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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1916 A los proletarios patriotas. Ricardo Flores Magón.

Los Ángeles, Cal., octubre 30 de 1916

 

Patriotas, escuchad algunas palabras sanas, algunas palabras bien distintas a las que estáis acostumbrados a oír. Son palabras nuevas para vosotros, pero encierran la verdad. Escuchad, pues, con atención, y, si posible es, aprended de memoria lo que os voy a decir.

Os llamáis patriotas; tenéis orgullo en que se os tome por patriotas; la palabra "patria" ensancha vuestro corazón, y, sin embargo, obráis como traidores; con vuestros actos dais a vuestra patria querida un golpe por la espalda.

Vuestro patriotismo consiste en amar, en primer lugar, aquel pedazo de tierra que os vio nacer; allí donde se arrastró vuestra inocencia en vuestros primeros pasos por la senda de la vida; el patio de la vecindad, la ciudad, el pueblo, el caserío, el jacal perdido en el bosque, en la llanura, en la montaña, y el territorio que abarcaba vuestra mirada, donde corristeis y traveseasteis cuando niños, y que más tarde, ya mozos, fue testigo de vuestros amores, de vuestras dichas, ¡ay! , también de vuestros pesares y sinsabores. Amáis aquel pedazo de tierra con amor dulce y sano, y lo encontráis bello aunque para otros parezca feo, y si estáis fuera de él, a veces no podéis reprimir un suspiro al recordarlo, por más que en él hubierais sido desgraciados. Ese amor al terruño es natural: lo sentís en vuestros corazones sin necesidad de que alguien os lo haya inculcado; parece como que aquel pedazo de tierra contiene algo de vuestro ser; como que formáis parte de él: es que vuestra vida sentimental está estrechamente unida a él; en él residía la muchacha que infiltró en vuestro corazón la dulzura y los tormentas del amor; allí están vuestros primeros amigos; los rostros de los vecinos os son familiares.

Pero, vuestro patriotismo se ensancha: ya no consiste solamente en el amor al terruño, sino que comprende un cierto sentimiento de simpatía para con los individuos que habían vuestro propio idioma; que tienen tradiciones comunes a las vuestras; que, como vosotros, participan de los mismos prejuicios, adolecen de las mismas preocupaciones y en cuyos pechos anidan virtudes análogas y serpean y se entremezclan vicios parecidos. Ese patriotismo es sano todavía, porque es un sentimiento natural, que nadie os ha inculcado y no os estimula a cometer villanías.

Mas viene otro patriotismo, un patriotismo artificial, que os ha sido enseñado desde niños: un patriotismo oficial se puede decir, porque es administrado, sugerido, fomentado, robustecido por el gobierno, ese perro obediente de la ciase capitalista o burguesa. Este patriotismo es muy distinto de los dos que os acabo de bosquejar. Si aquellos dos consisten en sentimientos delicados de simpatía y de amor, provocan emociones dulcísimos y embargan de ternura vuestros pechos, el patriotismo artificial, el patriotismo oficial, el patriotismo burgués para decirlo de una vez, no hace otra cosa que despertar, dentro de vosotros, la bestia que dormita. Este último patriotismo es feroz, brutal, sanguinario, cruel, inhumano, injusto, odioso. Este último patriotismo es el que pone en vuestros ojos una venda de sangre cuando veis a un extranjero; este patriotismo es el que os enseña a odiar a todo aquel que no haya nacido en el lugar donde vosotros nacisteis, a donde nacieron las personas que con vosotros tienen un idioma común, tradiciones y preocupaciones idénticas, vicios y virtudes análogas y que adolecen de los mismos prejuicios. Este patriotismo os dice que sois los hombres más inteligentes, más valientes y más virtuosos del mundo; este patriotismo irracional os señala como enemigo mortal a todo ser humano que no haya nacido dentro de las fronteras de la patria; este patriotismo es el que os enseña a amar una bandera que no tiene más valor que el del trapo con que está hecha; este patriotismo ha sido hábilmente inculcado por la burguesía y por los políticos para que arremetáis contra los seres humanos que pueblan los países que se extienden más allá de las fronteras y de los mares, cuando los burgueses de vuestra patria quieren aumentar sus caudales a costa de los caudales de los burgueses de las otras patrias, y así las palabras bombásticas de "integridad de la patria", "honor nacional", "dignidad de la bandera" y otras semejantes, y que tan gratas son a vuestros oídos porque se os han venido repitiendo desde cuando erais niños, pueden ser traducidas por estás otras: "defensa de un sistema económico, político, social y moral" que tiene a la humanidad dividida en opresores y oprimidos, hecha por los oprimidos mismos, pues son los proletarios, los de abajo, los trabajadores, los parias, los ilotas y no los burgueses, por cuyo bienestar se hacen las guerras, los que empuñan el rifle para hacer pedazos, para exterminar, para asesinar a los oprimidos, a los proletarios, a los de abajo, a los parias, a los ilotas de las otras patrias.

Pues bien, proletarios mexicanos: acabáis de cometer un acto de traición al consentir, con vuestro silencio, que Carranza hubiera pactado, con los gobiernos extranjeros, la muerte de la revolución. Si sois patriotas de la escuela oficial, esto es, si amáis a la patria que el gobierno enseña a amar, habéis cometido un delito, porque el honor de esa patria consiste principalmente en su soberanía, en su independencia política y económica de los gobiernos de las otras patrias; y al consentir que gobiernos extranjeros se hayan entrometido en sus asuntos internos, habéis permitido que se ultrajara su soberanía, esto es, la facultad que tiene, como patria independiente, de regir por sí misma sus destinos. Pero como esa patria oficial es la de los burgueses, poco importa que la hayáis traicionado; lo que sí importa es que, al traicionarla, os hayáis traicionado a vosotros mismos comprometiendo vuestro porvenir y el de vuestros hijos, porque los burgueses, que son los directamente interesados en que se haga la paz, tienen mucho que perder con la prolongación de la revolución, pues son los dueños de la tierra, de las casas, de los bosques, de las aguas, de las minas, de los talleres, de las fabricas, de los ferrocarriles, de los almacenes, de todo cuanto existe. En cambio vosotros, ¿qué tenéis que perder? Nada y sí mucho que ganar: la posesión de toda esa riqueza.

He aquí proletarios, cómo se juega con vosotros con el patriotismo; cómo llamándoos patriotas, tanto proletarios como burgueses, lo que aprovecha a unos perjudica a los otros y viceversa. He aquí cómo con un mismo acto: el de traición a la patria, los burgueses se han beneficiado y vosotros os habéis perjudicado. Eso proviene del hecho de que la ciase trabajadora y la ciase capitalista no tienen nada que las afecte del mismo modo, que sus intereses son diametralmente opuestos, y que, por lo mismo, si guerra ha de haber, que sea una guerra contra los burgueses, una guerra de ciases, viendo como amigos y hermanos a los trabajadores de todas las razas, y como enemigos a los burgueses de todos los países.

Si sois patriotas en el sentido sano de la palabra, esto es, si vuestro patriotismo se reduce a abrigar sentimientos de simpatía por el lugar en que visteis la luz por vez primera y por la región en que viven las personas que hablan vuestra lengua, y con quienes tenéis tradiciones y preocupaciones comunes, etcétera, y no abrigáis odio contra los individuos a quienes tocó nacer en otras regiones del planeta, derribad a Carranza y derribad todo gobierno que se pretenda establecer, porque el gobierno perpetua la patria burguesa, la patria feroz que infunde y atiza el odio de las razas para que los oprimidos de las diversas patrias se despedacen entre sí cuando convenga a los intereses del capital; y si sois patriotas, amantes de la patria burguesa, haced igual cosa: derribad todo gobierno, en vista de que la patria burguesa es solamente una alcahuetería inventada por los ricos y los políticos para servirse del pueblo en el terreno de la explotación, en el terreno político y en los campos de batalla.

¡Arriba, mexicanos, contra vuestros verdugos! i Viva Tierra y Libertad!

Regeneración, 30 de octubre de 1916. Semilla Libertaria: 11.141-145.

Fuente: Flores Magón Ricardo. Antología. México. UNAM. 1993. 144 pp.