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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1925  Informe de Tito Crespi a Pietro Gasparri la disposición del Presidente Calles.

Delegación de México, marzo 27 de 1925

Informe de Tito Crespi a Pietro Gasparri sobre la llegada de monseñor Cimino y la disposición del Presidente Calles

 

Observé [al Subsecretario de relaciones exteriores] que me sorprendía mucho esta tardía determinación y el imprevisto cambio de decisiones, mucho más puesto que era conocida la existencia de un acuerdo entre la Santa Sede y el Gobierno mexicano sobre el nombramiento del Representante Pontificio. El Señor Estrada me dijo que el Presidente está molesto por la actitud tomada por los católicos y en especial por la publicación del manifiesto de la Liga de defensa religiosa fundada a raíz de los últimos acontecimientos. Objeté que en todo esto no tenía nada que ver el Señor Delegado y la Delegación, pero el Señor subsecretario insistió en repetirme que el Presidente estaba contrariado y que él no podía repetirme más que la orden que tenía.

Le pregunté si no había esperanza y medios para conseguir que la orden fuese, por lo menos, modificada, porque con una dilación en un plazo indeterminado veo un peligro fácil de adivinar. El Subsecretario se encogió de hombros y me repitió que lo que importaba era que el Señor Delegado fuese puesto en conocimiento de la decisión tomada. Señalé que, estando Mons. Cimino de viaje, no me sería posible localizarlo, que sólo podría informar a mis superiores, pero sin asegurar que la Secretaría de Estado pudiese ponerse en comunicación con el Señor Delegado. El Señor Estrada observó que no me faltaban medios telegrafiando a los Obispos y Párrocos de la zona fronteriza, y que, por otra parte, no se podía suponer que un Gobierno pudiese perder contacto con un representante suyo. Por último agregué que habiendo desembarcado Monseñor Cimino el 21 de marzo, bien podía estar ya en territorio mexicano. La conversación terminó en este punto.

No me creí autorizado para entrar en una larga discusión y por otra parte no me parecía bien hacerlo, antes que nada porque el Señor Estrada habría continuado respondiéndome que él no podía más que trasmitirme la orden del Señor Presidente, y también porque creí más útil dejar libre el campo a la Santa Sede para discutir la imprevista decisión presidencial según el acuerdo ya estipulado y del que no conozco los términos.

Adjunto el manifiesto de la Liga que según el Señor Estrada es la causa de la determinación presidencial y así podrá ver la relación que existe entre las dos cosas y el valor del documento.

La Liga ha surgido sin la injerencia de Obispos y sacerdotes con ocasión de los escandalosos sucesos del presunto cisma y de las provocaciones permitidas e incluso apoyadas por el Gobierno contra los católicos. La iniciativa apenas había surgido y ya estaba lanzada, y ninguno habría podido pararla. Los obispos se han movido con toda prudencia y nada de sus decisiones se filtró. Puesto al corriente de cuanto se había decidido y que consistía especialmente en un memorial a la Santa Sede, me permití indicar la conveniencia de esperar al Señor Delegado, antes de dar nuevos pasos, dado que la llegada era inminente. Y en esto se convino.

La posible causa que ha motivado la actitud del Presidente no es el manifiesto de la Liga, sino la tendencia de Calles a una política antirreligiosa, deplorada incluso por gente que participa en su gobierno y que había hecho promesas de una política serena hacia la religión.

De un mes a esta parte cada día hay una nueva violación de los derechos de la Iglesia, por iniciativa del Presidente y sin que los católicos lo pongan en ocasión.

El otro motivo real es el fracaso del intentado cisma en el que confiaba el señor Calles como arma contra la Iglesia. El ridículo en que cae la iniciativa, la participación del pueblo decidido a defender sus iglesias con las armas, la unanimidad de la prensa en la condena del comportamiento del gobierno irritó todavía más al S. Calles que se va desahogando ahora tomando medidas odiosas contra el clero y la Iglesia.

En cuanto a la Liga el motivo de la irritación del Presidente, más que en el manifiesto hay que buscarlo en otro fracaso del Gobierno.

Apenas salió la publicación [de la Liga] se apresuró a denunciarla como subversiva para encarcelar a cuantos habían firmado el documento, pero el Procurador General no encontró las bases jurídicas para tal medida y el Gobierno tuvo que retirar la denuncia, criticada por toda la prensa.

Desde hace dos meses el horizonte se va encapotando cada vez más y ninguna fuerza amiga o enemiga sirve para detener al Presidente en la pendiente de la lucha religiosa.

En los Estados se llega al absurdo. En Tabasco se ha publicado un decreto en el que para ejercer el sacerdocio se exige no tener más de 40 años, haber estudiado en escuelas del gobierno, estar desde hace cinco años en el Estado y, finalmente, estar casado.*

El sentimiento de antirreligiosidad es profundo en el Presidente tanto que, por citar un ejemplo, el Ministro de Alemania me decía que el Señor Galles había rehusado asistir a la ceremonia religiosa en sufragio por el Presidente Erbert ** y había pensado hacer también una civil.

Notas:
* Se refiere al edicto del 28 de marzo del Gobernador de Tabasco Garrido Canabal.
** Friedrich Ebert (Heidelberg, 4 de febrero de 1871 - Berlin, 28 de febrero de 1925) fue un dirigente obrero y primer presidente de la República de Weimar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Soberanes Fernández José Luis y Oscar Cruz Barney (Coords.) Los arreglos del presidente Portes Gil con la jerarquía católica y el fin de la guerra cristera. Aspectos Jurídicos e históricos. [Serie Doctrina Jurídica, núm. 718]. México, UNAM-IIJ, 2015.