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1908 La nacionalización de los ferrocarriles. Limantour.

Marzo 28 de 1908

 

 

La base de la política del gobierno en materia de ferrocarriles puede en último análisis concretarse diciendo que ha consistido sustancialmente: en primer lugar, en poner el país a cubierto de las fatales consecuencias que le habría acarreado la absorción inevitable de sus grandes vías de comunicación por alguna de las empresas ferroviarias de la República vecina; en segundo lugar, en perfeccionar la red de los ferrocarriles mexicanos, bien sea desde el punto de vista de la localización de las vías o de la comodidad y baratura del transporte; y, por último, en facilitar la organización financiera de las compañías respectivas que, por carecer de elementos pecuniarios y del crédito indispensable para procurárselos se hallaban hasta cierto punto incapacitadas para seguir extendiendo sus líneas y para desarrollar con ellas las riquezas naturales del país [p. IX].

No hay persona medianamente impuesta de las tendencias manifestadas en los últimos lustros por las gigantescas empresas de diverso género en los Estados Unidos del Norte que considere ilusorio el peligro de que nuestras principales arterias de tráfico pasasen a poder de algunos de los sistemas de ferrocarriles americanos. Sin necesidad de acudir a hechos concretos relacionados con diversas tentativas de esa índole, que resultaron frustradas por causas independientes de la voluntad de sus autores, basta ver, para persuadirse de dicho peligro, lo que pasa allende nuestras fronteras, donde se realizan a diario combinaciones cuyo objeto fundamental es la dominación de unas empresas por otras, la explotación sin freno de industrias más o menos monopolizadas y la constitución de grandes entidades manejadas por unos cuantos individuos, en cuyas manos se encuentra de hecho la suerte económica de extensas regiones y que por lo mismo ejercen una influencia poderosísima en la política dé su país. Parece inútil por tanto, con presencia de los ejemplos que tenemos a la vista, puntualizar las consecuencias desastrosas que acarrearían para México, así la explotación de nuestras vías férreas en favor de los extranjeros, bajo cuya dependencia llegasen a caer, como la presión que ejercitarían esas poderosas entidades sobre los negocios públicos de más importancia [p. XI].

Y no puede alegarse que para resistir al colosal empuje de las coaliciones de intereses extranjeros disponemos de armas eficaces en los derechos que se ha reservado el gobierno al otorgar las concesiones de construcción y explotación de ferrocarriles, porque no se previo, ni era posible prever en el momento en que tales concesiones fueron otorgadas, las múltiples y fecundas combinaciones comerciales que en parte han venido a nulificar la acción protectora del gobierno en favor de los intereses nacionales. ¿De qué sirve el requisito de la venia del ejecutivo federal para que un traspaso o fusión de líneas pueda llevarse a efecto, si la absorción de una empresa por otra es realizable por medio de una simple compra de acciones? ¿No se embotarían las facultades de la comisión de tarifas en materia de fletes de artículos extranjeros, si las líneas mexicanas llegasen a hacer caer bajo el dominio de los ferrocarriles igualmente extranjeros, con los que están aquéllos ligados en la frontera? ¿Podríamos evitar con las cláusulas de las concesiones que confundidas nuestras líneas con otras más poderosas fuera de la República, y manejadas unas y otras por compañías organizadas con arreglo a leyes también extranjeras, y de las cuales estuviese excluido todo elemento mexicano, se explotase nuestro territorio como país de conquista y ejerciesen de hecho esas colosales empresas una intervención más o menos disimulada en la vida económica y política de la nación?

No ha vacilado un solo momento el gobierno en contestar estas preguntas y otras semejantes con la serie de actos en que ha desarrollado su política en esta materia, y confía en que la inmensa mayoría de los habitantes de la República aprobará su conducta [p. XII].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

León-Portilla, Miguel. Historia documental de México / edición de Miguel León-Portilla. — Cuarta edición corregida y aumentada. — México: UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 2013. 3 volúmenes. — (Instituto de Investigaciones Históricas. Serie documental; 4)