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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1911 Carta de Francisco Vázquez Gómez a Madero y respuesta a la misma

México, a 22 de julio de 1911.

 

Señor don Francisco I. Madero.
Tehuacán, Pue.

Muy estimado amigo:

Asuntos que considero de gravedad me obligan a escribirle y a suplicarle me dé su opinión sobre los puntos que trato. Seré lo más conciso que pueda para no quitarle tiempo; pero le ruego que lea y medite esta carta, para que obre con todo conocimiento de causa.

1° Como se lo he dicho muchas veces, considero una medida impolítica la separación de mi hermano del Ministerio de Gobernación, porque, como se lo he repetido hasta el cansancio, la revolución no está representada en el Gabinete como debía estarlo, pues ahora sólo tiene tres representantes; y si mi hermano sale, quedarán dos.

De esto se da cuenta todo el país, amigos y enemigos, y en los primeros comienza a notarse un movimiento de cierta desconfianza hacia usted, debido a que piensan que usted olvida sus compromisos y los sacrificios de la revolución y comienza a traicionarlos echándose en brazos del enemigo.

2° La separación de mi hermano, con toda seguridad, va a producir una honda y peligrosa división en nuestro partido, de lo cual se aprovechará el enemigo y nos dominará. Esto no tendría mucha importancia si se tratara de nuestras personas solamente; pero ¿qué hará el país y qué harán nuestros partidarios al darse cuenta de que usted ha puesto el triunfo de la revolución en manos del enemigo? Vendrá una división terrible y usted habrá perdido su prestigio ante el país, de una manera completa; y como su amigo sincero que soy, debo decirle que ya lo está perdiendo rápidamente.

Cierto es que el licenciado Cabrera es hombre de confianza para nosotros, pero el partido revolucionario lo considera reyista; y si a esto se agrega que es reyista el que será jefe de las fuerzas revolucionarias, el sentimiento antirreyista aumentará considerablemente y aumentará también la desconfianza hacia usted. Y, a mi juicio, deben evitarse estas divisiones.

En consecuencia, insisto con toda la energía que exigen las circunstancias, en que Emilio permanezca en su puesto y que pida una licencia al aproximarse las elecciones, en septiembre; porque esto no indica división en el partido, mientras que su renuncia en estos momentos significa una ruptura con el gobierno actual, que debe ser el representante de la revolución, y mi hermano se vería obligado a explicar ante el país el porqué de su separación en los actuales momentos. Esto no es un asunto de familia como usted cree: es cuestión de política y de exigencias de los intereses de la revolución misma.

Piénselo bien

3° Usted me ha dicho que el señor Presidente no está de acuerdo con mi hermano por el modus faciendi, y que él es quien desea la separación. En virtud de la gravedad del caso, hablé con el señor Presidente de este asunto, y me dijo que nada tenía que decir de mi hermano, pero que los revolucionarios lo exigían porque lo consideraban débil en sus determinaciones. Pues bien: ahora resulta que una comisión de jefes revolucionarios fue a pedir al señor Presidente que por ningún motivo consintiera en la separación de mi hermano, porque la miraban como un signo de que el partido revolucionario iba perdiendo rápidamente su influencia en el gabinete y poniendo éste en manos extrañas a la revolución. El Presidente se limitó a decir que ustedes consideraban débil a mi hermano.

4° Resulta entonces que los únicos realmente que piden la separación de mi hermano son el grupo de disidentes dirigidos por Gustavo, su hermano, quienes fueron a pedírselo al Presidente; pero esto lo hacen porque son enemigos míos y trabajan en contra mía de una manera activa y ya no oculta, por más que usted me haya dicho que los había disuadido. Si usted les ha dicho algo sobre el particular, el hecho es que no lo obedecen y continúan sus trabajos activa y enérgicamente.

En resumen: la separación de Emilio en estos momentos, significa que usted pone en manos extrañas el triunfo de la revolución; que los revolucionarios conscientes desconfían de usted lo mismo que los simpatizadores de buena fe; que usted perderá su prestigio como ya lo está perdiendo, y que, en el caso de que las disidencias lleguen hasta la violencia, según lo hace presentir el acta que usted conoce, tendrá usted que combatir a los mismos que le dieron el triunfo, apoyándose en los que fueron sus enemigos; y cuando éstos se den cuenta de que ellos son el apoyo de usted, lo arrojarán de su seno. Esto es muy grave para el país, para el partido revolucionario y para nosotros mismos; es decir, usted y yo y los demás partidarios.

5° Remedio radical:

Primero. Aumentar en lugar de disminuir en el gabinete el número de los representantes de la revolución, cambiando principalmente el de Justicia (licenciado Calero).

Segundo. Conservar a Emilio en Gobernación hasta poco antes de las elecciones en que pedirá una licencia como habíamos convenido.

Tercero. Nombrar como jefe o inspector de rurales y revolucionarios a un general revolucionario (Figueroa), con un Estado Mayor técnico que se ocupe en organizar a los revolucionarios.

Cuarto. Mantenernos unidos a toda costa, porque lo que están haciendo sus enemigos es impolítico en estos momentos.

Quinto. Acentuar la acción sobre el enemigo para satisfacer a la opinión pública, al partido revolucionario y a la justicia.

Si no se hace ésto rodamos, y ni usted ni yo tendremos probabilidades del triunfo en las próximas elecciones.

Sexto. Nunca he sido partidario de que usted haga declaraciones en la prensa, porque de ellas toman pie los enemigos para entablar polémicas a que usted no debe dar lugar en estos momentos. Así pues, opino que guarde el silencio más absoluto en materia de prensa, y que si me tiene confianza, me comunique sus ideas en los asuntos serios, para darle mi opinión. Esto no lo hago por imponerme, ni mucho menos, sino para obrar de acuerdo, unidos y para hacerle saber cosas que llegan a mí por otros conductos. Yo le he de decir siempre la verdad y de buena fe, esté usted seguro.

Repito: lea usted con calma esta carta, medítela y detenga usted la salida de Emilio y el nombramiento del jefe o inspector de rurales. Es absolutamente indispensable.

Saludos afectuosos a su apreciable señora, un abrazo de su amigo, y en espera de su contestación sobre estas cosas, quedo su afmo. y S. S.

F. Vázquez Gómez.

 

RESPUESTA DE MADERO

 

Tehuacán, Puebla, 22 de julio de 1911.
Señor doctor Francisco Vázquez Gómez.
México, D. F.

Muy estimado amigo:

Acabo de recibir su grata de ayer, que contesto desde luego, para que no pierda tiempo su enviado.

No veo, como usted, un peligro en la separación del licenciado Emilio Vázquez del Ministerio, pues no habrá quien lo atribuya a divisiones entre nosotros. Además, no es preciso que renuncie: yo ya se lo indiqué en la carta que le escribí sobre el asunto, diciéndole que podía pedir una licencia en caso de que pensara salir fuera de México, pues no sería verosímil ni conveniente que pidiera licencia para retirarse del Ministerio y permaneciera en la capital.

Tampoco creo se va a decir que perdamos representantes en el Ministerio, porque el licenciado Luis Cabrera es reconocido como miembro de nuestro partido y nadie teme ya al reyismo. Por lo demás, en vez de perder en fuerza en el Ministerio, hemos ganado, pues ahora tenemos al Ministro de la Guerra de nuestra parte, que olvida usted contar, porque a González Salas yo lo considero completamente nuestro, y es el Ministerio más importante en los actuales momentos, el de Guerra (después de Gobernación, por supuesto).

Recuerde que desde la otra vez que hablé con usted convinimos en que su hermano se retiraría a fines de este mes y no ha habido ninguna circunstancia que venga a indicar la necesidad de cambiar de determinación.

En caso de que de un modo real viésemos que había desconfianza en la opinión, lo cual no existe, el Ministerio que se podía cambiar era el de Calero; pero no lo juzgo necesario, porque no veo la situación tan alarmante como usted la ve.

Respecto a la circunstancia de que usted y yo resultemos derrotados en las elecciones, lo veo sumamente remoto y no debe alarmarse por lo que dicen los periódicos, que como no tienen ahora la amenaza de antes, están haciendo alardes de independencia y de valor, Pero la opinión pública no es tan fácil de desviarse como se cree, ni es tan tonto el pueblo para irse a creer del Imparcial y El Diario.

Ya le he explicado a usted por qué aparentemente he perdido prestigio. Recientemente obtenido el triunfo, los vencidos no sabían cómo los trataríamos y estaban con un temor grandísimo, por eso no revelaban su modo de pensar; pero cuando han visto que pueden con entera libertad manifestar sus opiniones, ahora nos atacan; pero es mejor que así lo hagan, porque así conocemos a nuestros adversarios y nos cuidaremos de ellos; además de que yo no temo las luchas democráticas.

Yo creo que con La Nueva Era va a ser muy suficiente para encauzar perfectamente la opinión.

Ya sabe cuánto quiero a su hermano el licenciado, pero no creo que sea un mal para él ni para la causa, que se separe en los momentos actuales.

Respecto al nombramiento de inspector de rurales, yo también tenía muchos deseos de que hubiera sido Figueroa, pero me parece que nó tiene los conocimientos necesarios para organizar el cuerpo de rurales en toda la República. Además, ahora ya está acordado que sea el general Villaseñor y a éste le habló el Presidente de acuerdo conmigo.

Respecto a las ideas reyistas de este señor, no hay que preocuparse, pues fue reyista en la época en que se creía que Reyes era una esperanza para la patria y no tiene ningún compromiso personal con él, así es que no tenemos por qué temer que vaya a conspirar contra nosotros, puesto que es la única forma en que él podía hacerlo, si es que llega a intentar algo.

En cuanto a los trabajos de Gustavo contra usted, no sé en qué sentido dice usted que son ostensibles, pues ayer estuvo aquí Sánchez Azcona conmigo y hablamos extensamente y no me dijo nada de ello; por lo contrario, todos en el Comité están de acuerdo en que usted siga siendo el candidato del partido para la Vicepresidencia.

No puede usted atribuir a esos trabajos la renuncia del licenciado Vázquez, pues usted sabe que desde hace mucho tiempo el señor Presidente lo deseaba, por razones que extensamente le he referido.

Respecto a la solicitud que hicieron los generales Navarro y Azuera, Salgado, etcétera, me parece inconveniente, porque no deben ellos andarse metiendo en cuestiones políticas.

Usted sabe que la mayor parte de los que firmaron esa carta a usted son los mismos que firmaron aquel plan famoso, por cuyo motivo no debemos permitirles que tomen ingerencia en asuntos que nos incumben, porque donde nos dejemos dominar por ellos, sería sumamente peligroso.

Es conveniente, pues, que haga usted saber esto a los jefes revolucionarios.

Recuerdos a su apreciable familia y mi abrazo para don Emilio y me repico una vez más su amigo que mucho lo aprecia y su atto. S. S.

Francisco I. Madero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Magaña Gildardo. Emiliano Zapata y el agrarismo en México. México, INEHRM [Revolución. Obras Fundamentales], 1937. 5 tomos.