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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1928 Mensaje a la CROM

5 de Diciembre de 1928

Señores Presidente y Secretario de Acuerdos de la Convención Anual de la Conferencia Regional Obrera Mexicana. Teatro Hidalgo. Ciudad.

La prensa de hoy me entera de que esa Convención acordó dirigirme un mensaje para que dicte las medidas encaminadas a impedir que se presente, en el Teatro Lírico, una obra en la que, a juicio de algunos de ustedes, porque supongo que no todos la conocen, se enderezan ataques contra el movimiento obrero y contra la Revolución.

Aunque no tengo en mi poder todavía el telegrama anunciado, considero que lo fundamental no es el recibirlo, sino enterarse de él y paso inmediatamente a dar la respuesta.

Según declaraciones expresas que hice el día 30 de noviembre, no me propongo constreñir la libre expresión, verbal o escrita; y, oficialmente, no podré tomar ninguna determinación en el sentido que ustedes solicitan. En lo particular, sí quiero hacer valer la poca o mucha influencia personal que llegue a tener, para impedir que se exterioricen ataques contra la Revolución o contra organizaciones obreras, la CROM entre ellas, y, en el caso especial de que se trata, recibiré con gusto a una comisión que ustedes nombren para que me informe sobre la obra de que se hace méritos y sobre los ataques a que se refieren, siempre, naturalmente, sobre la base de que se trata de ataques contra la revolución o contra la respetabilidad de la CROM y no de ataques contra personas, ya que, desde el Presidente de la República hasta el último de los ciudadanos, todos y cada uno de los mexicanos deberemos quedar sujetos a las sanciones de la opinión pública que, en muchas ocasiones, servirán para moderar nuestras pasiones y aun para constreñirnos a seguir un camino de honradez pública y privada.

Como en algunas de las sesiones de esa Convención se enderezaron ataques contra el Gobierno de Tamaulipas (que a mí me tocó presidir) y como esos ataques incluyeron la declaración de que en Tamaulipas se hostiliza a las organizaciones obreras, considero indispensable aprovechar esta ocasión para formular una declaración de cuya exactitud espero que no haya la menor duda.

No soy enemigo de la Confederación Regional Obrera Mexicana, ni quiero utilizar mi actual posición oficial para hostilizar a ninguna organización obrera. Tengo un alto sentido de la responsabilidad de funcionario y no usaré nunca de la fuerza que me da el ejercicio de un poder, siempre transitorio, para ayudar o impulsar organizaciones que me sean afines, en contra de organizaciones obreras extrañas o aun hostiles.

Siempre he considerado que la unificación obrera tendrá que ser resultado del buen entendimiento a que algún día lleguen las distintas organizaciones obreras regionales o locales. Y mal podría atacar o haber atacado a la CROM cuando precisamente critico como defectuosa la táctica de lucha, a que recurrieron algunos líderes de la misma, al pretender entrar de manera artificial en regiones que controlaban otras organizaciones, o destruir sindicatos que no les eran filiales, creando pequeños núcleos o nuevos sindicatos, convertidos más tarde en fuentes de controversia y pugnas que habrían sido evitadas si se hubiera seguido el criterio de respetar, en todo caso, a las organizaciones que controlaban la mayoría de una región o de una factoría, para conseguir, por caminos de persuasión, o despertando la conciencia de la clase proletaria, la única y verdadera unificación por la que vale la pena de luchar.

En el Estado de Tamaulipas -y esto me interesa puntualizarlo, porque deberá dar la norma de mi acción frente a los obreros organizados de la República- no puede citarse un solo caso en el que el Gobierno del Estado no haya cumplido estrictamente con el artículo 123 constitucional, que inmediatamente se reglamentó, ni puede citarse tampoco ningún caso de hostilidad en contra de las organizaciones obreras.

Más aun: tengo la íntima satisfacción de consignar que las organizaciones obreras del puerto de Tampico han llegado a un grado de envidiable prosperidad económica; que tienen un alto sentido de lo que significan los derechos y las responsabilidades de los obreros en el actual estado de la civilización; que tienen verdadero sentido proletario de clase y que, gracias a su unificación y a la respetabilidad que han llegado a afianzar, tienen adquiridas ventajas que, en muchas organizaciones de otras regiones de la República y del mismo Distrito Federal, constituyen todavía verdaderas utopías. Y esto no es una declaración puramente retórica, sino un hecho perfectamente tangible, del cual puede convencerse esa Convención, si designa una comisión de 40 ó 50 de sus miembros, que vaya a Tamaulipas, para estudiar el estado en que se encuentran los sindicatos del puerto, y para cambiar impresiones con los obreros del mismo.

Las anteriores declaraciones, espero que sirvan no sólo para restituir las cosas al verdadero sitio que les corresponde, sino también para evitar suspicacias indebidas, de parte de elementos trabajadores de la CROM. Las organizaciones obreras son para mi absolutamente respetables, como antes he declarado, y ninguno de los actos del Gobierno vendrá a destruir las organizaciones de la CROM y ni siquiera a externar sugestiones sobre su sistema de composición. Estas son cosas que a la misma organización le corresponde resolver, y al Gobierno, como representante del poder público, lo único que le toca es hacer profesión de fe claramente obrerista y consignar que el tiempo se encargará de testimoniar que no hay razón para imaginar siquiera que la suerte de cualquier organización obrera esté a la fecha amenazada.

Ojalá que las anteriores declaraciones sirvan, como con tanta razón expuso el señor general Calles en el discurso que pronunció en la misma Convención, para serenar los ánimos. Anunciar encarcelamientos y crímenes, en los que nadie ha pensado, puede dar resultados contrarios a los intereses de los obreros, que vivirán en un estado espiritual de desconfianza, tanto más injustificado cuanto que el Gobierno está resuelto a darles toda clase de garantías. En prueba de ello, ya se estudia, con la cooperación de obreros y patrones, la expedición de un código de trabajo que venga a poner término a la incertidumbre imperante y a definir con claridad las obligaciones y derechos de las clases obreras y del gremio patronal.

 

 

 

 

 

 

 

* Portes Gil, Quince años..., pp. 108-112.