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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1913 Carta de Porfirio Díaz a Felipe Ángeles.

París, junio 18 de 1913.

 

 

Correspondencia privada del general Porfirio Díaz

París, junio 18 de 1913.
General Felipe Ángeles.
Habana, Cuba.

Estimado amigo:

No sé si habrá usted recibido una carta que le dirigió el señor Limantour. De cualquier manera le suplico me preste su atención a las ideas siguientes, que si se realizan, pueden significar la salvación de una institución que es para mí sagrada, habiéndole dedicado mis mayores esfuerzos; usted es miembro de esa institución y sabe lo que vale.

El acontecimiento de febrero colocó al ejército en un dilema terrible: o el ejército se sobrepone a la furia del pueblo que ya clama de una manera terrible y se establece la paz, y quizá el único Gobierno estable en México; o el pueblo aniquilará el ejército. La salvación del ejército es muy sencilla y usted es el más adecuado para este objeto, que significará la salvación del país.

Yo había pensado no mezclarme más en los asuntos políticos de mi país, por razones que es inútil mencionarlas ahora; pero ahora lo creo necesario intervenir de una manera privada, dirigiéndome a usted. Usted recordará que al ausentarme, la guarnición que me hizo los honores en Veracruz, bajo el mando del coronel Victoriano Huerta, hoy general, dije entre otras cosas "Como usted muy bien lo ha dicho, coronel Huerta, el ejército, ha sido el objeto de ataque, y esto me hace que conciba la esperanza que el presente estado de cosas será firmemente defendido por el ejército, restablecer la paz. Si el país necesita de mis servicios, solemnemente me adhiero a mi palabra de militar, de colocarme a la cabeza bajo su bandera guiando a mis soldados y defendiendo con la última gota de mi sangre la muy amada tierra mexicana. Antes de mi partida recomendé al ejército la más completa subordinación, y aunque mi ausencia es temporal, mi corazón permanece con ustedes."

Mis palabras no significan que el ejército debiera convertirse en un simple y sumiso esclavo de inconscientes mandatarios, cuya rudeza los enviaría al desastre y al esfuerzo en contra del pueblo invencible por su furia. Tal vez el general Díaz y el general Huerta así lo comprendieron provocando el evento de febrero, con objeto de salvar el ejército y el país.

Debido a las circunstancias en que se encuentra usted, le toca a usted decidir sobre la suerte de la legión de bravos soldados que son sus compañeros de armas y de sufrimientos. Reflexione usted sobre mi carta y sobre lo que el señor Limantour me dice que le ha escrito.

Sinceramente suyo, Porfirio Díaz.

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París, mayo 30 de 1914. Señor Francisco León de la Barra. Habana, Cuba.

Estimado amigo:

A nadie puede pasar desapercibido el hecho de que el general Huerta, que enérgicamente está sosteniendo las instituciones, caerá muy pronto, y junto con él desaparecerá todo lo noble y lo bueno que hay en México. Bajo ningunas condiciones debemos permanecer impasibles ante esta inevitable catástrofe, especialmente cuando somos deudores de honores y bienestar al país. Además esta preciosa y tal vez única oportunidad se presenta para salvar las instituciones.

Usted está enterado que la División del Norte no tiene en perspectiva ninguna ambición política o social, desde que está comandada por un hombre ambicioso, deseoso de poder y dinero; por otro lado, uno de nuestros hombres que está sirviendo en sus filas con un alto grado militar. Es imposible que Felipe Ángeles olvide nunca los grandes servicios que debe al general Porfirio Díaz. Nosotros podemos satisfacer la ambición de el anterior con nuestro oro, y usar con ventaja y habilidad la gratitud de Ángeles.

Una vez hecho esto nosotros avisaremos a Villa cómo atraerse a Zapata hacia él, y así dar con nuestra nueva orden un aspecto revolucionario y reivindicativo a las cosas, el que por ahora necesitamos. Nosotros fielmente llevaremos a cabo el Plan de Ayala distribuyendo las tierras solamente en el Estado de Morelos, y compensándonos esta generosidad con concesiones y terrenos en otros Estados menos poblados. Entonces nosotros organizaremos un poderoso ejército, seleccionando los más conspicuos miembros del Ejército Federal y poniendo bajo su mando al ejército villa-zapatista; de esta manera nosotros volveremos a gobernar en México de un modo que tal vez será definitivo y enérgico. Nosotros restauraremos a nuestro afligido país su prestigio, cauterizando sus heridas para siempre.

Finalmente éste es el programa por el presente; es conveniente que usted nos preste su ayuda y escriba a todos aquellos de nuestra parte con quien usted tiene alguna influencia. Me permito sugerir que sería conveniente organizar un comité en San Antonio, Texas, donde me parece el lugar más a propósito para deliberar. Una vez convenido el Plan, debemos poner manos a la obra. Sería bueno mostrar el Plan a Ángeles de una manera franca y decidida, para que él se ponga rápidamente de acuerdo con Villa para el resto de nuestro proyecto.

Escribo esta misma carta a todos los hombres que tomen algún interés en el bienestar de nuestro país.

Con cariñosos recuerdos, quedo su sincero amigo, Limantour.

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El tiempo es un gran agente que revela todas las verdades o falsedades.

Primero fue Villa el gran bandido general que engañó al mundo entero. Fue descubierto. El tiempo ha traicionado su verdadera naturaleza. Hoy todos conocen que Villa no es el gran héroe, el famoso general y pacificador de México. Con calma la verdad está apareciendo alrededor del hombre en quien los científicos y reaccionarios habían puesto su última esperanza. Éste es Felipe Ángeles.

Desde el principio Ángeles fue reputado reaccionario, es un soldado profesional, sus intereses estriban en su mayor parte como hombre que ama la guerra y la batalla, por el solo hecho que la brutalidad y derramamiento de sangre pueden proporcionar. Por el solo hecho de obtener poder.

La carta arriba mencionada del presidente Porfirio Díaz a Ángeles, traiciona el verdadero color del hombre en quien los reaccionarios tenían basadas la mayoría de sus esperanzas en el presente. Tenían esperanzas de que él obtuviera éxito donde Villa amargamente había fracasado. Fue el caballo de batalla cuidadosamente mezclado todo este tiempo entre los rebeldes. Desde el principio que Carranza inauguró la revuelta en contra del usurpador Huerta, él fue el gusano en la manzana de la libertad por la que los mexicanos se están esforzando.

Fue arrestado y puesto en la cárcel por Huerta. Por una razón misteriosa obtuvo su libertad. Para que la atención pública no se fijara en este arresto peculiar, y pronta libertad, fue comisionado a ir a Francia. Apareció repentinamente en México con cartas de alta recomendación de parte de la familia Madero para el Primer Jefe, Carranza. Desde el primer día que se unió a las fuerzas revolucionarias, buscaba la manera de ayudar y proteger los intereses de quienes lo habían recomendado, el poder oscuro de la reacción.

Cuando se separó Villa fue el primero en unírsele. Éste es Ángeles. En realidad está aliado por hombres como Hearst, general Grey Otis, el alto clero católico y otros reaccionarios; con esto es suficiente para manifestar quién es y lo que es.*

* Traducción del inglés del boletín anexo, núm. 54, de mayo 5 de 1915. Publicado por Mexican Bureau of Information.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Fabela, Isidro (Dir.) Fabela Josefina E. de (Coord.) Revolución y régimen constitucionalista. Tomo I. México. FCE. 1960. pp.89-92.