyen valiosos estudios sobre las urgencias locales y las necesidades generales de la Nación.

Nos proponemos el aumento de la producción agrícola para afianzar la economía de la Nación, evitando las constantes importaciones de artículos básicos para nuestra subsistencia y satisfacer las necesidades de alimentación de nuestro pueblo, en forma abundante y a bajo costo. Al mismo tiempo que aumentaremos la producción de la tierra nos proponemos llevar a cabo la industrialización del país. Sobre estas bases elevaremos el nivel social, cultural y económico del pueblo.

Moralización de funcionarios

Llego a esta Convención con la seguridad de que lo que he expuesto a la Nación ha recibido apoyo del pueblo, y esos propósitos serán base de las actividades del futuro ejercicio Presidencial si en las elecciones el voto libre de la ciudadanía se favorece.

La Revolución es anhelo constante de mejoramiento y progreso del país. Sus principios, expresados en la Constitución y en las leyes que nos rigen, son instituciones que garantizan la vida de la República como nación soberana y la conducen en lo interior hacia el trabajo, la producción, la moralidad en todos los órdenes y la responsabilidad ciudadana de funcionarios y particulares.

Debemos insistir en que la realización de dos propósitos concretos darán la mayor fuerza a la futura administración: responsabilidad y moralización de gobernantes y gobernados. El ejemplo lo darán los funcionarios.

Las instituciones revolucionarias de México han surgido más vigorosa después de la terminación de la guerra, en la que tomamos parte al lado de las Democracias.

La experiencia adquirida en la cooperación efectiva de nuestro Ejército en esa lucha por la humanidad, lo ha hecho acreedor de una especial atención a su desarrollo técnico y a su constante mejoramiento económico y social.

El esfuerzo de México, durante el periodo bélico, realizó la unidad de su pueblo y la posguerra requiere de responsabilidad histórica de todos los mexicanos, para el cumplimiento de los altos destinos de nuestra patria.

Libertad de expresión y de creencias

Nuestros principios revolucionarios entrañan lo que ahora es aspiración universal y son el camino certero que el mundo, en escenario más amplio, está tomando.

La política agraria y las reformas sociales -como los contratos colectivos, el seguro social, los derechos sindicales- productos de la Revolución, son normas perfectamente justificadas y hoy constituyen objeto de respeto en nuestro país.

La libertad de expresión del pensamiento, de prensa, de creencias, de trabajo y de producción, son entre nosotros realidades emanadas de la Revolución.

La libertad de crítica a las autoridades se realiza palpablemente. A veces, en forma constructiva y entonces es útil a gobernantes y gobernados. En otras ocasiones, con propósitos negativos y crea desconcierto y confusión. Pero en todos los casos esa libertad se ejerce en un ambiente limpio de obstáculos y exento de represalias.

La libertad política es otro fruto revolucionario. Reiteramos nuestro propósito de elevar la contienda electoral a un plano superior de controversia clara, noble y constructiva, e instamos a todos los mexicanos a que ejerciten sus derechos de reunión, asociación y sufragio, ante la evidente seguridad que tienen del respeto para esa libertad.

La Revolución, en fin, ha mantenido en todas las épocas incólume la soberanía de la República; ha rechazado siempre ideologías e intromisiones ajenas a nuestra nacionalidad; ha ensanchado los campos de la actividad individual en todos los órdenes; se ha preocupado por acendrar la moralidad ciudadana; por extender la educación aumentando el número de escuelas y mejorando al magisterio, y por enaltecer la familia; ha cuidado de mejorar la salud de la población, ensanchando los servicios de Asistencia y Salubridad; ha construido carreteras y presas; ha puesto los servicios del crédito al alcance de grandes grupos sociales; ha recobrado el dominio nacional sobre importantes riquezas; la a elevado grandemente el nivel de cultura y las normas de vida de todo el país y ha ganado para México un puesto de honor en el concierto de las naciones que nos proponernos mantener con la cordial amistad para todos los pueblos del mundo y mediante una política sincera de cooperación y solidaridad con todos los países del Continente Americano.

Evidente progreso de nuestro país

El progreso de nuestro país es, pues, evidente, como es cierto el desarrollo industrial y económico en que se orienta. Bastaría comparar la economía nacional de principios del siglo con la situación actual. Ahora existen en nuestro país un gran número de instituciones de crédito y de centros industriales, muchos de ellos de reciente creación y cuyo desarrollo y aumento propiciamos en nuestro Programa de Gobierno.

 

El PRI no debe ser máquina imposicionista

La nueva Ley Electoral establece que los ciudadanos se organicen en partidos políticos. Las fuerzas revolucionarias lo han venido realizando; pero ha sido necesaria una nueva organización dentro de las propias instituciones revolucionarias, y por ese motivo surge este nuevo Partido que se inicia en la vida política del país.

El buen éxito del Partido dependerá de la acción que desarrollen sus miembros, en los puestos de elección y de administración, trabajando sólo para el progreso de la patria y las satisfacciones de las necesidades del pueblo y no para el enriquecimiento ni para la formación de oligarquías. Por eso, deben seleccionarse entre los miembros del Partido, como candidatos, a hombres responsables, capaces, honestos y con arraigo popular.

El Partido Revolucionario Institucional no debe ser una máquina de imposición, sino un órgano, con procedimientos de tal naturaleza, que realice una auténtica función cívica y democrática. La Revolución en esta forma continuará cumpliendo su deber para con el pueblo de México.

Nuestro empeño mayor será pugnar en los comicios por un triunfo democrático, sin coacciones, sin engaños, ni violencias; respetando el veredicto del pueblo, aunque éste nos sea adverso.

Por la grandeza de México

Obreros, campesinos, clase media, trabajadores oficiales, intelectuales, hombres dedicados a las distintas actividades económicas, mujeres y jóvenes que se han agrupado en esta Institución Revolucionaria: nuestra meta debe ser la grandeza de México y de la Revolución.

Compromisos sólo con el pueblo

Reitero ante la Nación mi propósito de que como candidato durante esta campaña electoral, y, si el pueblo me elige Presidente de la República, como jefe de Gobierno, tendré presente en todo instante esta

norma de moral política: no tener más compromisos que con el pueblo, ni más interés que los intereses del pueblo mexicano, ni más ambición que servir honestamente a mi patria.