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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1916 Nota a la Casa Blanca de Cándido Aguilar, Secretario de Relaciones Exteriores con motivo del incidente "Columbus"

Mayo 22 de 1916

 

NOTA DIPLOMÁTICA

 

Señor Secretario:

Tengo instrucciones del C. Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo de la Unión, para dirigir a Vuestra Excelencia la siguiente nota:

1.- El Gobierno Mexicano acaba de tener conocimiento de que un grupo de tropas americanas, atravesando la línea internacional, penetró a territorio mexicano, y se encuentra actualmente cerca de un lugar llamado "El Pino", a unas sesenta millas al Sur de la Frontera.

El paso de estas tropas, efectuado nuevamente sin consentimiento del Gobierno Mexicano, pone en grave peligro la armonía y buenas relaciones que deben existir entre el Gobierno de Estados Unidos y el de México.

Este Gobierno tiene que considerar ese acto como violatorio de la soberanía de México, y, por lo tanto, solicita de una manera urgente que el Gobierno de Washington considere con todo detenimiento el caso para definir, de una vez por todas, la política que deba seguir con respecto a la Nación Mexicana.

A fin de poder asentar con más claridad los fundamentos de la petición que entraña la presente nota, es necesario revisar detenidamente los hechos ocurridos hasta estos momentos.

2.- Con motivo de la incursión hecha en Columbus, Nuevo México, por una banda que capitaneaba Francisco Villa la madrugada del día 9 de marzo del corriente año, el Gobierno Mexicano, lamentando sinceramente el acontecimiento y con el propósito de proteger eficazmente la frontera, formuló su deseo de que los Gobiernos de Estados Unidos y México celebrarán un convenio para la persecución de forajidos. Dicha proposición la hizo el Gobierno Mexicano guiado por el ejemplo de condiciones semejantes que habían prevalecido en los años de 1880 a 1884, y solicitó, en concreto, el permiso para que las fuerzas mexicanas pudieran pasar a territorio americano en persecución de forajidos, bajo la condición de reciprocidad que podría concederse para que las fuerzas de Estados Unidos pasaran a territorio mexicano, si el caso registrado en Columbus, se repetía en cualquier otro punto de la línea fronteriza.

Como consecuencia de esta proposición hecha en la nota mexicana de 10 de marzo, el Gobierno de Estados Unidos, por error o por precipitación, estimó que bastaba la buena disposición mostrada por el Gobierno Mexicano, para considerarse autorizado a cruzar la frontera, y, al efecto, sin esperar a que se llegara a un Convenio formal sobre la materia, ordenó que un grueso de fuerzas americanas entrara a territorio de México en persecución de Villa y su partida.

3.- El Gobierno americano hizo con este motivo declaraciones enfáticas, protestando al Gobierno Mexicano obrar con entera buena fe y manifestando que su único propósito al cruzar la frontera era perseguir y capturar o destruir la banda de Villa que había asaltado a Columbus, que este acto no significaba una invasión de nuestro territorio, ni la intención de menoscabar la soberanía de México, y que tan pronto como se hubiese logrado el resultado práctico que se buscaba, las tropas, americanas se retirarían del territorio mexicano.

4.- El Gobierno Mexicano no tuvo conocimiento de que las tropas americanas hubieran cruzado la frontera hasta el 17 de marzo, en que por informes privados venidos de El Paso, se supo extraoficialmente que algunas tropas americanas se habían internado en territorio mexicano. Este Gobierno dirigió entonces al Gobierno americano una nota, en que manifestaba que no habiendo quedado precisados los términos y condiciones del Convenio que debía celebrarse formalmente entre ambos países para el paso de tropas, no podía el Gobierno americano considerarse autorizado al envío de la expedición.

El Gobierno de Washington explicó el envío de tal expedición, diciendo que sentía hubiera existido una mala interpretación respecto a la actitud del Gobierno Mexicano en relación con el paso de tropas por la frontera de Estados Unidos para la persecución de Villa, pero que esto se había hecho en la inteligencia de que el anterior cambio de mensajes implicaba un pleno consentimiento de parte del Gobierno Mexicano, sin necesidad de más formalidades.

El Gobierno de Estados Unidos explicó, igualmente, su actitud por la necesidad de una acción rápida, y manifestó estar dispuesto a recibir cualesquiera indicaciones que el Gobierno Mexicano deseara hacer respecto a los términos de un arreglo definitivo para cubrir las operaciones de las tropas en uno o en otro país.

5.- Ambos Gobiernos se aprestaron entonces a discutir los términos de un Convenio, conforme al cual pudiera arreglarse el paso recíproco de tropas, habiéndose cambiado dos proyectos del Gobierno Mexicano y dos contraproyectos del Gobierno americano.

En la discusión de este convenio el Gobierno Mexicano insistió constantemente en que dicho paso estuviera limitado en cuanto a la zona de operaciones de las tropas en territorio extranjero, al tiempo que estas tropas pudieran permanecer en él, al número de soldados de que constara una expedición y a la clase de arma de que ésta pudiera componerse. El Gobierno de Estados Unidos rechazaba estas limitaciones, y cuanto por fin en el último contraproyecto presentado por ese Gobierno llego a aceptadas en parte, manifestó, sin embargo, que al consentir en la firma del convenio, éste no regiría a la expedición de Columbus.

6.- Esta actitud del Gobierno americano fue motivo para que el de México girara su nota fecha 12 de abril, en la cual, suspendiendo la discusión sobre el Convenio ya que éste no debía regir al caso Columbus, requería al Gobierno americano para el retiro de sus tropas, puesto que su permanencia no estaba basada en Convenio alguno y la expedición carecía ya de objeto porque la partida de forajidos de Villa había sido dispersada y reducida a la impotencia.

7.- Mientras el Gobierno americano no daba contestación a la expresada nota de 12 de abril, ni procedía a la retirada de sus tropas, se halló conveniente que jefes militares de uno y otro países se reunieran en algún punto de la frontera para tratar el aspecto militar de la situación y ver de poder llegar por este camino a una solución satisfactoria, la cual por parte de México consistía en la retirada de las tropas americanas de su territorio.

A este efecto, se reunieron en. Ciudad Juárez y El Paso, por parte del Gobierno americano, los generales Hugh L. Scott y Frederick Funston, y por parte del Gobierno Mexicano, el Secretario de Guerra y Marina, general Álvaro Obregón, quienes celebraron una serie de conferencias dentro de un franco espíritu de cordialidad. En estas conferencias se cambiaron amplias explicaciones y datos sobre la situación militar de la frontera.

Como resultado de estas conferencias se sometió a la aprobación de los Gobiernos de Washington y de México, un proyecto de Memorándum, conforme al cual el general Scott declaraba que la destrucción y dispersión de la banda de Villa habían quedado consumadas, y, por lo tanto, el Gobierno americano decidía comenzar el retiro de sus tropas bajo la promesa del Gobierno Mexicano de procurar guardar eficazmente la frontera contra nuevas incursiones semejantes a la de Columbus.

8.- El Gobierno Mexicano negó su aprobación a esa especie de convenio, porque en él se expresaba, además que el Gobierno americano podría suspender el retiro de sus tropas si ocurría cualquier otro incidente que mostrara que la creencia del gobierno de Washington en la capacidad del Gobierno Mexicano para cuidar la frontera, era infundada.

El Gobierno Mexicano no podía aceptar esa condición suspensiva, porque la evacuación de su territorio es una materia que atañe enteramente a la soberanía del país, y que no debe estar sujeta, en ningún caso, al criterio del Gobierno americano; siendo, por otro lado muy factible que cualquier incidente pudiera repetirse, dando aspecto de legalidad a la permanencia indefinida de las tropas americanas en territorio mexicano.

9.- Se encontraban todavía discutiendo ese punto los generales Scott, Funston y Obregón, cuando el día 5 del presente mes de mayo, una partida de forajidos asaltó una guarnición americana en Glen Springs, del lado americano, cruzando en seguida el Río Bravo para internarse por Boquillas en territorio mexicano.

10.- Con este motivo y temiéndose que el Gobierno de los Estados Unidos aprestaría el paso de nuevas tropas a territorio mexicano en persecución de forajidos, el Gobierno Mexicano dio instrucciones al general Obregón para que notificara el de Estados Unidos, que no permitiría el paso de soldados americanos a México, con ese nuevo motivo, y de que ya da órdenes a todos los comandantes militares de la frontera, para que no lo consistieran.

11.- Al conocerse la actitud del Gobierno Mexicano, los generales Scott y Funston aseguraron al general Obregón, que no se había ordenado ningún movimiento de tropas americanas para cruzar la frontera, con motivo del atentado de Boquillas ni pasarían tampoco más soldados americanos a nuestro territorio.

Esta aseveración, que personalmente hicieron los generales Scott y Funston al general Obregón, ya para suspenderse las conferencias, fue reiterada por el mismo general Scott posteriormente en conversación privada, al licenciado Juan Neftalí Amador, Subsecretario de Relaciones, que había tenido ocasión de tomar parte en las conferencias entre los jefes militares americanos y mexicano.

12.- Con motivo del mismo incidente de Glenn Springs o Boquillas, en previsión de que las diversas partidas de forajidos que se organizan o arman cerca de la frontera, pudieran repetir sus incursiones, y con el fin de procurar una cooperación militar efectiva, entre las fuerzas americanas y las mexicanas, este Gobierno sugirió, por conducto de su representante, el general Obregón, a los representantes de Estados Unidos, generales Scott y Funston, la conveniencia de ponerse de acuerdo sobre un plan militar de acantonamiento de tropas, a lo largo de la frontera, para poder hacer efectiva la vigilancia de toda la región, y evitar así, hasta donde fuere posible, atentados semejantes. El Gobierno Mexicano demostraba con esto, no solamente su buena fe y sus buenos deseos, sino también su franca voluntad de llegar a una cooperación efectiva con el Gobierno de Estados Unidos, para evitar todo nuevo motivo de fricción entre los dos países.

Este plan de inteligencia para el acantonamiento de fuerzas americanas y mexicanas, en sus respectivos territorios, a lo largo de la frontera, se propuso como un medio de prevenir inmediatamente cualquiera nueva dificultad, y a reserva, siempre, de llegar más tarde a la celebración de un Convenio para el paso recíproco de tropas, mientras subsistan las condiciones anormales en nuestro territorio.

13.- Las conferencias entre los generales Scott, Funston y Obregón, se suspendieron el día 11 de mayo, sin haberse podido llegar a un arreglo respecto de la retirada incondicional de las tropas americanas. El general Scott insistió en la firma del Memorándum para el retiro condicional de las fuerzas americanas, pero no tomó en consideración el plan propuesto por el Gobierno Mexicano, para la protección de la frontera por medio de acantonamiento a lo largo de ella.

En estas condiciones, quedaba a los Gobiernos de Washington y de México, la labor de concluir los arreglos iniciados en las conferencias de Ciudad Juárez y El Paso. Hasta ese momento, no había surgido complicación ninguna con motivo del nuevo incidente de Boquillas, y todas las seguridades dadas por los generales Scott y Funston, conducían a suponer que ese incidente no traería nuevas dificultades.

14.- El Gobierno Mexicano, sin embargo, acaba de recibir aviso de que cuatrocientos hombres del octavo regimiento del ejército americano, se encuentran en territorio mexicano, habiendo cruzado la línea por el rumbo de Boquillas, aproximadamente del 10 al 11 de mayo, y se hallan en la actualidad cerca de un lugar llamado "El Pino, como a sesenta millas al Sur de la frontera. Este hecho llegó a conocimiento de las autoridades mexicanas, porque el comandante mismo de las tropas americanas que cruzaron la frontera, dirigió al comandante militar mexicano de Esmeralda, en Sierra Mojada, una comunicación en la cual le manifiesta que ha cruzado la frontera, en persecución de la banda de forajidos que asaltó Glenn Springs, por virtud de un acuerdo existente entre el Gobierno americano y el Gobierno Mexicano para el paso de tropas, y con consentimiento de un funcionario consular mexicano de Del Río, Texas, a quien dice haber dado conocimiento de la entrada de su expedición.

15.- El Gobierno Mexicano no puede suponer que por segunda vez cometa un error el gobierno americano, ordenando el paso de sus tropas sin consentimiento del Gobierno Mexicano. No alcanza a comprender, tampoco, que un comandante de fuerzas del ejército de Estados Unidos se interne en territorio mexicano sin la debida autorización de sus superiores, creyendo que el consentimiento para el cruce podía obtenerlo de un agente consular.

La explicación dada por el Gobierno americano respecto del paso de tropas en Columbus, nunca ha sido satisfactoria para el Gobierno Mexicano; pero la nueva invasión de muestro territorio no es ya un hecho aislado, y viene a convencer al Gobierno Mexicano de que se trata de algo más que de un simple error.

16.- Este último acto de las fuerzas americanas crea nuevas complicaciones al Gobierno Mexicano, alejando la posibilidad de una solución satisfactoria y haciendo más difícil la situación internacional entre ambos países.

El Gobierno Mexicano no puede considerar este último incidente, sino como una invasión de nuestro territorio, hecha por fuerzas americanas contra la voluntad expresa del Gobierno Mexicano, y es de su deber pedir, como lo hace, al Gobierno Americano, que ordene; la inmediata retirada de estas nuevas fuerzas, así como que se abstenga por completo de enviar cualquiera otra expedición de carácter semejante.

17.- El Gobierno Mexicano comprende la obligación que le incumbe de guardar la frontera; pero esta obligación no es exclusivamente suya, y espera que el Gobierno americano, a quien también incumbe igual obligación, sabrá apreciar las dificultades materiales que se presentan para hacerlo, puesto que las tropas americanas mismas, no obstante su número, y a pesar de no tener dividida su atención por otras operaciones militares, se encuentran en la imposibilidad física de proteger, efectivamente, la frontera del lado americano.

El Gobierno Mexicano ha hecho todos los esfuerzos que de su parte están, para proteger la frontera, sin desatender, por otro lado, el considerable trabajo de pacificación que tiene que hacer en el resto del país, y el Gobierno americano debe comprender, que si de cuando en cuando pudieran ocurrir hechos lamentables de incursiones en territorio americano, cometidas por bandas irresponsables de forajidos, esto es un caso de reparación pecuniaria y un motivo para intentar una defensa combinada, pero nunca una causa para que las autoridades militares americanas invadan el territorio nacional.

La incursión de bandas de forajidos en territorio americano, es un acto lamentable, en verdad, pero del cual no puede, de ninguna manera, hacerse responsable el Gobierno Mexicano, que hace cuanto puede para evitarlo. El paso de tropas regulares americanas a territorio mexicano, contra la voluntad expresa del Gobierno Mexicano sí constituye un acto del cual es responsable el Gobierno americano.

18.- El Gobierno Mexicano, por lo tanto, cree llegado el caso de insistir ante el Gobierno americano, para que, retirando inmediatamente la nueva expedición de Boquillas, se tenga en lo sucesivo de enviar nuevas tropas, de todos modos, el Gobierno Mexicano, después de haber manifestado claramente su inconformidad con el paso de nuevas tropas americanas a territorio mexicano, tiene que considerar este como un acto de invasión de su territorio, y, en consecuencia, se verá en el caso de defenderse contra cualquier grupo de tropas americanas que encuentre dentro del mismo.

19.- Por lo que hace a las tropas que se encuentran internadas en el Estado de Chihuahua, con motivo del incidente Columbus, el Gobierno Mexicano se ve en el caso de insistir en su retiro.

El Gobierno Mexicano sabe que ante la renuncia del Gobierno americano para el retiro de esas fuerzas, no le quedaría más recurso que procurar la defensa de su territorio por medio de las armas; pero comprende. al mismo tiempo su deber de evitar, hasta donde sea posible, un conflicto armado entre ambos países; y fundado en el articulo 21 del Tratado de 2 de febrero de 1848, se cree en el deber de acudir a todos los medios de carácter pacifico para solucionar el conflicto internacional en que se encuentran uno y otro país.

20.- El Gobierno Mexicano cree necesario aprovechar- esta oportunidad para pedir al Gobierno americano una definición más categórica de sus verdaderas intenciones hacia México. A este respecto espera que, al expresarse con entera franqueza, no se interpreten sus palabras como un propósito de herir la susceptibilidad del Gobierno americano; pero se ve en el caso de hacer a un lado los eufemismos diplomáticos, para poder expresar sus ideas con entera claridad. Si en la exposición de los agravios que a continuación se expresan, el Gobierno Mexicano usa de la más absoluta franqueza, es porque considera de su deber hacer llegar con la más perfecta claridad al espíritu del Gobierno y del pueblo de Estados Unidos, el punto de vista mexicano.

21.- El Gobierno americano viene hace mucho tiempo haciendo protestas de amistad a los países latinoamericanos, y se ha valido de todos los esfuerzos posibles para convencer a los mismos de que desea respetar en lo absoluto su Soberanía.
Especialmente con respecto a México, el Gobierno americano ha declarado en muy repetidas ocasiones que no intenta intervenir de ninguna manera en sus asuntos interiores, y que sea dejar a nuestro país que resuelva por si solo sus difíciles problemas de transformación política y social.

Recientemente todavía, y con motivo de la expedición de Columbus, el Gobierno americano, por conducto de su Presidente, ha hecho la declaración de que no pretende intervenir en los asuntos de México ni invadido; de que no desea una sola pulgada de su territorio, y de que no atentará en ningún caso contra su soberanía.

El Gobierno de Washington y sus representantes en la frontera, han declarado también, expresamente, que no es voluntad del pueblo americano entrar en una guerra o en un conflicto armado con México.

Todo, en suma, a juzgar por las declaraciones oficiales que vienen haciéndose de algún tiempo acá por el Gobierno de Washington, haría creer que hay un verdadero propósito de parte del Gobierno y del pueblo de los Estados Unidos, para no entrar en conflicto con México.

22.- El Gobierno Mexicano tiene, sin embargo, la pena de hacer notar que los actos de las autoridades militares americanas están en absoluta contradicción con las anteriores declaraciones, y se ve, por lo tanto, en el caso de tener que apelar al Presidente, al Departamento de Estado, al Senado y al pueblo americano, para que, de una vez por todas, se defina la verdadera tendencia política de los Estados Unidos con relación a México.

23.- Es igualmente necesario, que con este motivo el Gobierno de los Estados Unidos defina, de una manera precisa, sus propósitos respecto a México, para que así puedan juzgar también las demás naciones latinoamericanas de la sinceridad de éstos, y puedan, en consecuencia, apreciar en su justo valor las protestas de amistad y fraternidad que hace muchos años vienen haciéndoles.
 
24.- El Gobierno americano manifestó, por boca de su Presidente mismo, que la expedición punitiva de Columbus se retiraría del territorio mexicano, tan pronto como la partida de forajidos de Villa hubiera sido destruida o disgregada. Más de dos meses han transcurrido desde que esta expedición penetró a territorio mexicano; los generales Scott y Funston declararon en Ciudad Juárez, que las bandas de Villa están enteramente disgregadas, y, sin embargo, las tropas americanas no se retiran del territorio de México.

El Gobierno de Estados Unidos está convencido y ha aceptado el hecho de que no queda ya ninguna labor militar que hacer a la expedición de Columbus, y sin embargo, no se ha cumplido aún la promesa hecha por el Presidente Wilson, de que esas fuerzas se retirarían tan pronto como hubiesen alcanzado el propósito que les hizo entrar.

Los motivos de orden político interior que puedan existir para no retirar las tropas americanas del territorio mexicano, por fundados que se supongan, no justifican esa actitud, sino que por el contrario, acentúan más la discrepancia entre las protestas de respeto a la soberanía de México, y el hecho efectivo de que por razones de política interior de Estados Unidos se continúe un estado de cosas a todas luces injusto para la República Mexicana.

25.- El Gobierno americano manifestó que su propósito al hacer penetrar tropas americanas a México, era únicamente defender su frontera contra probables incursiones. Esta declaración está, sin embargo, en contradicción con la actitud asumida por el mismo Gobierno americano al discutir el Convenio sobre cruce mutuo de fronteras, pues mientras el Gobierno Mexicano, pretendía que ese Convenio limitara la zona de operaciones de las tropas de uno y otro países, el tiempo que debieran durar las expediciones, el número de soldados y el arma de que se compusiera, el Gobierno americano eludió constantemente éstas limitaciones: Esta actitud del Gobierno americano, que es el que esperaba tener frecuentes ocasiones de cruzar la frontera con motivo de incursiones de forajidos, está indicando claramente el propósito de tener facultades para penetrar en territorio mexicano, más allá de donde las necesidades de defensa pudieran exigirlo.

26.- La expedición punitiva de Columbus, como se le ha llamado, no tenía conforme a las declaraciones del Presidente Wilson, más objeto que alcanzar y castigar a la banda de forajidos que había cometido el atentado, y se creía organizada en el supuesto de que el Gobierno Mexicano hubiera dado su consentimiento para ello. Dicha expedición, sin embargo, ha tenido un carácter de tan clara desconfianza hacía el Gobierno Mexicano, y de tan absoluta independencia, que justamente no puede considerarse más que como una invasión hecha sin el conocimiento y sin la cooperación de las autoridades mexicanas.

Fue notorio que la expedición de Columbus cruzó la frontera sin conocimiento del Gobierno Mexicano. Las autoridades militares americanas han llevado a cabo esa expedición sin haber esperado a tener el consentimiento del Gobierno de México, y aun después de que estuvieron oficialmente informadas de que este Gobierno no había dado su consentimiento para ella, continuaron, sin embargo, haciendo pasar más tropas, sin dar a conocer a las autoridades mexicanas este hecho.

La expedición ha penetrado y operado dentro de territorio mexicano, sin procurar la cooperación de las autoridades mexicanas. Las autoridades militares americanas han guardado siempre un completo sigilo respecto de sus movimientos, sin informar de ellos al Gobierno Mexicano, como lo habrían hecho si efectivamente hubieran tratado de obtener la cooperación. Esa falta de aviso y de acuerdo fue la causa del choque ocurrido en Parral, entre las fuerzas americanas y ciudadanos mexicanos.

Por último, la expedición de Columbus ha sido hecha sin ningún espíritu de armonía, al contrario, con un espíritu de desconfianza respecto de nuestras autoridades, pues no solamente no se busco nuestra cooperación, ni se nos informó respecto de las operaciones militares que se efectuaban, sino que se organizó la expedición llevando armas de artillería y de infantería.

Si se tratará solamente de perseguir a una banda de forajidos que por su naturaleza tenía que ser esencialmente ligera, esa persecución sólo podía llevarse a cabo por medio de fuerzas de caballería, también ligera. El empleo de la artillería y de la infantería, no puede explicarse de otra manera que como una medida de precaución contra un probable ataque por parte de las fuerzas mexicanas.

Ahora bien, no se compadecen las protestas de cooperación amistosa hechas por las autoridades americanas con el uso de la infantería y de la artillería, destinadas exclusivamente a ser empleadas contra las fuerzas regulares mexicanas.

Si la expedición de Columbus se hubiera hecho con consentimiento del Gobierno Mexicano y buscando su cooperación, el empleo de la artillería y de la infantería habría sido un insulto a las autoridades mexicanas, por suponérselas capaces de felonía contra las fuerzas americanas que hubieran entrado en persecución del enemigo común, fiadas en la amistad de aquéllas. Es preferible, sin embargo, interpretar este hecho como una prueba de que las fuerzas americanas penetraron a territorio mexicano sin consentimiento del Gobierno de México, y por lo tanto, dispuestas a repeler cualquiera agresión de parte de las fuerzas regulares mexicanas que ignoraban su presencia.

Todos estos hechos demuestran que ha habido una gran discrepancia entre las protestas de sincera y amistosa cooperación de parte de las autoridades americanas, y la actitud efectiva de la expedición, que por su desconfianza, por su sigilo en cuanto a sus movimientos y por las armas de que se componía, indicaba claramente una expedición hostil y una verdadera invasión de nuestro territorio.

27.- El Gobierno americano ha manifestado en diversas ocasiones que la expedición de Columbus no tenía más objeto que perseguir y destruir a las bandas de Villa, y que tan pronto como este fin hubiera sido alcanzado, se retiraría.

Los hechos, sin embargo, han demostrado que la intención del Gobierno americano ya no era misma durante las conferencias de Ciudad Juárez y El Paso. No se explica de otra manera que el general Scott haya insistido tan enfáticamente en que se firmará un "Memorándum", en que se decía que las fuerzas americanas no concluirían su retirada, si ocurría cualquier otro suceso que modificara la creencia del Gobierno americano en la capacidad del Gobierno americano en la capacidad del Gobierno de México para proteger la frontera. La conclusión que se deduce de esa insistencia del general Scott, respecto de la firma de dicho "Memorando", es que la expedición de Columbus entró a México prometiendo retirarse tan pronto como se destruyeran las bandas de Villa, pero que después se pretende utilizarla como instrumento para garantizar la protección de la frontera.

28.- El Gobierno americano justamente desea la protección de su frontera. Si la frontera estuviese debidamente protegida contra incursiones provenientes de México, no habría razón ya para las dificultades existentes. El Gobierno americano conoce las dificultades que median para la protección de una línea fronteriza en que no hay accidentes naturales que ayuden a defenderla, y no obstante sus inmensos recursos, el mismo Gobierno americano no ha podido dar una protección eficaz a lo largo de más de dos mil kilómetros que tienen que cubrirse.

El Gobierno Mexicano propuso que los jefes militares encargados de las tropas de uno y otro países, discutieran un plan de acantonamiento a lo largo de la línea divisoria, y no obstante las protestas del Gobierno americano, de desear solucionar las dificultades con México, el general Scott no acepto llevar a cabo dicho plan de acantonamientos, que es lo único racional y lo único que puede hacerse sin que uno u otro país invada la soberanía o el territorio del otro.
 
El Gobierno americano prefiere conservar sus tropas inactivas y ociosas dentro del territorio mexicano, en vez de sacarlas para mantenerlas a lo largo de la frontera, de acuerdo con las autoridades mexicanas, que harían otro tanto. Con esto de ocasión el Gobierno americano, a que se suponga que su verdadera intención es conservar las tropas que tiene ya internadas en México, en previsión de necesitarlas allí más tarde para futuras operaciones.

29.- El Gobierno americano, en todas ocasiones ha declarado querer ayudar al Gobierno Constitucionalista a concluir la obra de pacificación, y desea que esta obra se lleve a cabo en el menor tiempo posible. La actitud efectiva del Gobierno americano, en relación con estos deseos, resulta enteramente incongruente, pues viene ejecutando desde hace tiempo diversos actos que indican que no sólo no presta ninguna ayuda a la obra de pacificación de México, sino que, por el contrario, parece poner todos los obstáculos posibles para que ésta se lleve a cabo. En efecto, sin contar con el gran número de representaciones diplomáticas que, so pretexto de protección a los intereses americanos establecidos en México, embarazan constantemente la labor del nuevo Gobierno, que pretende reorganizar la condición política, económica y social del país sobre nuevas bases, un gran número de hechos hace sentir la influencia del Gobierno americano contra la consolidación del actual Gobierno mexicano.

El apoyo decidido que en un tiempo tuvo Villa de parte del general Scott y del Departamento de Estado mismo, fue la causa principal de que por muchos meses se prolongara la guerra civil en México.

Más tarde, el apoyo continuo que el clero católico mexicano, que trabaja incesantemente contra el Gobierno Constitucionalista, y las constantes actividades de la Prensa Intervensionista Americana y de los hombres de negocios de aquel país, son cuando menos, un indicio de que el Gobierno americano actual no quiere o no puede evitar todos los trabajos de conspiración que contra el Gobierno Constitucionalista se efectúan en Estados Unidos.

30.- El Gobierno americano reclama incesantemente del Gobierno Mexicano una protección efectiva de sus fronteras, y sin embargo, la mayor parte de las bandas que toman el nombre de rebeldes contra este Gobierno, se provee y arma, sino es que también se organiza, en el lado americano bajo la tolerancia de las autoridades del Estado de Texas, y podría decirse que aun de las autoridades federales de los Estados Unidos. La lenidad de las autoridades americanas hacia estas bandas es tal, que la mayor parte de los casos los conspiradores, que son bien conocidos, cuando han sido descubiertos y se les llega reducir a prisión, obtienen su libertad por cauciones insignificantes, lo cual les ha permitido continuar en sus esfuerzos.

Los emigrantes mexicanos que conspiran y organizan incursiones del lado de los Estados Unidos, tienen ahora más facilidades de causar daño que anteriormente, pues sabiendo que cualquiera nueva dificultad entre México y los Estados Unidos, prolongará la permanencia de las tropas americanas, procuran aumentar las ocasiones de conflicto y de fricción.

31.- El Gobierno americano dice ayudar al Gobierno Constitucionalista en su labor de pacificación y reclama urgentemente que esa pacificación se lleve a cabo en el menor tiempo posible, y que la protección de las fronteras se efectúe del modo más eficaz. Y, sin embargo, ha detenido en diversas ocasiones los cargamentos de armas y municiones comprados por el Gobierno Mexicano en los Estados Unidos, que deberían emplearse para acelerar la labor de pacificación y para proteger más eficazmente la frontera. Los pretextos para detener el embarque de municiones consignadas a este Gobierno, han sido siempre fútiles, y nunca se ha dado una causa franca; se ha dicho, por ejemplo, que se embargan municiones por ignorarse quien fuese el verdadero dueño, o por temor de verlas caer en manos de partidas villitas.

El embargo de pertrechos consignados al Gobierno Mexicano no puede tener más interpretación que la de que el Gobierno americano desea precaverse contra la emergencia de un conflicto futuro, y por lo tanto, trata de evitar que vengan a manos del Gobierno Mexicano armas y parque que pudieran emplearse contra las tropas americanas mismas. El Gobierno americano estaría en su derecho de precaverse contra esa emergencia, pero en ese caso no debería decir que está tratando de cooperar con el Gobierno Mexicano, y sería preferible encontrar una mayor franqueza en sus procedimientos.

O el Gobierno americano desea decidida y francamente ayudar al Gobierno Mexicano a establecer la paz, y en ese caso no debe impedir el paso de armas, o los verdaderos propósitos del Gobierno americano son prepararse para que en el caso de una futura guerra con México, este país se encuentre menos provisto de armas y parque. Si fuere esto último, preferible es decirlo.

De todas maneras, el embargo de armas y parques consignados a las autoridades mexicanas, efectuado con el frívolo pretexto de evitar que estas armas y municiones caigan en manos de partidas villistas, es una indicación clara de que los actos efectivos de las autoridades militares americanas están enteramente en desacuerdo con los propósitos de paz de parte del Gobierno americano.

El Gobierno Mexicano no puede querer la Guerra con Estados Unidos, y si ésta llegara a efectuarse, sería indudablemente como consecuencia de un propósito deliberado de parte de Estados Unidos. Por ahora, esos actos de precaución del Gobierno americano son indicio de que hay un propósito de preparación para esa emergencia, o lo que es lo mismo, un principio de hostilidad de parte de Estados Unidos hacia México.

32.- Por último, las autoridades americanas de Nueva York, dizque a moción de una sociedad neutral de pacifistas, han ordenado la detención de algunas piezas de maquinaria que el Gobierno Mexicano trasladaba a México para la fabricación de municiones, la cual maquinaria no se concibe que pudiera ser empleada sino algunos meses después de traerla a Este país. Este acto del Gobierno americano, que tiende a impedir la fabricación de municiones en un futuro remoto, es otro indicio claro de que sus verdaderos propósitos hacia México, no son de paz, pues mientras se exportan diariamente millones y millones de dólares en armas y parque para la guerra europea, sin que las sociedades pacifistas de Estados Unidos se conmuevan ante el espectáculo de esa guerra, las autoridades de Nueva York se muestran demasiado dispuestas a secundar los propósitos de esas humanitarias sociedades cuando se trata de exportar a México maquinaria para la fabricación de armas y parque.

México tiene el indiscutible derecho, como lo tienen Estados Unidos y como lo tienen todas las naciones del mundo, de proveer a sus necesidades militares, sobre todo cuando se haya frente a una tarea tan vasta como es la de lograr la pacificación interior de este país; y el acto del Gobierno de Estados Unidos el embargar maquinaria destinada a la fabricación de municiones, está indicando, o que Estados Unidos desea poner obstáculos para su completa pacificación, o que este acto es solo uno de la serie de los ejecutados por las autoridades de Estados Unidos en previsión de una proyectada guerra con México.

33.- Todas las circunstancias anteriormente mencionadas, indican que los verdaderos propósitos de las autoridades militares de Estados Unidos, están en absoluta contradicción con las continuas protestas de amistad del Gobierno americano hacia México.

34.- El pueblo y el Gobierno mexicanos tienen la absoluta seguridad de que el pueblo americano no desea la guerra con México. Hay sin embargo, fuertes intereses americanos y fuertes intereses mexicanos, empeñados en procurar un conflicto entre ambos países, el Gobierno Mexicano desea firmemente mantener la paz con el Gobierno americano, pero para ese efecto es indispensable que el Gobierno americano se sirva explicar francamente sus verdaderos propósitos hacia México.
 
Es indispensable que desaparezca esa contradicción entre las protestas de amistad de parte de Washington y los actos de desconfianza y agresión de parte de las autoridades militares americanas.

El Gobierno y el pueblo mexicanos necesitan, por lo tanto, saber a qué atenerse, quieren estar seguros de que los conceptos, tantas veces expresados por el Gobierno de Estados Unidos correspondan realmente a los sinceros anhelos de amistad entre los dos pueblos, amistad que debe existir, no solamente en el terreno de las declaraciones, sino cristalizada en hechos.

El Gobierno Mexicano invita, pues formalmente al Gobierno de los Estados Unidos, a hacer cegar esta situación de incertidumbre entre ambos países, y a apoyar sus declaraciones y protestas de amistad, con hechos reales y efectivos, que convenzan al pueblo mexicano de la sinceridad de sus propósitos. Estos hechos, en la situación actual no pueden ser otros que la retirada de las tropas americanas que se encuentran en territorio mexicano.

Al cumplir con las instrucciones del Ciudadano Primer jefe, aprovecho la oportunidad para ofrecer a Vuestra Excelencia, las seguridades de mi muy distinguida consideración.

El Secretario, C. Aguilar. A su Excelencia Robert Lansing, Secretario de Estado de los Estados Unidos de América. - Washington, D. C.

 

 

México. Nota diplomática girada por la cancillería mexicana al gobierno de los Estados Unidos de América con motivo del incidente "Columbus". [Ciudad de México. s.n.], 1916.