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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1913 Al general Félix Díaz, jefe del movimiento revolucionario del Ejército Federal en la ciudad de México. Emiliano Zapata.

Campamento revolucionario en Morelos, marzo 4 de 1913.

 

El gobierno del general Huerta que acaba de constituirse con el apoyo de la defección del ejército, no puede en manera alguna representar la legalidad de la revolución general del país; ni satisfacer sus principios sellados con la sangre del pueblo que, por un lapso prolongado de tiempo no ha omitido sacrificio para ir a la reconquista de tierras y libertades, e implantar un régimen de gobierno democrático que esté fuera del duro cartabón de las dictaduras.

Acaba de hundirse una dictadura y sobre las cenizas de ella se levanta otra que, creada por los fieles defensores de una legalidad inconcebible, fueron los primeros en asestarle el furibundo golpe que la relegó a la historia; mas no para laborar por la patria ni para establecer la confraternidad general de la revolución que encarna en el corazón del pueblo, sino para cosechar los frutos de su instantáneo cuartelazo en pro de un grupo de privilegiados sedientos de oro y de poder, que sin vacilación han hollado los sacrosantos principios revolucionarios inscritos en nuestra bandera.

Nosotros no podemos conformarnos con ver burladas las promesas por las cuales el pueblo ha tenido un calvario de sangre; nosotros no podemos conformamos con el triste resurgimiento de un gobierno cobijado en el negror de los pliegues de una traición; y por tal circunstancia, la junta revolucionaria que dirige los movimientos del Sur y Centro de la República, protesta contra la imposición del gobierno ilegal del general Huerta, por no estar de acuerdo con las bases establecidas en el Plan de Ayala, y porque el movimiento que usted encabezó con el ejército, al constituir el nuevo gobierno de que se trata, dejó sin voz ni voto a la revolución de todo el país, rompiendo por completo los lazos de orden, de concordia y de principios que hubieran debido servir de norma al movimiento armado iniciado por usted.

Por las razones expuestas, el gobierno provisional del general Huerta, repetimos, no personifica ni puede representar a la positiva revolución del pueblo mexicano, sino a la defección del ejército y al cuartelazo que hábilmente preparó y llevó a feliz término; y por lo mismo, la corriente revolucionaria sigue su curso hasta derrocarlo y conseguir el establecimiento de un nuevo gobierno que esté de acuerdo con la bandera de los movimientos revolucionarios de todo el país.

Si usted desea evitar un nuevo conflicto entre la revolución y el gobierno del general Huerta, creado por el cuartelazo del ejército, debe sujetar sus procedimientos al artículo 12 del Plan de Ayala, que dice: Una vez triunfante la revolución que hemos llevado a la vía de la realidad, una junta de los principales jefes revolucionarios de los diferentes Estados, nombrará o designará un Presidente interino de la República, que convocará a elecciones para la formación del Congreso de la Unión y éste, a la vez, convocará a elecciones para la organización de los demás poderes federales.

Pues de no ser así y de llegar a este acuerdo, la revolución se verá en la imperiosa necesidad de establecer un gobierno legal frente al gobierno ilegal del general Huerta; y entonces usted y los que le secundan, serán responsables de la sangre que se derrame, ante la nación y el mundo civilizado.

Al dirigir a usted la presente nota, no nos guía otro fin que el de laborar por el bien de la patria y no por el bienestar de un grupo o de una personalidad, pues nuestras convicciones no tienen credo personalista, y nos causa profunda decepción observar que nuestros revolucionarios en México, después de la Reforma y el Imperio, no han tenido otro objeto que conquistar la Presidencia de la República para determinada personalidad; no han tenido otro fin que servirse de la sangre del pueblo para llegar al poder y no se ha conseguido otra cosa que hacer descender a un déspota para cambiarlo por otro, hacer descender a un tirano para cambiar de tirano, amo, dueño y señor. Si usted se aleja de aquel viejo molde de las dictaduras y se inspira en el más puro patriotismo, haciendo a un lado a los traidores de las instituciones, escuchando la voz de la revolución, que es la voz del pueblo, entonces habrá conquistado la estimación y aplauso de sus compatriotas.

Reflexione usted: ahora más que nunca debe contribuir a la reforma política y agraria que hemos proclamado desde 1910, y que no descansaremos hasta obtenerla, aun cuando para ello se necesiten mayores sacrificios. Estamos dispuestos a luchar sin tregua ni descanso hasta conseguir la verdadera redención del pueblo mexicano. Si usted tiene en cuenta las aspiraciones e ideales de la revolución, debe unirse a ella para cimentar con fuerzas vivas y conscientes, el verdadero gobierno y que merezca el nombre de legalmente constituido; pues de otra manera, no hará otra cosa que prolongar una era de sacrificios y de sangre para México.

Esperando de su patriotismo que así lo hará, le protestamos nuestra atención y respeto.

Reforma, Libertad, Justicia y Ley.
Campamento revolucionario en Morelos, marzo 4 de 1913.

El general en jefe del Ejército del Sur y Centro,
Emiliano Zapata.
General Otilio Montaño.
General Felipe Neri.
General Lorenzo Vázquez.
General Francisco Mendoza.
General Genovevo de la O.
General Simón Beltrán.
General J. Morales.
General Eufemio Zapata.
Coronel F. Alarcón.
Coronel Francisco García.
General Francisco Pacheco.
General A. Salazar.
General J. Gómez.
Secretario, M. Palafox.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Magaña Gildardo. Emiliano Zapata y el agrarismo en México. México, INEHRM [Revolución. Obras Fundamentales], 1937. 5 tomos.