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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1914 Villa desconoce al gobierno de Carranza después de la toma de Zacatecas; junto con Obregón, proponen desaparecer la vicepresidencia e inhabilitar a funcionarios y militares en activo para aspirar a la Presidencia

3 de septiembre de 1914

Durante el trayecto entre Chihuahua y Nogales, convencí yo a Villa de que debería pasar yo a Nogales, Sonora, y tener una explicación con Maytorena, en presencia de él y los principales jefes de aquel Gobernador, que lo eran entonces Urbalejo y Acosta.

El día 29 Villa pasó a Nogales, Son., habiendo sido recibido con toda clase de agasajos.

Yo había recibido cartas y telegramas de distintos lugares y de distintos amigos y parientes, exhortándome a no pasar a Nogales, Son., porque ellos creían que allí encontraría yo la muerte.

A las dos de la tarde, acompañado de Villa y de su secretario particular, señor Luis Aguirre Benavides, pasé la línea internacional y me dirigí a la casa del gobernador Maytorena.

Una vez en ella, pasamos a un saloncito, donde se encontraba Maytorena, acompañado del licenciado Castillo Brito. Supliqué a Maytorena que hiciera pasar a los coroneles Urbalejo y Acosta, que habían sido antiguos jefes subalternos míos, y que habían militado siempre a mis órdenes, perteneciendo al Cuerpo de Ejército del Noroeste.

Cuando Urbalejo y Acosta entraron al salón y hubieron tomado asiento, dije yo al señor Maytorena:

—Suplico a usted, que aquí, en presencia del señor general Villa y estos otros señores (señalando con la mano a los demás reunidos allí), se sirva hacerme todos los cargos que tenga en mi contra, usted, como gobernador del Estado.

Maytorena guardó silencio, y entonces me permití interrogar a los jefes Urbalejo y Acosta en los siguientes términos:

—Díganme ustedes si alguna vez recibieron de mí alguna insinuación encaminada a desconocer al señor Maytorena como gobernador, o siquiera a hostilizarle.

Los dos contestaron simultáneamente:

—¡Nunca!

—Digan ustedes sialguna vez les expresé la necesidad que teníamos de sostener y apoyar al señor Maytorena, por ser él Gobernador Constitucional del Estado.

Ellos contestaron:

—¡Siempre!

Entonces me dirigí a Maytorena y le dije:

—Dígame usted, señor Maytorena, si tiene en su poder todos los archivos de las oficinas telegráficas del Estado.

Maytorena contestó:

—Sí, señor.

Insistí con la siguiente pregunta:

— Dígame usted si han encontrado en los archivos de las oficinas telegráficas algún telegrama firmado por mí, que constituyera alguna orden o indicación de hostilidad para su persona o para su Gobierno.

Maytorena contestó:

—No hemos encontrado ninguno.

Dirigí a Maytorena una tercera pregunta, en sentido de si había encontrado algunos telegramas firmados por mí y dirigidos a los jefes subalternos, encareciéndoles mesura y respeto para él, como autoridad constitucional del Estado.

Maytorena contestó que sí había encontrado varios telegramas en aquel sentido.

Entonces le supliqué me explicara cómo era que me llamaba traidor, si no tenía ningún cargo en mi contra.

Maytorena permaneció callado; y entonces Villa, terciando en la conversación, se dirigió a Maytorena, diciéndole:

—Conteste, señor Gobernador.

Maytorena repuso:

—Yo tengo la costumbre de no poder contestar luego las preguntas que se me hacen.

Villa, a pesar de su rudeza, se dio cuenta exacta de la torpeza de Maytorena, y de la falta de base en que éste pudiera apoyar su traición.

Yo, considerando que era muy fácil evidenciar a Maytorena, más de lo que ya estaba, le dije:

—Yo tengo en Urbalejo y en Acosta la misma confianza que usted tiene en ellos, y estoy dispuesto a nombrar Comandante Militar del Estado a cualquiera de los dos, siempre que me reconozcan como Jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste y declaren estar dispuestos a obedecer mis órdenes.

Como Maytorena no diera signo de asentimiento a mi proposición, le dije:

—Estoy dispuesto a nombrarlo a usted comandante Militar del Estado, siempre que me reconozca como Jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste, y quede incorporado al mismo Cuerpo de Ejército, con las fuerzas que se encuentran en el Estado.

Villa entonces insinuó a Maytorena:

—Si no se arreglan, será porque usted no quiera... ¡Con las proposiciones que le está haciendo Obregón!

Maytorena, viéndose acosado, tuvo que aceptar, y levantamos en seguida una carta, la que íntegra se copia a continuación:

En la ciudad de Nogales, Sonora, a los veintinueve días del mes de agosto de 1914, presentes los CC. Generales Álvaro Obregón y Francisco Villa, comisionados por el señor don Venustiano Carranza para solucionar pacíficamente las dificultades que han surgido entre el Gobernador Constitucional del Estado y el coronel Plutarco Elías Calles, con motivo de los atentados cometidos a la soberanía del referido Estado de Sonora; presente también el señor Gobernador José María Maytorena, han llegado a los siguientes acuerdos, con los que creen queda a salvo la soberanía del Estado y el honor y dignidad de cada uno de ellos:

I. Las fuerzas que se encuentran a las órdenes de los coroneles Urbalejo y Acosta, quienes firman al calce, en señal de conformidad, reconocen como Jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste al señor general Álvaro Obregón, al cual han pertenecido hasta la fecha.

II. El señor general Álvaro Obregón, en su carácter de Jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste, y como comisionado especial del señor Carranza, nombra jefe accidental de las fuerzas que se hallan en el Estado de Sonora, al Gobernador constitucional José María Maytorena, en el concepto de que continuará al mando de ellas hasta que quede establecido un Gobierno constitucional en la República.

III. Las fuerzas que se encuentran en Cananea, Naco, Agua Prieta y otros puntos del Estado, al mando del coronel Plutarco Elías Calles, serán incorporadas a las fuerzas que estarán al mando del Gobernador constitucional, don José María Maytorena.

IV. Los empleados del Timbre, de Correos, de Aduanas, de Telégrafos y demás oficinas federales, serán nombrados con el carácter de interinos por los señores general Álvaro Obregón y don José María Maytorena, gestionando ante la Secretaría de Hacienda la ratificación de dichos nombramientos.

Y en prueba de conformidad firman la presente, comprometiéndose a cumplir fielmente lo que en ella se estipula y que consideran consolidará la paz de una manera sólida y definitiva en este Estado de Sonora. General Álvaro Obregón. General Francisco Villa. José Ma. Maytorena. A ruego del coronel Francisco Urbalejo, L. Aguirre Benavides. Coronel José Mil. Acosta. Rúbricas.

Yo ni por un momento llegué a suponer que las dificultades habían quedado solucionadas con nombrar Comandante Militar del Estado de Sonora a Maytorena; pero sí creí que podría evidenciarlo, al darle órdenes que se resistiría a cumplir, y lo cual me autorizaría para destituirlo del mando, y con esto, unido a los incidentes de nuestra entrevista del día 29, acabaría de convencer a Villa de que todos los pretextos invocados por Maytorena para justificar su traición quedaban desvanecidos.

Esa misma noche, advertido Maytorena por sus consejeros, licenciados Rosado y Castillo Brito, del fracaso que había tenido en las conferencias de la tarde, al aceptar el nombramiento de Comandante Militar de Sonora, con lo que de hecho reconocía la autoridad de la Primera Jefatura, porque yo se lo había extendido en representación de aquélla, hizo circular una hoja virulenta, llena de insultos personales para mí, en las ciudades de Nogales, Ariz., y Nogales, Son.

El texto de la hoja es el siguiente:

ENÉRGICA PROTESTA

El pueblo es soberano. Ha sonado la hora de que el pueblo hable y manifieste sus sentimientos. El pueblo es el sostén de los gobiernos, y hay que darle al pueblo lo que es del pueblo. El pueblo puede y debe obrar como gobierno; pero el pueblo tiene sus sentimientos, y es libre para manifestarlos espontáneamente, por medio de reuniones democráticas. Dentro del orden y de la moral, tenemos derecho para congregarnos, expresando ante la faz del mundo lo que sentimos.

Al pueblo de Sonora se le ha ultrajado, se le ha escarnecido, y uno de los principales causantes de este ultraje y de aquel escarnecimiento es y ha sido Álvaro Obregón.

Se ha pretendido violar la soberanía del Estado, y uno de estos violadores es Álvaro Obregón.

Se ha desterrado del territorio nacional a honrados constitucionalistas, obligándoles a comer el amargo pan del destierro y el inspirador y autor de estos atropellos es Álvaro Obregón. El mismo que hoy se pasea cínicamente en las calles de este lugar, haciendo alarde, en lujosos trenes y automóviles, y como desafiando a los ciudadanos, heridos en sus más caros sentimientos de honradez y patriotismo.

Por eso protestamos con todas las veras de nuestra alma, con toda la energía de que somos capaces, contra la libre entrada de Obregón y sus incondicionales aduladores a Sonora.

Cuando un hombre quiere atropellar al pueblo en sus derechos y despojar de su investidura al legítimo gobernante, merece se le arroje en la cara el escupitajo del desprecio. Ese hombre es Álvaro Obregón.

Ayer tributamos un acto de justicia, recibiendo con regocijo al héroe de cien batallas, al ameritado general Francisco Villa, y hoy, obrando también justamente, manifestamos nuestros sentimientos de antipatía y de desprecio a los causantes de las desgracias y atentados al orden constitucional en Sonora.

Obregón, Alvarado, Calles, Gómez, Guerrero y otros muchos de menor importancia, son los autores de grandes crímenes contra la soberanía del Estado, y de crímenes del orden penal, que deben castigarse, pues la ley ha de ser efectiva para los malvados y los bandidos, porque ASÍ LO PIDE EL PUEBLO Y ASÍ LO PIDE. EL EJÉRCITO, que sostiene la soberanía del Estado de Sonora, y pueblo y ejército están sobre todas las consideraciones personales y del orden político. Que no se pisotee la ley, ni se burlen del pueblo y del ejército los canallas altaneros.

Nosotros, ciudadanos sonorenses, en uso de nuestros derechos democráticos, levantamos la voz de protesta contra la entrada libre de Obregón y los suyos a Sonora, y la libertad del criminal Salvador Alvarado, pues de lo contrario, se nos tacharía de cobardes, y el pueblo de Sonora no es cobarde; sabe cumplir con su deber.

El pueblo es soberano, y por mil títulos, digno de que se le oiga, para eso derrama su sangre en aras de sus ideales, imitando al mártir don Francisco I. Madero.

Álvaro Obregón y los suyos son hijos espurios de Sonora, son parricidas, que cual otro Nerón, quisieron abrir el vientre de su madre Patria, desgarrando su seno, y no son dignos de vivir entre nosotros.

¡Sonorenses!: ¿Permitiremos que nos sigan insultando y vivan entre nosotros los que han atentado contra la soberanía del Estado? Si tal cosa permitiéramos, las tumbas frías de nuestros antepasados se abrirían solas, dando paso a nuestros padres para maldecirnos.

Sonorenses: ¡Viva el Estado Libre y Soberano de Sonora, libre de asesinos y traidores! ¡Viva su Gobernador Constitucionalista! ¡Viva el Ejército del Pueblo Soberano!

Nogales, Son., agosto 30 de 1914.

Varios sonorenses.

Inmediatamente que llegó a mi conocimiento la actitud de Maytorena, ordené su destitución de la Comandancia Militar del Estado, comunicándosele oficialmente a él y comunicándolo también al general Villa, quien se mostró muy indignado al conocer el texto de la hoja.

En vista de aquella regresión de Maytorena a su actitud abiertamente hostil, Villa y yo tomamos un nuevo acuerdo, y lo hicimos constar a continuación de la acta levantada el día anterior, calzándolo con nuestras firmas. Dicho acuerdo fue el siguiente:

CONSIDERANDO: Como posteriormente se cometieron, por los partidarios del señor Maytorena, manifestaciones hostiles y actos ultrajantes para el Jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste; considerándose con esto un ataque al principio de disciplina, que venía a violar lo estipulado, de común acuerdo, los suscriptos, resolvimos dar por terminadas las gestiones y dejar sin efecto lo que antes se había pactado; retirándosele, por el general Obregón al Gobernador señor Maytorena, el nombramiento que a su favor había expedido, de Comandante Militar del Estado de Sonora. Y para buscar una nueva forma de solución al conflicto y dar tiempo a obrar sobre mayor abundamiento de datos, reservándonos a un definitivo acuerdo en que los suscriptos solucionaríamos de una manera terminante la situación, giramos al señor Gobernador Maytorena y al señor Coronel Elías Calles la siguiente.

(ACUERDO)

Orden de suspensión de hostilidades

Los suscriptos, con el doble carácter de jefes de los Cuerpos de Ejército del Norte y del Noroeste de la República, y comisionados del señor Venustiano Carranza para arreglar las dificultades surgidas en el Estado de Sonora, convencidos de que elementos malsanos y antipatriotas están poniendo toda clase de obstáculos para realizar la paz, y no deseando, por otra parte, que fracasen los arreglos que se han tenido, y vuelva a encenderse la lucha, han resuelto lo siguiente:

I. Las fuerzas que se encuentran actualmente al mando del Gobernador D. José María Maytorena, continuarán a sus órdenes.

II. Las fuerzas que estaban al mando del coronel Plutarco Elías Calles, pasarán a depender del general Benjamín G. Hill.

III. Ambas fuerzas deberán permanecer en los lugares que actualmente ocupan, sin que se hostilicen en ninguna forma unas a otras.

IV. Si cualquiera de los jefes expresados violare la prevención comprendida en la cláusula anterior, será atacado simultáneamente por las fuerzas de los Cuerpos de Ejército del Norte y Noroeste, hasta someterlo al orden, siendo personalmente responsable de los daños que se causen.

V. Los servicios ferrocarrilero y telegráfico deberán ser restablecidos en el Estado, a la mayor brevedad posible, para el servicio público.

Lo que tenemos el honor de poner en conocimiento de usted para su conocimiento y fines consiguientes. Constitución y Reformas. Nogales, Son., agosto 30 de 1914. El General en Jefe del Cuerpo de Ejército del Norte. Francisco Villa. El General en Jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste. Álvaro Obregón. Rúbricas.

Después de dar por terminadas las gestiones en Nogales, y haber ordenado la suspensión de hostilidades, para estudiar una forma más eficaz de poner término a las dificultades surgidas en Sonora, acordamos, Villa y yo, resolver en definitiva sobre la comisión que el Primer Jefe nos había confiado.

De Nogales salimos el día 31 rumbo a Chihuahua.

En Villa se había experimentado un cambio tan completo, con motivo de los hechos que presenció durante nuestra estancia en Nogales, que ingenuamente confesaba haber sido engañado por Ángeles y Maytorena, y acerca de este último, opinaba que era un buen hombre, pero que se dejaba manejar fácilmente por el grupo de zánganos que lo rodeaba; agregando que ninguna solución era posible mientras Maytorena estuviera en el Gobierno, y que se hacía indispensable separarlo de su puesto.

Sobre la base de la separación de Maytorena del Gobierno de Sonora, empezamos a considerar un nuevo acuerdo, habiendo llegado, en conclusión, a formular y firmar el convenio que a continuación se copia íntegro:

BASES PARA LOS CAMBIOS QUE DEBEN EFECTUARSE

EN SONORA

I. El Gobernador señor José María Maytorena dejará el Gobierno de aquel Estado, substituyéndolo el C. general Juan G. Cabral, quien se hará cargo de él y de la Comandancia Militar del mismo Estado.

II. Las tropas que han estado bajo las órdenes del C. coronel Plutarco Elías Calles se movilizarán al Estado de Chihuahua, acampándose en el lugar que se estime más conveniente, hasta que el Comandante Militar del Estado de Sonora juzgue oportuna su reincorporación al Estado.

III. Todos los grupos de individuos que voluntariamente se han presentado a ofrecer sus servicios para combatir al Gobernador Maytorena, desde la fecha del conflicto a esta parte, podrán regresar, licenciados, a sus lugares, si así lo desearen.

IV. El general Cabral dará toda clase de garantías, tanto en su persona como en sus intereses, al señor Maytorena.

V. El mismo general Cabral cuidará de restablecer, a la mayor brevedad posible, el orden en Sonora y convocará a elecciones municipales, para que vaya restaurándose el orden constitucional en el Estado.

VI. Transcríbanse las presentes bases en el informe general que se rinda al C. Presidente Interino de la República, don Venustiano Carranza, del que deberán sacarse tres copias, una para el mismo C. Presidente, otra para el C. general Francisco Villa y la tercera para el C. general Álvaro Obregón.

VII. Protestamos a usted nuestra subordinación y respeto. Constitución y Reformas. Chihuahua, Chih., a 3 de septiembre de 1914. Francisco Villa. Álvaro Obregón. Rúbricas. Al C. Presidente Interino de la República, don Venustiano Carranza, México, D. F.

El hecho de que Villa firmara este nuevo acuerdo, en el que definitivamente se estipulaba la eliminación de Maytorena del Gobierno de Sonora, como único medio de terminar con las dificultades existentes en aquel Estado y evitar otras subsecuentes y de mayor gravedad, indicaba que Villa entraba por la senda de la conciliación y daba, con esto, esperanzas de tener un cambio de actitud, favorable para los genuinos intereses de la Revolución Constitucionalista, desvaneciéndose por completo los temores de una probable ruptura entre la División del Norte y la Primera Jefatura del Ejército, que diera origen a una lucha entre los mismos elementos de la Revolución.

Esas halagadoras esperanzas empecé a tenerlas desde nuestra estancia en Nogales, donde advertí que Villa, según sus declaraciones con respecto a la actitud rebelde de Maytorena, estaba inclinado a condenar aquella rebelión, por injustificada; esperanzas que fueron fortaleciéndose durante nuestro viaje de regreso a Chihuahua cuando Villa frecuentemente y con ingenuidad me decía: "Si tú no hubieras venido, compañerito, ya la División del Norte estaría 'echando trancazos', y hablaba ya de las próximas elecciones para Presidente, indicando la necesidad que había, según él, de derrocar al señor Carranza en la lucha electoral; signos todos que me hacían comprender que aquel hombre consideraba ya conjurado el peligro de una lucha armada.

A ese cambio, observado en Villa, contribuía, de manera importante la labor del señor Aguirre Benavides, su secretario particular, la que siempre estuvo inspirada en el más amplio espíritu de concordia.

El señor Aguirre Benavides ejercía sobre Villa una significativa influencia; aunque no era decisiva, porque no le halagaba su vanidad, ni le fomentaba las ambiciones que en Villa empezaban a ser ya una autoridad; y así era que tal influencia acababa por declararse impotente, cuando Villa, antes de obrar, consultaba con Ángeles o con Díaz Lombardo, que eran quienes, principalmente, ejercían la perniciosa influencia a que al fin Villa cedía.

Una de las personas que también tenían gran ascendiente sobre Villa, según pude notarlo en las conversaciones tenidas con éste, era el norteamericano George Carothers, que fungía como Agente Confidencial del Gobierno de Washington cerca de Villa.

Para convencer a Villa más plenamente de mi buena disposición para que todas las dificultades tuvieran fin, y reinara la más completa armonía entre todos los hombres del Constitucionalismo, le indiqué que, si estaba resuelto a solicitar de la Primera Jefatura, en forma comedida y respetuosa, algún cambio en el Gabinete o en la investidura que debiera tener el señor Carranza, como Encargado del Poder Ejecutivo o como Presidente Provisional de la República, o alguna modificación en la política de nuestro Gobierno, no tenía yo ningún inconveniente en discutir las bases para dichas modificaciones, formulando un memorial, que firmaría juntamente con él, para elevarlo a la Primera Jefatura.

 

 

ÁLVARO OBREGÓN

PROPOSICIONES DE LOS GENERALES VILLA Y OBREGÓN,

SOMETIDAS A LA CONSIDERACIÓN DEL C. PRIMER JEFE

DEL EJÉRCITO CONSTITUCIONALISTA

Primera. El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista tomará, desde luego, el título de Presidente Interino de la República, e integrará su Gabinete con Secretarios de Estado.

Segunda. Tan pronto como esté integrado el Gabinete del Presidente Interino, con acuerdo del Consejo de Ministros, procederá a nombrar, con carácter de provisionales, a las personas que deban desempeñar los cargos de Magistrados a la Corte Suprema de Justicia. Nombrará, también, a las autoridades judiciales de la Federación, correspondientes a los Territorios y al Distrito.

Tercera. Los Gobernadores Constitucionales o militares de los Estados, de acuerdo con los ayuntamientos que estén funcionando en las respectivas capitales, designarán a las personas que deban integrar los Tribunales Superiores, con el carácter de interinos, y los Jueces de Primera Instancia e inferiores.

Cuarta. Los Gobernadores de los Estados, el Gobernador del Distrito y los Jefes Políticos de los Territorios, convocarán a elecciones de Ayuntamientos, tan pronto como hayan sido nombradas las autoridades judiciales. Las elecciones se verificarán al mes de la convocatoria y dentro de ocho días del en que se haya celebrado la elección; los ciudadanos designados se reunirán para erigirse en Colegio Electoral, para calificar las elecciones y al día siguiente, instalarán el Ayuntamiento respectivo.

Quinta. Luego que hayan quedado instalados los Ayuntamientos, el Presidente Interino de la República y los Gobernadores Constitucionales o militares de los Estados convocarán a elecciones; los primeros, para representantes al Congreso de la Unión, y los segundos, para Gobernador Constitucional, diputados a la Legislatura local y magistrados a los Tribunales Superiores, en los casos en que la Constitución del Estado prevenga que en esta forma se elijan estos últimos. Estas elecciones se verificarán, precisamente, un mes después de expedida la convocatoria, y servirá de base para la división electoral, la de la última elección que haya tenido lugar antes del 18 de febrero de 1913.

Sexta. Instaladas las Cámaras Federales y las Legislaturas de los Estados, las primeras, en sesiones extraordinarias, se ocuparán preferentemente en el estudio de las reformas constitucionales siguientes, que propondrá el Presidente Interino:

Supresión de la Vicepresidencia de la República, y manera de suplir las faltas absolutas o temporales del Presidente;

Modificar la computación del período durante el cual deba desempeñar sus funciones el Presidente de la República;

La organización de la Corte Suprema de Justicia y la manera de proceder a la designación de sus Ministros;

La declaración de inhabilidad de todos los Jefes que formen parte del nuevo Ejército Nacional, para desempeñar los cargos de Presidente de la República, Gobernadores de los Estados y demás de elección popular, a menos que se hayan retirado seis meses antes de lanzar su candidatura.

Aprobadas las reformas constitucionales por las Cámaras Federales, las legislaturas de los Estados, también de preferencia y en sesiones extraordinarias, si hubiere lugar, discutirán las expresadas reformas.

Séptima. Inmediatamente que se conozca el resultado de la discusión relativa a las reformas constitucionales, el Presidente Interino expedirá la convocatoria para las elecciones de Presidente Constitucional y para la designación de los Magistrados de la Corte, en los términos que establezca la Constitución Política de la República.

Octava. No podrán ser electos para Presidente de la República, ni para gobernadores de los Estados, los ciudadanos que hayan desempeñado estos cargos con carácter de provisionales, al triunfo de la revolución, ni los que los desempeñen desde la fecha de la convocatoria hasta el momento de la elección.

Novena. Los Gobernadores interinos de los Estados, inmediatamente que entren a desempeñar sus funciones, nombrarán una junta, que tendrá su residencia en la capital del Estado y será compuesta de un representante por cada Distrito, a fin de que estudie el problema agrario y forme un proyecto que se remitirá al Congreso del Estado, para su acción legal.

Chihuahua, septiembre 3 de 1914.

(Firmado.) General Francisco Villa. General Álvaro Obregón.

REGRESO A MÉXICO

De Chihuahua emprendí mi regreso a México, habiéndome acompañado en el viaje, hasta la capital, el agente consular Carothers, el español Ángel de Caso, el licenciado Díaz Lombardo y el doctor Miguel Silva (este último era también de las personas que tenían alguna influencia sobre Villa, y por lo que pude notar, era de los hombres más inclinados por un arreglo pacífico de todas las dificultades). El doctor Silva y el licenciado Díaz Lombardo iban comisionados como representantes de la División del Norte, para acompañarme a presentar al Primer Jefe las proposiciones firmadas por Villa y por mí.

La víspera de mi salida de Chihuahua, en la noche, estuve hablando a solas con el secretario de Villa, señor Luis Aguirre Benavides, y éste me dijo: "¡Ya ve usted a Villa tan mansito!..., pues en dos horas lo van a cambiar por completo sus consejeros."

A México llegamos el día 6, y desde luego me transladé a presencia del Primer Jefe, para darle personalmente cuenta del resultado de mi comisión.

Ni la buena impresión que yo traía, ni el documento en que se consignaba el acuerdo de separar a Maytorena del Gobierno de Sonora y nombrar Gobernador y Comandante Militar de aquel Estado al general Cabral, persona que entonces nos merecía absoluta confianza, ni todos mis optimismos, fueron suficientes para hacer variar el criterio del Jefe en lo que se refería a las apreciaciones que tenía ya hechas sobre Villa y sus intelectuales, mostrando poca fe en las promesas de aquellos hombres. Sin embargo, ofreció recibirme con la comisión de la División del Norte al siguiente día, accediendo también a que fuera a Sonora el general Cabral como Gobernador y Comandante Militar.

El día 7 se presentaron en las oficinas de mi Cuartel General, establecido en la casa número 27 del Paseo de la Reforma, los señores licenciado Díaz Lombardo, doctor Silva y don Ángel de Caso, diciéndome:

—Mr. Fuller, agente confidencial del Presidente de los Estados Unidos, nos ha manifestado el deseo de tener una entrevista con usted; y como consideramos que a usted le ha de parecer feo ir a la legación norteamericana, y a él no le gustaría que lo vieran venir a su oficina, creemos conveniente que la entrevista se verifique en terreno neutral, pudiendo ser en la casa del señor don Ángel de Caso.

Yo contesté a dichos señores:

—Yo no tengo ningunos asuntos que tratar con Mr. Fuller, y si los tuviera, no encontraría ningún inconveniente en ir a buscarlo a su oficina, como no encuentro el que él pueda tener para venir a las mías, siendo que, como ustedes dicen, tiene interés por entrevistarme.

Esa contestación mía contrarió a mis visitantes, y para terminar les declaré categóricamente que no asistiría a conferenciar con Mr. Fuller a ninguna parte.

Díaz Lombardo, Silva y de Caso se retiraron; pero una hora después regresaron a notificarme que Mr. Fuller pasaría a verme por la tarde. Yo les manifesté que sería bien recibido Mr. Fuller.

CONFERENCIA CON MR. FULLER

Como a las 6.30 p. m. se presentaron de nuevo en mi Cuartel General el doctor Silva y el licenciado Díaz Lombardo, acompañados de Mr. Fuller.

Después de las ceremonias de presentación, y cuando hubimos ya tomado asiento, me dirigí a Mr. Fuller, expresándole mi satisfacción por conocerlo, y mi deseo de conocer el objeto de su visita.

Fuller me manifestó que tenía necesidad de recoger algunos datos sobre la situación militar en el territorio que ocupaba el Cuerpo de Ejército a mis órdenes, especialmente en Sonora, para poder él rendir a su Gobierno un informe con más exactitud, y que esto lo hacía suplicarme le diera, si en ello no encontraba yo inconveniente, aquellos datos.

Yo manifesté a Mr. Fuller mi pena por no poder obsequiar sus deseos, diciéndole que no tenía yo atribuciones para dar informes de tal naturaleza a cualquiera otra persona que no fuera el Primer Jefe, agregando que lo indicado era que él hiciera su solicitud a la Primera Jefatura, a la que yo rendía frecuentemente mis informes.

Mr. Fuller me preguntó por qué no tenía yo representante cerca del Gobierno de Washington, dada la personalidad que había yo adquirido en la Revolución; a lo que contesté: que el Gobierno Constitucionalista tenía su representante en los Estados Unidos, y que el representante de nosotros lo era el señor Carranza como Jefe de la Revolución, siendo él, con tal carácter, el único capacitado para tratar asuntos con el exterior y nombrar sus representantes cerca de otros gobiernos.

[…]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obregón, Álvaro. Ocho Mil Kilómetros en Campaña. México, FCE, 1959. 618 págs. pp. 170-179.