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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1911 Manifiesto de Francisco I. Madero sobre su apoyo a la candidatura de Pino Suárez para la vicepresidencia.

Octubre 12 de 1911

Conciudadanos:

La confianza que me habéis demostrado al votar casi unánimemente por mí para la Presidencia de la Republica, según aparece en el resultado de las elecciones de primero del actual, me impone el deber de dirigirme a vosotros, con la misma franqueza que siempre he acostumbrado.

EI domingo próximo los electores se reunirán para designar candidatos a la Presidencia y Vice-Presidencia de la Republica. Como he dicho, las informaciones que tengo me hacen creer que casi unánimemente seré designado para el primer alto puesto. Para el segundo se divide la opinión entre tres ciudadanos: el señor Doctor Francisco Vázquez Gómez, el señor Lic. José Maria Pino Suárez y el actual Presidente de la Republica, señor Lic. Francisco L. de la Barra.

Los dos primeros candidatos son del partido revolucionario, representado por el Partido Constitucional Progresista y el Partido Liberal y el último es el candidato del Partido Católico y numerosos miembros del antiguo régimen.

Como los tres partidos políticos me han postulado a mí para Presidente, se ha querido alegar por algunos que no tengo derecho a trabajar por ningún candidato a la Vicepresidencia, y los trabajos que he hecho hasta ahora, se han juzgado como si se tratara de una imposición.

Si únicamente me preocupara por mí mismo y no pensase en el porvenir de la Patria y los ideales del partido revolucionario, efectivamente podría permanecer neutral en la contienda política Vicepresidencial. Pero nunca me ha arredrado la lucha cuando se trata de servir al país y siempre he tenido la convicción que al defenderla he de ser atacado por todos los que no persiguen el mismo ideal patriótico.

Más que ninguno otro mexicano tengo el derecho y la obligación de preocuparme por la cuestión Vicepresidencial, no solo porque el hecho de depositar en mí su confianza mis conciudadanos, me impone el deber de ilustrarlos con mi opinión cuanto me sea posible, sino porque desde el momento en que el Vicepresidente va a estar a mi lado y va a ser para mí un motivo de tranquilidad ó de zozobra, va a ser el colaborador leal que me ayude a vencer todos los obstáculos ó bien pueda constituir una rémora, es natural que me preocupe más que ningún otro ciudadano por la cuestión Vicepresidencial.

Por este motivo he trabajado dentro de los principios democráticos por sostener la candidatura del Licenciado José Maria Pino Suárez, que ha sido siempre leal conmigo y siempre ha servido a la causa de la revolución con abnegación, desinterés y patriotismo y he combatido la del Doctor Vázquez Gómez principalmente por el hecho de no haberse sometido dicho candidato al fallo de la Convención, provocando con eso una lamentable división en nuestro partido y también por haber demostrado con sus últimos actos que no vacilaría en servir de jefe a algunos partidos que se organizasen para crearme obstáculos. A pesar de esto, quise intervenir para que no se prolongase esa lucha y celebré una conferencia con él que fue infructuosa.

En cuanto al señor Lic. Francisco L. de la Barra, candidato del Partido Católico, como el había manifestado que no aceptaría la candidatura, nunca creí que los trabajos emprendidos a su favor fueran de tanta importancia, tanto más cuanto que esto estaba en pugna con el principio de No-Reelección, aceptado ya por la conciencia nacional y norma de la política del señor de la Barra en lo relativo a los Estados.

A pesar de esto no cuenta sino con una importante minoría y propuse a los miembros del Partido Católico que en vez de llevar su candidatura a una derrota casi segura, trabajaran por el señor Lic. Pino Suárez; pero como ese candidato no satisface sus aspiraciones se han negado terminantemente a ello. La lucha está pues, entre dos candidatos del Partido Progresista o Revolucionario, y uno del Partido Católico. Si todos los elementos del primer partido estuviesen unidos, como debía haber sido, puesto que para eso se reunió una Convención, el resultado sería que una inmensa mayoría estaría con su candidato; pero la división ha hecho que una parte apoye la candidatura del señor Lic. Francisco L. de la Barra. Muchos de estos lo hacen porque han creído que yo pretendo imponer al Lic. Pino Suárez, y han adoptado esa candidatura como una especie de protesta, sin comprender que yo no he pretendido imponer en ninguna forma la candidatura del Lic. Pino Suárez, sino que la he recomendado, porque honradamente creo que es la que más conviene para el país, y el hecho de que yo recomiende una candidatura no debía de ser un inconveniente para los que han depositado en mí su confianza, y quieren poner sobre mis hombros una carga tan pesada, como es la presidencia de la Republica.

Si los que así piensan es porque no tienen confianza en mí y quieren poner a mi lado una persona que mañana pueda servir de bandera para hacerme la oposición, entonces está justificado su proceder; pero sí deseo con vehemencia que ningunos lo hagan imbuidos por el error de creer que yo pretendo imponer algún candidato.

A todos les consta que no hubo presión ninguna en la Convención ni en las elecciones ni la habrá tampoco, y en prueba de mi dicho de que la voluntad del pueblo será respetada, desde ahora inicio la idea de que los diversos partidos políticos antes de conocer el resultado de las elecciones presenten una iniciativa a la Cámara de Diputados, pidiéndole respetuosamente que en caso de que ninguno de los tres candidatos obtenga la mayoría absoluta y la Cámara deba erigirse en cuerpo electoral que elija como candidato a la Vicepresidencia al ciudadano que tenga mas votos de los tres.

Yo por mi parte, hago mía igual suplica y prometo solemnemente respetar el fallo del Congreso, que obrando de esta manera no hará sino reflejar la opinión del pueblo mexicano.

Conciudadanos: Es difícil la tarea que me imponéis de gobernar a la República por cinco años. Ocupar la Presidencia es para mí un honor y un cargo que acepto con gusto porque creo que podré servir a mi Patria, si sigo contando con la confianza de mis conciudadanos que será mi única fuerza.

Deseo que no os dejéis engañar por los eternos enemigos del pueblo, deseo que sepáis que no he descansado ni un momento para defender vuestros derechos y que no ha dependido de mí evitar que en Aguascalientes se pretenda burlar el voto publico y que en Morelos y Chiapas se haya vuelto a derramar sangre humana a torrentes. No he podido evitar esto, porque debido a la delicada situación que pasó el país en la época en que se desarrollaron esos acontecimientos, creí que mi deber era sostener a todo trance al actual Gobierno, aun poniendo en riesgo mi propio prestigio, puesto que por muchos se ha creído que en parte he sido el culpable de esos lamentables acontecimientos.

Tened la seguridad de que yo siempre respetaré la voluntad del pueblo y defenderé lealmente sus derechos.

En cuanto a la cuestión Vicepresidencial, repito, a pesar de que honradamente creo que quien mejor garantiza las aspiraciones del partido revolucionario y podrá guiar a la República por el mismo sendero que yo le trace, será el Lic. José Maria Pino Suárez, me inclinaré respetuoso y acataré sin reserva alguna al que designe la mayoría de los electores.

Que esta mi declaración y mi iniciativa para que se dirijan los partidos políticos a las Cámaras sea el mejor mentís de los que como arma política me han calumniado pretendiendo que muy pronto olvide las promesas hechas al pueblo de respetar el voto publico. Que esto no se confunda con mis inalienables derechos de ciudadano que me permiten trabajar por el triunfo del candidato Vicepresidencial que crea más conveniente.

Tengo plena confianza en la cordura y patriotismo del pueblo mexicano y la seguridad de que los electores resolverán el problema que tienen ante sí del modo más acertado y que mejor satisfaga las profundas aspiraciones de la Nación, de que se implante de un modo definitivo un nuevo régimen de justicia y de libertad.

México, D.F. 12 de Octubre de 1911.