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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1928 Ideario de Álvaro Obregón

Ideario de Álvaro Obregón

De varios discursos y mensajes del general Obregón hemos subrayado las ideas que reproducimos a continuación, por estimar que con ellas las nuevas generaciones podrán apreciar el pensamiento del Caudillo sonorense, pensamiento que en buena parte se tradujo en realizaciones durante la etapa constructiva de la Revolución.

 

Pueblo y Revolución

Cuando se siente el apoyo de un pueblo viril, de un pueblo honrado, de un pueblo consciente, no se vacila.           

El pueblo consciente, el que lleva a su hogar el pan ganado con el sudor de su frente, ha estado y estará siempre con la Revolución.

Los pueblos se pacifican con leyes, y las leyes se defienden con rifles.

Pero esas leyes y decretos que forzosamente deben tener un fondo social para favorecer a las clases trabajadoras, explotadas y oprimidas, lastiman necesariamente intereses propios que crearon a la sombra de gobiernos inmorales, y se acrecentaron con las lágrimas y el sufrimiento de nuestro pueblo.

Cuando esas leyes yesos decretos se pongan en ejecución, no faltará, en mengua de la civilización, quien pretenda violarlas y derribarlas contra todo principio de moralidad y de derecho. Y entonces, contra esos ataques y esas mezquinas intrigas, será cuando debamos estar preparados para defender nuestras instituciones con las armas en la mano; para defender los frutos nacidos de las semillas, sembradas por la Revolución y regadas con la sangre de los patriotas.

No es ahora una sorpresa para mí que este mismo pueblo se haya congregado en masa para recibirme con vivas muestras de cariño y adhesión hacia mi candidatura, y es que ahora, como en aquella vez, mi conducta no ha cambiado.

Los pueblos que saben ejercitar sus derechos se ahorran el sacrificio de acudir a las armas.

Debemos decir al pueblo: apréstate a la lucha como un solo hombre y no temas, en el horizonte de la patria hay una nueva aurora, no habrá en el futuro imposiciones; hagamos votos para que nuestros mandatarios respeten la soberanía nacional.

Vengo buscando el corazón del pueblo, y antes de emprender esta contienda política, no consulté cuántos poderosos apoyarían mi candidatura ni cuántos jefes militares la impondrían por la fuerza.
Contamos con nuestra fuerza moral incontrastable, y no podremos ser vencidos por nadie, dado que nos apoyan los moradores de toda la República: seguiremos luchando y sólo apegados a la ley. Pero si nuestros enemigos no obran así, será sobre ellos en quienes recaigan las responsabilidades ante la historia y la maldición de la patria.

Y cuando me he resuelto a aceptar la contienda, he venido en busca del pueblo, porque he querido, en caso de llegar al poder, llegar por el camino del honor, para poder servir a mi patria, lejos de ser el verdugo del pueblo que ayer nos diera nombre y lustre, cuando lo condujimos por el camino del honor y la conquista de sus libertades.

Si hacemos que se respete definitivamente la voluntad popular, y que por ella vaya al poder un hombre de su elección, habremos sentado un precedente que será la piedra angular para la consolidación de nuestros principios democráticos.

El pueblo ha evolucionado ya, y está resuelto a hacer uso de sus derechos y de las libertades por cuya conquista se debatió por tantos años en una guerra ruinosa y sangrienta.

En nuestra patria ha venido produciéndose siempre una lucha, con idénticos síntomas: los hombres del poder -con rarísimas y honrosas excepciones-, tratando de conservado a toda costa, y siempre el pueblo tratando de libertarse de esa tiranía, de esas castas oligárquicas que vulneran los derechos.

Desde que se inició este movimiento político, lucharon dos clases de intereses: los intereses materiales y los intereses morales: un grupo de hombres que se ha congregado alrededor del Poder Público, ocupando puestos elevados, encaminó todos sus esfuerzos a satisfacer sus ambiciones, acumulando riquezas, y se acostumbró a una vida que no podía perpetuarse en esos puestos; y cuando el pueblo iniciaba un movimiento democrático para designar un representante que recibiera el poder, los hombres de aquel grupo creyeron que el pueblo de la República les daría su confianza y los dejaría en el poder. Quisieron llegar hasta el pueblo, y éste los rechazó, porque no habían cumplido fielmente la misión que se les había confiado, pues en vez de cuidar de la moralidad administrativa, y de dignificar a la patria, dedicaron sus esfuerzos a improvisar fortunas.

No quiero atacar a esos hombres, para invitar al pueblo a que me secunde en este movimiento político; quiero que si el pueblo deposita en mí su confianza, no sea ello por eliminación. No necesito atacados para que el pueblo me secunde en este movimiento, porque el pueblo ya sabe que yo no he violado los fueros de la dignidad ni de la decencia; y así lo están confesando ahora nuestros enemigos.

De antemano, podemos augurar el resultado: cuando el pueblo, en masa compacta, se congrega alrededor de los hombres que no tienen más bandera que la verdad y la justicia, estos principios están salvados, y no podrá haber ninguna imposición que pueda llevarse a la práctica.
Los pueblos que economizan su sangre, son siempre pueblos esclavos; las libertades se conquistan a bote de metralla, porque los tiranos es el único idioma que entienden.

El origen de nuestras desgracias nacionales radica, a no dudarlo, en la falta de cultura de nuestro pueblo.

Es indispensable que nos demos cuenta de las responsabilidades que pesan sobre nosotros, y las responsabilidades que pesan más directamente sobre los hombres de ilustración y de alguna inteligencia, porque son, como antes decía, los factores que tienen que encauzar las corrientes de la opinión pública.

Ese pueblo, con el que he podido vivir vinculado durante muchos años, ha ido a la lucha a llevar un poderoso contingente de sangre, a cambio de una esperanza que venga a alegrar las tinieblas de su vida.

Para colaborar en la nueva organización del mundo, con el contingente que sus propios deberes y aspiraciones le exigen, México se propone levantar constantemente el nivel moral y mental de su pueblo.

Decía, y quiero repetido ahora, que por ventura para nuestra patria ni el pueblo está tan abajo, ni los gobernantes están tan arriba.

Los directores de este movimiento, fieles a los dictados de nuestra propia conciencia, no hemos realizado otra obra que interpretar fielmente los nobles anhelos de nuestro pueblo, y marchar resueltamente al frente de ese pueblo, a dondequiera que el destino ha reclamado nuestra presencia.

En las luchas por el bienestar y las libertades, el pueblo mexicano ocupa un lugar avanzado; no pensamos dar un solo paso hacia atrás, ya que ninguna fuerza nos obligará a dar media vuelta.

Los pueblos que como México ofrecen en holocausto de sus libertades un contingente de lágrimas y de sangre como el que se ofreció durante quince años de guerra intestina, tienen derecho a la aspiración suprema consistente en la consolidación de sus leyes, que cristaliza los anhelos populares, y que son la base de nuestros estatutos futuros.

Nada sacude más intensamente a nuestro espíritu, que las manifestaciones en que sentimos que convivimos una vida común con las masas populares.

Nada impresiona más a los hombres que hemos venido de cunas humildes, que ver cómo se agrupan los ciudadanos para la defensa de los intereses comunes cuando la causa de los humildes se pone en peligro.

La lucha fue cruenta: pero la victoria fue del pueblo, porque el pueblo ya había aprendido a conocer su propia fuerza, ya había aprendido a defender sus propios anhelos, y había aprendido a presentar su pecho generoso a los proyectiles de los traidores.
Los que tenemos la experiencia de lo que significan las necesidades del trabajo, sabemos traducir el significado de este espectáculo. Es natural que los hombres de esta región, pobres todos y campesinos todos, estén aprovechando en estos momentos el tiempo que les falta para realizar sus siembras y no habiendo podido venir a saludarnos, han mandado a sus esposas, a sus madres y a sus hijas. Yo quiero aprovechar esta oportunidad para enviar un saludo cariñoso a todos los trabajadores que no pudieron venir, y que aprovecharon el conducto de sus madres, de sus esposas y de sus hijas, para saludarnos.

Es el pueblo el que ahora vela como centinela por sus propios intereses y sus propios derechos, y a él corresponderá el fallo en unos meses más y nosotros estaremos satisfechos de haber cumplido con nuestro deber, llevando la verdad a la conciencia del pueblo.

Iremos al triunfo y ya no serán la zozobra y el infortunio los que vengan a ahuyentar de los hogares honestos la felicidad y el bienestar. Será la ley emanada del propio pueblo la que nos dé la victoria.

No creo en el valor personal e individual cuando se trata de cosas populares. Un hombre no puede valer lo suficiente para darle las libertades a un pueblo, para darle sus derechos y prerrogativas. El propio pueblo está capacitado para gobernarse a sí mismo, y es el que designa en las luchas democráticas quién debe asumir la dirección.

Es por esa que continuamos la lucha, desafiando la ira de la prensa reaccionaria, que ha visto con profundo dolor cómo han fracasado ya sus candidatos, y quiere ahora torcer la conciencia nacional, diciendo que el pueblo nunca ha conquistado su soberanía, y que no deben existir en nuestro país los gobiernos democráticos emanados de la voluntad.

Los eternos enemigos de la Revolución que radican en su mayoría en esta ciudad, han pretendido hacer creer al pueblo de México que los revolucionarios lo consideramos como un pueblo prostituido; los prostituidos son ellos, los que se quieren hacer llamar la clase directora.

Yo nunca he consultado mi capacidad cuando he necesitado servir a mi patria. La voz del deber ha sido mi norma, y para definir el deber he usado mi criterio; esta es la obligación que tenemos todos los hombres honrados, y con esa obligación he cumplido.

Cuando la miseria me arrancó de la escuela para buscar los medios de subsistencia, el deber me dijo: Sé carpintero, y cogí el serrucho y llevé a mI casa el pan que me daba mi sudor.

Nuestra historia nos enseña que los movimientos armados que han venido conmoviendo a la República han seguido una trayectoria que podríamos llamar monótona, porque se han venido repitiendo los mismos ciclos y con los mismos aspectos: a cada movimiento revolucionario le ha sucedido una dictadura, y a cada dictadura le ha sucedido una nueva revolución producida por el choque de los intereses morales con los intereses materiales.

Tenemos el derecho de creer que en esta ocasión ninguna fuerza intentará forzar la Opinión Pública, y tenemos el derecho de creer esto, porque el actual Gobierno, emanado de la Revolución, tuvo su origen precisamente en la defensa del derecho del sufragio.

(Por) más de cien años hemos tenido guerra para conquistar el sufragio; debemos cuidarlo para que no sea endosado como letra de cambio.

Las revoluciones no son manantiales de bienandanzas: son sacudimientos que a los pueblos causan grandes daños, y sus frutos no pueden recogerlos    sino as generaciones venideras.

La Revolución mexicana, en la que he venido tomando alguna participación desde que se iniciara, ha traído como base los anhelos más nobles y los anhelos más puros. Sus caudillos no todos respondieron; muchos prostituyeron sus galones y los convirtieron en dones. Muchos agitaban al pueblo con detrimento y desprestigio de la parte fundamental que persigue nuestra Revolución. Por eso nuestras revoluciones no habían terminado. Las revoluciones nunca terminan mientras no llenan su objeto.

Todos saben también que mi administración se caracterizó por la sinceridad de propósitos de honestidad con que fueron manejados los fondos públicos. Se lesionaron grandes intereses materiales, es verdad, pero se imponía acatar los justos anhelos populares que dieron aliento de vida a nuestra gran Revolución, y que convertidos en leyes, fueron catalogados en nuestra Constitución de Querétaro como piedra angular que serviría de base a la redención moral y social de nuestras clases proletarias de las ciudades y los campos que la Revolución había proclamado redimir.

El programa de la Revolución, hecho ley, no podía desarrollarse naturalmente, en cuatro años; era tarea que requería varios lustras, y a mí correspondía solamente plante arlo e iniciarlo, abarcando sus aspectos substanciales y emprendiendo desde luego la parte que a mí correspondía desarrollar.

Mientras la Revolución tenga un representativo honesto y de carácter en la Primera Magistratura de la Nación, las leyes serán buenas para proteger los intereses y prerrogativas que la Revolución decretó para la reivindicación moral, social y política de las inmensas mayorías cuyos sagrados derechos habían sido pospuestos antes en beneficio de un reducido número de privilegiados.

Los agentes de la reacción propagan la alarma, porque se expiden leyes que aparentemente consideran malas, y que por afectar las viejas costumbres, les oponen resistencia, suponiéndolas dañosas. Pero dichas leyes están inspiradas en la buena fe, y lejos de causar perjuicios, causan beneficios.

La única guía del Gobierno, es reconocer las promesas de la Revolución. No importa que nos equivoquemos, pues es fácil volver al punto de partida, y buscar nuevas rutas sobre el mismo principio, que consideremos salvador de la humanidad.
La Revolución no podrá fracasar sino arrastrada por una corriente de inmoralidad que pudiera contagiar en un momento fatal a todos los revolucionarios de la República.

Es el revolucionario, en el concepto de nosotros, el hombre que pugna porque predominen en nuestra Nación los valores morales y espirituales.

La Revolución nos ha dado el privilegio incomparable de poder constituir con la inmensa masa del pueblo mexicano, una entidad moral y otra nacional, que se llaman Gobierno y Pueblo.

De 1910 a la fecha, la Revolución se ha visto muchas veces en peligro; se ha visto muchas veces en peligro, porque sus directores han incurrido, o hemos incurrido, si me vale la palabra, en el error substancial de suponer que la Revolución ha triunfado en algunas de las épocas en que sus movimientos sociales y políticos han determinado un triunfo transitorio. Incurrir en el error de que la Revolución pueda triunfar definitivamente algún día, es colocar una ventaja en las manos de nuestros adversarios.

La Revolución mexicana no puede pensar en obtener la victoria definitiva en ninguna de las épocas de su lucha, porque sustenta en sus anhelos una nobilísima generación de aspectos sociales y de aspectos humanitarios y políticos, que no son sino la eterna lucha entre el bien y el mal, que no es sino la eterna lucha entre los valores morales y espirituales contra los valores materiales y mientras existan espíritus vigorosos que se enfrenten a ellos para subyugados y hacer preponderar en la Patria los intereses morales y los anhelos espirituales, la lucha tiene que ser eterna.

Es necesario, entonces, que nos. demos cuenta, todos, que la lucha está latente; que las pequeñas treguas que nos da la reacción, no son sino una estratagema para ver si nos ofusca la victoria, y quebrantamos nuestra energía entregándonos a los apetitos y a las luchas de grupos que, generalmente, se suscitan entre el Partido Revolucionario cuando sus directores creen que han obtenido la victoria.

De acuerdo con las doctrinas de la Revolución, hemos venido a la conclusión de que al Poder no deben asaltado por la violencia los hombres que tienen bajo su mando un mayor número de fuerzas armadas; hemos llegado a la conclusión de que es la soberanía nacional la única que puede designar a sus representantes.

Tengo la impresión, de que el triunfo definitivo de la Revolución tuvo su origen en el fracaso de la Convención de Aguascalientes.

Cargamos con gran responsabilidad, de la cual habrá de depender nuestra acción. Es error creer que algunos han hecho más por la Revolución que otros, pues todos hemos hecho el esfuerzo máximo dentro de nuestras facultades.

Si los hombres de la Revolución cometiéramos el error imperdonable de hacer de la política una mercancía o una gracia para favorecer a nuestros amigos o a nuestros favoritos, provocaríamos un fracaso moral para la Revolución.

La reacción contra la Revolución, representa el mal contra el bien, y por este reajuste de valores morales y materiales no puede resignarse a perder las ventajas materiales que tenía antes de la Revolución.

La reacción que representa el mal, no se contrae a ejercitar su acción dentro del límite de nuestras fronteras, y se alía a los grandes intereses materiales de más allá de nuestra patria, que se sienten afectados en esta lucha que sostiene México, para buscar un reajuste.

Desde que puse mi vida al servicio de la Revolución, he considerado que será una fortuna para mí perderla.

Diga usted al Primer Jefe que muero bendiciendo a la Revolución.

La reconstrucción del país

Vemos muchos villorrios en que se alumbran con aceite y hasta con velas de sebo, y vemos también a nuestras principales ciudades alumbradas con luz eléctrica. ¿Por qué vamos a destruir las plantas eléctricas de las ciudades, por un espíritu de igualdad mal entendido, para que éstas no queden en condiciones superiores a los pueblos a que antes me refiero? Nuestro esfuerzo debe encaminarse a luchar porque esos villorrios yesos pueblos, con el desarrollo de su industria y de sus recursos naturales, puedan tener también plantas eléctricas y alcanzar las ventajas que las ciudades tienen.

Después de la prolongada lucha civil que acaba de pasar, en que fue inevitable que se destruyera todo y se desolara todo, podemos decir, sin pasar por pesimistas, que el problema único que tiene enfrente el pueblo mexicano es la reconstrucción nacional.

A las grandes enfermedades, siguen siempre las grandes convalecencias, y después de la lucha que hemos venido sosteniendo durante diez años para conquistar nuestros derechos cívicos, es natural que estemos iniciando el período de convalecencia nacional donde vamos a demostrar al mundo que somos capaces de reconstruir la patria que hemos semidestruido, para encauzada por nuevos senderos.      '

Muchos de nosotros carecemos de la preparación necesaria para una carga tan ardua como la que pesa sobre nuestras espaldas; pero creo que bien podremos compensar esa falta de preparación con las energías manifestadas durante la lucha y con la honradez de todos o de la mayor parte de los hombres que están al frente de la administración pública.

Y en el desarrollo de esta nueva vida, en el proceso de transición del viejo Estado al Estado nuevo, México será uno de los países que menos habrán de sufrir, porque la lucha de que ahora sale airoso, trae, justamente como una de sus principales finalidades, libertarIo de arcaicos prejuicios y darle una posición avanzada, propicia a una mayor armonía y a una mayor equidad sociales.

El destino ha querido concedemos el singular privilegio de iniciar el segundo ciclo de nuestra vida política, y es necesario que conscientes de las obligaciones y responsabilidades que vienen aparejadas con ese privilegio pongamos al servicio de la Nación todas nuestras facultades intelectuales', morales y físicas.

La política que fomenta el desarrollo de nuestra agricultura a base de grandes obras de irrigación, que nos libran de la escasez que los años de sequía nos han hecho sentir, así como las facilidades que se den a este ramo tan importante, es muy encomiable, y debe merecer un franco y decidido apoyo; así como la construcción de caminos, cuya política podría resumirse  así: producir y transportar. Dando preferente atención a los caminos tributarios de nuestros actuales sistemas de comunicaciones, que permitan el transporte de los grandes centros de producción a las estaciones ferroviarias y a los puertos, de nuestros productos, para su distribución dentro del territorio, y para la exportación de los excedentes.

Es tiempo de llamar a las cosas por su nombre: la Nación está cansada de ambigüedades, de programas elaborados con elasticidad, que lo mismo puedan servir para que gobierne un ateo que un cristiano.

Ya es tiempo de que los políticos no nos contentemos con decir frases llenas de entusiasmo, que arranquen aplausos de las multitudes; ya no es necesario que hablemos al corazón de las multitudes para enardecerlas, porque no necesitamos acudir al combate.

Ahora necesitamos hablarles al cerebro, porque es ya el período de la reconstrucción, es el período de la meditación para que estudien con todo interés la Ley de Jubilación y del Seguro Obrero, y la acopn, como una bandera social, las clases trabajadoras de México.

Ellos ignoran que la sucesión presidencial en el actual período que terminará el señor general Calles, trae consigo el mayor volumen de responsabilidades que un mandatario haya recibido del antecesor, responsabilidades que son cada una de ellas un timbre de orgullo y de gloria, porque las ha asumido conscientemente; airosamente, obedeciendo los imperativos de la soberanía popular de México. Responsabilidades exteriores, responsabilidades sociales, responsabilidades políticas. Responsabilidades que la Revolución exige asumir a todos los que se le llaman sus representativos, y la Revolución no es sino la soberanía del pueblo, hecha ya ley suprema de la Nación, que debe cumplir con toda fidelidad el que reciba la representación nacional.

Ya no venimos a excitar al pueblo para preparar su espíritu al sacrificio, porque no será necesario ya; ahora venimos exhortándolo a reflexionar ante los problemas que él mismo tiene que ayudamos a resolver, y planteando esOS problemas con claridad meridiana, para pedirle su cooperación.
Felizmente para la causa popular, todas las clases sociales en México, excepción hecha de la burguesía, están unidas en un solo haz de voluntades para proteger sus intereses, para proteger sus intereses morales y sus intereses materiales.

La Revolución, que tuvo como finalidad principal redimir a todos los que trabajan, ennoblecer a todos los que trabajan y producen, estimular a todos los que desarrollan un esfuerzo en bien colectivo y en bien del engrandecimiento de la patria, tiene ahora la misión, muy noble, de trabajar por la realización de esos propósitos.

La Revolución no es sino el anhelo popular, los esfuerzos y esperanzas de todo un pueblo, de conquistar con sus sacrificios colectivos un poco de bienestar. La revolución trágica ha terminado; pero es necesario que el pueblo siga ejerciendo sus derechos hasta conquistar esas ventajas que la Revolución le ofreciera para llevarlo a los campos de batalla.

Cada victoria obtenida en los campos de batalla, demanda un sacrificio de sangre, y ese sacrificio de sangre se traduce en una inmensa responsabilidad para los hombres que fuimos a derramarla arrastrando al pueblo a la tragedia, ofreciéndole a cambio de ese sacrificio, un poco de bienestar para la colectividad.

El secreto de la tranquilidad pública es patrimonio de las clases rurales, y no podrá amargamos con una nueva tragedia quien no ha sabido conquistarse el aprecio de esas masas populares conocidas con el nombre de carne de cañón.
Nosotros vamos a demostrar a la nación entera, y con ella al mundo entero, que México ha realizado una gran evolución espiritual con el movimiento revolucionario; que nuestras masas populares, conocidas eternamente con el nombre de carne de cañón, serán conocidas en lo sucesivo con el alto título de carne de sufragio.

La cooperación de nuestros conciudadanos la necesitamos para afrontar los problemas que el pueblo de México tiene que seguir discutiendo sobre su cartera por un período de no sabemos cuántos años.

Revolucionario, es el que quiere que se consoliden los derechos de los muchos aun con perjuicios de los privilegios de los pocos.

Es revolución, el anhelo de las clases populares por ilustrarse e ilustrar a sus hijos. Esa revolución del espíritu, que ignoran los que no tienen contacto con el espíritu colectivo ni reconocen en el suyo propio el derecho de regir sus actos.
           
Es reacción, la labor solapada y contumaz de los malos clérigos, que pretenden hacer de México un rebaño al servicia de los intereses de Roma.

Es reacción, la injuria constante de la prensa subvencionada por los residuos del elemento conservador, y en muchos de los Estados de la República para proteger los intereses de los grupos que la tienen pagada.  
Es reacción, el oro de los grandes trusts de Wall Street, tratando de dominar al mundo con la doctrina del dólar.

Es natural que México, como productor de combustibles, tiene que desempeñar un papel de alta importancia en las disputas futuras que la humanidad tendrá que realizar para arrebatarse el dominio del combustible. Y México tiene que irse preocupando por ir resolviendo, aunque sea de Una manera gradual, los problemas fundamentales sobre los cuales debe basar su futura grandeza.

Es el esfuerzo que reclamamos de esa juventud los que tuvimos el honor de figurar cama factores dirigentes en la pasada lucha: que venga a cooperar con los viejos soldados de la Revolución, porque la labor que resta por hacer no puede ser obra de una sola voluntad, ni de un grupo reducida de hombres, sino del esfuerzo común de varias generaciones.

Es tiempo ya de que los que nos llamamos directores de la Revolución, hablemos al pueblo de la labor de reconstrucción, ya que nosotros la llevamos a la tragedia.

Para dar cima a este problema se hace necesaria la cooperación del pueblo, la cooperación de todos los hijos de México. Gobernantes y gobernados deben estar unidos entre sí par un misma anhelo, y para desarrollar un esfuerzo común, a fin de que ese mismo pueblo tenga conciencia de sus responsabilidades en la reconstrucción nacional.

La grave situación económica que prevalece en toda el mundo, como consecuencia principal de la pasada guerra, y los inevitables y profundos trastornos de la misma índole causados en el país por los sucesos acaecidos en la última década, han dificultada extraordinariamente en este Rama, la labor reconstructiva que el Ejecutivo desarrolla en todos los de la Administración Pública.

Hemos terminado el período de la tragedia; ya no será necesaria que los campesinos vuelvan a ofrecer su sangre para conquistar con violencia lo que está escrito en nuestras leyes. Bastará con que los campesinos, los obreros, la clase media, todas las fuerzas del país que están enroladas en la misma Ideología revolucionaria, seleccionen su personal para que las represente en los puestos públicos y exijan conscientemente las responsabilidades que asuman al aceptar sus altas investiduras.

Venimos aquí buscando el conseja e inspiración de nuestros conciudadanos, coma también los damos en los demás lugares en que comprendemos que lo han de menester, porque esa es la única base de formar gobiernos sólidos, corrigiéndose, y orientándose mutuamente gobernantes y gobernados.

Creemos que la misión de todo Gobierno es tan trascendental y entraña una suma tal de responsabilidades, que los ciudadanos que aspiran a ser cabezas de gobierno tienen la obligación indeclinable de buscar ese contacto con las masas populares para conocer, hasta donde sea posible, todos los problemas que con ellas se relacionen.
Habremos de dedicar todas nuestras actividades a la reconstrucción nacional, la que no lograríamos jamás si no pudiéramos llevar la tranquilidad al espíritu, a la conciencia y al estómago de todas las clases rurales.

La situación de las clases populares, ha mejorado visiblemente, en la material, par el alza de los salarios, y en lo moral por la difusión de la enseñanza y por el reconocimiento de los derechos de las organizaciones de trabajadores.

La misión del Ejército

Cuando terminamos la lucha armada, cuando creímos que las instituciones  demócratas estaban salvadas para siempre, me despojé del alto puesto en que me colocó la Revolución y me despajé de los arreos de soldado que había conquistado en los campos armados, porque si en el Ejército era un General de División, en mi hogar soy un soberano.

La mayoría del Ejército está compuesto de hombres libres y de honor; de hombres que saben distinguir la orden que enaltece de la consigna que envilece; de hombres que quebrantarían su espada antes que llenarla de ignominias.

No buscamos el apoyo, tratando de sobornar al Ejército. Mi candidatura no ha sida un engendro oficial, ni un engendra de la ambición; ha nacido de la voluntad popular, porque eran numerosas, muy numerosas, las agrupaciones que la habían lanzada ya, cuando en mi manifiesto de primera de junio expresé mis ideas y mis tendencias.

"Se ha injuriado al Ejército", decían, porque señalamos con energía muchos de los actos inmorales que cometen algunos Jefes del Ejército, en pugna con la moral y con el prestigio que debe tener una institución a la que está encomendada la defensa de la dignidad nacional y las instituciones de la patria. ¿Injuriar ya al Ejército, ya que pertenecí a esa gloriosa legión que regó con su sangre toda la extensión de la República? ¡Insultar yo al Ejército, ya que supe de sus miserias y que con él compartí los peligros y las alegrías! ¡Insultar ya al Ejército, yo que dejé una parte de mi cuerpo en las luchas que ese Ejército sostuvo en defensa de nuestras libertades, sería traicionar, lo que me queda, a la mano que perdí defendiendo los derechos con la mano del pueblo!

Con motivo de los acontecimientos políticos, el Ejército había aumentado considerablemente, encontrándose en él mezclados muchos elementos heterogéneos. La pacificación del país, por una parte, y por otra la urgente necesidad de aligerar la carga que pesaba sobre el Erario, determinaron al Ejecutivo a emprender la tarea de reducir y reorganizar los elementos militares.
Al llevar a cabo la 'reducción de los efectivos, el Gobierno ha tenido especial empeño en proceder con toda justificación y ha logrado disminuir el ejército en más de 30,000 hombres, obteniéndose, por este concepto, una economía de $26.000,000.00

El problema de la Educación
Sabemos, desde hace mucho, que México es uno de los países más ricos de la tierra; sabemos que es uno de los países que tiene menos habitantes, y sabemos dolorosamente, que es uno de los países que tiene más analfabetas y más seres miserables.

La instrucción es la que mejor prepara a los hombres para defenderse en la lucha por la vida; la instrucción, es la mejor arma de defensa que debe tener todo ciudadano: primero, para exigir sus derechos cuando ellos sean violados; segundo, para definir, sus derechos y saber también dónde empiezan los de los demás. Es, pues, necesario que el primer esfuerzo, el primer impulso, se encamine a la ilustración, a la educación de nuestras grandes masas.

Nuestros gobiernos anteriores, no sé si por falta de voluntad o por falta de fondos tal vez, descuidaron la instrucción de una gran mayoría de nuestros conciudadanos, y esa formidable lista que pesa sobre toda evolución ordenada y sistemática, tenemos que orientarla cuidadosamente, porque de lo contrario correríamos el peligro de naufragar, porque el lastre pesaría más que las fuerzas de la nave.

La ignorancia de esa gran mayoría de nuestros conciudadanos, no debe despertar en nosotros desprecio, y mucho menos odio; ellos son mucho maS pobres que nosotros, porque no tienen ilustración suficiente para que les permita definir sus derechos, saber dónde terminan los de ellos y dónde empiezan los de los demás.

Si mañana nuestra incapacidad nos demuestra que no somos capaces de reconstruir a la patria, el mundo civilizado no va a condenar a esos centenares de indígenas que no saben leer ni escribir; va a condenar a los hombres que recibieron alguna ilustración en las escuelas; que recibieron algunas cátedras de moral en los hogares, y que no supieron hacer uso de ellas para encauzar a esas masas ignorantes y desheredadas.

Debe seguirse intensificando la educación pública sin más límite que la capacidad económica de nuestro Erario, ya que de ella y de la distribución equitativa de la riqueza pública debemos esperar la futura grandeza de nuestra nacionalidad.

El Ejecutivo de la Unión ha dedicado, y continuará dedicando atención muy preferente a la Educación Popular, por ser ésta la función más importante y trascendental del Poder Público, la más noble institución de los tiempos actuales y, al propio tiempo, en alto grado fecunda para el bienestar social y económico de nuestros conciudadanos, no menos que para su mejoramiento moral y cultura cívica, pues su más amplia difusión en todos los ámbitos del país, hará imposible el restablecimiento de la tiranía que por tantos años ha deshonrado nuestra historia.

La Secretaría de Educación Pública ha continuado desarrollando sus labores de acuerdo con los lineamientos generales que ya en otras ocasiones ha esbozado el Ejecutivo y que previenen la difusión de la enseñanza elemental y técnica, por medio de un Presupuesto cada vez más importante, con el objeto de llevar la acción educativa a todas las regiones del país, aun a las más apartadas.

Han colaborado con toda eficacia 102 maestros misioneros, cuya labor consiste en despertar entusiasmo por la instrucción en los lugares y centros indígenas, donde las autoridades locales y los particulares se preocupan menos o carecen de elementos para ella; y a la vez se encargan de instalar escuelas y visitar las rurales.

Las relaciones del Capital y el Trabajo

El capital y el trabajo es un problema que tiene preocupado al mundo entero, no solamente a México. Es posible que México esté más capacitado para resolverlo, porque sus recursos naturales son enormes, y mayores aún si se establece la relación con los pocos habitantes del país. El problema del capital y el trabajo ha preocupado a muchos hombres de Estado. Yo he oído a quienes dicen que el mejor gobernante será aquel que se ponga de parte de los trabajadores; a otros he oído decir, que el mejor gobernante será aquel que se apoye en los hombres de negocios. Yo soy de opinión, y a ello encaminaré mis energías, que el mejor gobernante será aquel que encuentre el fiel que establezca el equilibrio entre estos dos factores, para que sobre un plano de equidad, encuentren las ventajas recíprocas que ambos deben obtener.

(He visto a) hombres que para salir al extranjero han tenido que vender su metate, algún burro, y hasta las vigas de sus chozas, hechas leña, atraídos por las halagadoras promesas de los enganchadores, y cuando han vuelto, ya no hay metate, y ya no hay burro, ni hay choza. Pero en cambio, nosotros seguimos llamándonos muy nacionalistas, diciendo que no necesitamos del resto del mundo.
 
Nada ganarían los que usan huarache y sombrero de petate, si quitáramos el sombrero y los zapatos a los que ya los tienen, en nombre de una igualdad que nos haría desandar un siglo en la lenta evolución que hemos tenido, es, pues, necesario que nos esforcemos por dar zapatos a los que tienen huaraches- y no quitárselos a los que han logrado adquirirlos. Si nosotros atentamos contra lo que está creado, matando todo estímulo, seremos inconscientes con la civilización.

El día que un minero salga a contratar cien operarios, y pueda encontrar solamente cinco, la situación económica de nuestros trabajadores se habrá conquistado; pero mientras se busquen cinco trabajadores y se encuentren cien, su situación empeorará cada día.

Digo que fue una nota triste, porque es triste que a estas fechas todavía no hayamos podido resolver uno de los problemas fundamentales, que es la armonía entre el capital y el trabajo.

Que vayan a las Cámaras hombres que no sean susceptibles del soborno, que reglamenten las leyes del trabajo, a fin de que se sepa con toda claridad en dónde terminan los derechos de los trabajadores, y en dónde empiezan los derechos de los patronos; y entOnces se acabarían esas dificultades y llegaría a establecerse una perfecta armonía entre las dos clases, que será la base futura para el engrandecimiento de la patria.

Nuestro problema es otro, nuestras tendencias se encaminan por otros senderos, nosotros queremos legislar concienzudamente, juiciosamente; nosotros queremos una protección para los trabajadores, sin atentar contra el capital, porque sería entorpecer el desarrollo de nuestras riquezas naturales si no damos al capital las garantías que necesita.

El socialismo es un ideal supremo, que en estos momentos agita a toda la humanidad. El socialismo es un ideal que debemos alentar todos los hombres que subordinamos nuestros intereses personales a los intereses de las colectividades. El socialismo lleva como mira principal tender la mano a los de abajo para buscar un mayor equilibrio entre el capital y el trabajo, para buscar una distribución más equitativa entre los bienes con que la naturaleza dota a la humanidad.

Es indudable que la verdadera igualdad, como la anhelaríamos o la anhelamos, no podría realizarse en toda la amplitud del concepto de la palabra porque en la lucha por la vida hay hombres más vigorosos, hay hombres más inteligentes, hay hombres más acondicionados, preparados física e intelectualmente mejor que los demás. Pero sí es necesario, y eso sí lo podremos realizar, que los de arriba sientan más cariño por los de abajo; que no los consideren como factores de esfuerzo a su servicio únicamente, sino como cooperadores y colaboradores en la lucha por la vida, para quienes deben mayores consideraciones y mayores atenciones en el pago de sus esfuerzos.

El problema que tiene afectado al mundo en estos momentos es el choque del capital y el trabajo; y es necesario que cada uno de los hombres que componemos la familia mexicana y que tenemos alguna dosis, pequeña o grande, de cultura, llevemos nuestros desvelos a estudiar la manera de resolver esos problemas, y procuremos orientar a las masas populares, que probablemente se desbordarían si no hay un esfuerzo consciente y sereno que procure encauzados.

Nosotros hemos creído interpretar los anhelos populares que conmovieron la conciencia colectiva hasta producir la revolución que se prolongó por más de una década; que los trabajadores deben incorporarse a todas las demás clases sociales, con los mismos derechos y las mismas prerrogativas, dentro de su esfera de acción, y que la sociedad toda debe constituirse en una sola entidad, bajo una sola aspiración, desarrollar un armonioso esfuerzo en que cooperen el capital, la inteligencia y el trabajo, para buscar el secreto del bienestar colectivo.

Han tratado de mutilar el programa de la Revolución, y presentado como un programa anárquico, incapaz de la reconstrucción nacional y de satisfacer las aspiraciones de un pueblo civilizado. Los capitalistas cuya conciencia no había sido contaminada por estos nobles ideales, creyeron que sus fortunas peligraban si se concedía a los trabajadores el derecho de tener una escuela para librarse del analfabetismo, y si se concedía a los obreros tener un recinto limpio e higiénico donde amamantar a sus pequeños hijos.

La elocuencia de los hechos está demostrando que produce más un trabajador bien alimentado y encariñado con su taller y con su patrono, que un trabajador, mejor dicho, una especie de acémila que se ata por la fuerza de la necesidad al trabajo de su patrono, que no sabe tenderle la mano para levantar su nivel moral y cultural.  

Hay que estudiar y promover cuotas especiales de transportes con todas las empresas de comunicaciones establecidas en el territorio nacional, para facilitar el movimiento de braceros, de las regiones en donde se suscitan crisis de trabajo a los lugares en que puedan encontrado; procurando por este y otros medios al alcance de la Administración Pública, evitar la emigración de los braceros mexicanos al territorio de Norteamérica.

Las Cámaras rehusaron discutir y aprobar un proyecto de ley, que sometí a su consideración, en el cual se establecían todas las prerrogativas de las clases laborantes, desde el más modesto obrero, hasta el profesionista, abarcando a todas las esferas sociales que cuentan únicamente con su esfuerzo personal para subvenir a las necesidades de la vida.

El apóstol Madero, que ha sido el más profanado en esta lucha política, por los tránsfugas de la Revolución, quería redimir a las clases trabajadoras de los campos y de las ciudades; quería una mayor equidad en la distribución de la riqueza pública; quería un mayor bienestar para todos los hombres que no tienen más patrimonio que el esfuerzo cotidiano de sus músculos y de su cerebro.

Me llena de júbilo ver la opinión que los trabajadores tienen sobre el proyecto del Seguro Obrero, ese proyecto que vendrá a evolucionar muchas cosas, y que rebasará el límite de nuestras fronteras, porque vendrá a ser una verdadera revolución de carácter social.

Abramos los brazos al capital, pero al capital que se llama ciencia y conciencia, que sabe que México no es campo de explotación ni conquista.

No aceptemos el capital que signifique carga y explotación para la patria y para el pueblo, porque sacrificaríamos nuestra soberanía y pondríamos en peligro la integridad nacional.

Como soldado primero, y como estadista después, puse mi mejor voluntad, mis mayores esfuerzos al servicio de la causa de la Revolución, que inscribió en sus banderas la redención de nuestro proletariado, su mejoramiento moral, cultural, económico y físico.

El proyecto de ley y de reformas que aquí llamamos seguro obrero, constituye el paso más avanzado y más firme que las clases proletarias hayan dado hasta la presente época en cualquier parte del mundo.
El seguro obrero estatuye que el capital pagará por adelantado todos los tributos que correspondan para las seguridades que deban existir en materia de trabajo; seguridad por jubilación, seguridad por accidentes, por muerte en el trabajo; etc., y previamente establece el pago de todos esos tributos para que los trabajadores, al reclamar sus derechos, no tengan que recurrir a un juicio, a un litigio contra su patrón, ya que es el Estado el que se encarga de proteger los intereses de los trabajadores y hacer efectivos en una forma administrativa todos los derechos que las mismas leyes establecen en su favor.

Mediante trabajos de la misma Junta, se ha logrado que los industriales acepten el principio consagrado por la Constitución Política de la República, del descanso dominical y de la jornada máxima de ocho horas.

La intervención imparcial y conciliadora que el Ejecutivo Federal ha tomado en los frecuentes conflictos suscitados entre el capital y el trabajo, va encauzando convenientemente la marcha armónica y concordante de estas fuerzas vivas de la sociedad; y en este concepto, no es aventurado esperar que en un futuro próximo la cuestión social seguirá en México su proceso natural y lógico, despojada de procedimientos atentatorios y anárquicos que son familiares actualmente aun en las naciones más cultas de la tierra.

Se tiene en estudio el proyecto para la construcción de casas para obreros, sobre la base de que las rentas por inquilinato sean de ocho, quince y veinticinco pesos al mes, que representarán, al mismo tiempo, abonos sobre el valor de las casas.

La protección del obrero contra los accidentes de trabajo ha merecido la más cuidadosa atención y el más perseverante esfuerzo del Departamento respectivo.

El problema agrario

Debemos envanecemos de que el problema agrario ha encontrado ya un eco vigoroso en la conciencia nacional, y que se han resuelto los escollos principales que a su realización se oponían, ya que va en una franca marcha hacia el desarrollo definitivo de todas sus manifestaciones.

Se ha creído que yo soy un revolucionario de los que han exigido una recompensa a sus sacrificios en la lucha, y están equivocados; yo he sido quizá de los más avaros de los revolucionarios, porque aliento la esperanza de obtener la recompensa por mis luchas libertarias en favor de las clases rurales, de las clases que mas han necesitado del apoyo de la Revolución, de llevar la confianza y el cariño de todos estos hombres el día que abandone el Palacio Nacional.

Debe proseguir el desarrollo del programa social, extendiendo su radio de acción a todas aquellas clases sociales que tienen que subvenir a las necesidades de su hogar con los emolumentos que obtienen por su trabajo personal, promoviendo las reformas y las leyes más adecuadas para la realización de esta finalidad, y atendiendo los diversos aspectos que el problema agrario presenta para su desarrollo sucesivo.

Los campesinos saben que durante el período en que actué coma: encargado del Poder Ejecutivo Federal de la Nación, se realizaron todos los esfuerzos compatibles con la ley y con la moral, en favor de su mejoramiento material y moral, venciendo resueltamente la resistencia que oponían a la política agraria de aquel Gobierno los grandes intereses que se sintieron lesionados por ella.
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Nada podría hacer la reacción en los campos de batalla, porque las revoluciones nacen y se desarrollan en los campos, y en los campos ha perdido todo su prestigio el elemento reaccionario.

Continuando la política agraria que ocupó lugar preponderante en el programa de la Revolución, he procurado ir resolviendo de manera firme y segura el problema del reparto de la tierra, para formar agricultores en pequeño y de vida independiente, en el mayor número posible.

La cuestión internacional

Cuando surgió el primer conflicto con los grandes intereses materiales exteriores, que se creyeron lesionados por las leyes que la administración del señor general Calles facturaba y promulgaba, y la crisis internacional se presentó con aspectos muy serios, demandando toda la atención del Gobierno, el clero, cabeza más visible entonces de la reacción, creyó que el destino le brindaba una oportunidad propicia para su desagravio, y por boca de su más alto dignatario hizo una declaración en que desconocía nuestra Carta Magna, suponiendo que el Ejecutivo Federal no se atrevería a enfrentarse con su poder, mientras no encontrara una solución satisfactoria a la crisis internacional y evadiría una nueva lucha.

Consolidar la personalidad política y moral de nuestra nacionalidad como pueblo autónomo, ha sido una de las principales preocupaciones de los hombres de la Revolución, y a ella han hecho honor hasta ahora todos los revolucionarios que han tenido a su cargo la dirección de la cosa pública, desde Carranza hasta los días presentes.

Por lo que se refiere a nuestra política con Norteamérica, debemos seguir sosteniendo con energía y decoro el derecho que a México asiste como Estado soberano, para darse la legislación que más acomode a sus finalidades y a sus intereses, sin más limitación que la que impone el Derecho Internacional a todos los Estados soberanos.

No podremos ufanamos de haber realizado nuestra consolidación definitiva de pueblo autónomo y soberano, mientras nuestra independencia económica no quede igualmente establecida en forma definitiva también.

La Revolución mexicana, que no fue sino la consumación definitiva de nuestra independencia, vino a establecer en la Carta Fundamental elaborada el año de 1917 en la ciudad de Querétaro, las bases constitutivas de nuestra emancipación definitiva, de nuestra liberación de las tiranías de dentro y de las tutelas del exterior.

La presión exterior se ha hecho sentir en diversas formas para ver si se modifican leyes, nuestras leyes que perfilan definitivamente nuestra fisonomía como pueblo autónomo y respetable por todos los poderes de la tierra.

El problema del combustible está complicando la vida del mundo y nada remoto sería que una nueva tragedia viniera a ensombrecer la tierra con la disputa del petróleo, ya que los pueblos más poderosos se han dado cuenta de que el dominio del petróleo y el dominio del mundo marchan paralelos.

La cuestión hacendaria

Es el problema hacendario uno de los que tienen que abordarse con mayor diligencia y energía, prosiguiendo el programa de economías, limitando siempre los presupuestos de egresos a nuestra capacidad económica y fomentando la explotación de nuestros recursos naturales para aumentar la riqueza pública y privada.

Una depuración constante de carácter moral para eliminar a los funcionarios públicos que no sepan corresponder a la confianza que se les dispensa con la honestidad con que deben ser manejados los dineros del Tesoro Común y la honestidad con que deben conducirse para hacer honor a sus puestos.

Para la resolución de nuestros problemas económicos, se requiere una eficaz atención en el desarrollo y explotación de nuestros recursos naturales para transformamos en un pueblo exportador, y abandonar la categoría de tributario que por muchos años ha soportado México, teniendo que importar muchos de los artículos que consume, Y que puede producir en abundancia.

Son grandes las deficiencias del Sistema Fiscal que heredamos, y es imperiosa la necesidad de reformado haciéndole las modificaciones que indican las enseñanzas de la vida moderna. Nunca se ha destacado con mayor relieve la conveniencia de abandonar los procedimientos fiscales anticuados, como hoy, que el país renace económicamente, y que importa despejar los obstáculos que se oponen a su prosperidad y cuando hasta las más conservadoras administraciones se ven obligados a seguir las nuevas tendencias de organización social, la cual exige más constante preocupación del Estado por el bienestar de las masas.

Distribuir las cargas públicas en proporción de la capacidad tributaria, seleccionar las materias gravadas fijando cuotas de manera que reporten mayores gravámenes las producciones superfluas que los artículos destinados a satisfacer las necesidades ordinarias de las clases populares, deslindar las jurisdicciones concurrentes y organizar la recaudación conforme a las enseñanzas de la ciencia económica, es un acto de justicia que no sólo aumentará los ingresos del Erario, sino que también presentará al Estado la mejor oportunidad de intervenir sin provocar perturbaciones sociales regulando de una manera más equitativa la distribución de las riquezas y asegurando el bienestar colectivo.

Otras materias

Si nosotros combatiéramos algún culto no tendríamos el derecho de llamamos liberales, porque para ser liberal, en toda la amplitud del concepto, se necesita ante todo, respetar la libertad de conciencia, la libertad de religión, la libertad política.

No creo, ni debemos aceptar, por un solo momento, que en los Estados Unidos de América haya hombres más capacitados, con un poder mayor de asimilación que los nuestros, ahí radica el problema a que me refiero; es necesario que tengamos conocimiento de nuestro propio valer, y que no vayamos a atribuir la torpeza de nosotros mismos, a que nuestros estudios sean prolongados.

Para acercarme siquiera a ese cumplimiento del deber que tanto anhelo, es factor indispensable el conocimiento personal de las necesidades de cada una de las distintas entidades que forman la patria mexicana.
 
Como Primer Mandatario de la Nación, quiero respetar lo que he dicho muchas veces, que la Constitución General de la República, con o sin defectos, será la pauta única del Gobierno Federal, porque todos los ciudadanos, con más amplio criterio, podrán ejercitar sus derechos, sin salirse de esta pauta que es la Constitución General de la República, porque es la única que puede determinar los actos de sus gobernantes.

Cuando se satisface una necesidad, empieza a sentirse otra; porque es siempre el mayor dolor el que reclama todas nuestras atenciones; pero detrás de ese dolor, sigue otro dolor, y por eso la humanidad nunca ha dejado de luchar por conquistar un mejoramiento.

El deseo mío de llevar al Poder la mayor suma posible de conocimientos, en lo que respecta a cada una de las necesidades de la República, ha sido la base de mi jira política.

Los hombres que logran, durante la lucha por la vida, sobresalir de los demás, están siempre obligados por un mandato imperativo del deber, a tender la mano a los que no han podido obtener las conquistas que aquéllos han alcanzado, y los pueblos que han logrado una evolución más rápida en el mundo, están obligados moralmente a prestar apoyo a los pueblos más débiles que en una lucha justa y desesperada se debaten continuamente, buscando un mejoramiento moral, político y económico.

Es necesario, pues, que ya que la situación es tan propicia, sepamos aprovecharla para tendemos la mano y prestamos el corazón; que dejemos las fórmulas de la diplomacia para que las practiquen los hombres que las tienen encomendadas y que vayamos los pueblos hacia una unión efectiva, para una base de fraternidad y armonía que garantice para siempre el futuro bienestar de los pueblos.
Es necesario que, conscientes de los estragos que la guerra pasada ha dejado en la humanidad, hagamos un esfuerzo para abolir de nuestra querida América la palabra "guerra".

México ha nacido a una nueva vida de paz y de progreso, y no cree que los pueblos aislados puedan vivir ni encontrar su porvenir dentro de sus fronteras, si no toman en cuenta la grandeza y unión de los demás pueblos de la tierra.

Creemos como pertenecientes a la América, que el porvenir de todo el continente quedará completamente asegurado, si viven en fraternidad estrecha todos los pueblos que lo integran; para esto, estamos en la mejor disposición de respetar los derechos de los demás pueblos y de exigir se respeten los nuestros.

La definitiva liberación del espíritu colectivo es la conquista más grande que ha realizado el hombre en los últimos tiempos, el desvincular en lo absoluto los poderes humanos de los poderes divinos, en nombre de los cuales se han cometido tantos desacatos a la humanidad, y tantos errores pertenecientes ya, por ventura, al pasado.

Nosotros creemos que la humanidad asiste actualmente al derrumbamiento de un pasado caduco, construido por tiranías sobre base de fanatismo y prejuicios, y que bajo los escombros de esas formas envejecidas, quedarán sepultados todos aquellos que intenten oponerse al derrumbamiento.

Nosotros creemos que la moral, la inteligencia constructiva y generosa, y la cultura, son las fuerzas llamadas a gobernar al mundo en la vida moderna, y que no serán por cierto los países que construyan cañones de mayor alcance, los que realicen las más grandes conquistas, sino aquellos que den a la humanidad pensadores cuyo genio permita ahondar el porvenir y señalar las catástrofes que podrían nacer de la imprevisión y del egoísmo.

Ruego [a los que] integran la familia vecina de Norteamérica, digan a sus representados que México ha declarado abolidas sus fronteras, y abierto sus brazos para los hombres de buena voluntad, de todas las latitudes y de todos los idiomas que quieran atravesar su línea geográfica y venir a realizar con nosotros un esfuerzo noblemente armonioso, encaminado al engrandecimiento de nuestra patria y al bienestar colectivo.

Barreras infranqueables las fronteras, las convertiremos en murallas, y con ellas cerraremos el paso a todos aquellos hombres que pretendan venir a explotamos, sin conciencia, con un aire de superioridad, y obtener mayores ventajas que las que legítimamente les corresponden, en consonancia, con el contingente de sus aportaciones.

Que México no es un país refractario a la civilización, pero se opone y se opondrá a que se le imponga civilización determinada, porque quiere llegar a obtenerla mediante el esfuerzo de sus propios hijos y el apoyo de los que quieran impartírsela, sin miras aviesas; en absoluta concordancia con su origen, y sin perder ninguna de las características de sus nobles y sagradas  tradiciones.

Y el misterioso secreto de nuestros hechos lo encuentran los que han observado que nuestros actos han sido siempre respaldados por el pueblo, consciente de sus deberes, dispuesto siempre a los mayores sacrificios, para consolidar definitivamente sus grandes destinos.

En materia de cultos, libertad completa para el ejercicio de todos sin admitir ninguna influencia sectaria y exigiéndoles siempre a sus ministros el absoluto respeto a la reglamentación que nuestras propias leyes establecen.

Debe fomentarse la colonización extranjera, principalmente de aquellas razas que mayor afinidad tienen con la nuestra, y que son, por lo tanto, más susceptibles de asimilarse.

Mis compañeros de trabajo en la región Sur de Sonora son los más capacitados para comprender cuántas renunciaciones tengo que hacer para volver a la vida política, interrumpiendo mis actividades en el trabajo, donde tantas cosas empezadas dejo.

La vigorosa personalidad de don Venustiano Carranza, fue muy vigorosa porque respondió a una necesidad nacional.

Es por eso que las mejores energías de mi vida, mi mejor edad y mis mejores actividades las he dedicado siempre al desarrollo de la agricultura, y solamente cuando el país ha necesitado mis servicios, he abandonado mi trabajo, para venir a servir a la causa común, algunas veces con el fusil, y otras en la política.

El arte más raro de los gobernantes, la cualidad más singular es la previsión; preparar su país para relevarlo de los problemas que todos los pueblos del mundo tienen en la época actual, en esta época de la más alta trascendencia para la vida humana en que quiso el Destino brindamos el privilegio de vivir, en esta época de intensidad llena de problemas complejos, debido en la mayor parte de los casos a la falta de previsión en los hombres de Estado.

Después de la revolución, la mentalidad del pueblo mexicano ha cambiado mucho, y ahora estamos conscientes de que el papel de una autoridad que quiera merecer este alto título, consiste en servir con fidelidad y honestamente los intereses colectivos, morales y materiales que le confían los que la elijan para tan elevado cargo.

Para nosotros es tan respetable el masón como el católico, como el evangelista y como cuantos pertenecen a otras diversas sectas, pues sin este elevado nivel moral no tendríamos patria, porque ésta no existe sin religión ni moral.

La parte substancial de la reforma consiste en que los encargados de la administración de justicia serán inamovibles mientras observen buena conducta, es decir, mientras correspondan honestamente a la confianza que en ellos se deposita.
Que se mutilen y sucumban los hombres por los principios; pero que no sucumban ni se mutilen los principios por los hombres.

Los tres enemigos principales de México son: el militarismo, el clericalismo y el capitalismo. Nosotros podemos librar al país de los dos últimos: pero ¿quién lo librará de nosotros? Hay que libertar al país de sus libertadores.

Vacilar ante el deber es renunciar a la categoría de hombre.

Tomado de: Obregón Álvaro. Ocho mil kilómetros en campaña. México. FCE. 1959. pp. 565-586