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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1915 Cablegrama de Carranza a los presidentes de Brasil Argentina y Chile respecto a la intromisión en asuntos mexicanos por parte de EUA y los representantes del A.B.C.

Faros, Veracruz, agosto 8 de 1915.

Veracruz, Ver., en agosto 10 de 1915. Del periódico El Dictamen.

 

EL EMBAJADOR DEL BRASIL EN WASHINGTON SE REHUSÓ A TOMAR PARTICIPACIÓN EN EL PROYECTO DE PACIFICACIÓN

Esto puede servir de precedente -dice el Primer jefe-, para la buena armonía que debe existir entre las naciones latinoamericanas. El C. Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, como encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, envió el domingo último a los presidentes de las repúblicas de Argentina, Brasil y Chile los mensajes que a continuación publicamos, y que nos fueron suministrados en la Secretaría Particular del Primer jefe:

"Cuartel general en Veracruz, agosto 8 de 1915. Excmo. señor Wenceslao J. Bras, presidente de la República del Brasil. Río de Janeiro.

He tenido conocimiento de que Lansing, secretario de Estado de los Estados Unidos del Norte, conferenció anteayer con los representantes del A.B.C., con el objeto de pacificar la República Mexicana, tratando así de inmiscuirse en sus asuntos interiores y de violar su soberanía. El pueblo mexicano ha sabido, con beneplácito, que el representante de usted en Washington se rehusó dignamente a tomar participio en el atentatorio proyecto, dando un ejemplo que puede servir de precedente para la buena armonía y confraternidad que debe existir entre las naciones latinoamericanas, cuyos destinos están íntimamente unidos.

En nombre del pueblo mexicano y como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, doy a ustedes las gracias por este acto de justicia y de simpatía, sintiendo al mismo tiempo manifestar a usted que el señor Cardoso Oliveira ha sido una de las personas que mayores males han causado a la República Mexicana y que es en cierto modo responsable del estado actual de sus relaciones con la vecina república del Norte.

Aprovecho esta oportunidad, señor Presidente, para expresar a usted los vivos sentimientos de cordialidad y simpatía del pueblo mexicano hacia el pueblo brasileño y manifestarle las seguridades de mi consideración más distinguida. V. Carranza."

 

AL PRESIDENTE DE ARGENTINA

Excmo. señor. Victorino de la Plaza. Presidente de la República Argentina. Buenos Aires.

Lansing, secretario de Estado del Gobierno americano y representantes del A.B.C., conferenciaron anteayer en Washington, para acordar acerca de la pacificación de México, tratando de inmiscuirse en asuntos exclusivos de su soberanía. Movido por el más puro patriotismo y deseando que se asegure el reinado de la libertad y de la democracia en América, en nombre del pueblo mexicano y como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del Poder Ejecutivo de la Unión, me permito llamar la atención a usted sobre los peligros que puede traer una nueva política de intromisión de una o varias de las naciones de este Continente en los asuntos interiores, y que atañen exclusivamente a la soberanía de cualquiera de ellas.

Como en dichas conferencias, el gobierno de esa nación que usted dignamente preside, tiene un representante, espero que su gestión se inspire en las ideas y sentimientos que acabo de manifestar a usted; pues sería un error imperdonable y se cometería un crimen contra nuestra raza, si ese gobierno contribuyera a provocar la guerra entre dos naciones americanas, por tratar un gobierno poderoso de imponer su voluntad a un pueblo libre, independiente y soberano, conculcando sus derechos y nulificando el triunfo que acaba de alcanzar por medio de las armas, para establecer definitivamente un régimen de libertad y de justicia. Aprovecho esta oportunidad, señor Presidente, para expresar a usted los vivos sentimientos de cordialidad y simpatía del pueblo mexicano hacia el pueblo argentino y manifestarle las seguridades de mi consideración más distinguida. V. Carranza.

 

AL PRESIDENTE DE CHILE

Excmo. señor Ramón Barros Lugo, Presidente de la República de Chile. Santiago de Chile.

Lansing, secretario de Estado del Gobierno americano y representantes del A.B.C., conferenciaron anteayer en Washington, para acordar pacificación de México, tratando de inmiscuirse en asuntos exclusivos de su soberanía. Movido por el más puro patriotismo y deseando que se asegure el reinado de la libertad y de la democracia en América, en nombre del pueblo mexicano y como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del Poder Ejecutivo de la Unión, me permito llamar la atención de usted sobre los peligros que puede traer una nueva política de intromisión de una o varias de las naciones de este Continente en los asuntos interiores, y que atañen exclusivamente a la soberanía de cualquiera de ellas.

Como en dichas conferencias, el gobierno de esa nación, que usted dignamente preside, tiene un representante, espero que su gestión se inspire en las ideas y sentimientos que acabo de manifestar a usted; pues sería un error imperdonable, y ese gobierno se haría cómplice de un crimen contra nuestra raza, si contribuyera a provocar una guerra entre dos naciones americanas, por tratar un gobierno poderoso de imponer su voluntad a un pueblo libre, independiente y soberano, conculcando sus derechos y nulificando el completo triunfo que acaba de alcanzar por medio de las armas, para establecer definitivamente un régimen de libertad y de justicia. Acto tan injustificado y de tan funestas y trascendentales consecuencias para todas las naciones latinoamericanas, ninguna de ellas debe tolerar ni contribuir a su ignominiosa ejecución.

Aprovecho esta oportunidad, señor Presidente, para expresar a usted los vivos sentimientos de cordialidad y simpatía del pueblo mexicano hacia el pueblo chileno y manifestarle las seguridades de mi consideración distinguida. V. Carranza.

 

 

COMENTARIO AL DOCUMENTO

El 5 de julio de 1915 el secretario de Estado, Robert Lansing, escribía los puntos que normarían la política de los Estados Unidos en el caso específico de la pacificación de México. El punto 2 dice:

"Carranza, Villa y otros jefes de facciones deberán de retirarse y no buscar la supremacía."

Y en los puntos finales 5 y 6, expresa:

5. "Deberá extenderse una invitación a todas las facciones, por parte del Gobierno norteamericano, a fin de que convengan en una acción idéntica para reunirse en una conferencia a través de sus jefes secundarios, con el propósito de organizar un gobierno provisional de coalición, en el entendimiento de que, sólo en el caso de que dicho gobierno sea incuestionablemente representativo del grueso de los elementos revolucionarios, podrán reconocerlo este gobierno y los demás (latinoamericanos) que cooperen con él y renovarán sus relaciones diplomáticas con México."

6. "Este gobierno ayudará en cuanto le sea posible a tal gobierno de coalición, evitando que lleguen armas y municiones a los partidos enemigos suyos, y utilizando otros medios de que puede valerse propiamente para asegurar la estabilidad y la permanencia de ese gobierno, hasta que pueda constituirse el Gobierno Constitucional."

Durante las noches de los días 5 y 6 de agosto de 1915 se reunieron Lansing, secretario de Estado; Fuller, representante especial del presidente Wilson; embajador Domicio Da Gama, del Brasil; ministro Eduardo Suárez Múgica, de Chile; ministro Rómulo S. Naón, de la Argentina; ministro Ignacio Calderón, de Bolivia; ministro Carlos María de la Peña, del Uruguay; y ministro Joaquín Méndez, de Guatemala. La junta panamericanista tenía por objeto convencer al Primer Jefe de que debería colaborar con Estados Unidos en la búsqueda del ciudadano que jefaturara el gobierno provisional escogido por los intervencionistas del A.B.C., pues ya para esas fechas Wilson había modificado su criterio respecto a excluir al Primer Jefe del panorama político mexicano, pero insistía en que éste cediera en cuanto a sostener su actitud antiintervencionista, ¡como si el respeto a nuestra soberanía estatal fuera nimia cuestión sujeta a periódicas revisiones convenientes, según dirían los estadounidenses!

El hecho fue que el Departamento de Estado encontró en el ministro Suárez Múgica, de Chile, un fiel servidor colaboracionista, pues él era no sólo el redactor de los borradores de los documentos dirigidos a los jefes constitucionalistas para el buscado avenimiento, sino el cerrado defensor chileno de la intervención extranjera en México.

Pero debemos advertir que no solamente el ministro chileno resultaba ser el responsable del funesto precedente, puesto que con él compartían tan craso error los demás diplomáticos centro y sudamericanos. Quizá el gobierno de Brasil, informado plenamente del carácter antisoberanista de estas reuniones, pensando seriamente en las consecuencias futuras de tales hechos, determinó que su embajador en Washington reconsiderara la conducta seguida hasta entonces y le ordenara rehusarse a signar "el atentatorio proyecto". Pues, por sí mismo, el señor Da Gama no había dado señales de oposición a la política intervencionista de los Estados Unidos.

Junto a la nota del Primer Jefe al gobierno del Brasil, felicitándolo por su decisión que favorece la libertad e independencia de las naciones de América, quedaron las enviadas a los gobiernos de Argentina y Chile, señalándoles que su posición pro-norteamericana significaba la comisión del delito de complicidad en un atentado cometido por los Estados Unidos contra los derechos de nuestra raza, al atacar la soberanía del Estado que mejor los representaba en aquellos días; con la misma dignidad con la que nuestra Nación ha representado siempre el origen, los ideales, la justicia y la libertad de los pueblos de América.

A sólo días de distancia sería el poderoso Estado norteamericano el que considerara la necesidad política de reconocer a don Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, como legítimo encargado del Poder Ejecutivo Federal mexicano, en un gobierno de facto. Al reconocimiento de los Estados Unidos hubieron de unir los suyos aquellos gobiernos indo-iberos que de tal suerte rectificaron su reprobable actitud inmediatamente anterior de tratar al Estado mexicano como trataron a Panamá, a Cuba, a Nicaragua; pueblos víctimas de su imperial voluntad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Fabela, Isidro (Dir.) Fabela Josefina E. de (Coord.) Carranza, Wilson y el A.B.C. Tomo III. México. México. [Serie: Documentos históricos de la Revolución Mexicana, 14] México. [Comisión de investigaciones históricas de la Revolución Mexicana 1974] Editorial JUS. 1963.