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1906 Informe Presidencial

Porfirio Díaz, 16 de Septiembre de 1906

Al principiar el mes de junio se produjo en el mineral de Cananea, Sonora, un movimiento obrero encaminado a obtener un aumento de salarios, que degeneró bien pronto en grave perturbación del orden público. A no haber sido reprimido con prontitud y energía, si bien con prudencia, habría podido alcanzar más serias proporciones y aún tener consecuencias trascendentales. La pronta y enérgica acción del gobernador del Estado y del jefe de la Primera Zona Militar puso fin al trastorno sin retardo. Algunos agitadores intentaron dar al movimiento un carácter político; pero la clase obrera, con buen sentido, se abstuvo de secundar esas ideas y la negociación que opera en el referido mineral reanudó inmediatamente sus labores sin que hasta ahora haya vuelto a presentarse indicio de nuevas perturbaciones. Las autoridades judiciales instruyen el proceso respectivo para averiguar los hechos y castigar a los culpables de los homicidios, incendios y demás delitos perpetrados.

Recientemente ha habido otros movimientos obreros, principalmente huelgas parciales, habiendo sido las más importantes, las realizadas por mecánicos del Ferrocarril Central Mexicano, que en número considerable abandonaron varios de los talleres de la compañía en actitud enteramente pacífica y limitándose a suspender el trabajo, con el fin de obtener determinadas condiciones de la empresa. Estando en su derecho han sido respetados por la autoridad, la que se ha concretado a vigilar que no se altere el orden público, ni se cometan otros delitos, y a dar a conocer su firme resolución de reprimir con toda energía cualquier trastorno que llegare a iniciarse. Se ha observado por parte de los obreros una marcada tendencia a constituir corporaciones unionistas y mutualistas con el fin de adquirir la fuerza que consideran necesaria para imponer condiciones a las empresas. El ejecutivo se complace en reconocer el derecho de las clases trabajadoras para asociarse, siempre que respeten todos los intereses legítimos, tanto los de los capitalistas mismos como de los demás trabajadores; pues si es respetable el derecho de los que se niegan a trabajar bajo determinadas condiciones, no es menos respetable el derecho que tienen a trabajar bajo esas mismas condiciones quienes las aceptan. Uno y otro son consecuencia necesaria y forzosa de la libertad individual. El ejecutivo resuelto a hacer respetar todos los derechos y a conservar inalterable el orden público, espera del buen sentido y patriotismo de los capitalistas y de los obreros mexicanos, que perseveren en el respeto al derecho ajeno, lo cual redundará en bien de ellos mismos y del país en general.