Home Page Image
 

Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

El contenido de la Memoria está a disposición como apoyo didáctico para los docentes de historia. Solicítelo en el siguiente enlace:

Solicitud de Descarga

Contacto:
MemoriaPoliticadeMexico@gmail.com

 

Comentarios:
MePolMex@gmail.com

 
 
 
 


1939 Memorias del PAN (Fragmento). Luís Calderón Vega.

Septiembre 17 de 1939

UMBRAL

1915

EL SOPLO del espíritu trajo la simiente de una lejana sementera universitaria de los años quince.

La barbarie pura, desatada, dominaba el país.

"Primero, obra directa de la lucha en los campos, consecuencia inevitable de la contienda armada, un turbulento desbordar de apetitos. Venganzas y saqueos, homicidios, robos, violencias... Era la guerra con todos sus atributos militares. El rápido aflojar de un resorte mal ajustado por una disciplina inadecuada. La República entera fue un gran campamento y no se podían exigir límites de normalidad...

"Fue la época en que los salones servían de caballeriza, se encendían hogueras con confesionarios, se disparaba sobre los retratos de ilustres damas "científicas" y la disputa por la posesión de un piano robado quedaba resuelta con partido a hachazos lo más equitativamente posible. La época en que se volaban trenes y se cazaban transeúntes. En que se fusilaban imágenes invocando a la Virgen de Guadalupe. En que, con el rifle en la mano, los soldados pedían limosna...
 
"Después, pasado el fervor de la primera lucha, al desenfreno incalculado, irresponsable, natural de la masa, ha sucedido la verdadera corrupción moral. Al homicidio, el asesinato; al saqueo, el peculado; a la ignorancia, la mistificación...

"No roba ni mata ya la turba armada. Pero el mismo funcionario que decreta la muerte para el soldado ladrón de gallinas, se enriquece en el puesto y no vacila en mandar asesinar a su enemigo.

"AI caudillo surgido de la necesidad y del entusiasmo, con la virtud mínima del valor, sucede el ladino impreparado que escamotea el afán democrático y, diciéndose encarnación del pueblo, justifica sus necedades esgrimiendo en su defensa la noble y fundada convicción en el profundo acierto del instinto popular..

"El elogiado 'hombrearse con la muerte', el generoso desprecio de la propia vida cuando es preciso luchar, se ha convertido en desprecio de la vida ajena, en crimen de cantina o en asesinato político... "

Así escribía de aquellos años y muy pocos después Manuel Gómez Morín, (1) el más joven del grupo al que sus contemporáneos dieron el nombre, que la Historia ha recogido y consagrado, de "Los Siete Sabios de México", islote de inquietudes espirituales y de pasión por México.

1929

 

Pero las "instituciones revolucionarias" se habían consolidado al conjuro de Calles, con la mágica vara del PNR (Partido Nacional Revolucionario). Viejos caciques y falsos señores feudales se apresuraron a reconocer al "Jefe Máximo" de la Revolución y a su órgano político, arriando hacia éste a 2,500 clubes políticos, "con dominio político completo en sus respectivos Estados", y a 5oo "partidos locales independientes" más. (2)

Estos grupos eran lo peor del país, en cada uno de ellos había, casi indefectiblemente, un militar respaldado y utilizado por un sector feudal o cacique, como instrumento para usufructuar la política nacional o local y repartirse los dos el botín.

Seguía siendo no una lucha entre el monopolio político y el pueblo -el pueblo estaba ausente-, sino entre los grupos en disputa por el monopolio. Muy "del tiempo" es esta nota informativa, a toda plana, titulada "La Lucha política de los Partidos en México, Muy Reñida":

--" ... Está entablada (la lucha) por obtener la mayor representación en la Convención ya muy próxima de Querétaro (del partido oficial, callista, en formación) ... Una lucha enconada entre los distintos grupos adherentes- al Partido Nacional Revolucionario: el que forma el señor Ingeniero Duron (ortizrubista) y el que encabeza el señor Diputado Tomás Robinson" (partidario de Aarón Sáenz), (3)

"No es una novedad para nadie -editorializaba El Universal- que lo más frecuente, hasta ser casi lo peculiar de nuestra política, ha sido el empleo de la violencia. Aun con motivo de una simple elección municipal hay garrotazos y tiros. .. a la luz del día, cara a cara y erigiendo en juez al público, a la sociedad que es parte interesada en la contienda, aunque lo más corriente es que no intervenga directamente ...

"Viene a producirse de esta manera, algo así como una especie de sufragio degenerado. Incapaces todavía para ejercer normalmente la democracia, nos conformamos con un hijo espúreo de ella: la simpatía más o menos acusada del público en favor de alguno de los bandos, y hasta la indiferente conformidad con el resultado final del conflicto.

"Queda, en suma la esperanza de que el pueblo, soberano teórico, en cuyo nombre, como en el de la libertad, se cometen tantos crímenes, se decida a intervenir en el combate por el poder, como lo hizo en 1910 o en 1913, para no citar más que estas dos ocasiones, lo que constituye una especie de sufragio, así sea más imperfecto y más costoso, que el acostumbrado en las democracias medianamente organizadas... " (4 )

La asonada, pues, era para aquel pueblo la única salida, "la débil esperanza" -dirá aquel más adelante-, "el último contacto posible con la masa popular".

Pero se equivoca la prensa. Poco tiempo después, sobre aquel pantano, e! vasconcelismo encendía el corazón de México, como en un relámpago fulgurante y, a su luz, se abriría paso esta verdad entre tinieblas: que lo que la masa popular ha necesitado siempre para sufragar hasta con su vida por el bien común, no es el fusil sino el alumbramiento de sus esencias, la señal del manantial que aflora de la corriente sagrada de su Historia, agua viva de perenne entereza civil.

Lástima que el vasconce!ismo mismo no hubiera bebido de esas aguas -que Vasconcelos mismo alumbró con los mensajes de su peregrinar-, y que no hubiera alcanzado la dimensión de permanencia ciudadana que la dinámica del movimiento de aquel 1929, nutrido de valores, pedía a gritos inconfundibles.

Pero el vasconcelismo se apagó de súbito, aunque su luz y su experiencia fecundarían más tarde. Quien al lado del Maestro Vasconcelos, con la discreción y nobleza que siempre ligó a los dos hombres, sintió el estremecimiento angustioso de una esperanza que no se deja alumbrar, Gómez Morín, diez años después, insobornables la esperanza y el hombre, reencendería el anhelo.

Mas, por aquellos días, al parecer, el pantano político seguía siendo sólo pantano. Aún debía dominar la fuerza acuartelaría sobre el espíritu, el militarismo sobre la civilidad, la barbarie sobre la inteligencia.

Los treintas

Sin embargo de haber sido así, tan grave, tan "febril y feraz" nuestra política --como la califica el diario citado arriba-, con Cárdenas se agudiza. A la primitiva ferocidad militarista y bárbara se añade la otra primitiva y demagógica del socialismo que ciertamente, en nuestro experimento mexicano de los años 36-40, no fue un "socialismo científico", sino un anárquico, insensato e irresponsable despilfarro de las reservas materiales y culturales del pueblo y una quiebra de las instituciones mexicanas.

Para realizar sus fines, el cardenismo dio nueva estructura al PNR. Lo convirtió en PRM, Partido de la Revolución Mexicana, con "sectores" obrero, campesino y militar e incorporó a los trabajadores del Estado al primero, con estatuto propio. Y rellenó el partido de literatura marxista.
 
--"AI acordar su intervención en la lucha política (de 1937), la CTM (Confederación de Trabajadores de México) declaró que, para el proletariado, la intervención de sus representantes en el Gobierno no significaba la creencia en la utopía social-demócrata del tránsito de la sociedad burguesa a la sociedad socialista, mediante la acción parlamentaria ... Mientras no desaparezca la fisonomía semifeudal de México y su carácter de colonia de las fuerzas económicas del exterior, y mientras el fascismo o cualquiera de las formas que la gran burguesía decadente adopte, contra los intereses del pueblo, constituya un obstáculo para la transformación inevitable del sistema capitalista, el proletariado mexicano ... deberá mantener la alianza" con el PRM. (5)

Y, en la "Declaración de Principios" del PRM, "acorde" con lo expresado por la CTM (que era Lombardo), declaraba a su vez:

--. "Reconoce (el PRM) la existencia de la lucha de clases, como fenómeno inherente al régimen capitalista de la producción y sostiene el derecho que los trabajadores tienen de contender por el poder político, para usarlo en interés de su mejoramiento. .. Las diversas manifestaciones de la lucha de clases, sujetas a los diferentes tiempos de su desarrollo dialéctico, están condicionadas por las peculiaridades del medio mexicano. Considera (el PRM) como uno de sus objetivos fundamentales la preparación del pueblo para la implantación de una democracia de trabajadores y para llegar al régimen socialista... " (6)

EI 24 de octubre de 1939 se organizaba el sector militar del PRM y, el 1º de noviembre siguiente se reunía la Asamblea de aquel, con 714 delegados del sector campesino, 371 del obrero, 310 del popular (?) y 103 del militar, para proclamar candidato presidencial al General Manuel Ávila Camacho.

EI nuevo cuadra estaba montado.

Viejos revolucionarios descontentos se lanzaron a la lucha caudillista, como el General Francisco J. Múgica que, decepcionado, se retiró en agosto del rnismo 39, denunciando "las maniobras de Cárdenas para constituir un peligroso monopolio personalista propiciador del continuismo de todos Ios elementos parasitarios que viven en tomo de todos los regímenes"; y, después de Múgica, "otro conocido político, el Senador Mora Tovar, decía públicamente que Cárdenas puede hacer imperar la libertad electoral; pero no quiere". (7) Naturalmente Mora Tovar se refería a la libertad electoral dentro de la familia revolucionaria. A aquel pequeño burgués nunca Ie importó el pueblo.

Simultáneamente, "tres políticos ampliamente ligados con el régimen" (Ramón P. de Negri, Adolfo Cienfuegos y Arturo Cisneros Canto) "hicieron conocer sus esfuerzos por unificar democráticamente a los candidatos de probable oposición" (oposición al candidato de Cárdenas), "terminando con un llamamiento respetuoso al Presidente para que aleje, con hechos tangibles, de la mente nacional, la sospecha de que es el propio Cárdenas el único responsable de la imposición de que se trata" (la de Ávila Camacho). (8 )

Sin embargo, la escisión más profunda la estaba provocando en las filas revolucionarias el General Juan Andrew Almazán. Sería éste quien -diez años después del vasconcelismo ¡y a qué distancia moral de aquel caudillo universitario del 29!- haría resurgir en el pueblo mexicano la esperanza de un cambio político. Almazán, populachero y primitivo, elementalmente mexicano como Santa Anna, iba a arrastrar al pueblo a la pugna electoral personalista y a la lucha armada. Como Santa Anna, abandonaría al pueblo en la estacada.

El 1º de agosto de 1939, todas las estaciones de radio, oficiales y particulares (obligadas por el DAPP, órgano oficial nazifascista de propaganda y censura), se encadenaron para transmitir los discursos del Bloque Senatorial del PRM, con los que enjuiciaban el "Manifiesto" del General Almazán (manifiesto anárquico, sin ideas, ramplón y demagógico). Días más tarde el Senado expulsó (?) a cinco Senadores almazanistas.

El Senador Soto Reyes hablaba y maniobraba a nombre del ex-mugiquismo; el Lic. Gilberto Valenzuela organizaba un "Comité de Reconstrucción"; los viejos Generales Pérez Treviño y Amaro creaban un "Partido Revolucionario Anticomunista"; el Coronel Bolívar dirigía el "Frente Constitucional democrático" que apoyaba la candidatura de Almazán.

La policía, el ejército y los funcionarios empistolados y con fuero empezaron a sembrar el terror con macanas, pólvora y sangre.

El 27 de agosto llegó Almazán a México, terminando su campaña electoral, y tuvo la recepción popular más grande de la historia política, después de Madero y hasta entonces.

Pero... todo era movimiento de grupos cerrados y facciones descontentas contra el monopolio imposicionista de Cárdenas. Y todos se singularizaban por una total ausencia de doctrina y programas, o por la más completa confusión de ideas y la más primitiva, demagógica y verbalista enunciación programática.
Esto último es el dato más relevante de la época. Si la Revolución de 1910 había sido un informulado pero real sentimiento y anhelo de transformación social y política que, poco a poco, había ido encontrando alguna parcial formulación, ya a aquellas alturas del 39 todo lo del 10 se había perdido o se había corrompido. Dominaba el sentimiento triunfalista de una facción fatua, vacía, teñida de lo más negativo del socialismo: la demagogia destructiva, la desenfrenada pasión por el poder, la jactancia de la inmoralidad. Las tesis marxistas que enunciaban no eran para aquellas gentes un programa, como después han podido serlo, sino una patente de corso.

Nunca como entonces estuvieron el Gobierno y la Revolución más ayunos de ideas y más anárquicos en la acción. Nunca tampoco, como entonces, habían socavado tanto las esencias nacionales, concibiendo al pueblo como mera masa, a la Nación como un patrimonio del totalitarismo de Estado, a la persona humana como "simple unidad biológica capaz de regeneración" y al Bien Común como propiedad exclusiva, privada, no de la clase proletaria, sino de la burguesía revolucionaria, vulgar y ostentosa, que se arrogaba la representación de aquella.

Pero más, mucho más grave que todo eso era la ausencia de doctrina política y de programas de acción por el Bien Común, ya en los grupos y formaciones de las masas, ya en las clases dirigentes (?), ya en numerosas organizaciones y movimientos sociales "serios". Las masas iletradas o los hombres cultos se refugiaban en una fatalista pasividad, en espera de una providencial y mesiánica solución, y algunos de los últimos acababan tristemente por convertirse en consejeros de caudillos o de caciques, para acogerse a su sombra o para embarcarles en una aventura militar.

EI verdadero pueblo estaba al margen de todo, tragándose el grito de su hambre y de su desesperación.

1939
 
EN AQUELLAS condiciones, las generaciones jóvenes, más o menos conscientes, ni estaban dispuestas a escapar de su mundo y de su tiempo, estrellándose el cráneo contra el muro o hundiéndose en el pantano de las indignidades, ni estaban conformes con mantenerse en la incómoda y burguesa posición de sus padres y maestros. Todas las voces de su época, que venían de la entraña de la Tierra y del Hombre, las empujaban a la acción.

¿Cuál era el camino? .. Cierto: a la inquietud y a la generosidad se abrían las rutas no fáciles de tareas de creación de la cultura, del "servicio social", de la lucha periodística, de la "formación de una clase dirigente", de ... ¡tantos planes en que participábamos o simplemente proyectábamos!

Mas, por un lado, aquellas eran tareas para unos cuantos y no quehacer ni afán para las grandes formaciones de jóvenes del país, asqueados de la vida pública y sin metas legítimas y altas ni recursos espirituales idóneos para cuajar su propia vida en su propio escenario, que exigían también su papel de protagonistas auténticos del destino nacional. Por otra parte, todos aquellos caminos estaban al margen de la vertiente política, lo que nos dejaba interiormente insatisfechos e inseguros, como si todos los esfuerzos, súbitamente, cayeran en el vacío se quedaran incompletos o truncos como un muñón.

Como Tristán de Athaide, aun teníamos "por las preocupaciones políticas, aquel alejamiento con que nos desinteresamos de las actividades inferiores de la inteligencia"; pero ya la lucha por el rescate de la Universidad, de la Libertad de Cátedra y de la Autonomía Universitaria nos había dejado enseñanzas nutridas de nobles esencias políticas. Empero, ya no eran suficientes. El pueblo hervía abajo y, arriba, las enseñanzas de maestros incomparables nos enviaban señales que era precise descifrar y seguir con arrojo.

Entre los jóvenes maestros de aquella generación de universitarios, uno había estado más cerca de nuestra inteligencia y más dentro de nuestro corazón. Era Manuel Gómez Morín, el "maestro", el de la "Generación del 15" y también, joven maestro ya, de la Generación del 29, quien, al asumir la difícil Rectoría de la Universidad, como un reto de la libertad al absolutismo del Estado y a la barbarie ya manifiesta en Educación y en otros rumbos, había postulado su programa ascético de "austeridad y trabajo".

Él escribía, por agosto del año de 1939:

--"No, no es cierto que los males que aquejan a México sean una parte ineludible del destino nacional; no es cierto que sean debidos a una necesidad transitoria impuesta por la realización de las promesas hechas al pueblo. Derivan de actos positivos o de omisiones del Estado. Derivan, sobre todo, de nosotros mismos, de todos los mexicanos, de esa especial psicología -contra la cual debemos luchar- que nos mueve a aceptar, como buena, la falaz explicación de la revolución que se niega en lo mejor de ella misma, o nos hace resignarnos ante la falsa fatalidad de los acontecimientos." (9)

Al maestro Gómez Morín recurrimos. Recuerdo que el primer propósito, creo que el único formulado, pero acaso también insuficiente, fue revivir con él, como candidato presidencial, los viejos laureles del vasconcelismo del que fuera uno de los autores.

Entonces vino, sencillo, pero fervoroso, el enunciado de sus tesis: no, no una acción fugitiva y esporádica, aunque ejemplar, ni una simple y estéril "cruzada cívica", sino una acción permanente que, basada en una actitud espiritual dinámica, hiciera valer en la vida pública la convicción del hombre integral; una postulación de la Moral y del Derecho, como fuente y cauce de la acción política, y ésta, no mero cambio de personas, sino reforma de estructuras políticas y sociales, para gestionar el bien común.

Sencilla enunciación que habría de concretarse en el Punto 14 (el último) de- los "Principios de Doctrina" de Acción Nacional:

--"La creación y administración de un orden dinámico que jerarquice justamente las diversas funciones y los distintos intereses que existen dentro de la vida social, no es patrimonio de un hombre o de un grupo social determinado. A la creación y administración de ese orden deben concurrir la inteligencia y la voluntad de las personas que conviven dentro del Estado. Cumplir este deber político es necesidad imperiosa y urgente, cuya omisión acarrea el envilecimiento de la vida social.

"La formación de partidos que organicen el cumplimiento del deber político y sean permanentes en su actividad, como permanente es su fin, es necesidad evidente dentro de la realidad histórica de México." (10)

Ya tenía México, pues, por primera vez en su historia, una doctrina congruente y concreta, postulada como norma y guía para alcanzar sus metas: "una organización permanente de todos aquellos que, sin prejuicios ni resentimientos, y venidos de todos los rumbos de México, quieran hacer valer en la vida pública su convicción en una causa clara, precisa; definida, coincidente con la naturaleza real de la Nación y conforme con la dignidad eminente de la persona humana". (11)

Históricas jornadas

Mientras el torrente popular, enardecido por el episodio electoral, se arremolinaba en clubes almazanistas, capitaneados por éste o aquel descontento del Gobierno, o por éste o aquel decidido aunque equivocado ciudadano que creía ver en el caudillo la única solución del problema político, empezaron a multiplicarse las reuniones de pequeños grupos, ya de universitarios que constantemente visitaban al maestro Gómez Morín, en su despacho particular de Bolívar y 16 de Septiembre, ya de hombres de negocios ligados por amistad con aquel, ya de artesanos o de obreros con quienes de algún modo teníamos relaciones sociales.

EI fermento maduraba e hizo explosión en aquella entrevista periodística que Ie fue hecha al "maestro", por José C. Valadez, y en la que, preguntado con qué elementos y por qué medios se podrían lograr la organización y el éxito del movimiento cívico, sintetizó su pensamiento con una frase definitiva: "¡Hay que mover las almas!". Y las almas se movieron en una marcha indeclinable y alegre. La alegría del reencuentro de la vocación propia y con la clara visión de un México futuro.

Los temas, las palabras, el gesto y la intención de las conversaciones iban ciertamente al fondo limpio del espíritu donde aleteaba la esperanza de un porvenir mejor.

Es impresionante recordar una de aquellas conversaciones sobre el deber político, el bien común, la permanencia del esfuerzo, la categoría y dimensión del ciudadano. En un momento de entusiasmo -recordamos claramente las palabras-, el "maestro" comentó: “... y esto, todo esto, hemos de estarlo diciendo, dentro de 20 ó 25 años, en las placitas pueblerinas de Bacatete (Son.), o de Huiramba (Mich.), o de Batopilas (Chih., de donde es Gómez Morín), o de Cienega de Flores (N. L.). Porque dentro de 20 ó 25 años habremos rescatado ya las plazas públicas que hoy están cerradas para el pueblo!" i Y qué enorme satisfacción hemos tenido cuando, no a los 20 ni a los 25 años, sino apenas unos cuantos meses después, ya habíamos empezado a reconquistar las plazas, y estábamos hablando del deber y del derecho político, de la persona humana y del bien común, de la Nación y del Estado, en Bacatete y Batopilas, en Tiripetio y Tepatitlan, del Suchiate a Tijuana, de Tampico a Mazatlán, de Guadalajara a México, de Morelia a Monterrey!

Los planes de organización de acción Nacional alcanzaron forma definitiva en enero de 1939. En febrero quedó constituido el Comité Organizador. Inmediatamente se estableció comunicación con diversos núcleos de ciudadanos de los Estados. El 4 de marzo fue fundado el Comité Organizador para el Estado de Jalisco, en Guadalajara, con la activísima y valiosísima colaboración del maestro don Efraín González Luna. En las semanas subsecuentes fueron brotando otros muchos Comités.

Numerosos viajes a todos los Estados de la República se realizaron, tendiendo puentes y creando esa maravillosa red de grupos que, como "un sistema de centros nerviosos, iniciaron el movimiento del país".

Preparando estos y otros trabajos, aquella inimaginable serie de cartas personales que Gómez Morín disparaba a todos sus amigos del país y que integran uno de los expedientes más interesantes de cualquier movimiento político. Con Gómez Morín, en la Secretaría General del Comité Organizador -y por 10 años en la del Comité Ejecutivo Nacional-, aquel hombre noblemente mañoso y suspicaz, de rápida y penetrante inteligencia, con sus antecedentes de Profesor distinguido, cumplidísimo y exigente, y de lucha por la Autonomía de la Universidad y por la Libertad de Cátedra, que es el Licenciado Roberto Cossio y Cosío.

En la ciudad de México, los trabajos de organización, encabezados por el arquitecto Enrique de la Mora -Premio Nacional de Arquitectura-, alcanzaron un desarrollo considerable. La Oficina Local, de Isabel la Católica 30, bajo la dirección del Licenciado Francisco Fernández Cueto, realizó a diario juntas de grupos, sesiones de estudio, discusiones de programas, conferencias. En una primera serie de éstas, el problema agrario y otros temas esenciales fueron tratados por el Ingeniero Alberto Escalona, los licenciados Ángel Caso, Carlos y Juan Sánchez Navarro y Carlos Ramírez Zetina, y los Doctores Pablo Herrera Carrillo y Jesús Guiza y Azevedo.
 
Comisiones del Comité Organizador se ocuparon de la preparación de los trabajos para la Asamblea Constitutiva y principalmente de la elaboración del esquema de organización definitiva y de la formulación de Principios de Doctrina, concluidos el 20 de junio. Fueron dados a conocer inmediatamente a los Comités Organizadores, en los Estados, algunos de los cuales presentaron valiosas opiniones.

Concluidos los trabajos previos, el Comité Nacional Organizador publicó la Convocatoria para la Asamblea Constitutiva del Partido, señalando para su celebración los días 14 al 1 7 de septiembre de 1939.

Clima

De todo el Pals llegaron representaciones de diversos niveles y clases sociales; pero, en verdad, con predominio claro de la juventud.

Hacía mucho tiempo, quizás nunca, que México no había presenciado una Asamblea política tan representativa de las nuevas generaciones nacionales. Claro que no faltaban figuras venerables, como el maestro don Ezequiel A. Chávez, el Dr. Agustín Aragón, el Dr. Fernando Carranza, el lng. Manuel Bonilla, el ilustre maderista; en fin, el tan poco conocido en México pero de fama en el extranjero como físico-matemático don Pedro Zuloaga. Pero era juventud predominantemente y, casi toda, universitaria.

Y profesionistas: una nutrida "barra de abogados", un "cuerpo medico" de todas edades y especialidades; y químicos, ingenieros, arquitectos, contadores.

Y, en fin, en todas las Delegaciones, los representativos del empresariado y aun de las finanzas nacionales.

La presencia de estos tres denominadores comunes de la Asamblea, se explica por dos razones fundamentales: en aquel primer momento, en el que no hubo tiempo de llevar nuestras tesis más allá de las propias zonas de influencia habitual, eran los hombres de estudio los que primero captaron las ideas centrales de permanencia política con preeminencia sobre los episodios electorales; y, como esa posición comprometía en una lucha ideológica e idealista, este riesgo movía a la juventud. La postulación de una doctrina social, basada en la persona humana y el bien común e inspirada en el pensamiento social cristiano, representaba la única posición firme frente a la demagogia y a la anarquía del régimen gubernamental, y parecía constituir un baluarte de los intereses empresariales. De aquí, la presencia de representantes del empresariado mexicano que, en el primer momento, se adhirieron al Partido.

Por otra parte, los jóvenes, universitarios y profesionales habían tenido en Gómez Morín un maestro y entendían como un honor el seguirle. Por su lado, los hombres de empresa veían en éI a su consejero y al hombre que gozaba aun de los prestigios de hacendista de otras épocas, y confiaban en que su personalidad les protegería de los peligros de una lucha que muchos hubieran calificado de "suicida" sin la presencia de aquel.

Ahora sabemos que los jóvenes y profesionales no se equivocaron en su confianza y que los representativos de la clase empresarial no encontraron la trinchera que buscaban. Apenas empezó el Partido a desarrollar sus tesis sociales, se inició su escapada, cuando no su huida franca o su renuncia farisaica, salvo las honrosas excepciones de quienes, sobre los intereses personales, buscaban la coincidencia de convicciones políticas en cuya defensa siguieron y muchos siguen luchando.

Sobrepasando todo lo esperado, el estilo de ideas, de comportamiento y aun de oratoria sorprendió a todo el País. i Qué lejos los habituales "respaldos" a ésta o aquella persona, a éste o aquel candidato! Allí la valiente, espontánea, personalísima iniciativa. i Qué lejos las fórmulas declamatorias, rituales y oferentes, las rutinarias frases del cajón de desperdicios del parlamentarismo mexicano! Allí se inició la etapa del renacimiento verdadero de la oratoria política de México. i Qué lejanos, en fin, las promesas políticas, las exaltaciones demagógicas, los estímulos pedestres al apetito popular! Allí, la proclamación categórica del deber, el análisis de la situación concreta para resolver, a la luz de los principios, la conducta personal y colectiva.

EI clima de libertad de pensamiento, filosófico, moral y político que se respiraba en el recinto del PAN quedó definitivamente expresado en la composición de la Comisión redactora de los Principios de Doctrina, en la que formaban los católicos González Luna, Miguel Estrada y Rafael Preciado Hernández, y hombres sin fe en Dios, pero con alta y honrada fe en la Patria y en el hombre, como el Ingeniero Agustín Aragón, último patriarca del positivismo, y el Lic. Gustavo Molina Font, creyente, pero no practicante.

La lucha presidencial

Naturalmente tenían que canalizarse también el análisis, la atención y aun la pasión, sana y honrada, hacia el debate por la participación o abstención en la lucha electoral.

Naturalmente también una mayoría de los Delegados consideraban necesario apoyar al almazanismo. Y aquel fue un debate histórico, una de las fecundas lecciones que ha habido en la política mexicana.
 
El Comité Nacional Organizador propuso la abstención electoral, de acuerdo con el planteamiento que de la cuestión había hecho en su Informe el Presidente de aquel:

--"Acción Nacional nace en el momento mismo en que se inicia una etapa electoral, la ocasión legitima de gestionar un cambio personal en el Gobierno... Dos caminos se abren, pues, desde su iniciación, ante Acción Nacional: uno, el de intervenir desde luego en la vida política, no sólo en cuanto se refiere a una posición doctrinal o programática, sino con participación en la lucha electoral concreta...; otro, el de abstenerse, el de no tomar parte en la lucha electoral y concentrar el esfuerzo a la actividad de programa y de doctrina, no limitándolo, por supuesto, a un trabajo de academia, sino dándole desde luego la orientación y el carácter de una actividad política decidida; pero sin intervenir como grupo en la campaña electoral ... "

Planteado así el problema, "unos, siguiendo su propio temperamento y movidos por la visión del caos a que la Nación había sido llevada por un régimen hipócrita y destructor, acentuaban especialmente la urgencia de las soluciones próximas, todas ellas centradas en gestionar un cambio de Gobierno. Tenían razón... Otros, amargamente penetrados de la misma angustia intolerable ..., enfrentaban a la urgencia de propósitos inmediatos, la necesidad mayor de gestionar una completa y verdadera renovación de México; a la intervención electoral destinada a procurar un cambio de Gobierno, el largo y perseverante esfuerzo fundamental de cambiar, desde sus fuentes mismas, las formas viciadas de la vida pública ... Tenían razón, también ...

"La Asamblea, alternativamente sacudida por las dos posiciones, religiosamente atenta al debate importantísimo, ansiosa de acierto para el bien de México, sin motivo alguno de interés personal, se abrazó finalmente a la técnica de salvación; pero sin desdeñar la tarea urgente de la lucha inmediata, ya no concebida como empeño exclusivo de un cambio episódico de Gobierno" (criterio que muchos tenían al iniciarse la Asamblea), "sino como indeclinable obligación de cumplir el deber ciudadano en todas las circunstancias ... " (criterio que allí escucharon por vez primera muchos y aprendieron definitivamente para el futuro) .

El debate se prolongó durante los días 16 y 17 de septiembre. Hablaron en pro de la participación los licenciados Carlos Sisniega, de Chihuahua, Gustavo Molina Font, de Yucatán, Aquiles Elorduy, Manuel Herrera y Lasso y Bernardo Ponce, de México. Y, en contra de la participación, esto es, en apoyo del Dictamen de la Comisión, los licenciados Carlos Ramírez Zetina, de México, Armando Chávez Camacho, de Sonora, Gonzalo Chapela y Blanco, de Michoacán, Luís Islas García, de la capital, y el maestro Efraín González Luna, de Jalisco.

Desde el primer momento, éste alcanzó la categoría de maestro. El acuñó entonces frases aceradas, en el discurso que se ha llamado "La técnica de Salvación":

--"La técnica de salvación -enseñó entonces- no es otra que la subordinación del episodio o de la anécdota al destino" y, "si se trata... del problema de la salvación de la Patria, no es sometiéndose a las exigencias efímeras de una angustia presente como esa salvación se obtiene... "

La Convención (instalada por la propia Asamblea Constitutiva, desde el inicio del debate político) decidió la participación electoral. Pero no, por cierto, en forma indiscriminada, sino, por el contrario, clara e inteligentemente condicionada:

--"Hemos venido creando este órgano -la primera Convención de Acción Nacional, dijo su Presidente- para tomar una decisión, y a su decisión nos sometemos limpiamente.

"Vamos a intervenir en la vida pública de México, haciendo uso inclusive del burlado instrumento electoral. Desde luego, se ha propuesto lo que flotaba en el ambiente: que ese instrumento electoral lo usemos en favor de la persona que hasta estos momentos parece llenar el requisito... de reunir, con o sin acierto, justa o injustamente, el apoyo de muchas voluntades." (Almazán.)

"Si en lo personal iré a depositar mi voto en una urna y pelearé porque se me deje llegar a ella y porque mi voto sea respetado, yo no puedo proponer a la Nación como candidato, no puedo proponerle que se pongan en sus manos (las de Almazán) los destinos nacionales. .. Recuerdo el espectáculo reciente y admirable de la reunión aquí (la recepción a Almazán, en la capital), hace unos cuantos días, de una muchedumbre ansiosa de oír una verdad... Esa muchedumbre tuvo que dispersarse diciendo: 'iQue bonito estuvo!' ...; pero no se llevó ni un solo movimiento en el alma. ¡Esa es la oposición actual en México: una oposición sin cabeza, ni corazón, ni hombre!... Cuando la oposición no es más que una continuación velada del régimen, es una sombra más que se proyecta sobre el destino de la Nación...

"Vamos a tener un candidato ...; si todavía pensamos que sólo puede salvarse el país por un hombre, procuremos que el hombre que le ofrezcamos sea una viva interpretación de la nobleza, de la generosidad de nuestras ideas... Y, aunque solamente sea para crear un símbolo, yo señalaría como símbolo la candidatura de Efraín González Luna... "

La clara intención de contrastar la figura del caudillo que engañosamente había canalizado el entusiasmo popular, con el símbolo de un tipo de hombre político totalmente nuevo en el paisaje de la degradación pública, hizo que la Asamblea, sacudida por la súbita visión de las perspectivas futuras que se abrían, se pusiera en pie para aclamar el símbolo propuesto.

Pera, naturalmente, el Maestro González Luna "prefirió militar como soldado raso".

A continuación Gómez Morín propuso la línea política siguiente:

-"Creí de necesidad imperiosa que, dado el camino acordado por la Asamblea, Acción Nacional no pasara adelante sin dar un testimonio, una prueba de su vehemente deseo de cohonestar siempre la lucha por las ideas, con la selección de alguno de los más altos valores que hay en México.

"Este testimonio está dado... Yo propongo que no entremos a discutir la candidatura (del General Almazán), puesto que esa candidatura ha de ser apoyada, ya que ese ha sido el parecer de la Asamblea...

"Pero Acción Nacional no va a ofrecer una candidatura a Almazán: Almazán es el hombre que, en estos momentos, por una serie de circunstancias, encuentra la opinión pública de México como candidato independiente. Mientras el general Almazán vaya en el sentido que la opinión pública quiere, Acción Nacional apoyará al general Almazán. EI día que él pretenda seguir una vereda y no el camino real del evidente deseo del pueblo, ese día, proclamado o no candidato, el pueblo de México y Acción Nacional con él, lo abandonarán...

"Mi proposición no exige que vayamos a ver al candidato. Nada tenemos que pedirle. Le damos nuestro apoyo porque en este momento representa la única posibilidad práctica en la lucha electoral por una renovación que todos anhelamos...

"Libres de todo compromiso, limpios en nuestro propósito, sin desdeñar ni el más pequeño instrumento que da la ley al pueblo, seguiremos adelante en nuestro propósito esencial, que no es el de ganar una elección, sino el de luchar por la verdadera salvación de México. Y así, señores, la Convención quedará terminada con este acto que es definitivo porque no está sujeto a una voluntad ajena; depende solamente de nuestra voluntad, de nuestra responsabilidad... "

La Asamblea aprobó por unanimidad de votos la línea política propuesta por el Presidente del Partido.

EI Acta de su fundación fue protocolizada ante el Notario Lic. Mario García Lecuona, adscrito a la Notaria No. 37 de la Ciudad de México.

Y de este modo nació, con inicial madurez, el Partido Acción Nacional.

México tenía en éste uno de los instrumentos más nobles de educación de la conciencia política de México y de lucha por la depuración de la vida pública.

1 GOMEZ MORÍN, Manuel, 1915, Col. Cuadernos Mexicanos, No. 1, Ed. Cultura, Mex., 1927, pp. 18-20.
2 Universal Grafico, 7 febrero 1929, p. 2.
3 Loc. cit.
4 El Universal, 18 de julio 1928.
5 Informe del Comité Nacional de la CTM, correspondiente al Ejercicio 1936-1937. Apud Voz Nacional, Mex., No.4, noviembre 4, 1939, p. 5.
6 Idem.
7 Voz Nacional, Mex., agosto 3 de 1939, No. 1.
8 Idem, agosto 1º de 1939.
9 M.G.M., Falsos Problemas, Apud Voz Nacional, Mex., agosto 3 de 1939.
10 Porque es un documento esencial, instrumento nobilísimo de trabajo y meta del anhelo nacional, publicamos al final, como Apéndice No.1, el texto completo de los "Principios de Doctrina".
11 Acción Nacional, Entrevista con M.G.M., Ed. PAN, Mex., 1939, p.6.

 

 

Fuente: Luís Calderón Vega. Memorias del PAN (1939-1946). Tomo I. México. 1992. EPESSA. 289 pp.