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1906 Todavía es tiempo. Ricardo Flores Magón.

El Colmillo Público, núm. 146, 24 de junio de 1906, pp. 382-383

 

 

No sabemos si los elocuentes hechos de Cananea habrán convencido al fin a los que, ciegos, no han podido ver el peligro que entraña el fenomenal incremento del capital americano en nuestra patria.

Embrutecidos por las mentiras que propalan los periódicos de la dictadura, no reflexionamos, no nos tomamos el trabajo de pensar -puesto que el gobierno piensa por nosotros- lo peligroso que es para una nación débil como la nuestra, situada al alcance de la mano de otra nación poderosa y ambiciosa, esa prodigiosidad de franquicias que, puede decirse, pone nuestros intereses y aun la soberanía nacional a merced de la ambición del coloso americano.

Don Porfirio Díaz no ha encontrado otra cosa para hacerse el bombo a que está tan acostumbrado y que tanto necesita para que se le crea necesario por los bobos, que abrir los brazos a los negociantes extranjeros que, agradecidos, propalan en el exterior la grandeza de un gobierno en la que no creen los mexicanos.

Bien convencido nuestro dictador de que el pueblo detesta su largo reinado, busca en el exterior el prestigio de que aquí carece, y tanto a eso como a los turbios negocios a que se entregan muchos de sus favoritos con quienes no quiere ni podría reñir, porque son su único apoyo interior, se debe esa invasión espantosa del capital americano que ya preludia el futuro desastre de nuestra nacionalidad.

Nuestro porvenir, de continuar esa política de servilismo para el yanqui que ha dado tan triste fama a nuestro gobierno entre el pueblo, y ha despreciado tanto a nuestra nación en el exterior, porque las adulaciones interesadas que se hacen de Porfirio Díaz en el extranjero trascienden a mercenarismo, nuestro porvenir es ya bien claro: la esclavitud y la conquista.

Los hechos de Cananea han venido a hacer la luz.

Muchos creían inofensiva la invasión del capital americano, sin sospechar que cada dólar invertido en nuestro país está apoyado por una bayoneta sajona pronta a derramar sangre mexicana al primer síntoma de peligro.

En efecto; el capital americano en nuestra patria constituye un peligro, es una amenaza que tenemos suspendida sobre nuestras cabezas, y amenaza que ha comenzado a realizarse para nuestra vergüenza.

Por la prensa independiente están enterados los mexicanos de lo que ocurrió en Cananea los primeros días de este mes, pues la prensa gobiernista ha procurado callar, y a lo sumo, como para calmar la pública inquietud, se ha limitado a referir una parte de los acontecimientos, pero guardándose los más graves, los que al gobierno no le conviene que se conozcan porque son condenación más severa.

El 1° de junio, como se sabe, los mineros mexicanos que trabajan en los diferentes campos mineros de la Cananea Consolidated Copper Co. se reunieron en número de cinco mil para solicitar del coronel Greene (1) dueño de las minas de Cananea, el aumento de los salarios a cinco pesos diarios y la implantación de la jornada máxima de ocho horas. El coronel Greene recibió la comisión nombrada entre los obreros, oyó la justísima demanda que se le hacía, pero como el gobierno ha dado la consigna a las grandes negociaciones de que no paguen buenos salarios a los trabajadores, el dueño de las minas no concedió lo que los mineros pedían, diciéndoles que tenía que pedir el consentimiento al gobierno para poder atenderlos.

Los obreros, por ese motivo, dejaron los trabajos, pero como los obreros americanos, que ganan el doble que nuestros compatriotas en nuestro país, habían ya entrado a trabajar, los mexicanos fueron a invitarlos en nombre de la solidaridad a que se les unieran para paralizar completamente los trabajos y obligar a la Cananea Consolidated Copper Co. a elevar los salarios y a adoptar las ocho horas de trabajo.

En actitud pacífica, aunque viril y resuelta, nuestros compatriotas se dirigieron a los obreros americanos a que los acompañasen en la huelga, y fueron recibidos a balazos. La cobarde y brutal agresión de los gringos encolerizó a nuestros compatriotas, quienes correspondieron a pedradas los tiros que se les disparaban. Dos gringos, hermanos, llamados Metcalf, (2) murieron a pedradas y como dieciséis mexicanos murieron a balazos.

Después de este incidente, muchos americanos bien armados se entretuvieron en disparar sus armas al interior de las casas de los mexicanos que, indignados por tanta felonía, tomaron las armas que encontraron en un montepío y se defendieron.

Los gringos son esencialmente cobardes y pusieron el grito en el cielo. Ellos fueron los que provocaron la ira de los mexicanos y fueron los primeros en pedir auxilio, pero no a las autoridades mexicanas, sino a las americanas, que inmediatamente movilizaron fuerzas armadas para penetrar a territorio mexicano.

Al llegar a la frontera, rumbo a México, las fuerzas americanas, con la arrogancia estúpida del sajón, pretendieron penetrar a nuestro territorio, pero los empleados mexicanos de la aduana de Naco, Sonora, impidieron ese ultraje a la soberanía nacional. La negativa de los empleados de la aduana fue contestada a tiros por las fuerzas americanas, entablándose un combate que pudo ser más serio si más valerosos fueran los sajones. Los empleados de la aduana hicieron retroceder a las fuerzas americanas, con un resultado de tres muertos por cada lado.

El gobernador Izábal demostró falta de serenidad en los casos de peligro, y también su falta de patriotismo permitiendo que las fuerzas americanas se internaran a territorio mexicano, donde permanecieron hasta que se calmó la excitación de los obreros. Esto lo niega El Imparcial, pero es cierto.

Se ve, pues, que es realmente peligroso el incremento del capital americano en nuestro país. Ya no se trata de temores más o menos fundados, sino de una realidad que debería avergonzarnos; cada dólar invertido en nuestro país está apoyado por una bayoneta sajona. Bastó que unos cuantos americanos pidiesen auxilio a su gobierno para que fuerzas americanas pasasen la frontera y hollaran el territorio nacional. ¿Qué será cuando los intereses americanos sean más grandes, pues que cada vez están adquiriendo mayores propiedades en nuestra patria y cada vez están obteniendo más y más concesiones por parte de nuestro gobierno, concesiones que, por lo demás, comprometen por sí mismas el porvenir de la nación?

Razón y mucha hemos tenido los mexicanos de ver con repugnancia el aumento de la riqueza yanqui en nuestra patria. La dura lección que sufrimos en 1847 era suficiente para que un gobierno patriota hubiera evitado que dentro de nuestra debilidad hubiera echado raíces la fuerza capitalista del yanqui. Juárez y Lerdo, esos dos grandes mexicanos que fueron dos gobernantes sinceros y honrados, pusieron cuantas dificultades pudieron al desarrollo de la riqueza yanqui en nuestra patria, porque su amor a la tierra en que nacieron era más grande que la torpe vanidad de prestigiarse con los traficantes yanquis con perjuicio de su patria.

¿Cuántas veces representantes de grandes negociaciones extranjeras tuvieron que volver a su país con los millones que habían ido a ofrecer a aquellos honorables ciudadanos en cambio de una concesión?

En la época de aquellos grandes hombres que la imbecilidad no supo apreciar y, sobre todo a Lerdo, el pueblo no supo defender, se tenía la convicción de que ceder franquicias al capital americano era tanto como ir cediendo la patria al extranjero. La invasión de soldados americanos a Cananea da la razón a los hombres de la época de Juárez y Lerdo.

Como si la autonomía de la República no existiese y nosotros en lugar de mexicanos fuéramos súbditos de Roosevelt, los soldados yanquis pasaron a Cananea, Sonora, a reprimir una huelga, como lo han hecho en Colorado (3) y como lo harían en cualquiera otra parte del territorio de los Estados Unidos.

Sigamos fomentando el capital americano, si es que ya no queremos ser mexicanos; veamos impasibles la invasión yanqui a nuestro territorio, si es que nos conformamos con ser vasallos de un soberano extranjero, si en nuestras venas ya no corre aquella sangre con que los héroes escribieron sus nombres en la historia, si estamos tan degradados que poco nos importa vivir como ganado que todos pueden atropellar y del cual todos pueden disponer. Entonces seremos más degradados que las bestias, porque éstas defienden el cubil donde guardan sus cachorros.

Creemos que todavía es tiempo de volver sobre nuestros pasos hasta el lugar en que dejamos el honor por seguir la senda torcida que nos marcó el despotismo y en la cual ya comenzamos a tropezar con los más serios obstáculos. Si seguimos por el mismo camino, después de andar un poco más ya no podremos buscar el bueno, el camino amplio y limpio que despreciamos por la admiración que nos causaron las lentejuelas del soldado de Tuxtepec.

Todavía es tiempo, conciudadanos; todavía es tiempo...

 

Anakreón (Ricardo Flores magón).

 

(1) William Cornell Greene (18??-1911). Empresario norteamericano. En 1896 adquirió de la famila del ex gobernador de Sonora, Ignacio Pesqueira, la mina El Ronquillo. Tres años después funda la Cananea Consolidated Copper Co., más tarde filial de la Anaconda Copper Co. de John D. Rockefeller. Diversificó su emporio a través de la maderera Madre Land and Timber Co., la empacadora Greene Cattle Co., así como con el Ferrocarril Río Grande, Sierra Madre y Pacífico. Tras la huelga en Cananea del 1° de junio de 1906, organizó la expedición de las tropas dirigidas por el capitán de los rangers de Arizona, Thomas Rynning, que masacró a los obreros huelguistas. Junto con el abogado Norton Chase y en coordinación con Enrique C. Creel organizó una campaña de persecución de los miembros del PLM, con el uso de grupos de choque provenientes de compañías privadas de detectives, la compra de testigos y el cohecho de jueces y jurados.
Logró encarcelar y deportar clandestinamente y enjuiciar a una docena de líderes magonistas de la región, entre otros a Librado Rivera. En 1908, tras un revés financiero, sufrió un colapso nervioso que a la larga provocaría su muerte.

(2) Refiérese a los hermanos George y William Metcalf. El primero era gerente del aserradero de la empresa.

(3) Refiérese a la huelga de mineros del carbón de Cripple Creek, Colorado, efectuada de agosto de 1903 a agosto de 1904. La huelga, impulsada por la Western Federation of Miners, fue reprimida por las tropas del general Sherman Bell, bajo las órdenes del gobernador del estado, James Peabody, y del propietario de la mina, John D. Rockefeller. Fueron asesinados 42 obreros, 112 resultaron heridos y 1 345 fueron encarcelados. Los procesos judiciales concluyeron en enero de 1905. A raíz de la represión de esta huelga se fundó la Industrial Workers of the World, central obrera partidaria del sindicalismo revolucionario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Artículos políticos seudónimos. Volumen V. Artículos escritos por Ricardo Flores Magón bajo seudónimos. Jacinto Barrera Bassols Introducción, compilación y notas. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2005. pp. 338-342.