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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1918 Manifiesto al pueblo de México y a los Gobiernos de las Naciones Aliadas en la Guerra Mundial Contra los Imperios Centrales Europeos. Félix Díaz.

Cuartel General en el cantón de Veracruz, Estado de Veracruz, a octubre 1° de 1918

 

Félix Díaz, General en Jefe del Ejército Reorganizador Nacional, y los suscritos generales, jefes y oficiales, dirigimos el presente manifiesto al pueblo mexicano, en general, y, de una manera especial, a los elementos siguientes:

A los miembros de los extinguidos Ejército y Armada Nacional sin excepción de ninguna especie;
A todos los grupos levantados en armas contra el carrancismo, cualquiera que sea su filiación u origen político;
A las enormes masas que constituyen el proletariado de los campos; a las ciases obreras y menesterosas;
A los terratenientes;
A los interesados en la riqueza petrolífera del país;
A los mineros, banqueros, industriales y comerciantes;
A los nacionales y extranjeros desterrados de nuestra República;
AI clero;
A los extranjeros que tienen intereses en nuestro país; y finalmente, por singulares razones,
A los gobiernos de las Naciones Aliadas en la guerra que sostienen por salvar los más sublimes intereses de la Humanidad contra los Imperios Centrales Europeos.

La situación interior y exterior de nuestra República ha sufrido hondas y perturbadoras reformas después de expedida el Acta de Tierra Colorada, de fecha 23 de febrero de 1916. Por tan fundamentales razones, se impone la reforma de dicha acta, con el único fin de hacer posible la salvación de nuestra Patria.

La Constitución legítima de 5 de febrero de 1857 ha sido suplantada, mediante el imperio de la fuerza bruta, por la apócrifa de 5 de febrero de 1917, violando todos los procedimientos legales, y usurpando, quienes forjan esta última, funciones y facultades que el pueblo mexicano no puede otorgar en forma diversa de la establecida por la misma Constitución violada.

Venustiano Carranza, con fundamento en la Constitución carrancista, se hizo elegir Presidente por la soldadesca que con él ha compartido el cuantioso botín del saqueo nacional, impidiendo, por la fuerza, que votaran los ciudadanos independientes no comprometidos en la fracción que capitanea.

Contra los ideales de la Revolución y contra la voluntad del pueblo, ha absorbido y monopolizado en su persona en todas las formas posibles el Poder Ejecutivo de la nación. Se hizo nombrar primer Jefe de la Revolución, cuando ésta se posesionó de los puestos públicos, ejerció el mismo cargo, como jefe del criminal y atentatorio periodo preconstitucional; expedida la pseudo Constitución de Querétaro, continuó ejerciendo la suprema magistratura de la República, para hacer las elecciones a su favor; y verificadas éstas, mediante el atropello de todos los derechos electorales de los ciudadanos, se ostenta ahora como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Las justas aspiraciones del pueblo para conquistar la efectividad del sufragio y la de no reelección, que tanta sangre y tanta ruina le han costado al país, han sido pisoteadas por Carranza en forma tal, que nuestra historia no registra el ejemplo de nadie que, como él, haya ejercido el supremo mando de la Nación a título de Jefe revolucionario, de Jefe preconstitucional, de Presidente interino, para efectuar las elecciones y de Presidente definitivo elegido por la fuerza de sus secuaces. Tan enorme monstruosidad solamente es posible dentro del cataclismo mundial de los tiempos presentes.

Es ya una verdad de dominio internacional que los llamados ideales carrancistas han sido y son: robo, como fin, y el destierro, el atropello y el asesinato como medio. Los caudales públicos han sido dilapidados: los bancos vaciados por la fuerza y clausurados; las fábricas, despojadas e incendiadas; los campos arrasados; el comercio, pillado y después monopolizado en sus más lucrativas especulaciones por los soldados de Carranza disfrazados con los atributos del Ejército Federal.
Las clases acomodadas han sido expulsadas de sus hogares y desposeídas de sus legítimos bienes, para ser éstos devorados y consumidos en las bacanales del carrancismo.

El saqueo carrancista se extendió y está vigente en todos los ámbitos del país, y a fin de que no quedara exento de él ni el más humilde y remoto de sus habitantes, se implantó, en fabulosa escala, mediante la imposición de la fuerza, la colosal estafa del papel moneda, desquiciante calamidad que nunca había sufrido nuestra Patria, ni en los más angustiosos periodos de nuestra vida nacional.

La instrucción pública, fundamento principal de la grandeza de todos los pueblos, ha sido relegada a función municipal de segunda clase, cuando los anhelos conscientes de la Nación, y las necesidades modernas del progreso cultural imponen su encumbramiento y federalización.

Nuestro país y todas las naciones que conviven con nosotros en la vida internacional esperaban que el carrancismo hubiera saciado sus pasiones y su hambre de despojos y de riquezas durante el atentatorio periodo preconstitucional y que, concluido éste, promulgara la pseudo Constitución de Querétaro, perpetrado el fraude electoral y apoderado Carranza de la Presidencia de la República, empezará una era de relativa tranquilidad y concordia para hacer posible la vida a todos los habitantes y volver aunque fuera paulatinamente al régimen legal.

Desgraciadamente, Carranza y sus secuaces han resultado más criminales y abominables como Gobierno que como revolución, porque los atentados se realizan cada día en proporción creciente, y porque ahora cuentan para realizarlos más fácil e impunemente con la amplia y detallada organización de un Gobierno, sumando a las fuerzas carrancistas armadas los numerosos elementos civiles en la administración.

El carrancismo se ha adueñado del país como de un patrimonio individual que le pertenece con exclusión absoluta de todos los mexicanos y extranjeros que no sean carrancistas. Dispone de los bienes nacionales y de los de propiedad privada con mayores derechos y abusos que sus legítimos dueños; ha cerrado las puertas de la República a todos los emigrados, tanto por medio a las naturales reacciones defensivas en el interior del territorio, cuanto para poder seguir disfrutando de los bienes incautados de que han sido despojados. A tal grado llega el despótico régimen del carrancismo, que sus cónsules niegan pasaportes a los ciudadanos mexicanos, no sólo para regresar a su Patria, sino hasta para ir de un país a otro con el delictuoso objeto de esclavizarlos y mantenerlos inmóviles en los lugares en que están pasando el injusto destierro. La mayoría de las clases directoras, por su cultura, por su decencia y por su posición social, han sido arrojadas de la República, privándolas de su insubstituible cooperación, con irreparable quebranto de la juventud nacional y con incalculables perjuicios para los tiempos presentes y futuros.

Las promesas agrarias no han sido otra cosa que el engaño con que fueron atraídas las masas populares para que ayudaran a la victoria de la fuerza, y lograda que fue, el carrancismo apenas se ocupa de ineficaces y dolorosos procedimientos para burlar la urgente y patriótica solución de este importante problema.

El Ejército Federal, heroico y glorioso, a pesar de las enroñes aberraciones de muchos de sus miembros, sostén y garantía de los intereses individuales, del honor, de la libertad y de la vida de todos los habitantes, así como el defensor de nuestra soberanía interior y de nuestra independencia exterior, fue disuelto porque el país, extraviado con las embriagadoras ideas de la revolución, exigió imperiosamente su extinción porque insensatamente llegó a creer que no podía implantarse la paz hasta que esta indispensable institución no fuese abolida y desarmada. Este ha sido el más desquiciante de los errores del pueblo mexicano porque, suprimida la garantía y el respeto que impartía el Ejército Federal, quedó toda la República en poder de los facinerosos que no habían encontrado quien se les pudiera oponer en su obra de latrocinio y de devastación. Ese valiente y patriótico Ejército, que en unión de todos los elementos sanos del país es el llamado a la inmensa labor de la reconstrucción nacional, ha sido reemplazado por presidiarios, salteadores de caminos y asesinos, que ahora ejercen su criminalidad no a la sombra del Gobierno carrancista, sino en nombre de él y con su apoyo incondicional, para el exclusivo provecho particular de cada uno de los ejecutantes.

Los jefes revolucionarios carrancistas, que son de la más fangosa extracción social y que eran pobres de solemnidad, son ahora los acaudalados del país, viven en una incesante orgía de la más abyecta inmoralidad, pasean en automóviles incautados y derrochan el dinero robado a las clases acomodadas de la sociedad. Le prometieron al pueblo que despojarían a los ricos de todos sus bienes para distribuirlo entre los menesterosos; el despojo se ha efectuado en mayor escala de la prometida, pero los bienes han quedado distribuidos entre los mismos jefes, mientras que el pueblo y hasta las masas inferiores del mismo carrancismo están aullando de hambre y de indignación.

En su afán de expoliación, Carranza ha decretado intolerables impuestos, violando todas las leyes económicas de la tributación, asfixiando las actividades, oprimiendo inicuamente a todos los contribuyentes, cegando todas las fuentes de producción nacional y hundiendo a la República entera en el abismo de la más espantosa bancarrota.

Si las persecuciones, los encarcelamientos, los ultrajes, los robos, los destierros y los asesinatos hubieran recaído solamente sobre los enemigos de la revolución, a pesar de no ser justificables, serían cuando menos parcialmente explicables. Desventuradamente, la inmensa mayoría de las víctimas han sido completamente inocentes, registrándose indefensas mujeres ultrajadas y violados niños y niñas de inmaculada inocencia.

Los extranjeros, a la par que los nacionales, han sufrido iguales horrores y atropellos. La noble, interesante y laboriosa colonia española, tan identificada con nosotros, amante de nuestro país al grado de estimarlo como una segunda Patria, ha sido inicuamente vejada y criminalmente atropellada, tan sólo porque su invencible hidalguía, su honor y sus intereses no se han humillado y puesto al servicio del bandidaje carrancista. Para la respetable colonia española y para España, nuestra heroica madre, solucionados como han quedado en la historia nuestros problemas de pasados tiempos, no debemos tener los mexicanos sino filial cariño, ya que llevamos su gloriosa sangre en nuestras venas, y amor y veneración por sus glorias, a la vez que agradecimiento a aquellos de sus hijos que conviven con nosotros en calidad de hermanos verdaderos.

El carrancismo no ha quedado satisfecho con el cataclismo espantoso que ha producido en el interior de la nación y ha desarrollado una interminable serie de gravísimos errores internacionales, que comprometen nuestro respeto y nuestra tranquilidad exterior. Siempre ha actuado en los más viciosos extremos; el mayor número de veces, como una tendencia consuetudinaria, desciende al más ignominioso servilismo, arrastra por el cieno la soberanía de la República y adopta prácticas y actitudes de lacayo internacional. Cuando su abyección no le ha resultado útil, o cuando, a pesar de serlo, se ha percatado de que peligra su estabilidad en el poder, porque el pueblo no toleraría impunemente la comisión de los delitos intentados, cambia al extremo opuesto y finge una arrogante altanería para causar en las masas ignorantes el consabido timo del patriotismo. En esos momentos de simulación es cuando agita los elementos contiguos a la frontera americana y desarrolla necias amenazas, creyendo que merced a ellas puede lograr más directamente la consecución de sus fines. Su conducta en las dificultades internacionales no ha servido sino para exacerbar nuestras calamidades interiores.

Uno de los crímenes más trascendentales es la mentida neutralidad y bien evidente inteligencia germano-carrancista. Ésta ha hundido la mano en el corazón del pueblo mexicano para agitar dentro de él todos los justos rencores de nuestra historia, en provecho exclusivo del carrancismo y de los intereses germanos en la Guerra Mundial, con grave peligro de nuestra tranquilidad internacional. Si cuando los pueblos obran por el impulso de las propias pasiones yerran, cuando se ponen al servicio de las colosales pasiones de otra nación, forzosamente van a la indignidad, al desquiciamiento y la humillación. Nada tiene que ver Alemania con nuestra historia ni con nuestra situación, ni con nuestros problemas interiores; que nos deje libres nuestros intereses, nuestros resentimientos y nuestras pasiones, que el uso y manejo de ellas es prerrogativa inalienable del pueblo mexicano, único árbitro para disponer de sus destinos. El dinero alemán ha realizado la última de las corrupciones en el ya putrefacto organismo carrancista, de tal manera que prácticamente hemos perdido nuestra soberanía interior, y es el Gobierno alemán el que marca a Carranza el sendero por el cual debe conducir el abnegado pueblo mexicano. Debemos de sacudir y rechazar el disimulado yugo teutón, como sacudiremos todo yugo extranjero, a título de pueblo que tiene conquistada su independencia en el concierto de las naciones libres.

El complot germano-carrancista cada vez se va exteriorizando más y tomando formas concretas de expresión. Las intranquilidades que Carranza hipócrita y solapadamente fomenta a lo largo de la frontera americana tienen por objeto lograr que los Estados Unidos mantengan en ella un considerable número de fuerzas impedidas de ir a prestar su servicio al continente europeo. Se pretende que, en caso necesario, el carrancismo prepare y lleve a cabo irrupciones en los Estados fronterizos de la Unión Americana para comprometer a México en una tremenda guerra, con el objeto de dificultar el desarrollo de las operaciones de los Ejércitos aliados.

Otras de las manipulaciones de ese complot es la relacionada con el problema del petróleo mexicano. Sabido es que las flotas aliadas se mueven en un setenta y cinco por ciento con ese petróleo, y por lo mismo, han ideado entrar en convenios con Carranza, para que éste, de una manera gradual, vaya imposibilitando la extracción del petróleo, llegando el momento dado hasta incendiar los pozos, con lo cual quedará paralizado el setenta y cinco por ciento del tráfico, como si los buques hubieran sido hundidos. Todas estas maquinaciones favorecen únicamente al carrancismo y al Imperio alemán, con irreparable sacrificio para el pueblo mexicano. Por eso queremos descorrer ante él los velos de la intriga, a fin de que consciente de su soberanía impida que Carranza se venda o alquile al Imperio alemán.

Por todas las anteriores razones, hemos juzgado patriótico y necesario hacer un llamamiento general a la Nación y en especial a todos los grupos cuyos intereses han sido conculcados, a fin de excitarlos a la magna obra de la reorganización nacional, dentro de la órbita de sus respectivas actividades. Es ya tiempo que de pongamos término a esta sangrienta lucha que está aniquilando todas las fuerzas vivas de la Patria; debemos de hacer cesar esta contienda fratricida y despojarnos de personalismos que dividen, de odios y rencores que atropellan y de venganzas que asesinan, para buscar sincera y desinteresadamente la paz y la justicia mediante el imperio de la verdadera ley.

Se nos ha tachado de candidez porque en pasadas ocasiones dejamos la victoria en poder de un grupo de ambiciosos que solamente ofrecieron la pacificación de la República; pero nuestra conducta es la prueba más irrecusable de nuestro desinterés. Si nos hubiéramos enfrentado a ellos para disputarles el poder, se habría encendido una nueva revolución mezquina, personalista, y nuestros patrióticos y elevados fines se hubieran trocado en gestiones de egoísmo individual. Éstas son las perturbaciones que nosotros quisimos evitar y que real y positivamente evitamos, según le consta al país entero, no quiso evitarlas, ni las ha evitado el carrancismo, pues cuando dentro de él surgieron algunas tendencias patrióticas para que se entregara el poder a un grupo ecuánime que unificar a la Revolución, el carrancismo ahondó el cisma y decidió apoderarse de la República por exclusivismos personales y para enriquecimiento de sus jefes, y de esta manera el triunfo de la Revolución no fue otra cosa que el principio de otra nueva contienda dictatorial y anárquica.

Mientras los grupos armados no persigan más finalidad que el Pedro y el encumbramiento de sus jefes, no se hará otra cosa que desgarrar impíamente el seno de la Patria. Ya es hora de despojarnos de los rencores y de las venganzas creadas por las anteriores situaciones políticas del país; borremos las diferencias de partidos ante la Patria agonizante; olvidemos el pasado de todo corazón; pongámonos de frente al porvenir y funcionemos en el inmediato ideal de salvar a la República. Ha llegado el momento en que el país debe dividirse únicamente en des bandos: los hombres honrados, patriotas y de buena voluntad, de un lado, y el bandidaje en el opuesto, los que desinteresadamente queremos salvar a nuestra madre Patria y el carrancismo que la saquea, la envilece, la ultraja y la asesina. La elección es forzosa, como forzoso es el cumplimiento del deber; ningún ciudadano puede permanecer indiferente, porque la indiferencia en los actuales momentos es un crimen de lesa Patria; cada quien está en la imprescindible necesidad de asociarse a la horda carrancista o de incorporarse en las filas del patriotismo y el honor. No queda más que una disyuntiva; o la traición o la Patria.

Comoquiera que el Ejército es la suprema garantía de las instituciones sociales, el apoyo de los gobiernos y el defensor de la soberanía interior y de la independencia exterior de la Nación, nos dirigimos en primer término a los miembros del disuelto Ejército y Armada nacionales, en los siguientes términos:

EJÉRCITO Y ARMADA NACIONALES

I. AI triunfo del movimiento a que este manifiesto se refiere, se reconocerá oficialmente a cada uno de los miembros de los extinguidos Ejército y Armada Nacionales el grado que tenía el 10 de octubre de 1913, fecha de la disolución del último Congreso legítimo de la Unión, siempre que se cumplan los requisitos que en seguida se expresarán.

II. Los miembros de dichos Ejército y Armada que, al expedirse este manifiesto, estén al servicio del carrancismo deberán separarse de él, dentro del término de sesenta días, contados desde la publicación de este manifiesto, e incorporarse en las fuerzas que sostienen el movimiento reorganizados, firmando actas de adhesión y quedando a disposición del Cuartel General. Los que no cumplieren con lo indicado en ningún tiempo y por ningún motivo podrán ingresar a formar parte, con ningún grado, en el Ejército y Armada Nacionales.

III. Los que, sin estar al servicio del carrancismo, se encuentren dentro del territorio nacional deberán incorporarse al Ejército Reorganizador, en el plaza de cuatro meses, contados desde la publicación de éste. En caso de que les sea materialmente imposible la incorporación, deberán acudir al representante más cercano de nuestro movimiento y suscribir el acta de adhesión, expresando los obstáculos que les imposibiliten la incorporación y quedando a disposición del Cuartel General o de los superiores jerárquicos del extinto Ejército Federal, comisionados para estos efectos.

IV. Los que se encuentren fuera de la República deberán incorporarse en el plazo de seis meses. En caso de imposibilidad, procederán desde luego a presentar sus actas de adhesión a los representantes autorizados y quedaran a disposición del Cuartel General y al inmediato de los superiores federales, comisionados para ese fin.

Como el llamamiento a los individuos que pertenecieron al Ejército y Armada Nacionales no es personalista, ni tiene otros fines que el cumplimiento del patriótico deber de salvar a la Patria de la anarquía en que el carrancismo la tiene hundida, es natural que quienes se rehúsen a cumplir con lo que impone el honor militar sean admitidos, después de haber pasado la lucha y la necesidad y oportunidad de sus servicios, a formar parte de los futuros Ejército y Armada nacionales.

I. Los generales, jefes y oficiales revolucionarios que constituyen el actual Ejército Reorganizador Nacional formarán el futuro Ejército Federal con los grados conferidos por el Cuartel General y tendrán las obligaciones y gozarán de los beneficios que les otorga la ordenanza general del Ejército.

II. Los generales, jefes y oficiales que en lo sucesivo se adhieran al Acta de Tierra Colorada y cooperen con las armas en la mano al triunfo del movimiento reorganizador serán incorporados al Ejército Federal con los grados que les reconozca y confiera el Cuartel General, en los términos anteriormente indicados.

DIVERSOS GRUPOS ARMADOS

Invitamos cordialmente a los distintos jefes y grupos revolucionarios que combaten al carrancismo, sin exclusión alguna y sin distinción de credos políticos, para celebrar acuerdos y transacciones que recíprocamente nos vigoricen y faciliten la redención de nuestra infortunada Patria.

Como no aspiramos a fines egoístas, ni sostenemos personalismos odiosos, que están desangrando y dividiendo el país, y como, por otra parte, hacemos un llamamiento a la concordia nacional, al perdón político y al patriótico olvido de todos los rencores surgidos en nuestra espantosa lucha fratricida, estamos seguros de llegar a una honrosa inteligencia con todos aquellos elementos de buena voluntad que no ambicionen otra cosa que el bien de nuestra Patria.

Los grupos a que nos dirigimos y el nuestro estamos identificados en la obra fundamental que es el aniquilamiento del carrancismo, por ser el resumen de todas las calamidades nacionales. En consecuencia, será una labor fácil nuestro mutuo acuerdo respecto de los fines secundarios y los medios de ejecución.

EL PROLETARIADO DE LOS CAMPOS

Una de las más amplias, urgentes y honrosas necesidades nacionales es la solución del problema económico, intelectual y moral de las clases rurales, dentro de las cuales está involucrada la heroica y abnegada clase indígena.

Se ha predicado la repartición de tierras como la panacea para todos los males de la extensa clase rural. Pero esta medida por sí sola no produciría sino la pulverización de la riqueza agrícola y el empobrecimiento sistemático de la República. La cuestión es más complexa de lo que se ha hecho aparecer a los ojos de las multitudes engañadas. Es indisputable que debe proveerse de tierras a esa enorme masa de desheredados; pero comoquiera que esa medida por sí sola sería no ya insuficiente sino contraproducente, urge que vaya auxiliada de todo el conjunto de medios necesarios para la situación económica, intelectual y moral de esas masas. De nada le servirían las tierras sin elementos para cultivarlas, sin agua para su riego, sin vías de comunicación para la circulación de los productos y aun todo este conjunto de nada o de muy poco serviría si esa clase no está sujeta a un régimen de moralidad y de instrucción que despierte sus actividades y disuelva su pereza y su indiferencia para su mejoramiento social.

Así., pues, juntamente con la adecuada y oportuna repartición de tierras, se implantará la instrucción y la moralización de las clases de los campos, y se le facilitarán los recursos convenientes para el desarrollo de todas sus actividades.

LOS TERRATENIENTES

Los poseedores de grandes extensiones de tierras son en el fondo enemigos jurados de todos los movimientos revolucionarios reformadores de todos los viejos sistemas establecidos, no tanto por los enormes e inevitables perjuicios que sufren durante la lucha, cuanto por los arbitrarios despojos con que cada triunfo revolucionario los ha venido amenazando, por la obstinación insensata de las muchedumbres para repartirse entre sí, gratuitamente y por la fuerza, la riqueza de los demás conciudadanos. Si esos llamados ideales llegaran a realizarse no tendríamos nunca paz, porque los despojados de hoy serían los revolucionarios de mañana.

La distribución agrícola del país es una de las causas más hondas de nuestras perturbaciones intestinas; urge, por lo mismo, resolver las dificultades que entraña; pero no por la fuerza y con el atropello de los derechos de los legítimos propietarios, sino mediante sabias leyes, por los procedimientos legales y previas las justas indemnizaciones. Un gobierno honrado que merezca la confianza del país y la de las demás naciones seguramente contará con recursos abundantes para dedicarlos a resolver el problema agrario, con beneplácito de las desventuradas clases rurales, con beneficio para los terratenientes y con aplauso de todo el país. En consecuencia, los propietarios no deben ver en nuestro programa un movimiento de despojo y de violencia, sino de coordinación justa y equitativa de todos los intereses siempre sobre las bases del verdadero respeto a la propiedad.

DIVERSAS AGRUPACIONES DE INTERESES

Los bancos han sido saqueados por la rapacidad carrancista, anuladas sus concesiones e ilegalmente clausuradas. Como ellos son los factores más importantes del crédito y de la circulación de la riqueza y constituyen instituciones indispensables en la moderna vida de los pueblos, es necesario reparar las injusticias de que hayan sido víctimas, en la medida de lo posible, y rehabilitarlos en sus derechos con arreglo a la ley.

Las minas, que son uno de los ramos más importantes de nuestra riqueza, han sido explotadas y devoradas por la ambición carrancista y cegadas y abandonadas por su estulticia. No producen en la actualidad ni el veinte por ciento de su producción normal y los capitalistas se rehúsan justificadamente a trabajarlas, con gran perjuicio propio y del pueblo que de ellas vive, porque el carrancismo se roba todos los rendimientos que se obtienen.

Las industrias han sido aniquiladas; las vías del ferrocarril están en poder de la hampa carrancista que las explota en provecho exclusivo de sus jefes y en perjuicio del comercio al cual tiene esclavizado despóticamente.

Todos los ramos de la riqueza y todas las actividades sociales están de tal manera gravados por tan onerosos impuestos, que los contribuyentes tienen que trabajar casi exclusivamente para el carrancismo que está asfixiando a la nación entera con el enorme peso de tan inicuas exacciones.

Estamos, pues, en el deber de dar a todos los habitantes, sin distinción alguna, garantías plenas contra el carrancismo, que es el enemigo jurado de la propiedad, de todos los intereses, del honor y de la misma vida, para que el país entre en el funcionamiento de sus actividades económicas y para que puedan renacer la confianza y la tranquilidad públicas.

INCAUTACIONES

La revolución carrancista no ha tenido otro objeto que enriquecer a sus jefes, arrebatando los bienes a sus legítimos dueños; ha sido, pues, un movimiento organizado para el saqueo, para la destrucción, para el incendio, para el deshonor y para la vergüenza. Si sus enemigos hubieran sido los únicos despojados de sus bienes, habría sido reprobable, toda vez que los prohíbe la ley; pero tendrían cuando menos una explicación política. Desgraciadamente las incautaciones no han tenido otro criterio que el del interés, buscándole dondequiera que podía ser encontrado, aun cuando se tratase de personas que ninguna injerencia han tenido jamás en la política del país y que la mayor parte de su vida la han pasado fuera de él. Este mismo daño debe ser reparado tan pronto como sea posible, devolviendo inmediatamente los bienes detentados a sus legítimos propietarios cualquiera que haya sido el motivo del despojo y recogiéndolos del poder de los terceros que los posean, los que serán juzgados y sentenciados con arreglo a la ley.

LA CUESTIÓN DEL PETRÓLEO

Es innegable el soberano derecho que tienen todos los países libres para decretar los impuestos que graven la riqueza y las operaciones que verifiquen sus habitantes; pero también lo es que ese derecho no puede ser absolutamente arbitrario y ejercerse en forma atentatoria, llegando hasta el despojo, la confiscación o la destrucción del derecho de propiedad. A título de soberanía nacional, no puede privarse a los ciudadanos ni a los extranjeros de lo que les pertenece como legítimos dueños; los impuestos deben tener el justo límite en la conveniencia pública y de los derechos de propiedad, porque, de otra manera, pierden su carácter de impuestos para convertirse en verdaderas confiscaciones.

El carrancismo ha decretado impuestos más o menos onerosos que afectan profundamente los negocios petrolíferos del país. Esto desde luego es un enorme daño causado a este importante ramo de nuestra riqueza; pero lo peor es que los tribunales carrancistas no imparten justicia a los agraviados, quienes se ven precisados a acudir a las influencias diplomáticas con menoscabo de nuestra dignidad nacional, porque desgraciadamente en México no existe ahora el imperio de la justicia y de la ley.

Nosotros nos esforzaremos por conciliar los intereses de los particulares con los generales de la nación, mediante el estudio y aplicación de leyes sabias y patrióticas, basadas en el incontrovertible derecho de propiedad y dentro del más amplio respeto a los intereses y a las personas, para resolver en nuestro propio país, sin la intervención de influencias extrañas, este importante problema evitando toda clase de confiscaciones y atropellos.

LAS CLASES OBRERAS Y MENESTEROSAS

Aun cuando nuestro país no es principalmente industrial, hay regiones en que la clase obrera constituye una cuestión político-social que urge resolver. Hay que acortar las distancias entre el capitalista y el obrero, para dejarle al capital las utilidades que necesita para su funcionamiento y desarrollo de tal manera que no sea privado de lo que legítimamente le pertenece, pero buscando la conciliación del bienestar y adelanto de las masas obreras. Procuraremos el mejoramiento de sus condiciones de vida, su instrucción y moralización y el alza de los salarios, la disminución prudente de las horas de trabajo y la reglamentación de él; dentro de lo que prescriben las leyes económicas y las prácticas adoptadas como convenientes para armonizar equitativamente al capitalista y al obrero.

Pero no sólo las clases obreras son las únicas que necesitan del benéfico influjo de nuestros patrióticos esfuerzos. Hay una enorme masa de menesterosos que deben ser ayudados por los gobiernos, fomentando su unión y cooperación para hacer más efectiva su defensa social y más fructífero el resultado de sus afanes. Si estas masas quedan abandonadas a sus exclusivos esfuerzos, se imposibilitaría o se haría demasiado lento su mejoramiento.

EL CLERO

Los miembros integrantes de la Iglesia Católica han sido ultrajados, despojados, martirizados y desterrados contra los principios humanitarios y contra nuestras mismas leyes, pues tienen pleno derecho a gozar de las garantías individuales que les otorgan y deben ser respetados y tratados con todo el decoro que las mismas leyes imponen.

Sostenemos la Constitución de 1857, así como las leyes de Reforma y todas las que legítimamente emanan de ellas; proclamamos la independencia efectiva entre la Iglesia y el Estado y somos defensores del credo liberal, pero dentro de la órbita de esas mismas leyes y sin radicalismos sectarios que conducen a la intolerancia y al crimen.

La libertad de conciencia está sancionada por nuestras instituciones políticas. En consecuencia, todos los habitantes tienen pleno derecho para adoptar y practicar la religión católica o la que quieran dentro de lo prescrito por la ley. Atropellar a los ministros de cualquier culto, por el solo hecho de que lo son, es un crimen penado por nuestros códigos. Así, pues, todas las religiones, incluso la católica que ha sido la única perseguida, gozarán del pleno amparo que les conceden nuestras leyes fundamentales.

 

LOS DESTERRADOS

El carrancismo ha hecho de nuestro país su patrimonio individual, de tal manera que lo disfruta y lo destruye a su libre arbitrio y arroja de él, y le cierra sus puertas, a todos aquellos nacionales o extranjeros que no aceptan la complicidad de sus crímenes. Primeramente se creyó que los destierros terminarían tan pronto como el Gobierno americano hizo el reconocimiento de Carranza; después se pensó que al concluir la ignominiosa era preconstitucional; más adelante, que al verificarse las elecciones presidenciales, para que los desterrados no influyeran con sus votos en el resultado de la elección; finalmente, que al expedirse una ley de amnistía que nunca dará el carrancismo; y después de todo esto, se ve claramente que los desterrados no pueden volver, .ni volverán al país hasta que no triunfe nuestro movimiento esencialmente patriótico y humanitario. Es por consiguiente preciso que cada uno de los que están en el destierro cumplan con su deber desarrollando !as actividades que les sean dables para volver a la Patria, en ejercicio de un derecho sagrado, no permaneciendo en la inacción en espera de una misericordia carrancista que nunca llegará, o aguardando que los que arriesgan su vida por la Patria les brinden un regreso que no han querido procurar. De cualquier manera nos dirigimos a los capacitados para obrar, pues los que no están, ya con ello tienen bastante exacerbado el destierro.

Bien sea que los desterrados secunden a su manera y a la medida de sus esfuerzos nuestra labor de salvación, que siempre podrán hacer algo por la Patria, aun cuando no sea más que unirse, o que no nos nieguen el contingente de su actividad, de todos modos y de una manera incondicional gozarán de plenas garantías en los lugares que vaya ocupando nuestro Ejército y se les abrirán amplia y cordialmente las puertas de la Patria como verdaderos hermanos nuestros.

POLÍTICA ALIADA INTERNACIONAL

Nos dirigimos a los gobiernos de las Naciones Aliadas en la guerra mundial contra los Imperios Centrales Europeos, por dos fines fundamentales. Es necesario que sepan la forma fraudulenta por la cual se ha hecho elegir Carranza Presidente, siendo votado por la soldadesca que lo sostiene y empleando la fuerza bruta para privar del voto a los ciudadanos que no están comprendidos en el carrancismo, para que se persuadan de que Carranza es un usurpador de la Presidencia y por consiguiente que no es el legítimo representante de nuestra nación. Del complot germano-carrancista es responsable únicamente el carrancismo, pero de ninguna manera la República Mexicana.

México, por razones de raza, de educación, de instrucciones, de ideales, de sentimientos y hasta de intereses es profundamente aliadófilo. En la gigantesca lucha emprendida para salvar los más sublimes principios de los pueblos modernos, México no puede estar de parte del despotismo, de la opresión y de la fiebre pasional de la conquista; tiene que unirse a los pueblos que han salido a la defensa de los ideales de igualdad, de libertad y de confraternidad de las naciones entre sí.

Carranza está traicionando las convicciones y los sentimientos del pueblo mexicano, dando al mundo entero la malévola impresión de que México es neutral en la presente conflagración mundial. Esa neutralidad es fingida, es falsa; con ella encubre la parcialidad germanófila del carrancismo, para tener la ventaja de poder cooperar oculta y disimuladamente a la obra desbastadora de los hunos, sin el inconveniente de ser combatido por los aliados.

No es justo que las naciones aliadas interpreten al pueblo mexicano al través de Carranza que es el peor enemigo que ha tenido la tranquilidad interior y exterior de nuestra nación. Todos los gobiernos aliados tienen en sus respectivas Cancillerías pruebas incontestables de la intriga germano-carrancista.

Así es que al dirigirnos a ellos no es para hacerles saber lo que ya saben, sino para protestar ante el mundo entero, para comunicar directamente a los gobiernos de las Naciones Aliadas que Carranza está traicionando los ideales humanitarios del pueblo mexicano y comprometiendo inicuamente sus destinos.

Por eso comparecemos ante el tribunal de la opinión pública internacional, para despejar toda duda y para exigir que México sea juzgado y respetado conforme a su propia manera de pensar y sentir, pero de ningún modo con arreglo a las antipatrióticas conveniencias carrancistas.

LA PSEUDO CONSTITUCION DE QUERETARO DE 1917

Se declara jurídicamente inexistente la pseudo Constitución de 5 de febrero de 1917, en virtud de que quienes la expidieron no fueron representantes legítimos del pueblo mexicano y obraron con apoyo de la fuerza armada, fuera de todo procedimiento legal y fueron electos mediante fraude electoral, con exclusión de ciudadanos que no pudieron tener libre acceso a las urnas electorales.

Venustiano Carranza y todos los demás autores y cómplices del delito de haber cambiado la Constitución política de la República Mexicana serán juzgados y sentenciados por los tribunales competentes, conforme a la ley.

Se declaran igualmente nulos, con nulidad radical, todos los decretos, leyes, reglamentos, circulares, nombramientos, disposiciones y actos jurídicos ejecutados por el carrancismo desde que se posesionó del poder hasta que se verifique su derrocamiento.

 

LEMA DEL EJÉRCITO REORGANIZADOR NACIONAL

El lema primitivo de nuestro movimiento fue PAZ Y J USTICIA como expresión de las supremas aspiraciones del pueblo mexicano; pero como con posterioridad ha sido suplantada la Constitución legítima de la República y el restablecimiento de su imperio es la base fundamental de nuestras instituciones y la más urgente de nuestras necesidades nacionales, de hoy en adelante será nuestro lema: CONSTITUCION DEL 57. PAZ Y J USTICIA.

ACTA DE TIERRA COLORADA

Los puntos anteriormente tratados en nada modifican el fondo de las bases que contiene el Acta de Tierra Colorada; por el contrario las robustecen, reglamentan en parte y, en consecuencia, subsisten aquellas en todo su vigor, ampliándolas en los términos antes citados.

Honrada y desinteresadamente creemos que estas ideas; que no pueden ser perfectas por la natural imperfección de todas las obras humanas, contienen la expresión de las más altas aspiraciones y. de las más hondas necesidades de nuestro pueblo. Invitamos a todos los mexicanos de buena voluntad a salvar a nuestra Patria, cuanto más doliente más amada, y protestamos ante la nación entera nuestra sinceridad y desinterés personal.

Cuartel General en el cantón de Veracruz, Estado de Veracruz, a 1° de octubre de 1918.

El General en Jefe. Félix Díaz (rúbrica).
Generales de División: Pedro Gabay, Roberto F. Cejudo, Luís Medina Barrón, Constantino Galán, Gabriel Carballo, Joaquín Jiménez Castro, Albino R. Cerillo (rúbricas).
Generales de Brigada: Juan Francisco Barrios, Carlos Arellano, Antonio B. Rojas, Hilario Murillo, Cástulo Pérez, Rodrigo Zuriaga, Gerardo Reyes, Agustín Luna, Modesto Solís, Manuel A. Paz, Arturo Arellano, José García, Matilde Alfaro, Francisco Gutiérrez, Fernando G. del Villar, Ramón Ramos, Pedro Zamora (rúbricas).
Generales Brigadieres: Amado L. Cristo, Gilberto Alarcón, Dr. Camilo Enríquez, Lic. Rafael Navarrete, Enrique González, Arturo Campillo Sayde, Alfonso Calderón, Ángel B. Coutigno, José Lagunes, Gonzalo Lagunes, Fausto Espejo, Rufino Rodríguez, Enrique M. Domínguez (rúbricas).
Coroneles: Ángel Figueroa, Nicolás E. Céspedes, Francisco A. González, Rubén Culebro, Esteban E. Ortiz, Florentino Govea Jr., Daniel Terán Bustamante, Víctor Montenegro, Jesús Tapia, Jesús Ceja, Atanasio Arellano (rúbricas).
Tenientes Coroneles: Martin G. Ballesteros, Luís Liceaga, Carlos Padilla, Antonio García, Javier Liceaga, Manuel Maldonado, Guillermo Rosas G. (rúbricas).
Mayores: Librado Terán, Clemente Serrano, Herculano Robles, Crescencio López (rúbricas).
Capitanes: Gonzalo Piñeiro, Rafael Díez Gutiérrez, Raúl Díaz Chávez, Alfonso Aguilar Rivera, Julián Sayago (rúbricas).
Tenientes: Porfirio García, Lorenzo Vázquez, Jacinto Elizalde, Ascensio Terán (rúbricas).
Subtenientes: José Ángel López, Manuel Estévez, Guadalupe Rendón (rúbricas).

Fuente: Fuentes para la Historia de la Revolución Mexicana. I Planes Políticos y otros documentos. México. Fondo de Cultura Económica. 1974. 353 pp.