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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1927 Expulsión de los diputados antirreeleccionistas. El Universal.

Octubre 5 de 1927

 

 

QUIENES SON LOS PRIVADOS DE SU CURUL EL DÍA DE AYER

Una terrible requisitoria contra los que se habían declarado partidarios de los generales Serrano y Gómez.— El Diputado Altamirano apoyó la moción.-
En defensa de aquéllos habló el diputado Cano, refutándolo el diputado Treviño.—Por 158 votos fue aprobada por la asamblea la expulsión propuesta.

 

Tan pronto como terminó la lectura de documentos en la sesión de ayer, diputados Ricardo Tapete, Alfredo Romo, Rafael E. Melgar, Eduardo Loustaneau, José H. Romero, Luis G. Márquez, Constantino Molina, Desiderio Borja, Fernando Pacheco. Alberto Oviedo Mota, y otros más, presentan la siguiente proposición, que reforma la que se discutía al final de la sesión anterior.

QUE DEJEN DE SER DIPUTADOS

''Los diputados suscritos, basados en un principio de estricta justicia y considerando que muchos elementos que se encuentran dentro de la Cámara de Diputados están moralmente identificados con los traidores que han efectuado una asonada en contra del Gobierno de la República, y otros se han declarado en franca rebeldía o ejecutado actos que los acusan como cómplices de ella, estimamos pertinente dar a tales elementos la oportunidad necesaria para que consecuentes con sus opiniones vayan al campo al que estas mismas los llaman; y en consecuencia, proponemos a Vuestra Soberanía que se declare que han perdido su carácter de representantes los siguientes ciudadanos:

José J. Araiza, Enrique Bordes Mangel, Luis G. Belaunzarán, Humberto Barros, Margarito Gómez, Eugenio Mier y Terán. Carlos T. Robinsón, Joaquín Vidrio, Nicolás Cano, Fernando Cuén, Francisco Garza Nieto, Ricardo Covarrubias, Elpidio Barrera, Carlos Flores Tovilla, Francisco Garza, Antonio Islas Bravo, Gilberto Isai, Ramón Ramos, Víctor Rendón, Jaime A. Solís, Antonio Trujillo Espinosa, Francisco de Valle, Ulises Vidal, Gilberto Fabila y Felizardo Villarreal."

Manlio Fabio Altamirano fundó la proposición.

El momento es Solemne para los revolucionarlos mexicanos —expresó al Iniciar su discurso. La infidencia ha levantado su negra bandera pretendiendo derrocar al Gobierno revolucionarlo que preside ese hombre do bronco que se llama Plutarco Elías Calles. Y en este momento do angustia y de sorpresa, yo vengo a fundar, con toda energía la proposición a que se acaba de dar lectura. Es el momento de hablar claro y sin miramientos, ya que estamos en el terreno de la violencia, en el terreno de la guerra, al que nos han llevado nuestros adversarlos. Así, pues, que no vengan ellos, los que agredieron, a clamar misericordia.

Desde el comienzo de la campaña electoral, a pesar de los manifiestos tartufescos de los candidatos que se titularon antirreeleccionistas, el pueblo vio que Gómez y Serrano estaban con la reacción, y convencido de la exactitud del descubrimiento, de por lo que la voluntad popular respaldó la candidatura del general Obregón. Y la rebelión no nos ha sorprendido. La rebelión empezó a incubarse desde las primeras actividades de aquellos hombres: desde que el Presidente de la República se enfrentó al más grave problema que ha surgido en la marcha de su administración, y que es el clerical. Y, cuando destruía Calles con mano de hierro el poder de la clerigalla, fue cuando Gómez y Serrano lanzaron sus manifiestos, para halagar a la reacción adhiriéndose a ella y abandonando las filas de la Revolución.

¡Oh!—exclamó el orador —¡cuánto hubiera dado la reacción porqué Calles, como Carranza, se hubiese convertido en jefe de un partido político! Y es, que entonces sí se hubiera podido alzar una bandera de revolución. Pero el Primer Magistrado de la República sostuvo imparcialidad absoluta. El sabía que las reformas hechas a los Artículos 82 y 83 de la Constitución no daban preferencia a ninguno de los tres candidatos, que los dejaba en un pie de entera igualdad. Y comenzó la lucha, aparentemente dentro del terreno democrático, pero en breve los candidatos de la reacción pudieron darse cuenta de que el pueblo no estaba con ellos. Y, entonces, buscaron la manera de hacer creer que el Presidente Calles era parcial, más no pudieron formularle un solo carero. Y fue así que los candidatos autorizaron a sus líderes para que entraran al terreno del insulto, de la injuria personal contra el jefe del Gobierno. Y, si el Presidente de la República hubiese sido parcial, le habría sido bastante esa actitud sediciosa y punible para hundir a los candidatos de la ignominia, mostrando a la faz de la nación los expedientes que existen de la actuación de Gómez en la Jefatura de Operaciones, y de Serrano en la Secretaría de Guerra. Y el Presidente Calles no lo hizo. Ordenó que esos expedientes permanecieron donde estaban.

NO BASTO AQUELLA LECCIÓN

Esta actitud de serenidad no fue comprendida por los ambiciosos. Nosotros creíamos que la lección de 1923 habría producido sus efectos; que nuestras luchas políticas quedarían purgadas do esos cuartelazos que tanto empañan el honor del Ejército Nacional. Pero estábamos en un error. En aquella vez, el Presidente Obregón fue magnánimo, perdonó a todos los que solicitaron su clemencia; testigos, Otilio González, Azuela y otros muchos. Más tarde, el general Calles también fue generoso y perdonó a Cándido Aguilar, a Juan Barragán. Y, cuando estos hombres se postraron y juraron no hacer armas contra el que les tendía su mano, ¿qué ha sucedido? Son ellos. Los mismos, que ahora se mostraron ocultos trae de la bandera antirreeleccionista, para lanzarse de nuevo a la rebelión.

De suerte, señores—dijo Manlio Fabio—que en estas condiciones nosotros debemos conducirnos con toda serenidad, pero, también, con toda energía y atentos a la realidad de los hechos.

El general Obregón, desde que empezó en Nogales, Son., su campaña política, viene predicando que repudia la lucha militar; y no porque no sepa de eso, que fue el maestro de todos los que se han rebelado contra el gobierno. El general Obregón ha venido anunciando la lucha cívica, proclamando el respeto a todos los derechos. Y sus adversarios siguieron distinto camino. Se apartaron del terreno legal, desde antes de entrar a la campaña política, y es público y, notorio, que el general Gómez, desde que era Jefe de las Operaciones Militares en esta capital, se sintió presidenciable, y que a ese título conquistaba amigos. Nadie ignora que Gómez, en la Jefatura de Operaciones de Veracruz hizo lo propio, y varios de los diputados veracruzanos fuimos ante el Presidente de la República y le descubrimos lo que se tramaba. Pero, el señor general Calles nos dijo que no quería precipitar los sucesos, ni dar motivo a que estos hombres se anticiparan. Pero los hechos fueron precipitándose hasta culminar en la traición del general Almada, que puso en peligro de muerte al Presidente de la República y al Secretario de la Guerra; porque, si los generales Calles y Amaro concurren a las maniobras militares de la noche del domingo, en Valbuena, habrían sido hechos prisioneros y fusilados.

De suerte, señores, que el Presidente de la República fue paciente y generoso. Y los traidores, a esa paciencia le llamaron tontera, y se dedicaron a conspirar ya con el rostro descubierto, sin ocultarse de nadie, proclamándolo en todas partes. Y en esas conspiraciones participaron loa diputados antirreeleccionistas, con esa acción se apartaron resueltamente del camino de la ley. Y yo pregunto, ahora, ¿qué van a alegar en su favor? ¿Qué legalidad es esa que piensan invocar para que los salve? ¿Acaso han seguido alguna ley? Ellos han conspirado contra el gobierno que les dio toda clase de garantías. Lo han traicionado. Han faltado a sus juramentos.

Pues bien: nosotros debemos aplicarles el criterio político. ¿Estamos en momentos de violencia, en tiempos de guerra? Pues en la guerra, como en la guerra. Señores antirreeleccionistas dice a los aludidos:—Ustedes que han conspirado contra el gobierno de Plutarco Elías Calles...

— ¡No!... ¡No! —protestan Candelario Garza y otros colegas.

Manilo Fabio insiste: —Sí, señores; ustedes iban conspirado contra un gobierno revolucionario, buscando su caída. Y puesto que han dejado la ley por la carabina, ustedes deben empuñar las armas, en vez de venir a este recinto a invocar hipócritamente la ley. Nosotros vamos a obrar con energía, porque no queremos en el seno de la Representación Nacional a conspiradores emboscados, que se amparan en el fuero constitucional.

Si nosotros ya hemos dicho que respaldaremos la política de Plutarco Elías Calles, si nosotros estamos solidarizados con él, debemos proceder como él ha procedido, dejando caer su mano justiciera sobre los traidores. Y, si mañana caemos, caeremos con él, convencidos de que hemos cumplido nuestro deber.

Señores antirreeleccionistas: no os arrepintáis de haber elegido el camino de la violencia. Vamos a él, que allí también sabremos derrotaros. Nosotros no vamos a hacer otra cosa que poner a ustedes en condiciones amplísimas para que vayan a ocupar los lugares que les corresponden. ¿Por qué empeñarse en estar con nosotros, si sois traidores, si estáis conspirando? ¿Qué hacéis a nuestro lado? ¿Acaso no sabéis que nosotros somos leales y que apoyaremos hasta lo último la acción del Primer Magistrado?

La lucha la han iniciado Gómez y Serrano. Muy bien.

Nosotros aceptamos la lucha armada con el mismo entusiasmo con que aceptamos la lucha cívica. Y espero que los diputados den su voto con serenidad, con energía, sin titubeos, pensando que, si mañana nosotros caemos en poder de los reaccionarlos, trágico será nuestro fin. Por fortuna, la lucha durará poco tiempo, porque todos los hombres del campo y del taller están con ese hombre de bronce que se llama Plutarco Elías Calles.

DEFENSA DE UN ANTIRREELECCIONISTA

Y en contra de la proposición habló el diputado antirreeleccionista Nicolás Cano. Convino en la necesidad de que cada quien tome el terreno que le corresponde; pero— añadió—también es indispensable que a cada quien se juzgue como corresponda.

Expresó que él no hablaba en nombre de sus compañeros, sino personalmente. Y, así, declaraba que él no había intervenido en ninguna conspiración, ni había ayudado a provocar la lucha armada. Y para aquellos que lo consideran responsable de los actos de su Partido, observó que posiblemente en el Bloque Obregonista hay varios diputados que no están conformes con la iniciativa que se discute y, sin embargo, la aprobarán por disciplina.

Afirmó que él jamás ha hecho armas contra nadie. Repudia la violencia. Si él fuera partidario de la lucha sangrienta, no se habría quedado en la capital. Yo sé —dijo— que vamos a salir de aquí; pero tengo necesidad de explicar lo que ha pasado. Voy a juzgar el movimiento desapasionadamente. Para mí, el movimiento revolucionario, netamente revolucionarlo en el país, concluyó con la Constitución de Querétaro. Después ha venido la lucha de acomodamiento, para que los principios revolucionarlos tuvieran pronta y fácil aplicación. ¿Que qué han hecho los partidos políticos para la aplicación de esas conquistas revolucionarlas? Nada. Eso se demuestra con la conmoción que se experimenta en todas partes, en estos momentos en que la lucha se reanuda. Hay que ver el dolor de las madres y de las viudas de los que ya han caído.

—Yo — prosigue— siempre he luchado por ideales, por la organización de la clase obrera. El principio antirreeleccionista lo considero salvador. Y este movimiento al que asistimos, no es sino la consecuencia de las maneras violentas con que muchas de las luchas políticas se han resuelto en nuestro país, por la total falta de justicia. Y en seguida se ocupó de su personalidad. Dijo que sus antecedentes lo abonan. El jamás ha tenido injerencia en ningún movimiento armado. No eludo responsabilidades, pero sólo las responsabilidades que le incumban personalmente. Afirma que los diputados antirreeleccionistas, saldrán de la Cámara contra toda ley, violando todo procedimiento...

—¿Qué procedimiento—le pregunta Manilo Fabio—qué ley han seguido ustedes para conspirar contra el gobierno legítimo, para traicionarlo?

Cano responde que, él no ha desconocido al Gobierno.

Manlio Fabio observa que los antirreeleccionista se han ido al campo rebelde. El deber de Cano y de sus compañeros, si son hombres le manda ir con los suyos.

Cano responde que no todos los antirreeleccionistas son devotos de la violencia. Entre los antirreeleccionistas, como en todos los grupos, hay, minorías que no pueden imponer su criterio....
y, entonces, Manilo Fabio hace notar a la Asamblea que ningún antirreeleccionlsta ha protestado, ni condena la asonada militar. Sólo se les ocurre decir que son minoría... En el terreno de la violencia, a que nos han llamado, no se reconocen minorías…

—¿Usted puede asegurar—pregunta Cano a Manlio Fabio—que efectivamente yo he tomado parte en las conspiraciones, y he ayudado a preparar el levantamiento? Y torna a decir que los antirreeleccionistas van a ser arrojados de la Cámara violando todo procedimiento, sin ser consignados al Gran Jurado. Pero saldremos con honor—termina.— De mí sé decir que llevo las manos limpias. No he derramado sangré ni de un compañero, ni de un mexicano, ni dé un extranjero,
!—Es una palomita!—comenta con sorna Manlio Fabio.

ACEPTAN LAS RESPONSABILIDADES.

El siguiente orador, en pro, fue el diputado laborista Ricardo Treviño. Ayer—dijo—el compañero Gutiérrez vino a esta tribuna en nombre del Bloque Laborista de la Cámara a ratificar la adhesión del movimiento político y del movimiento sindicalista que representamos, al Gobierno de la República. Los acontecimientos que se han desarrollado en estas 24 horas nos obligan a venir nuevamente con motivo del asunto que se debate, para hacer algunas consideraciones y declaraciones que consideramos importantes para nuestras agrupaciones y para, el país.

¿ En estos momentos, cuando ya tenemos declarado que respaldaremos con toda nuestra fuerza moral la material al Gobierno de la República, es necesario declarar, además, que consecuentes con esta actitud aceptamos sin reserva de ninguna naturaleza las responsabilidades que se deriven de esta actitud con relación a los actos del Gobierno de la República que ha tenido que ejecutar y que seguirá ejecutando, para sofocar la rebelión de los infidentes.

En un momento como éste, en que se ponen a prueba los elementos de la Revolución, en que la infidencia y la traición ponen en peligro la unión revolucionaria, no es posible que ningún grupo que se considere revolucionario deje de asumir actitud definida. El movimiento laborista siempre ha aceptado sus responsabilidades, siempre su actitud ha sido definida. Y así, pues, al Partido que nosotros representamos en esta Cámara, acepta sin reservas las responsabilidades de la situación.

No es posible en un momento como el presento establecer distingos entre loa actos buenos que todos aprobamos, y los errores que puedan cometerse. Por eso nosotros nos hacemos solidarios de los actos de esta Cámara.

Hechas estas declaraciones —prosiguió Treviño— es necesario dar a conocer el punto de vista nuestro, respecto de la proposición que se discute. Realmente, mucho hay que decir sobre cada cuestión. El compañero Cano ha venido a hacer su defensa en nombre de la libertad y de la ley. Pero no nos ha dicho, por qué, en la Legislatura Cooperatista, él sostuvo que Luis Morones no podía ser diputado, no obstante traer una credencial legítima. Comenta las palabras de Cano, que no quiso hacerse responsable de los actos de su Partido, que dijo creer que muchos obregonistas no estaban conformes con la proposición, pero que la votarían por disciplina de grupo. De suerte—-dijo Treviño—que Cano comprende que, cuando en el seno de un grupo político se toma un acuerdo, todos deben cumplirlo y aceptar las responsabilidades, aún cuando en el seno de su grupo lo hayan impugnado. Yo no sé que cuando los antirreeleccionistas discutieron ir a la rebelión el compañero Cano se haya opuesto; lo que sé es que ahora traiciona a sus amigos por defender la curul. Quiero creer que entre los antirreeleccionistas haya habido algunos enemigos de todo acto de violencia. Pero, quiero que se me señale a algún antirreeleccionista que haya desautorizado el acto de infidencia registrado el domingo por la noche. Todos han callado. De manera que, no solamente han aceptado hasta estos momentos los actos realizados y los actos de los jefes de su Partido, sino que, aún cuando ellos no simpaticen con tales actos, su deber como disciplinados los manda caer como caen los hombres. Venir a decirnos: —Sí, señores; mi Partido ha tomado esta resolución. Yo la acepto y estoy pronto a sufrir las consecuencias.

Los antirreeleccionistas deben hacer lo que nosotros hacemos; nos declaramos responsables de estos actos cualquiera que sea el resultado de la lucha. Y en seguida el orador negó que esta rebelión obedezca a la falta de justicia. Es mentira. No existen esos actos. Nosotros hemos venido a señalar que aquí, allá, no se hace justicia a los trabajadores; pero nadie tiene derecho a afirmar enfáticamente que no se hace justicia en el país. No se hacía en Veracruz, en Puebla, lo denunciamos, y se ha conseguido. Si nosotros, en vez de seguir el camino de la ley, hubiéramos recurrido a las armas, nuestra conducta habría sido criminal. No ha sido la falta de justicia el origen de este movimiento.

Han sido las ambiciones. Si estos señores se hubieran esperado a las elecciones, habrían tenido Pretexto para decir que se violó, el voto público, que se cometió una imposición; pero, si, faltan diez meses para las elecciones, ¿cómo saben que iba a consumarse la imposición? ¿Cómo asegurar de antemano, que va a pasarse sobre la voluntad popular? No. No hay que venir con ardides. Mentira que la rebelión no sea contra el Gobierno del general Calles. Este movimiento se planeó para provocar la caída de un Gobierno revolucionarlo. No es contra el Poder Legislativo, como se dice en los corrillos: es contra la estabilidad de las instituciones. Los antirreeleccionista pretendían formar una nueva Cámara con los elementos de la Coalición de Partidos Regionales y los veinte o más que son ellos. Pretendieron disolver esta Cámara. ¿Acaso el Presidente Calles permitiría tal atropello? ¿Disuelto el Poder Legislativo, cabe pensar que él continuaría en su puesto? Los antirreeleccionista pensaron arrojarnos a todos nosotros, y entonces no les pareció una enormidad. Enormidad les parece que los arrojemos a ellos con sobra de motivo.

Todavía ayer les brindamos la oportunidad de salvación, invitándolos a condenar el movimiento traidor. Y no, aceptaron. Pensemos nosotros. sí la traición hubiera triunfado, ¿qué habría sido de todos nosotros? Habríamos tenido que huir, y los que no huyeran habrían sido asesinados., y nosotros, lo único que hacemos es obligar a este grupo de hombres a que vayan á reunirse con los suyos: ¡ queremos enseñarlos a que cumplan con su deber…

—           Yo repruebo la rebelión. — grita el antirreeleccionista Belaunzarán.
—           ¡En esos momentos!... — comenta la asamblea.

Y Treviño ridiculiza esa protesta. No. Ya es hora. Pasó el momento de lavar la culpa. Los antirreeleccionista sabían, como lo supo todo el mundo, que irían a la rebelión. ¿Por qué mostrar extrañeza hasta ahora?

Nosotros—continúa—estamos convencidos de que estos señores deben dejar de ser diputados, para que vayan a desempeñar la misión que de ellos esperan sus compañeros de aventura, o que vayan ante las autoridades, para responder de sus actos. Luego, el orador dijo que Cano era comunista, y que los comunistas de México son espías al servicio de Moscou, a quien han señalado al Presidente Calles como poco amigo de los trabajadores. Cano está ejerciendo espionaje dentro de la Cámara. Y terminó manifestando que los laboristas están perfectamente conformes con la medida que se propone; que se solidarizan con los actos de la Cámara y aceptan la responsabilidad de los actos buenos y también de los errores que se cometan. Los laboristas no harán el papel que han hecho los antirreeleccionista. No vendrán a pedir perdón, ni a decir que no son responsables do los actos de su Partido.

LA EXPULSIÓN FUE APROBADA

Todavía hablaron: Zincúnegui Tercero, para demostrar que en este negocio no puede aplicarse un criterio legal, sino que se impone el procedimiento político. Y Elpidio Barrera y Ricardo Covarrubias, que estaban en la lista negra, para declarar que ellos, ni el diputado Fabila habían conspirado, ni tenían ligas con los antirreeleccionista organizados en México.

Y se juzgó el asunto ampliamente discutido. Y en votación nominal y por unanimidad de 158 votos, fue aprobada la proposición.

Los diputados antirreeleccionistas permanecieron en la sala hasta los momentos de la votación. Cuando se convencieron de que estaban perdidos, resolvieron salir a la calle.
Cuando se hizo la declaratoria, ya no restaba ningún diputado antirreeleccionista en la Asamblea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“El Universal”. México, D.F. 5 de octubre de 1927. Págs. 1,12.