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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1945 Plataforma Política. Ezequiel Padilla.

Septiembre 26 de 1945
 

 

A LA NACIÓN:

El día 2 de este mes de septiembre hice público mi deseo de escuchar la voz del pueblo sobre mi candidatura presidencial. Creo contribuir a este propósito publicando las siguientes bases de mi plataforma política, sobre las cuales el clamor de la opinión pública demanda una decisión.

Deseo comenzar rindiendo un tributo de devoción a la Revolución Mexicana y muy señaladamente a su iniciador, el mártir Francisco I. Madero. La Revolución fue el movimiento del pueblo por la libertad y la justicia social y el lema de Sufragio Efectivo, que Madero consagró con su sacrificio, continúa siendo la columna de fuego en la marcha de nuestros destinos democráticos. Deseo expresar también mi homenaje de reconocimiento a los héroes de esta guerra mundial que acabamos de trasponer. Ellos contribuyeron con su inmolación al avance de la dignidad del hombre y a la libertad de los pueblos.

Ni Comunismo ni fascismo

Los destinos libres de México deben descansar en los derechos inviolables del hombre vinculados a los derechos de la comunidad. La libertad y la justicia social son sus fines. La libertad, sin la seguridad económica, es una falsa democracia; la seguridad económica, sin la libertad, es una impostura y una servidumbre. México ha combatido, desde sus orígenes de pueblo independiente, por las libertades humanas y todo intento hacia el totalitarismo, de derecha o de izquierda, significa una traición a sus propios destinos. Ni el comunismo ni el fascismo son rumbos adecuados para las instituciones libres a que ardientemente aspira nuestro país.

El propósito cardinal e indomable de nuestra política debe ser la abolición de la pobreza, la producción de la abundancia y el afianzamiento de una vida institucional.

Firme Respeto a la ley

La Ley es la voluntad soberana del pueblo; por tanto, su cumplimiento estricto es no sólo un deber de los gobernados, sino también un imperativo para los gobernantes. La transgresión de la ley subvierte los fundamentos de la confianza pública y provoca el desaliento de todas las fuerzas del bien. Las iniquidades que torturan la vida mexicana y sobre todo, la de nuestras masas humildes, derivan de la violación permanente de nuestras leyes.

El Drama del Desempleo

El drama de nuestra patria es el desempleo permanente. Debemos disponer de todos nuestros recursos, de todas las fuerzas espirituales y materiales de la Nación, para organizar una cruzada contra la maldición secular de la falta de oportunidades de trabajo. Mientras subsista el cuadro de millones de hombres que, tras inútiles esfuerzos por encontrar una ocupación, regresan estrujándose las manos a sus hogares sin pan, la conciencia social no debe descansar en sus esfuerzos, en sus protestas, en sus demandas de justicia. La expansión económica de México; la industrialización; un plan gigantesco de obras públicas; toda esa movilización que salvará a nuestro país de la miseria, no podrá realizarse con una viciosa política que sólo rinde la pobreza. A menos de que podamos establecer una economía que produzca la abundancia, no podremos conquistar para el hombre del pueblo, ni empleo, permanente, ni seguridad económica, ni educación adecuada, ni alojamiento decoroso, ni dignidad, ni alegría para su vida. Para lograr estos objetivos, es indispensable revisar y conjurar con ánimo nítidamente patriótico, las causas de nuestras absurdas y tremendas deficiencias.

Economía de la Abundancia

México siente la necesidad inaplazable de establecer las bases de una producción agrícola abundante, especialmente de subsistencias, para poder bastarnos a nosotros mismos, una de las más severas impugnaciones que pueden hacerse a la mixtificación de los principios revolucionarios, es la vergüenza de no producir con nuestros vastos recursos agrícolas las subsistencias indispensables para la vida del pueblo, arrojándolo sin justificación a precios prohibitivos, mercados negros, privaciones desesperantes. Necesitamos, igualmente, la creación y el fomento de la industria mexicana que fije la ecuación de la producción industrial y agrícola, a base de un consumo recíproco y de un elevado standard de vida de las masas.

Aliento a la Iniciativa Privada

Nuestra producción debe descansar en el estímulo y la seguridad de la iniciativa privada. No se ha encontrado ningún otro resorte de la actividad humana que rinda la abundancia y al mismo tiempo preserve la libertad. Las experiencias totalitarias, para entregar al Estado el monopolio de la producción, han desembocado siempre en la dictadura. Ahora bien, la iniciativa privada en México vive en constante zozobra, aprisionada, sin garantías. México vive atado a la miseria, porque ni la tierra ni el taller, ni la industria, ni el comercio, ni la propiedad, gozan del estímulo creador de la confianza. En estas condiciones sólo medran las fuerzas oscuras de la inmoralidad, que no sólo prostituyen la vida económica, sino toda la vida social, la cual pierde las normas de la rectitud y en un ambiente de inseguridad se acostumbra a honrar al prevaricador, al héroe de la ganancia ilegítima. La deshonestidad adquiere categoría de virtud, mientras la actividad creadora está ceñida de grilletes. Es, pues, necesario devolver a la actividad económica la seguridad y la libertad. No hay excusa para la humillación y la pobreza en una naturaleza tan pródiga como la nuestra.

La Seguridad del Campo

El pueblo sufre la miseria, mientras enormes extensiones fértiles están improductivas. ¿Por qué? Porque a consecuencia de la demagogia agrícola, bandas violentas, con el falso pretexto de reivindicaciones agrarias, esterilizan con la zozobra y la impunidad de sus crímenes, tierras fecundas y próvidas que harían la felicidad de millones de hogares.

Florecimiento Ejidal

En el campo hay que dar a la vida ejidal dignidad y confianza, otorgando a cada ejidatario la propiedad definitiva de su parcela; redimiéndolo de un crédito usurario de fines políticos; liberándolo del comisario ejidal, que se ha convertido en el capataz de una burocracia latifundista que lo explota y oprime; dotándolo de oportunidades prácticas, para establecer sin coacciones bastardas la organización cooperativa y para adquirir equipos en condiciones económicas; salvándolo de los intermediarios que le roban el valor de sus cosechas. Urge liberarlo, no de los líderes auténticos del juego democrático, sino de los líderes falsos que surgen de las consignas de los gobernadores; haciendo que las autoridades ejidales sean el resultado de la voluntad de las mayorías. Es necesario defender el precio de sus productos agrícolas, extirpando las alcabalas anticonstitucionales que merman sus legítimas ganancias. Pero sobre todo, es imprescindible cancelar la inseguridad en que vive el campesino, constantemente bajo la amenaza y el abuso de la privación de su parcela. En la precaria forma actual, la parcela, además de ser un instrumento de servidumbre política, no ofrece al campesino ningún estímulo para plantar un árbol, construir un muro, abrir un canal, y mucho menos, para levantar la decorosa vivienda de la familia que substituya al miserable alojamiento en que está obligado a vivir.

Defensa de la Pequeña Propiedad

Junto con el ejido debe estar garantizada la pequeña propiedad. ¿Por qué los gobiernos afirman su resolución de garantizar la pequeña propiedad y no inscriben esa garantía en la Suprema Ley? Hay que tratar al pueblo con lealtad. La pequeña propiedad debe ser un recinto garantizado de salarios suplementarios para el campesino; un estímulo para reconquistar extensiones abandonadas; una oportunidad para la juventud de rescatar tierras nuevas; una escuela de enseñanza práctica de avanzados cultivos.

Contra el Abuso de las Expropiaciones

Las expropiaciones por comprobada causa de utilidad pública, son un derecho inalienable de la Nación: pero ese derecho es conciliable con la confianza pública. A breve plazo, previa una revisión de este problema deberá garantizarse la propiedad agrícola contra los abusos de las expropiaciones, estableciendo que no podrán practicarse, en lo sucesivo, sin el previo pago de una indemnización equitativa. De esta manera, sin menoscabar un principio del pueblo, se restablecerá la confianza en la propiedad de la tierra. El precio que el Estado pague por este concepto será ampliamente compensado por los incalculables beneficios de la seguridad en el campo.

El Amor a la Tierra

Estas medidas rendirán el amor a la tierra, el florecimiento de la agricultura, y junto a una clase progresista, independiente y fraternal, de pequeños agricultores, se verificará el surgimiento de nuestras aldeas con altos rendimientos y buenos salarios para sus trabajadores, con subsistencias abundantes, con la alegría de su huerto, su escuela rural, su vida higiénica; en una palabra, con todo lo que la Revolución ha propugnado en su lucha contra el poder político y económico del latifundio.

El Obrero y el Líder

Lo que hemos dicho del campo debemos glosarlo para la industria: hay que redimir al obrero de la tiranía del falso líder; acabar con ese sarcasmo deprimente del líder rápidamente convertido en millonario y un obrero esclavo, con salario de hambre. La fórmula depuradora es como siempre la misma: la norma democrática. El sindicato es el baluarte de los derechos obreros y el Estado debe, por tanto, enérgicamente protegerlo. Cuando los sindicatos se gobiernan por la voluntad de sus mayorías, la rectitud y la solidaridad con los destinos nacionales penetrarán en la vida sindical. Las tácticas falsas, antipatrióticas y negativas de extorsionar con fines bastardos a las industrias, carecerán de apoyo. Es necesario reglamentar la actuación de los líderes, así como la cláusula de exclusión, para no privar al obrero de su derecho al trabajo y librarlo de la servidumbre a que se encuentra sometido.

Las oficinas del trabajo y sus Tribunales deben reorganizarse de manera que sean una garantía de imparcialidad para los trabajadores y los empresarios.

Protección al Espíritu de Empresa

Las industrias deben ser estimuladas como agencias del bien colectivo. Actualmente las empresas que medran en connivencia con los líderes, en complicidad con las autoridades del trabajo para burlar al trabajador; las que practican los sobornos, las igualas, los cohechos que paga el pueblo, están en condiciones ventajosas sobre las empresas que proceden con rectitud. Con estos vicios se está consagrando la corrupción. El mal reside, sobre todo, en la falta de estímulo para la expansión industrial. Hablamos de industrialización, sin pensar en que su nervio motor, que es la iniciativa particular, está aherrojado por los líderes; por las huelgas que por motivos inconfesables ellos provocan; por los recargos arbitrarios y la inmortalidad multiforme. La inseguridad ata las grandes oportunidades de México.

Contra el Intervencionismo Estatal

Una de las más graves consecuencias de este desaliento, es que el Estado encuentra un pretexto más para suplir a la iniciativa particular en las empresas productivas. El Estado no puede ser ajeno a la lucha de intereses y de clases. Nadie desea ya un Estado gendarme que sólo cuide el tráfico. El Estado debe intervenir en la vida económica para garantizar las desigualdades de la competencia, para proteger al débil, para garantizar al consumidor, para suplir las deficiencias de la iniciativa particular; pero que cuando lo haga en forma de empresa, no sea para establecer competencias desleales a esa iniciativa, o para usurpar con medidas totalitarias las oportunidades de la empresa particular. De la misma manera que se debe establecer una lucha contra los monopolios privados y los carteles, deberá descartarse el intervencionismo invasor y el monopolio totalitario del Estado.

Contra un Estado Comerciante

La distribución debe realizarse por los canales de un comercio libre; los monopolios de los particulares deben combatirse y el monopolio del Estado debe condenarse. Hemos experimentado en México, el precio de la desesperación del pueblo, la improcedencia de un Estado comerciante y monopolizador. Esas formas totalitarias son espléndidas en los proyectos de gabinete; la realidad responde con una burocracia ávida, inmoral y extorsionadora.

Protección a la Industria y a los Salarios

Es una consecuencia de la interdependencia de las naciones, el propósito de abatir, hasta donde sea posible, las tarifas y las barreras aduanales; pero esto no quiere decir que se abandone la prudente defensa de nuestras industrias nacientes, ni la obligación de luchar en nombre de los trabajadores mexicanos, contra los salarios de esclavos de otras regiones del mundo.

El Crédito, Aliado de los Mexicanos

El crédito debe ser patrimonio de todo mexicano, con un proyecto constructivo. Hasta ahora ha sido privilegio de favoritos. La juventud mexicana vive al margen de los beneficios del crédito; por eso los mexicanos son parias en su propio país. Un Estado que niega a sus hijos las oportunidades del crédito, está frustrando en flor los valores de su juventud. En México estamos viviendo el absurdo de una banca inversionista, que está desviándose de su misión crediticia, en daño de las oportunidades que los mexicanos deben tener de forjarse una posición independiente y de fundar hogares felices. La juventud mexicana no conoce las fuerzas creadoras del crédito, porque no se le otorga, no se le tiene confianza; no por ella misma, sino, por la inseguridad que domina la vida económica. La confianza es para el extranjero, y no principalmente para el extranjero respetuoso de las leyes y de espíritu constructivo, sino para los extranjeros indeseables que se están adueñando de las fuentes económicas de nuestra patria. Es pues, indispensable, que las condiciones de la confianza pública coloquen a los Bancos en posibilidad de apoyar con créditos a intereses moderados la prosperidad de una clase media en la ciudad y en el campo; clase que ahora sólo simboliza en México la virtud silenciosa y el sufrimiento [ilegible en el original]

El Capital Extranjero

Los inversionistas extranjeros en México deben ser bienvenidos, cuando sean factores de riqueza y aporten, junto con su capacidad creadora, el respeto a las leyes de la República y su identificación con los principios de justicia social de los pueblos democráticos. La combinación de sus inversiones con el capital y la colaboración mexicanos, será fomentada y bienvenida. México necesita de la cooperación internacional y para recibirla, debe ofrecer amplia hospitalidad a las empresas extranjeras de buena fe. Sus ganancias legítimas deben ser garantizadas. Su actividad será creadora de nuevas oportunidades de trabajo, de altos salarios, de expansión económica.

Un Plan Gigantesco de Obras Públicas

La lucha contra la pobreza y el desempleo, reclama del Gobierno amplios poderes para desenvolver un plan gigantesco de aprovechamiento de nuestros recursos. Se necesitará usar las energías y el crédito nacionales en grande escala, para generar el bienestar social y la vida más abundante entre las masas de nuestro país. Una cooperación internacional de inversiones convenientes y productivas; un crédito caudaloso a bajo tipo de interés y a largo plazo, pagadero por sí mismo, estará al alcance de un gobierno democrático / de una administración honesta.

Transportes

Todo el plan de la expansión económica de México reclama un servicio rápido y eficiente de transportes. Las comunicaciones aéreas y las carreteras deben ensancharse, la era de la aviación debe recibir todo el estímulo de México. En relación con los ferrocarriles, es verdaderamente patético considerar que con gran frecuencia, por falta de servicio, los cosecheros de frutas pierden su trabajo, sus economías y sus esperanzas. Nuestras industrias básicas, la distribución de las subsistencias del pueblo, la economía general, descansan, en gran parte, en un sistema dotado con el equipo necesario y la cooperación cordial de los sindicatos del sistema. Confiemos que un triunfo democrático resuelto a construir la prosperidad del pueblo, tendrá la fuerza moral para imponer la disciplina y encontrar en los sindicatos ferrocarrileros una colaboración entusiasta y patriótica.

Una Política Fiscal Justa

Una política fiscal justa y científica, hará que los impuestos recaigan sobre todo en las ganancias excedentes. El impuesto debe ser un instrumento de la justicia social. La abundancia, la prosperidad, serán realizadas, no para beneficio de minorías, sino para derramarlas en la extensión del pueblo. El hombre común, la suerte de millones de hogares humildes, deben ser el centro de gravedad de una política nueva.

Las garantías a las empresas, a la iniciativa particular, al capital constructivo, no son un fin en sí mismos, sino un medio para realizar el supremo objetivo de servir a la liberación del pueblo.

Seguridad Social

La seguridad económica para cada hombre y para cada mujer, desde la cuna hasta la muerte, debe ser un objetivo fundamental de todas las fuerzas nacionales. Las tremendas desigualdades y el sórdido egoísmo de nuestra vida colectiva frente al dolor humano, son una mancha nacional.

La Educación del Pueblo

La educación del pueblo debe ser la preocupación cardinal de las democracias. Sin ella, el gobierno popular no alcanza la plenitud de su realización. La enseñanza en las escuelas necesita fundamentalmente de la buena voluntad y la colaboración de los hogares. La educación del pueblo reclama la vigilancia del Estado; pero vigilancia no es extorsión. Una educación que conjugue el noble desarrollo armónico de la personalidad individual, junto con un profundo sentido de servicio social, de devoción a los derechos de la comunidad y de solidaridad humana, permitiría intensificar las fuerzas educacionales de la Nación, con la participación entusiasta de la iniciativa particular. La escuela no debe ser pretexto para ensayos comunistas. La mente del niño es el tesoro más valioso de una patria.

La Nutrición de la Niñez

Debe hacerse de la escuela pública un centro progresivo de buena alimentación para el niño. El hambre se sienta en los banquillos de las escuelas del pueblo. Deben fomentarse, pues, las instituciones del Vaso de Leche; los desayunos escolares; los subsidios para la alimentación y la distribución en la población escolar de las subsistencias excedentes. Se debe luchar contadas las fuerzas nacionales por una nutrición adecuada de la niñez; su vigor físico, vale cuando menos tanto como su educación.

El Magisterio

Todos los esfuerzos que realice el Estado por la preparación, la moralidad y el bienestar del profesorado, es un tributo a sus méritos.

El Destino de las Juventudes Universitarias

El problema de las universidades no es sólo un problema de cultura y de técnica; es el problema de una patria próspera, activa, dinámica, que ofrezca oportunidades creadoras a los jóvenes que salen de las aulas. En la miseria, en la escasez, una Nación sólo rinde un proletariado intelectual que al salir de la escuela encuentra la dramática realidad del mérito sin oportunidades, de la capacidad sin aplicaciones. Crear la expansión económica, es fortalecer el espíritu de la Universidad; es encontrarle un destino. Saber para ser útil, es el más grande estímulo de un hombre de pensamiento.

El Municipio Libre

México necesita asentar sus libertades en el Municipio libre. La vida en las provincias es un infierno: los caciques torturan permanentemente la existencia del hombre; su libertad, sus propiedades, sus hogares, están a merced de las más ruines arbitrariedades. Se enferma el espíritu cuando se considera la suerte de millones de hombre humildes en la extensión de nuestros Estados. Las pocas excepciones que pueden existir, sólo confirman la realidad de la miseria moral de nuestras provincias. Los gobernadores frecuentemente son crueles y ávidos procónsules en tierra extraña; la irresponsabilidad cubre las más graves prevaricaciones; y el pueblo frente a ellos carece de los más elementales derechos. La vida local, rutinaria y triste, no recibe los beneficios de un mundo que avanza. Necesitaremos fortalecer la justicia local y organizar la responsabilidad de los gobiernos; pero ninguna garantía será igual a la libertad municipal, sobre la cual se asiente firmemente la libertad de la República.

Libertad de pensar y de creer

La libertad de prensa es base esencial de las demás libertades. Entre éstas, la libertad de creencias debe ser una roca inexpugnable. El pueblo y sobre todo el nuestro, tan infortunado, tiene el derecho inviolable de refugiarse en los consuelos de su religión, y todo intento para vulnerar este derecho, es un atentado a las bases mismas de la civilización cristiana.

La Cooperación Internacional

México vive la cada vez más estrecha interdependencia de las naciones. La cooperación internacional es por tanto una ley inexcurable.

Unidad Continental

La solidaridad americana es un tesoro material y espiritual de este continente y la política de la Buena Vecindad descansa en una leal reciprocidad. Nuestra amistad firme y cordial con los pueblos de este continente, basada en la soberanía incólume de la patria, en la afinidad de nuestras instituciones y en la comunidad de nuestros destinos, es un privilegio y un manantial de seguridad y de servicios recíprocos. México debe mantener el fervor panamericanista. Las causas por las cuales nosotros luchamos en nuestra nación mexicana, son muy semejantes a las que nuestros hermanos, los pueblos latinoamericanos, confrontan: pobreza, insalubridad, desempleo permanente, desnutrición, ignorancia, opresión. Las fuerzas combinadas de los veintiún pueblos americanos, sin egoísmos ni preeminencias, crearán un poder gigantesco de redención humana. Tenemos frente a nosotros la maravillosa oportunidad de construir una civilización continental de grandes riquezas económicas, de libertad y de justicia social. La guerra nos reveló portentosamente el valor de la cooperación de las naciones unidas. La paz necesita de ese mismo espíritu de los pueblos y la América debe mantener encendido el fuego de su unidad indisoluble. Es la hora de forjar la grandeza de América, de convertir en realidades los principios que estrechan nuestros destinos. Estos propósitos, sólo podrán lograrse uniendo las energías, los recursos y la confianza de la América entera.

Los Derechos de la Mujer

Debe extenderse a la mujer el derecho del voto, tal como la Constitución lo reconoce, la mujer mexicana es uno de los seres débiles de la comunidad y necesita la más amplia protección del Estado. Atraviesa la vida, víctima de las más crueles injusticias, frecuentemente abandonada o viuda en medio de la indiferencia social y del Estado. En infinidad de casos, abnegadamente lleva el peso de un hogar en el cual se desarrollan privaciones y sufrimientos bañados constantemente de lágrimas. Toda la protección que se pueda extender a este símbolo de virtudes mexicanas y de ternura, será una débil compensación a la contribución material y espiritual que presta a los destinos de la patria.

Absoluta Honestidad Pública

Una administración honesta es condición fundamental de la expansión económica y la prosperidad permanente. Una administración de justicia incorruptible, es la más sólida garantía de la libertad y de la seguridad del pueblo. La confianza pública y el respeto internacional descansan en los menos jueces. Los jueces prevaricadores y venales, de la misma manera que los funcionarios que indican con los puestos públicos, traicionan la confianza del pueblo y debe caer sobre ellos el peso de la ley. Una selección de hombres honestos para los puestos públicos debe ser la característica del gobierno del pueblo. La honestidad administrativa es un clamor nocional que exige por el honor de México una respuesta enérgica y definitiva.

El Ejército

México debe sentir el orgullo de su ejército. Detrás de los jefes que se consagraron en la Revolución, viene ahora la juventud consagrada en las escuelas y en los principios institucionales que en ellas se imparte. Su disciplina y su organización son una inspiración para el pueblo. El ejército debe, por tanto, tener asegurada una vida de sobria decencia, que afirme su marcialidad y su decoro. Es preferible un ejército reducido y bien pagado, que un ejército numeroso que cumple un servicio con privaciones, las cuales frecuentemente pueden afectar su dignidad. El ejército debe estar al margen de las contingencias de las luchas políticas. No debe conocer la humillación de ser instrumento de intereses políticos. La democracia lo identifica con el pueblo; y rodeado de las consideraciones nacionales con ascensos que deriven de los méritos de su comportamiento y no de favoritismos, debe ser un legítimo guardián de las instituciones patrias. Su carrera que sólo concluye con la muerte, en una de las grandes fuerzas morales de la República.

Una Patria Nueva y Libre

La gran empresa que tenemos delante de nuestra vida es la creación de una patria nueva, de una patria jubilosa, limpia de privilegios innobles, dedicada a producir aceleradamente la abundancia, para cancelar la miseria; a forjar oportunidades crecientes de altos salarios, de seguridad económica. Pero todo esto sólo puede desplegarse bajo el signo de la auténtica libertad. La dignidad cívica de la República el derecho del pueblo de elegir a sus gobernantes, la práctica de elecciones libres y honestas son la causa más alta que defiende el pueblo de México en estos instantes históricos. Este ascenso podríamos realizarlo dentro de un proceso notable y generoso que llenaría de prestigio a la Patria; pero se advierte que tendrá que ser una lucha de sacrificios por la verdadera libertad. Tendremos que sentir desgarrados nuestros sentimientos por atropellos innúmeros que se están realizando y que se realizarán, porque nada nos anuncia la resolución de modificar el sistema ignominioso de la imposición. Pero hay fuerzas formidables que trabajarán en nuestro favor y entre ellas la más imponente es la que representa la Victoria de la Democracia en el mundo. Sus fuerzas morales protegerán por mucho tiempo la lucha por las libertades humanas.

Defendemos la Democracia

Tengamos siempre presente que no defenderemos una candidatura, defenderemos el derecho del pueblo de México a tener unas elecciones libres y honestas. Si en unas elecciones libres de la intimidación, del abuso y de la presión de la maquinaria oficial en las que yo participara, triunfara el candidato contrario a mi postulación, constituiría para mí una de las grandes satisfacciones de mi vida enviar una felicitación al pueblo y al candidato victorioso.

Defenderemos, pues, el derecho de México a vivir en la libertad democrática; combatiremos por el ascenso de México a la vida institucional; libraremos por tanto esta batalla cívica con el fervor espiritual y la decisión con que se defienden las grandes causas históricas. Movilizaremos todas las fuerzas cívicas de nuestro México en una forma arrolladora que haga sentir el convencimiento de que en esta jornada nadie puede faltar con honor a la cita con nuestros destinos democráticos. Fundaremos un verdadero partido institucional; demandaremos el cumplimiento de la palabra empeñada por el Presidente -no sólo ante la Nación, sino ante el mundo de la libertad- de garantiza unas elecciones genuinas, porque es en la responsabilidad del Presidente donde íntegramente descansa la posibilidad de unas elecciones libres y honestas; exigiremos una ley electoral, sin la cual no podrán celebrarse elecciones de buena fe. En la prensa, en el mitin, en la plaza pública en una marcha del Sufragio Efectivo, estoy seguro que vibrará el espíritu cívico de México, como en los más grandes días de nuestra historia. Con honradez inquebrantable dediquémonos con los más altos atributos de nuestro espíritu y nuestra acción a construir sobre su [dominio] una mejor suerte para las inmensas mayorías de hombres y mujeres mexicanos. Ellos son nuestra propia sangre, descienden de nuestros antepasados y constituyen la misma familia a que pertenecerán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. En esta lucha mi decisión está tomada; no defraudar en ningún instante las esperanzas del pueblo. Defendamos esta causa de la Patria con la fe puesta en la justicia y la libertad que seguramente prevalecerán sobre las fuerzas regresivas de la impostura.

Esta es la hora del pueblo: todos sabemos cumplir con nuestro deber.

México, D.F., a 26 de septiembre de 1945.

EZEQUIEL PADILLA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Padilla, Ezequiel. "A La Nación". En: Excélsior. México, 27 Septiembre, 1945, p. 1 4, colms. 1-8.