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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1913 Entrevista concedida a la prensa por el general Victoriano Huerta.

Marzo de 1913

 

Una entrevista

A mediados del mes siguiente (marzo de 1913) el general Huerta convocó a los representantes de la prensa y les hizo las siguientes declaraciones:

"He suplicado a ustedes tuvieran la bondad de pasar a verme para manifestarles, por enésima vez, cuáles son los propósitos del Gobierno de la República: restablecer la paz, reorganizar el ejército y crear un tesoro que pueda corresponder a las necesidades públicas. Además, deseo suplicarles y encarecerles, como representantes de la prensa, que es uno de los más grandes poderes sociales y por el cual tengo yo profundo respeto, se sirvan, de la manera más patriótica, ayudar a la pacificación del país. Creo que para que la prensa pueda prestar esta ayuda al Gobierno en la patriótica labor de pacificación, necesita no buscarle dificultades al mismo Gobierno en su gestión, sino ilustrarlo en todo aquello que a su juicio sea conveniente, de un modo sereno. Por ejemplo, si la prensa, en su parte científica, en su parte industrial se ocupara de darle consejos al Gobierno, haría muy bien, porque el Gobierno tiene muchos problemas por resolver y vería con gusto que la prensa culta de la capital le preparara un camino que tiene que seguir. Vería con gusto que la prensa se ocupara de estudiar la conveniencia de la continuación de las obras públicas y materiales de la capital, del establecimiento de escuelas, de las reformas que exige nuestra enseñanza, que tiene que ser rudimentaria, en la República.

"Creo que en estos momentos no conviene ocuparnos de asuntos políticos, si no es en apoyo de los propósitos de pacificación que abriga el Gobierno. Espero que la prensa ilustre al Gobierno de esa manera, y si no lo hace, eso querrá decir que no se ha penetrado de su alta misión en la sociedad.

Cuento con que la prensa desarrollará esa labor, que ayudará a la pacificación, porque la prensa, lo repito, la considero y respeto como un gran poder. Si el Gobierno, que tiene por principal misión atraerse a todos los disidentes y a todos los rebeldes, no contara con la prensa, no podría conseguir la paz que tanto anhelamos todos nosotros. Espero contar con ella, y por su parte el Gobierno está resuelto a ayudar a la prensa, es decir, dándole amplia libertad.

"Repito -concluyó el señor Presidente- la prensa debe ocuparse de mejoras materiales, de ideas de trabajo y de política, escribiendo artículos de concordia para formar un todo.

"Réstame a ustedes darles las gracias y reiterarles mi súplica en nombre de la patria..."

La prensa correspondió a las insinuaciones oficiales, publicando el mismo día de la entrevista, editoriales en que se pregonaba la necesidad de que el nuevo régimen y la opinión pública se orientaran en el sentido de que en la República debería darse la preferencia a la administración, abdicándose de toda función política. El Imparcial publicó un editorial llamado "Hay que matar al lobo”, (el lobo era la política) y El País, recordando las célebres palabras del general Porfirio Díaz, dijo lo siguiente en un editorial que intituló:

"Menos política y más administración"

"El general don Porfirio Díaz, como buen dictador, supo reconcentrar todas las fuerzas vivas del gobierno, la soberanía toda, en el puño de hierro de su voluntad omnipotente. Y tras la experiencia adquirida y el refinamiento que da la educación en las tareas de los asuntos públicos, encontró la fórmula que más cuadraba a su carácter y tendencias:

"Poca política y mucha administración”

Conforme a esa regla sabia de dictaduras inteligentes, los Ministros del general Díaz fueron, en política, seres completamente pasivos, inertes, llenos siempre de temores y de reservas, porque sabían que una frase indiscreta, una actitud distinta de la ordenada por el dictador, les costaba la dimisión y, a veces, hasta la ruina en el orden de los negocios públicos.

Vino el maderismo a destruir cuanto el general Díaz edificara, y, proponiéndose contrariar en todo (aunque solamente se logró en aquello que debió subsistir) las tendencias del porfirismo, se aprobó y llevó a la práctica este principio: "Mucha política y ninguna administración”.

Entonces empezó el desastre. La política era tanta como detestable, por la falta de decoro y de inteligencia que la inspiró, resultando de todo ello una mezcla extraña de socialismo zapatista, democracia pueril, demagogia tiránica, y, en fin, el estado anárquico de las conciencias y de las pasiones. La organización del régimen administrativo del general Díaz, desplomóse como un edificio bajo la acción de la dinamita, porque los hombres que tenían a su cargo la conservación y mejoramiento de los servicios públicos, fieles a la divisa del maderismo, consagraban todos sus esfuerzos a la política y, por lo tanto, al desbarajuste de la administración. Así vimos desaparecer de las arcas del tesoro nacional los millones acumulados por el ministro Limantour; contemplamos, con horror, la falta de seguridad pública; advertimos la desorganización del correo y el telégrafo y demás comunicaciones que eran modelo en la época porfirista, y ¡qué más! en los lugares céntricos de la metrópoli y en las ciudades importantes de la República, era frecuente presenciar manifestaciones tumultuosas, verdaderos motines preparados y ejecutados al amparo del gobierno. Tales fueron los efectos del programa "mucha política y ninguna administración”. Pero vamos a concretar más aún el hecho o hechos que venimos analizando.

En el gabinete del señor Madero la política fue todo; la administración, nada. El señor Pino Suárez, Ministro de Instrucción Pública, cuya clase de trabajo era de lo más ajeno a la política "de actualidad", ocupábase tan sólo en urdir intrigas contra la prensa, contra "los independientes”, contra los católicos, contra Flores Magón y Calero; en favor de la Sárraga o de sus parientes de Yucatán, etc., etc. El señor Bonilla, "a su modo”, y en su estilo, ayudaba a su colega Pino Suárez mañosamente. De don Ernesto, nada diremos, porque sabido es que su más "brillante" arrojo financiero fue la compra de "la Huevera de bandera azul," (Se refiere al diario "La Nueva Era" órgano del Partido Constitucional Progresista) y si el solemnísirno señor Vázquez Tagle (nulidad prestigiada) no "hacía política," tampoco importábale un bledo la administración, y su papel en el gabinete se limitaba a demostrar que la inercia es un hecho innegable.

Si hemos de llamar "revolución" a los acontecimientos que derrocaron al señor Madero, es preciso que le atribuyamos ideales, y éstos no pueden ser otros que los de procurar la reconstrucción del país, así en la política como en la administración.

Lo primero, lo más urgente, es la paz pública, y aunque en apariencia se juzgue otra cosa, creemos, bien mirada la situación, que sólo reconstruyendo el sistema administrativo se logrará aquella. La paz se alcanza mediante el bienestar de los hombres, y el bienestar sólo se consigue con la perfecta administración de los servicios públicos de todas órdenes y especies. La administración de justicia será lo primero; en seguida, la seguridad individual y la riqueza o base económica, y vendrán después otros servicios de buen gobierno, como las comunicaciones, la higiene pública, el ornato de las ciudades, etc., etc. Y claro es que nos referimos también a la instrucción, porque sin ella, todo progreso y todo bienestar sólido son imposibles.

En diversas ocasiones, hemos hecho entusiastas elogios del gabinete del señor general Huerta, y ahora ratificamos nuestra opinión; pero creemos que los señores Ministros debieran atender algo menos a la política y mucho más a la administración, ya que todos ellos se proponen dar a la patria la tranquilidad y el sosiego que tanto y tan urgentemente necesita. El que desee "hacer política”, que emprenda la tarea fuera del gabinete, porque, dentro de él, su conducta redundaría en perjuicio del ramo administrativo que se le ha confiado.

El general don Félix Díaz ha dado un ejemplo verdaderamente plausible y alto: pudo haber sido ministro, pero como tenía miras políticas ulteriores (es candidato a la Presidencia de la República), prefirió no aceptar ninguna cartera, para emprender, sin embarazo, ni perjuicio de la administración pública, su campaña electoral. Los señores Mondragón y Esquivel Obregón, han dedicado toda su inteligencia y su cultura al mejoramiento de los servicios que se les han encomendado; pero se dice por ahí que algunos otros ministros gustan más de la política que de la administración...

La especie puede ser falsa (desde luego, no la garantizamos) pero si no lo es, saquen los aludidos una enseñanza del pasado, y como son hombres de talento y honradez indiscutibles, sabrán corregir el yerro y rectificar las tendencias.

Así lo deseamos sinceramente".

(El País)