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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


Carta del Arzobispo Mora y del Río en nombre del Episcopado Mexicano al presidente Calles.

Mayo 18 de 1926

Señor presidente:

Como jefes de la Iglesia católica de México nos sentimos imperiosamente obligados a protestar ante Vd. por la expulsión del Excmo. señor Dr. D. Jorge José Caruana, arzobispo de Sebaste y delegado apostólico en México.

Recuerda aun el pueblo mexicano con honda pena y gran vergüenza, y lo recuerda el mundo civilizado, la no muy lejana expulsión del Excmo. señor Dr. D. Ernesto Filippi, arzobispo de Sárdica y también delegado apostólico entre nosotros; expulsión fundada en motivos fútiles, que no pudo justificar el gobierno ante la Santa Sede.

Consta asimismo al mundo entero que con digna prudencia soportó la Santa Sede en silencio, ofensa tan grave e inusitada, porque esperaba con paternal afecto hacer comprender al gobierno los indiscutibles derechos de sus delegados y los beneficios que la admisión pacifica de ellos reporta a los pueblos.

Son ya del dominio público las cartas de 5 de septiembre de 1924 y 25 de octubre del mismo año, respectivamente, del Excmo. cardenal Gasparri, Secretario de Estado de Su Santidad, y del señor Lic. D. Aarón Sáenz, secretario de Relaciones Exteriores del señor Presidente D. Álvaro Obregón. Por ellas se estipuló de común acuerdo la manera de aceptar un delegado apostólico en México, y la promesa de parte del gobierno de no expulsarlo en ningún caso, sino de pedir, en posible conflicto, la remoción del mismo al santo padre.

Como asegura Su Santidad Pío XI en su carta del 2 de febrero de 1926 al señor arzobispo de México y demás prelados de la Republica, el Excmo. señor Dr. D. Serafín Cimino, delegado apostólico, no pudo regresar al país porque el gobierno faltó de un modo inesperado a su promesa.

Por tercera vez el gobierno de México hace hoy un doloroso agravio a Su Santidad, a la Iglesia católica y a nuestro católico pueblo.

Mas sea esto lo que fuere, es manifiesto que con este hecho tan atrozmente injusto se recrudece la hostilización a la Iglesia católica de México y se infiere de nuevo gravísima ofensa a la Santa Sede.

En virtud de esta actitud es deber sagrado nuestro hacer ante Vd.. y ante la nación y ante el mundo, solemne, pública e irrevocable protesta de adhesión al Soberano Pontífice, que sabiamente nos rige por voluntad de Dios y con beneplácito del mundo civilizado. Como lo declaramos en nuestra reciente carta pastoral colectiva, no depende de nuestra voluntad modificar la constitución divina de la Iglesia; constitución establecida por Jesucristo, sancionada universalmente por veinte siglos y causa principal de la civilización del mundo.

Se ha afirmado en las esferas oficiales del gobierno y aun a representantes diplomáticos que el clero mexicano ve con buenos ojos la expulsión del señor delegado. Negamos tal afirmación y estamos seguros de que jamás podrá demostrarse.

Hacemos pues un voto de amor y de adhesión al Excmo. señor Dr. D. Jorge José Caruana que durante su breve estancia en México con tanto acierto y prudencia trató los negocios eclesiásticos, ayudándonos con sus consejos en las difíciles circunstancias que atravesamos.

Y nuevamente rogamos a Vd., señor presidente, reconsidere el hondo pesar que esta medida ocasiona a la inmensa mayoría del pueblo mexicano y piense bien el gobierno que si el fin que propone con las repetidas expulsiones de delegados apostólicos en México, es relajar y romper si pudiese, los vínculos tradicionales de la Iglesia católica de México con Roma, sepa el señor Presidente, que cada nuevo dolor es un vinculo nuevo de a'mor y unión con la eterna sede de Pedro.

Protestamos a Vd.. las seguridades de nuestra atenta consideración.

México, 18 de mayo de 1926. Por el episcopado mexicano, José Mora, arzobispo de México. (Firmado.)