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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1939 Mensaje de Heriberto Jara en la convención del PRM.

Noviembre 2 de 1939

 

 

"La reacción ya no puede arrebatar al pueblo sus conquistas".
Mensaje de Heriberto Jara en la inauguración de la convención del PRM.

 

"Camaradas Delegados:

México vive hoy una hora solemne; en el orden internacional y en el orden interno los días presentes están cargados de trascendencia histórica y la consecuencia de la conducta de los hombres en este instante habrá de resonar a través del tiempo, en las generaciones futuras.

La conciencia de esta grave responsabilidad puede hacer que nuestros actos precedidos siempre de una limpia reflexión se encaminen serenamente a la preparación de un mejor y más amplio y más justo porvenir para la patria y para la Humanidad.

Esta norma de conducta que debe ser constante en la vida se transforma en un imperativo indeclinable ahora que el desarrollo dialéctico de la Revolución ha llevado a México a un periodo de transformaciones esenciales en el que nuestra actuación, orientada bajo el alto signo del servicio a la Patria, puede participar en la común tarea de estructurar el porvenir. Para hacer creadora, para que sea capaz de rendir útiles y valiosos resultados esa actuación debe ser encauzada dentro de la disciplina de una convicción social y política elaborada a través de las dolorosas luchas que el pueblo ha venido sosteniendo, durante toda la Historia, para reivindicar la dignidad del Hombre y por construir una nacionalidad respetada y grande.

Hemos puesto en esas luchas entusiasmo y esfuerzo, una sinceridad de pensamientos que constituye nuestro mejor orgullo y una voluntad inquebrantable de impulsar siempre en sentido progresivo el proceso de la Revolución que a la fecha, independientemente de los hombres que la iniciaron, tal vez más grandes que ellos mismos, han adquirido vida propia, contenido ideológico, formas institucionales de naturaleza indestructible y de validez permanente.

PROPIA Y CONSTANTE SUPERACIÓN

Esencialmente dialéctica, conteniendo en sí misma el germen de su propia y constante superación cimentada en la realidad presente, pero siempre proyectada hasta el futuro, la Revolución ha dejado de ser ya el concepto impreciso y vano que obligó a alguno de sus teóricos de entonces a definirla por su propio nombre; con una teoría depurada y clara, con una táctica racional y lógica, con finalidades y objetivos determinados y concretos; la Revolución es ahora la forma como el pueblo de México desenvuelve su propia vida, el camino por el cual el pueblo de México marcha con ritmo acompasado y firme hasta los altos destinos que la Historia le tiene reservados; servirla lealmente y sin condiciones, sin más límite que nuestra capacidad de lucha y ajustando pensamiento y conducta a las necesidades de su propio desarrollo es servir a la Patria.

El Régimen del Presidente Cárdenas, que marca con huellas indelebles uno de los más grandiosos periodos del proceso revolucionario, y las conquistas sociales, económicas y políticas logradas y afirmadas durante él, constituye irrefutable prueba de la total identificación que existe entre la Revolución y el pueblo, y demostración indiscutible de cómo la vida de la nación se expresa en el establecimiento de las Instituciones Revolucionarias, en las que, en el aspecto político, la más importante seguramente es el Partido de la Revolución Mexicana, cuya presidencia he asumido en instantes de honda trascendencia para el país y para la Revolución.

EL PRM. CONCEPTO PURO DE DEMOCRACIA

El Partido tic la Revolución Mexicana ya no es una Institución del tipo de los antiguos Partidos liberales constituidos por una simple agrupación de hombres y enemigo; para fines electorales, periódicos y transitorios, su organización y su funcionamiento obedecen a un concepto de la democracia más ajustado a nuestra realidad social: integrado con un criterio clasista por las fuerzas activas más limpias del pueblo, por sus cuatro sectores que son fundamentales en nuestra nacionalidad; por los soldados del gloriosa Ejército de la República, mis compañeros de armas, que en su carácter de ciudadanos tienen derecho y obligación de participar en las luchas políticas de la Revolución identificándose con sus hermanos de clase por la organización campesina que reúne la mayoría de les trabajadores del campo, por las más poderosas Centrales Obreras del país y por los elementos del Sector Popular, identificados con el proletariado por una realidad económica y por una convicción social: el Partido de la Revolución Mexicana significa la voluntad revolucionaria del pueblo, la solidaridad de los Sectores de una misma clase social realizada para la defensa de intereses comunes, y su actuación ensaya por primera vez en México resultados satisfactorios porque responden a las necesidades reales, una democracia de colectividades económicamente clasificadas, socialmente homogéneas con iguales demandas inmediatas y con idénticos objetivos históricos. Órgano coordinador de la acción política del pueblo, defensor de ese terreno de los intereses del proletariado, encauzador del pensamiento revolucionario de las clases trabajadoras, su función es de una validez incalculable en este instante en que la renovación de poderes federales, la elección de nuevo Presidente de la República; hace pensar ingenuamente a la reacción que todavía puede arrebatar al pueblo sus conquistas, despojar al proletariado de sus derechos, restablecer regímenes de opresión y privilegios y rectificar una política que, como la del Régimen del Presidente Cárdenas, sólo ha estado inspirada en el beneficio colectivo y en el engrandecimiento de la patria.

Las funciones del Consejo Nacional y del Comité Central Ejecutivo del Partido de la Revolución Mexicana, en estas circunstancias, entrañan una grave responsabilidad que por determinación de mis propias convicciones yo acepté compartir orgulloso de ser útil a mi país y a la Revolución, y la Nación entera puede estar segura de que en el desempeño de esas funciones, una rectitud inflexible preside todos los actos del Consejo Nacional y del Comité Central Ejecutivo, desde el principio de la ejecución de la Convocatoria a elecciones internas lanzadas por el Consejo del Partido el 1º de julio del presente año, que establece un libre y democrático sistema de auscultación, hasta la instalado i de esta I-I. Asamblea Nacional en la cual culmina el proceso electoral seguido para conocer la auténtica voluntad de los sectores Militar y Agrario, Popular y Obrero para designar candidato del Partido a la Presidencia de la República.

En efecto, un análisis aunque sea somero de la Convocatoria mencionada lleva a la necesaria conclusión de que la elección interna estuvo regida por principios democráticos inatacables; la más dura y tendenciosa crítica, el más enconado y perverso juicio de la reacción no halló en el sistema establecido per la Convocatoria el menor motivo para desahogar su resentimiento y su despecho tradicionales. Igual oportunidad a todos los derechos; planes de equidad para todos los intereses legítimos; idéntico respeto a todos los miembros del Partido que en una u otra forma actuaron dentro de la elección interna; un procedimiento democrático de pureza intachables cerrado a toda posibilidad de suplantación o fraude; un sistema de voto indirecto que permitiera conocer, de manera indiscutible, la voluntad política de la masa misma de los trabajadores, de la ciudadanía del Ejército, de los elementos de las agrupaciones populares pertenecientes al Partido, constituyó el sentido esencial de la Convocatoria; la limpieza del procedimiento seguido para su ejecución y su campamiento caracterizó todos los actos del Comité Central Ejecutivo las agrupaciones que integran los cuatro sectores, respondieron con entusiasmo incontenible al llamado del Consejo Nacional; en todos los rincones de la República entre los organismos obreros y en los miembros del Ejército, la elección interna fue realizada con una clara conciencia de la responsabilidad con la expresión de la voluntad política del proletariado en estos trascendemos instantes de la historia del país.

El resultado de iodo este proceso electoral interno, que fue ejecutado detalladamente y sin incidentes, por la atingencia del Comité Central Ejecutivo y la solidaridad y colaboración de los Comités Regionales y Distritales, habrá de ser sancionado y resucito por esta Asamblea cuya integración es consecuencia de la elección hecha y del mandato otorgado por las organismos de base de los señores del Partido, a sus más autenticas representativos.

LA FUTURA ELECCIÓN TIENE EFECTOS INTERNACIONALES

Al declarar en ese acto solemnemente instalada la Asamblea Nacional reunida en cumplimiento de la convocatoria, que habrá de conocer y declarar el resultado de la elección interna para designar candidato del Partido de la Revolución Mexicana a la Presidencia de la República, y discutir y aprobar el Proyecto de Plan Sexenal que el Comité Central Ejecutivo presenta anta la misma Asamblea, estimo que es de mi deber, como Presidente del Órgano Político de la Revolución, hacer resaltar frente a ustedes, compañeros Delegados, que la misión puesta ahora en sus manos tiene perfiles que trascienden los límites de nuestra propia vida interna y se proyectan más allá de nuestras fronteras; que la elección de un candidato a la Presidencia de la República y la aprobación de un Plan de Gobierno implica una seria responsabilidad, que las consecuencias de estos actos habrán de prolongarse hasta las generaciones próximas y que en esas circunstancias, pues, se encuentra en las manos de ustedes la cimentación y la preparación del porvenir de la Revolución y de la Patria.

Para resolver cuestiones sobre las cuales se fincan profundamente los intereses de la nación, los intereses del proletariado, y las formas de organización de la vida colectiva del país, se reúnen hoy por primera vez en México las representaciones funcionales de los mis poderosos sectores de la población, en una asamblea libre, democrática y deliberativa; por primera vez en México también, y este es un hecho de encime significación histórica que es preciso subrayar señaladamente, los miembros del Ejercito de la República, a través de una representación genuina y valiosa por su origen democrático y por la calidad de los hombres que la integran identificados vigorosamente solidarizados con el proletariado y con el pueblo, participan de manera activa en la política del país, dentro de las filas del Partido de la Revolución Mexicana, y en verdad, me siento hondamente emocionado al contemplar cómo los soldados de la Revolución, mis antiguos compañeros de armas con quienes me liga definitivamente una vida común, en ocasiones frecuentes dura y amarga, marchan al lado de los trabajadores, de los obreros, y de los campesinos, conscientes de la identidad de intereses y de objetivos que los unifican en esta jornada revolucionaria en que habrán de afirmarse para siempre los destinos de mi país.

SERENIDAD Y LIBERTAD: DOS EFICIENTES DIVISAS

La conciencia de la enorme importancia de las resoluciones que esta Asamblea tome, debe hacer que sus trabajos se desarrollen en planos de reflexiva serenidad en un ambiente de amplia libertad, desentendiéndose de toda consideración bastarda y mezquina, de todo interés particular y personal, para levantar sus deliberaciones al nivel de las trascendentales cuestiones que habrá de abordar: y sus labores deben estar presididas por la preocupación medular de que ellas produzcan resultados fecundos para el bienestar social del pueblo y útiles para el engrandecimiento de la nación.

SE SOSTENDRÁ AL CANDIDATO DE LAS MAYORÍAS

Al terminar sus labores esta Asamblea. Nacional del Partido de la Revolución Mexicana se lanzará abiertamente a la lucha política, apoyado y respaldado por los poderosos núcleos populares que lo integran, con el programa que de aquí surja como expresión de la voluntad di esta Honorable Asamblea, y sosteniendo a un Candidato escogido por la gran mayoría del pueblo que milita entre sus filas; esta campaña será realizada por el Partido dentro de las normas de la más absoluta legalidad, con el respeto para nuestros opositores a que estos tienen derechos dentro de nuestra estructura legal y bajo el régimen democrático y libertario del Presidente Cárdenas, pero con la austera firmeza que da a nuestra actuación la convicción inquebrantable de que el triunfo del Partido, es indispensable para el bien de la Nación y significa el triunfo de la causa del pueblo.

Dentro de estas líneas generales de táctica, guiadas por elevados propósitos, orientados por un pensamiento que al igual que nuestro brazo ha estado y estará siempre al servicio de los nobles intereses de los trabajadores, habremos de luchar incansablemente con una recta voluntad tesonera y vigorosa para defender con nuestro sacrificio si es preciso, las preciadas conquistas revolucionarias del pueblo, para impulsar por seguros y eficaces caminos el desenvolvimiento de la Revolución, para transformaren una realidad tangible y cierta el lema de nuestro Partido, POR UNA DEMOCRACIA DE TRABAJADORES.

UN SALUDO A TODOS LOS DELEGADOS

Si estas finalidades son logradas por el esfuerzo solidario y enérgico de la acción conjunta de las masas aquí representadas; si nuestra actuación organizada rinde como consecuencia el triunfo de nuestra Causa; si el final de la Campaña fructifica en éxito para nuestro Partido, que es el Partido del Pueblo, podremos vivir tranquilos, con la conciencia de que hemos aportado a la edificación del porvenir de nuestra Patria, una contribución sincera y noble.

Entretanto, compañeros Delegados, en nombre de los ciudadanos secretarios que integran el Comité Central Ejecutivo del Partido de la Revolución Mexicana y en el mío propio, reciban ustedes nuestra más calurosa bienvenida, y nuestro más cordial y ferviente deseo de que los trabajos de esta importante Asamblea, se desarrollen en los planos de altura que exigen las solemnes circunstancias que vivimos en esta hora que nos recuerda más persistentemente nuestra gran responsabilidad; y que el resultado de esos trabajos, que hoy constituyen una condición indispensable y necesaria para la mejor salvaguardia de los intereses presentes y futuros de la Revolución, se transformen en una bandera que podamos tremolar en nuestras manos, a través del tiempo.

México, D. F., 1º de noviembre de 1939.

Gral. de Div. HERIBERTO JARA.

 

 

 

 

Fuente: Instituto de Capacitación Política. Historia Documental del Partido de la Revolución. México. Partido Revolucionario Institucional PRI. 13 Tomos. 1987