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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1915 Declaración dirigida a las facciones revolucionarias mexicanas en pugna. Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos.

Junio 5 de 1915

Por más de dos años ha prevalecido un estado de Revolución en México: el propósito de la Revolución fue librar a México de los hombres que, no haciendo caso de la Constitución de la Republica, usaban del poder con menoscabo de los derechos del pueblo, propósito con el que el pueblo de los Estados Unidos simpatizó instintiva y generosamente; pero los jefes de la Revolución, en la precisa hora del triunfo, se han puesto en desacuerdo y han vuelto sus armas los unos contra los otros.

No obstante que todos persiguen el mismo objeto, no pueden o no quieren obrar de acuerdo; apenas se establece en la ciudad de México una autoridad central, se empieza a trabajar por minarla, y su autoridad es desconocida por aquellos de quienes era de esperarse la sostuvieran.

AI parecer, México no está ahora más cercano a la solución de sus trágicas dificultades, de lo que estaba cuando estalló la Revolución, sus cosechas están destruidas, sus campos permanecen sin sembrar; sus animales de labor son utilizados para el uso de las facciones armadas; sus habitantes huyen a las montañas, temerosos de que su sangre sea derramada estérilmente, y parece no haber hombre alguno que vea o señale el camino de la paz y del orden.

No existe protección eficaz para sus propios ciudadanos, ni para los de otras naciones que residen y trabajan en su territorio. México perece de hambre y carece de gobierno.
 
En estas circunstancias, el pueblo y el Gobierno de los Estados Unidos no pueden permanecer indiferentes y sin hacer algo para ayudar a sus vecinos. Los Estados Unidos no desean para sí nada de México; menos aun pretenden arreglar sus asuntos ni reconocen tener derecho alguno para hacerlo; pero tampoco desean ver que la más completa ruina caiga sobre México, y consideran que es su deber, como amigos y vecinos, prestar la ayuda que propiamente puedan a aquel que demuestra ser ineficaz para llevar a cabo un arreglo que contenga los verdaderos fines de la Revolución, el restablecimiento de un Gobierno Constitucional y los derechos del pueblo.

Los mexicanos patriotas están ya desamparados y claman por la paz, y por cualquier sacrificio que sea necesario para alcanzarla. El pueblo pide a gritos sustento, y pronto odiara, tanto como teme, a cualquiera que dentro de su país o fuera de él se interponga entre ese mismo pueblo y su pan cotidiano.

Es tiempo, por lo tanto, de que el Gobierno de los Estados Unidos declare francamente la política que en estas extraordinarias circunstancias ha llegado a ser su deber adoptar. Debe hacer, desde luego, lo que hasta aquí no ha hecho o no ha estado en libertad de hacer: prestar activamente su apoyo moral al hombre o grupo de hombres, si acaso puede encontrarlos, que puedan atraerse al sufrido pueblo de México, esforzándose por hacer a un lado, si no pueden unirlas, a las facciones contendientes del país; volver a la Constitución de la Republica, por tanto tiempo en suspenso, y establecer en la ciudad de México un Gobierno que las grandes potencias del mundo puedan reconocer y con el que puedan tratar; un Gobierno con el cual el programa de la Revolución sea un hecho y no sólo una promesa.

Por lo tanto, pública y muy solemnemente hago un llamamiento a los leaders de las facciones de México, para que obren de común acuerdo y con la mayor prontitud para el alivio y redención de ese desolado país. Creo de mi deber manifestarles que, si no pueden arreglar sus diferencias, y unirse para ese elevado fin en un corto periodo de tiempo, este Gobierno se verá obligado a decidir cuales medios deberán emplear los Estados Unidos para ayudar a México a salvarse a si mismo y salvar a su pueblo.

Junio dos de mil novecientos quince (Firmado) Woodrow Wilson.

 

Fuente: Luís Fernando Amaya C. La soberana Convención Revolucionaria 1914-1916. Editorial Trillas. México. 1975. 468 pp.