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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1911 Plan de Tacubaya que reforma al Plan de San Luís.

Octubre 31 de 1911

 

Conciudadanos:

La Revolución gloriosa del 20 de Noviembre de 1910 ha sido frustrada por la completa falta de juicio y de tacto del encargado de acatarla y de hacer cumplir sus preceptos. La sangre derramada en los campos de Chihuahua, en las montañas del Sur, en la Patria toda, ha sido inútil para el país y para el pueblo, porque ha aprovechado únicamente a los traficantes de la política que han convertido en oro la muerte de catorce mil ciudadanos. Los ideales supremos de la Revolución: la Libertad y la Justicia, representados en la fórmula "Sufragio Efectivo y No-Reelección", han sido violados brutalmente por los hombres sin conciencia que abandonaron la bandera insurgente para ponerse bajo la protección del futuro prócer, volviendo al régimen personal del nepotismo y de la simonía. La era de paz y de progreso, tan esperada y tan merecida de todos, se vio convertida en una conjuración familiar de especuladores que no sólo agotan el presupuesto y destruyen las fuerzas políticas del país, sino que ponen presos a los que en nombre de la Patria y de los ofrecimientos hechos en el campo de batalla, piden el cumplimiento del Plan de San Luís.

Madero allanó para sí el camino de la Presidencia y abandonó, o arrojo a las cárceles, a todos los que combatieron; se burló de las promesas hechas, impuso gobernadores a pesar de las repetidas protestas de los gobernados, restauró caciques, excluyó a los jefes revolucionarios, llamó a sus parientes y formó con ellos, con sus incondicionales y con elementos viciados de la administración pasada, su corte de adulación y de intriga; se proclamó el único digno de recompensa, por encima de los deseos patrios, por encima de los intereses públicos y de los méritos de los que regaron su sangre y expusieron su vida por el triunfo de los ideales. Injurió al ejército, declaró bandidos a los revolucionarios, porque exigían legalidad y justicia, y no se ocupó de nada ni de nadie, sino de preparar su elección y de asistir a festejos. Con ese fin, postergó a Pascual Orozco, lo mismo que a tantos otros ameritados combatientes; se negó a recibir a los que pedían auxilios y pagos, ordenó se desecharan las reclamaciones de los que no eran ciegos instrumentos suyos, dio el dinero a los que le servían en sus maquinaciones, y para llevar a lo inaudito su ambición y su perfidia, excluyó a nuestro candidato, el inmaculado de la revolución, Lic. D. Emilio Vázquez Gómez, creador del antirreeleccionismo, sostenedor de la causa con su propio peculio y que no especuló con la guerra, porque no se prestaba a los sucios manejos de los Madero y representaba ante ellos la honradez y la rectitud revolucionarias.

Madero, para engañar una vez más al pueblo, llama contrarrevolución a nuestra protesta, y sabe que miente: no combatimos contra la revolución, sino por ella, y continuamos la revolución que él hace fracasar: nuestra bandera es el Plan de San Luís, consagrado por la sangre de nuestros compatriotas, cuyo cumplimiento exigimos. La contra-revolución la ha hecho él, que se hace llamar leader de la revolución; él, que celebra festines sobre los cadáveres de Puebla; él, que ordena la aprehensión de los partidarios del Lic. Emilio Vázquez; él, que encarcela a los periodistas; él, que contrata empréstitos para comprar favoritos y para hacerse de tierras que explotar y de lacayos que dirigir; él, que promete distribuir terrenos y emplea el dinero del pueblo en dar a su hermano Gustavo para redimir las hipotecas de la familia y para tener a sueldo en Nueva Era a los ignominiosos calumniadores de oficio y a los probados enemigos de la revolución.

Hacemos un nuevo llamamiento a los revolucionarios y a los hombres libres, de todas las clases y de todos los gremios. Francisco l. Madero, a las demandas de los insurgentes, que han exigido el cumplimiento del Plan de San Luís, que reivindica para el pueblo la Libertad y para todos la Justicia, ha contestado en última entrevista, y ya nombrado Presidente (único fin que él buscaba), que nada tiene que hacer en esos ramos, pues si el pueblo quiere tierras, debe comprarlas, y si desea libertad debe trabajar para adquirirla; lo que equivale a un reto a la clase proletaria que lo subió al Poder.

Francisco l. Madero, con impudencia escandalosa, el primer día de su gobierno ha restaurado sobre los cadáveres de los bravos soldados federales y de los heroicos insurgentes, el odioso régimen de Porfirio Díaz, desprovisto de tradición y de grandeza. ¡Oh, soldados!, vosotros no defendéis ya la legalidad ni el orden. El mismo Madero ha dicho que vuestra disciplina sirvió para sostener tiranías y para prolongar abyecciones y que no buscaba apoyo en vosotros. Mostradle vuestra dignidad y vuestro valor; sois honra de la República como todos los valientes; no deseamos combatir contra vosotros, sino contra el nuevo tirano; luchamos sólo por la libertad, porque el régimen de la ley está hecho pedazos por el nuevo Presidente, surgido del fraude y asentado sobre vuestros cadáveres y los de los insurrectos, sacrificados todos por el ideal y expoliados hoy por una ambición demente y criminal.

La revolución abrigaba dos traidores en el seno: Madero y Limantour; y el leader con su familia están haciendo de la República un campo de explotación que no tuvo precedente en la época porfiriana. Los primeros actos de Madero fueron: desconocer a la revolución, rodearse de un grupo personalista, exigir la renuncia del señor Lic. Emilio Vázquez Gómez, porque representaba los ideales y la pureza revolucionarias e independientes del lucro personal de la familia Madero, y convocar una Convención, como las porfirianas, para iniciar su política con un acto igual al que determinó la sublevación contra el general Díaz; con la imposición de Pino Suárez para el cargo de Vicepresidente de la República. Francisco I. Madero, por este atentado, ha condenado al fracaso su gobierno y ha decretado la sublevación por las mismas razones expuestas en el Plan de San Luís Potosí que está vigente.

El general Díaz faltó a sus compromisos años después de haber asumido el poder: Madero los ha pisoteado antes de haber sido electo para la Presidencia, mediante la nueva corrupción, a saber: compra de votos y de hombres, imposición por medio de las armas y usando el más escandaloso fraude electoral.

Los científicos produjeron indignación general, porque no sólo invadieron los puestos públicos, sino que, ligados con el Gobierno, ocuparon los empleos privados, la inspección o dirección de !as grandes empresas para obtener rebajas de impuestos, causa de que haya sido imposible una equitativa ley sobre la materia, para conservar directa y decisiva influencia en su favor, y en contra de la mayoría del pueblo.

Madero y la familia de Madero han saqueado el dinero de la Nación, han acaparado los gobiernos de los Estados, los Ministerios, las empresas y concesiones, las tierras y sociedades, y el reparto ha sido de un bandidaje tal, que han consumido las reservas, y ahora aumentan la deuda para poder afrontar las demandas crecientes de sus aliados y para cubrir los compromisos del país, cuyos intereses se dejaron en último término.

Mientras los insurgentes son excluidos, degradados, encarcelados o muertos, los empleados y servidores de D. Porfirio, los hombres del antiguo régimen, Rendón, Díaz Lombardo, Ramos Pedrueza, Rabasa, Castillo, Calero, Casasús, Creel, Pimentel y Fagoaga, recogen la sangre de libertadores y de federales, se agrupan en torno del leader y de sus hermanos y devoran los frutos de la revolución, porque a Madero no le preocupa la libertad ni le importa el pueblo, acostumbrado como está a explotarlo en sus haciendas.

El dinero de la nación sirve para la familia y para los amigos, y el empréstito contraído en los Estados Unidos, para redimir las hipotecas de Gustavo Madero, "Ojo Parado", para poner a sueldo a los que insultan a la revolución y al ejército, para pagar la Hacienda de Chapingo y para costear los banquetes y jiras de Madero.

La nación, escarnecida y horrorizada, se levanta a un solo grito de indignación. y de vergüenza, porque creyó asistir al triunfo trascendental y glorioso de la revolución, y se le hizo asistir a su asesinato y al de nuestros hermanos.

En la conciencia nacional está la evidencia de haber impuesto arbitrariamente el señor Madero al Vice-presidente Pino Suárez, violando y rompiendo en pedazos la voluntad nacional: que ha impuesto y está pretendiendo imponer varios Gobernadores en algunos Estados de la República. Pues bien: si hoy se toleran por el país esas criminales imposiciones, se repetirán tantas veces cuantas el señor Madero o su familia lo quieran, a pesar de los ideales de la revolución; y para evitar tan grande mal, es necesario rebelarse contra aquella primera imposición, para que todo gobierno que en lo porvenir se imponga sepa que con ello determina su caída: sólo de este modo lograremos desde hoy obligar a los gobiernos futuros a que no vuelvan a hacer imposiciones de funcionarios de elección popular, y sólo obrando así podremos curar de tan odiosa enfermedad a la política del Gobierno de la República.

El problema agrario en sus diversas modalidades es, en el fondo, la causa fundamental de la que derivan todos los males del país y de sus habitantes, y por esto se ha resuelto que las diversas soluciones de ese problema deben comenzar a ejecutarse y a realizarse lo mismo que los demás ideales de la revolución, en el momento mismo en que el triunfo se verifique, sin esperar más ni dilatar por motivo alguno la ejecución de las soluciones del problema agrario, que constituye el mejoramiento económico de los habitantes y el establecimiento definitivo del verdadero progreso.

En virtud de lo expuesto, hemos secundado el Plan de Tacubaya que reforma el de San Luís Potosí y que, por ahora, se reduce a los puntos siguientes:

I. Son y se declaran nulas las elecciones de 1º y 15 de octubre y nulos todos los actos que de ellas se deriven.

II. Se declaran disueltas las Cámaras de la Unión y nulos todos sus actos, así como las leyes y decretos emanados de ellas o que de ellas emanen, desde el 15 de septiembre último hasta el quince de diciembre próximo.

III. La revolución nacida del Plan de Tacubaya tiene por móvil, inmediatamente, llevar al señor Lic. D. Emilio Vázquez Gómez a la Presidencia de la República, quien a pesar de habernos aconsejado siempre la paz y el orden es el único estadista que nos da garantías: a nosotros, al país y a todos los hombres, quien se entregará honrada y patrióticamente en la Presidencia. al cumplimiento de los ideales de la gloriosa revolución pasada, y a quien el señor Madero ha reducido, por desgracia para la República, a una completa esterilidad.

Para lograr ese fin, para que el señor p. Emilio Vázquez Gómez en la Presidencia convoque a elecciones de Presidente, de Vice-presidente, de Diputados y Senadores, a fin de que el país entre lo más pronto posible al orden constitucional y para devolver la paz y la tranquilidad a todos los intereses y a todas las conciencias, se han otorgado a aquel eminente liberal, Licenciado D. Emilio Vázquez Gómez, y aquí se confirma el otorgamiento, todas las facultades que sean necesarias.

Hemos meditado mucho antes de dar este paso, pero la salvación de la patria lo exige ya, porque no es posible que se resuelva a quedar sujeta a las intrigas y arbitrariedades y reprobadas ambiciones del señor Madero y de su especuladora familia, ni a caer en el extremo tan temido de volver a ser gobernada por la espada, con ella terminarían todas las garantías que nos otorga nuestra Constitución como hombres y como ciudadanos.

Este movimiento revolucionario, continuación legítima del glorioso grito de insurrección del 20 de Noviembre de 1910, está plenamente justificado por las imposiciones del señor Madero, entre otras la del Vice-presidente Lic. Pino Suárez, fruto de la alarmante y completa falta de juicio, del que no ha sabido ponerse a la altura de las necesidades nacionales ni de las justas demandas del pueblo mexicano.

Para hacer menos grave la continuación del movimiento revolucionario, declaramos que no va contra los Gobernadores ya electos últimamente y aceptados por sus gobernados, sino únicamente contra los caciques que hayan quedado del régimen anterior, contra el señor Madero y sus cómplices que impusieron al Vice-presidente y contra las Cámaras que sancionaron la imposición.

Mexicanos: si os llamamos nuevamente al combate no es con el sólo fin de quitar a un hombre de la silla presidencial para poner otro, sino para llevar a su término los ideales u objeto único de la revolución:

Resolver de una vez y para siempre nuestro problema agrario e impartir la Justicia por igual a todos los hombres, respetando y haciendo respetar la Ley, cuyo respeto debe ser el fundamento de la paz. Tacubaya, octubre 31 de 1911.

Paulino Martínez, 1er. Vocal, rúbrica. Dr. Policarpo Rueda, 2º Vocal, rúbrica. Francisco I. Guzmán, Secretario, rúbrica.

 

Fuente: Fuentes para la Historia de la Revolución Mexicana. I Planes Políticos y Otros Documentos. México. Fondo de Cultura Económica. 1974. 353 págs.

 

Manifiesto del Lic. Emilio Vázquez Gómez a la Nación. 17 de febrero de 1912

En la Ciudad de Tacubaya, á 31 de Octubre del año que ataba de pasar estando yo ausente del país, fué subscrito por correligionarios míos, el Plan que lleva aquel nombre, llamando nuevamente a las armas al Pueblo Mexicano, para continuar la Gloriosa Revolución del Plan de San Luis Potosí á virtud de haber sido abandonados y aun destruidos por el jefe de aquella revolución, Ciudadano Francisco I. Madero, los altos ideales proclamados por el mencionado Plan de San Luis y triunfantes en la revolución última.

En el Plan de Tacubaya se declaran nulas las elecciones generales de lo. y 15 de Octubre de 1911, por la imposición Vicepresidencial; se declaran disueltas las Cámaras del Congreso de la Nación y nulos todos sus actos comprendidos desde el 15 de Septiembre al 15 de Diciembre anteriores; se manda sean respetadas las elecciones hechas legalmente por los Estados, de sus respectivas autoridades, y se proclama, por último, que la continuación que la actual revolución, conforme al Plan de Tacubaya, tiene por objeto inmediato llevarme, obtenido el triunfo, á la Presidencia de la República, con el uso de todas las facultades necesarias para convocar á elecciones generales de Presidente y Vicepresidente de la República, de Diputados y Senadores del Congreso de la Unión, para que en ese alto puesto comience desde luego é inmediatamente á la realización de los gloriosos ideales conquistados por la revolución de Noviembre, á fin de restablecer la paz y la tranquilidad del país, que se encontraban alteradas ya cuando fué proclamado el Plan de Tacubaya.

Desde los últimos días de Septiembre del año pasado, hasta los actuales momentos, he permanecido y permanezco en tierra extranjera sin tomar participio en la política de mi país, fuera de la escasa correspondencia dirigida á la prensa y á algunas personalidades de México, aconsejando algo de lo que debiera hacerse para curar las profundas y siempre lloradas dolencias que amargamente sufría y sigue sufriendo mi Patria.

La conducta del Gobierno del C. Francisco L Madero, al abandonar y aun destruir los sagrados ideales de la revolución, y ella exclusivamente, ha creado y desarrollado en el Sur, en el Norte, y aun en el Centro de la República, formidables movimientos revolucionarios, que acabarán con el Gobierno actual en brevísimos días. Ese movimiento armado lleva como fin general el triunfo del Plan de Tacubaya, que reforma al de San Luis, y como bandera general, mi humilde nombre.

Con esos movimientos revolucionarios, el Pueblo Mexicano, desengañado de la conducta del Sr. Madero, busca ansiosa y patrióticamente que sean un hecho y una verdad, en su vida cuotidiana, los ideales de la Libertad Política; de la Justicia, en todas sus manifestaciones; el establecimiento de la irrigación por el Estado; la adquisición y división, sin daño de nadie, de grandes extensiones territoriales, para formar en abundancia legiones de pequeños propietarios en el país, para establecer la paz y el engrandecimiento de México; y aún se extienda, en algunas regiones, á readquirir para los pequeños pueblos, tierras, aguas y montes, y disfruten así de una vida de trabajo honrado, exenta de miserias, y contraria á la sórdida y abyecta que ha venido soportando hace muchos años.

En presencia de los acontecimientos tan trascendentales, engendrados por el vivo deseo y por la resolución inquebrantable del Pueblo Mexicano de llevar, sincera, honrada y patrióticamente á su triunfo y a su realización completa los gloriosos ideales de la revolución, porque vé claramente en ellos la anhelada conquista de su engrandecimiento moral, intelectual, político y económico, siento el deber, ante esos acontecimientos, de romper mi silencio y de declarar, como solemnemente lo declaro, que, con profundo agradecimiento y con la conciencia de los altos deberes que se me imponen, aceptaré el puesto de Presidente Interino de la República Mexicana, llegada la vez, para cumplir, como protesto cumplir honrada y patrióticamente, los altos deberes que me imponen aquel altísimo cargo y el Plan de San Luis Potosí, reformado en Tacubaya.

He reputado indispensable formular la protesta y declaración anteriores, porque todos los mexicanos debemos estar siempre é inexcusablemente al servicio de la Patria, donde la Patria nos llame.

Comprendo la grave responsabilidad que asume un Ciudadano que en tan difíciles y graves circunstancias como las que vienen, se resuelve á tomar el timón del Estado, para dirigirlo firmemente hacia la vuelta al orden Constitucional y hacia la paz, hacia la realización de los ideales conquistados y ambicionados por todos; pero tengo fe, fe profunda en que con la mirada fija y resistentemente clavada en nuestras supremas Leyes y en los ideales revolucionarios, únicos faros que iluminarán nuestro camino, y con apoyo en el esfuerzo común de todos y en el acendrado patriotismo que el heroico ejemplo de nuestros mayores, en casos semejantes, á inspirado en el corazón del Pueblo Mexicano, llegaremos todos unidos al ansiado puerto en donde encontraremos la salvación y el engrandecimiento de esa Patria sagrada que nos legaron nuestros padres, y que protestamos entregar á nuestros hijos íntegra y dignamente.

Continúo y continuaré residiendo en esta ciudad, sin tomar como no he tomado participación alguna en el movimiento armado que está operándose en mi país; pero me permito recomendar, nada más que como simple ciudadano hoy, á todos mis correligionarios que están ó estén en armas, el mayor orden posible en todos los actos; profundo respeto y aun verdadera protección á la vida del hombre de paz, quien quiera que sea, nacional ó extranjero, que así es como se conducen todas las causas justas, nobles y patrióticas: así lo exigen inexorablemente la cultura, el decoro y la dignidad nacionales en todo tiempo y en todas circunstancias.

Hago especial recomendación respecto de los extranjeros: ellos han contribuido y siguen contribuyendo eficaz y poderosamente con los capitales y con las enseñanzas provechosas que nos llevan, á la elevación de los mexicanos y al progreso del país, y es necesario que tengan en nuestra conducta honrada y digna una garantía y protección reales para sus vidas y sus intereses; y así debemos hacerlo invariablemente para justificación y crédito de nuestra causa, y para mantener, en presencia de los demás pueblos de la tierra, la cultura de nuestro pueblo y la dignidad de la nación.

Todo por la Patria y para la Patria. San Antonio, Febrero 17 de 1912.

Emilio Vázquez.