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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1915 La casa del obrero mundial. Rosendo Salazar.

Febrero 17 de 1915

La Casa del Obrero Mundial tuvo dos etapas. Durante su creación, colaboraron con ella los intelectuales maderistas más valiosos. Hombres como Jesús Urueta, Heriberto Jara, Isidro Fabela, Luís Méndez, Agustín Aragón, Rafael Pérez Taylor, el general José Domingo Ramírez Garrido, Roque Estrada y Diego Arenas Guzmán, entre otros.

Más tarde, unos se fueron con Zapata, otros con Carranza, y nosotros nos quedamos en México, encabezando la Institución. De nosotros partió la idea de abandonar la actitud neutral que hasta ese momento tenía el movimiento obrero, y decidimos convocarlo para que tomara una posición más definida, condenando, sin embargo, el caudillaje, como anarquistas que entonces éramos.

En febrero de 1915, Rafael Quintero y yo, fuimos comisionados por la Casa del Obrero Mundial para hablar con don Venustia no Carranza. Después de haber efectuado una sesión en el templo de Santa Brígida, acordamos que todos los sindicatos se incorporaran a la Revolución.

Así llegamos a Veracruz. Don Venustiano nos recibió en el edificio de Faros. En nombre de mis compañeros, yo le hice presente que la Casa del Obrero Mundial había determinado tomar las armas para acelerar el curso de la Revolución y, además, para obtener ventajas económico-sociales, en beneficio de la clase obrera que representábamos.

Don Venustiano, muy simpático y solemne, nos dijo: "No necesitan ustedes tomar las armas. Yo se los agradezco mucho, pero creo que tenemos a los campesinos de nuestra parte y con ellos es bastante para sacar adelante la revolución. De todos modos, vean ustedes al señor Zubarán, mi Secretario de Gobernación". Y nos despedimos.

La entrevista, debo confesar que no nos satisfizo. Al día siguiente, todos fuimos a entrevistamos con el señor Zubaran. Este funcionario nos recibió: "Compañeros, tengo instrucciones del Primer Jefe para firmar un pacto con ustedes, entre la Casa del Obrero Mundial y la Revolución Constitucional, ¿qué les parece?". Un poco asombrados, exclamamos a coro: "Nos parece muy bien". "¿Ya tienen ustedes algunos puntos escritos para el documento?", nos dijo Zubaran, y nos pidió que se los diéramos. Entonces yo se los entregué. (Momentos antes, en un café de chinos, mis compañeros me habían dicho: "iAndale, vate, hazte unos puntos para ver qué le vamos a pedir!").

El señor Zubaran llamó a su secretaria y dictó el pacto: "Los obreros constituirán batallones, brigadas y divisiones, cuyos cuerpos llevarán el distintivo de rojos..."
 
Los trenes salieron cargados con seis batallones, formados por los gremios obreros, hacia Orizaba. Era muy hermoso y emocionante ver aquello. Allí, el general Ignacio C. Enríquez fue comisionado por Carranza para instruirlos. Ya habíamos dejado a un lado el anarquismo. El Movimiento Obrero Mexicano adquiría un sentido de unidad de la clase obrera con el gobierno de la Revolución. En 1917 los batallones fueron licenciados por don Venustiano, en Querétaro. Les dio las gracias, y les dijo: "Vuelvan a sus trabajos en orden y en paz, que la patria les queda agradecida."

Rosendo Salazar

Tomado de: Crónica Ilustrada de la Revolución Mexicana.