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1889 Se da a conocer que ha sido completada la edición de la obra México a través de los siglos.

Julio 19 y 24 de 1889

 

Historia general y completa del desenvolvimiento social, político, religioso, militar, artístico, científico y literario de México desde la antigüedad más remota hasta la época actual. México a través de los siglos. Obra única en su género e imparcial y concienzudamente escrita en vista de cuanto existe de notable y en presencia de preciosos datos y documentos hasta hace poco desconocidos, por los reputados literatos D. Juan de Dios Arias, Alfredo Chavero, Enrique Olavarría, D. Vicente Riva Palacio, José María Vigil y Julio Zárate. Publicada bajo la dirección del general D. Vicente Riva Palacio.

 

MEXICO A TRAVÉS DE LOS SIGLOS

I

Con el cuaderno número 157, concluyó esta obra monumental, que hace más de cinco años viene publicando la muy acreditada casa editora de los Sres. J. Basllescá y Compañía, quienes no han perdonado gasto ni sacrificio, y han sabido vencer toda clase de dificultades, para presentar una obra que es un monumento artístico para su edición, y la primera en su género por su contenido.

Lo obra consta de cinco gruesos volúmenes en folio, impresos en magnifico papel a dos columnas, y profusamente ilustrados, por medio de los mejores y más modernos procedimientos artísticos conocidos.

Intercalados en el texto se encuentran muy buenos grabados que representan los monumentos y las antigüedades que permanecen todavía en ruinas o en nuestros museos; facsímiles y jeroglíficos de nuestros viejos códices que se conservan en las bibliotecas del gobierno o en las de particulares; vistas de edificios públicos, templos, palacios, casas notables, etc., etc., y una galería de retratos de gobernadores, conquistadores, oidores, virreyes, arzobispos, obispos, emperadores, jefes militares, presidentes, héroes de la Independencia y de la Reforma, y en general de todos los hombres notables de México, que se han distinguido como filántropos, como políticos y como literatos, acompasando a cada retrato un facsímile de sus respectivos autógrafos.

Creemos inútil encarecer también, el mérito de los espléndidos cromos, de las fotolitografías y de los fotograbados, que aparte ilustran la obra, pues son reproducciones exactísimas de objetos curiosos y de obras de arte, tan fielmente copiadas, que no parece sino que tiene uno a la vista el original, como sucede, por ejemplo, con los cromos que representan la carroza de Maximiliano, el altar de los reyes de nuestra Catedral, los objetos que pertenecieron a Hidalgo y el baño de Netzahualcóyotl.

Pero no satisfechos con esto los apreciables editores, al final de cada uno de los volúmenes que forman la obra, han repartido bellísimas oleografías como obsequio, cuyo precio por sí solo representa gran parte del valor total de ella, oleografías que son preciosos cuadros originales, o copiados de los mejores que existen en nuestra Academia de Bellas Artes, como el Fray Bartolomé de las Casas de Félix Parra, y el Jesús de Sagredo.

Y si la parte material de “México a través de los siglos” es un verdadero monumento artístico por la limpieza de la edición y por el lujo en ella desplegado, es un monumento literario por lo que respecta a la parte escrita.

A los mejores de nuestros literatos y a los que más se han distinguido, como historiógrafos en las épocas que les tocara escribir, ocurrieron los Sres. Ballescá y Compañía.

Bastan sus nombres para recomendarlos, pues D. Alfredo Chavero, D. Vicente Riva Palacio, D. Julio Zárate, D. Juan de Dios Arias, D. Enrique Olavarría y Ferrari, y D. José María Vigil, que fueron los designados, son bastante conocidos en el mundo de las letras.

Sus trabajos contenidos en los cinco volúmenes, constituyen un conjunto inapreciable: la historia general de México, desde los más remotos tiempos hasta el restablecimiento de la República, después de la caída del segundo imperio.

México carecía de una obra de esta especie, de una obra en la que se pudiera estudiar el progreso de nuestra patria, desde los tiempos prehistóricos hasta nuestros días; que contuviera la historia completa y seguida de los acontecimientos que la han encarrilado en el camino de la civilización; en la que se pudieran apreciar todas las luchas y todos los obstáculos que han tenido que vencer sus hombres y sus héroes.

Una historia así no había sido escrita hasta ahora, porque no merecen este nombre, ni el libelo de D. Lucas Alamán, en el que se aprende a odiar a la patria, como dice un escritor, ni los veinte cansadísimos tomos del bueno de D. Niceto de Zamacois, que todo lo que tienen de voluminosos, tienen también de parciales y de faltos de criterio. Además, estas obras fueron dictadas obedeciendo a un espíritu conservador y retrógrado, y a ideas tan limitadas como mezquinas.

Por el contrario, el México a través de los siglos está escrito desde un punto de vista esencialmente liberal y con un criterio amplio, imparcial y justo.

Inspirados sus autores en la buena fe y en la razón, partidarios ardientes de la libertad y del progreso, que son los verdaderos factores de la civilización, han presentado los acontecimientos de nuestra historia en el lugar que les correspondía, condenando siempre los abusos y los errores, sin preocuparse en favor de determinadas personas o partidos, y colocando a los hombres y a los sucesos en el lugar que la justicia los ha señalado; fundando sus juicios y apreciaciones en razonamientos y en documentos irrecusables, muchos de éstos, que hasta ahora permanecían en el polvo de nuestros archivos, y que han dado a conocer por vez primera.

En resumen, el México a través de los siglos viene a llenar un vacío en nuestra historia nacional, y una necesidad que se hacía sentir, pues aunque contábamos con preciosas é inestimables monografías y obras especiales sobre diferentes períodos, como el da la historia antigua y el de la conquista, como el de la independencia, como el de la invasión americana, y otras, ellas no formaban un todo homogéneo, y un cuadro completo de nuestra existencia social, política y literaria.

II

Contiene el primer volumen de la obra de que nos estamos ocupando, la “Historia antigua y de la conquista”, escrita por el Sr. D. Alfredo Chavero, quien desde la muerte del sabio é inolvidable Orozco y Berra, ha venido a ser la autoridad más competente en esta materia.

Profundo conocedor de nuestras antigüedades, familiarizado con la lectura de nuestros viejos cronistas, a nadie mejor que a él, se le podía haber encomendado esta parte de nuestra historia, pues solo una persona de sus conocimientos y de su erudición, podía haberla llevado a cabo con feliz éxito.

Divide el Sr. Chavero su obra en cinco libros, consagrados respectivamente a los tiempos prehistóricos, a los Meca, a los Tolteca, a los Mexica y a la Grandeza y ruina de México.

Importante es cada uno de estos libros. En el primero, el autor estudiadas principales teorías que se han emitido sobre el origen del hombre en el Nuevo Continente, desde la conocidísima del estrecho de Bering, hasta la que se tuvo por un sueño de Platón, la de la Atlántida, y entre ellas menciona la de la existencia de una raza autóctona, que en Anáhuac fue la othomí, y las huellas que dejó una raza negra antiquísima.

Después de habernos reconstruido, por decirlo así, la vida de esas tribus que se pierden entre las nieblas de la prehistoria, nos presenta a nuevos pueblos, que dejaron rasgos característicos de una civilización; como los Maya, constructores de esos monumentos que todavía constituyen la admiración de los viajeros; como los Tolteca, sabios por sus conocimientos astronómicos, agrícolas é industriales, y por su admirable calendario; como los Mexica o Azteca, tribu humildísima en su origen, que después de larga y penosa peregrinación, y de haber estado esclavizada y envilecida por las otras sus coetáneas, hace surgir, obedeciendo a un mito, del fondo de un lago, la ciudad de Tenochtitlán que más tarde fue la dueña y señora de las otras, para hundirse en su misma cuna, no sin haber defendido en el más memorable de los sitios, sus creencias y sus dioses, sus casas y sus templos, sus calles y calzadas, palmo a palmo, sin desmayar un solo instante, rechazando siempre las ofertas de paz del enemigo, y sucumbiendo solo, no por la guerra, ni por el hambre, sino al caer prisionero el más valiente y el más grande de sus héroes, Cuauhtémoc.

Pero el Sr. Chavero no solo ha narrado las proezas de estos pueblos; ha estudiado su organización política, religiosa y social, sus y monumentos; explicando sus cosmogonías, su gobierno, sus castas, é interpretando sus jeroglíficos. En una palabra, ha hecho la verdadera historia de la civilización de esos pueblos.

La conquista de México por los españoles y sus aventureras empresas, forman parte de este trabajo, y aunque dicho período lo haya tratado con mucha brevedad, es, sin embargo, digno remate de su obra.

El segundo volumen del “México a través de los siglos", comprende El Virreinato, escrito por el Sr. General D. Vicente Riva Palacio, a quien estuvo encomendada también la dirección de esta obra monumental.

Si alguna época de nuestra historia no estaba escrita era ésta, pues aunque contábamos con las crónicas de Torquemada, Betancourt, Benamont, Mendieta, La Rea, Dávila Padilla, Cogollado, Remesal, Burgoa, Grijalva, González Puente, Baralenque, Medina, Espinosa, Arricivita, Alegre, Pérez de Rivas, Ortega, Cavo, Florencia y algunos otros; con los diarios de sucesos notables de Guizó, Robles, Castro Santana, el Anónimo y Gómez; con las “Instrucciones reservadas” que los virreyes dejaban a sus sucesores, y en fin, con una multitud de preciosos documentos, de un valor inestimable para formar la historia de esta época, no constituían, sin embargo, una obra completa y especial sobre el virreinato, ni por su índole, ni por su extensión, ni por su forma, ni por su criterio.

Esta Edad Media de nuestros anales, necesitaba un historiador, que nos presentara desde el siglo XVI, el período de tres centurias de dominación ibérica; que nos dijera cómo se organizó y formó una nueva sociedad; cómo las conquistas de los compañeros y sucesores de Cortés se fueron ensanchando; cómo vivirnos y pensamos durante esta larga noche de nuestra historia; cómo el clero fue apoderándose de las riquezas y de las conciencias, para adquirir el poder sobre el gobierno y la familia.

Esto y más contiene la obra de Riva Palacio. Las conquistas sucesivas de las principales ciudades de la Nueva España; la historia de los nuevos descubrimientos geográficos que se fueron haciendo por medio de las armas o de la cruz; la fundación y establecimiento de la Inquisición en México, escrita en vista de documentos interesantes é irrecusables; la organización social y política de la colonia a fines de cada siglo, con un examen del estado que guardaban la hacienda, el comercio, la industria, las artes y la literatura, son objeto de capítulos de esta obra, apreciable por más de un título.

Nos ha llamado a la vez la atención, la parte en que el general Riva Palacio habla del establecimiento de las órdenes religiosas y del progreso del cristianismo en la Nueva España en donde están referidos loa apostólicos afanes de aquellos esforzados varones, que como Gante o Las Casas, Sahagún o Valencia, fueron los maestros de los indios, sus más ardientes defensores y los que mejor escribieron su historia.

Es innegable, por consiguiente, que la mejor obra que poseemos sobre la dominación española en México, es la escrita por el Sr. D. Vicente Riva Palacio.

.

III

Los volúmenes tercero, cuarto y quinto, de esta preciosa edición, vienen consagrados respectivamente a la historia de la "Guerra de Independencia” por D Julio Zárate, a la de “México Independiente,” por D. Juan de Dios Arias, quien habiendo muerto antes de concluirla, fue continuada por D. Enrique Olavarría y Ferrari, y a la de “La Reforma,” por D. José María Vigil.

El interesante cuanto glorioso período de la guerra de Independencia, había sido tratado hasta ahora, por escritores apasionados en pro o en contra de nuestra insurrección, como D. Carlos María de Bustamante y D. Lucas Alamán, como D. José María Luis Mora, y D. Lorenzo de Zavala, los cuales, unos por haber sido testigos de muchos de los sucesos que refieren, y otros por no haber comprendido el verdadero espíritu que guió a los caudillos del año de 10, formaron juicios contradictorios y exagerados.

Alamán, principalmente, seria todo literato y talentoso que se quiera; pero no merece el dictado de historiador, porque en su obra hay punibles inexactitudes, pasión, mala fe, y ahínco manifiesto por deturpar a nuestros héroes. Alamán hizo la historia de su partido, de sus ideales políticos, de sus hombres predilectos, de todo, menos la historia de la Independencia, porque su “miope", o más bien dicho apasionado criterio, juzgó como monstruosa y abominable la revolución que iniciaron los héroes de Dolores.

Por fortuna, D. Julio Zárate, con juicio sereno é imparcial, colócase en el justo medio, y después de haber leído y examinado a todos estos escritores, ha sabido aprovechar la parte buena que contienen sus obras; les ha señalado los errores en que incurrieron, combatiendo también sus apreciaciones injustas; en fin, ha escrito por primera vez nuestra historia de la Independencia. Ha dado a cada uno lo suyo, sin preocuparse por insurgentes y realistas; elogiando las grandes acciones, lo mismo en unos que en otros; censurando las malas, en amigos y enemigos.

“México Independiente,’’ que debió haber escrito por completo el Sr. Arias, fue concluido por Enrique Olavarría y Ferrari, y con franqueza, para el tiempo y el apremio con que tuvo que hacerla, es una obra digna de aprecio, tanto más cuanto que comprende una época bien difícil, en la que hubo que tocar puntos tan interesantes como el imperio de Iturbide (que está tratado muy bien por Arias,) la fundación de la República, el origen y el modo cómo se formaron los dos partidos, liberal y conservador, el infame asesinato de Guerrero perpetuado por el gobierno retrógrado de Bustamante; la primera guerra con Francia, la sostenida con los Estados Unidos, y por último, la minuciosa historia de esa serie interminable de revoluciones fratricidas, hijas de ambiciones personales, fomentadas y llevadas a cabo con dinero del clero, que ha sido siempre en nuestro país, enemigo de todo gobierno que no protege sus miras. El Sr. Olavarría, ha desempeñado bastante bien su tarea, y debe estar satisfecho.

El último volumen del “México a través de los siglos,” es decir, el quinto, contiene la historia de la Reforma, y de la guerra de la Intervención y del Imperio.

Si los señores Editores de esta obra monumental, estuvieron muy acertados al designar a los Sres. Chavero, Riva Palacio, Zárate y Olavarría, para que escribieran las épocas que forman el asunto de los cuatro primeros volúmenes, anduvieron muy felices en la elección del Sr. D. José María Vigil, para que historiara la gran revolución que tuvo México, la que cambió del todo su modo de ser y de pensar, y la que lo colocó en la vía del progreso y de la civilización por que ahora atravesamos.

Nadie mejor que el Sr. Vigil, podía haber escrito esta interesantísima época de nuestra historia, con el tacto, la sensatez y el juicio que requería, pues sus mismos enemigos en política reconocen en él al sabio y al erudito, al ilustre académico, y no hace mucho, uno de los órganos clericales, lo llamaba con justicia, ‘'literato insigne y escritor concienzudo, cuya “reputación está ya bien sentada."

El Sr. Vigil ha hecho preceder su historia, de una magnifica y brillante introducción, en la que con acopio de razonamientos, de preciosas citas y de oportunas reflexiones, estudia el origen de nuestra Reforma, remontándose a los tiempos coloniales, para desentrañar con admirable juicio, los motivos y las causas que la produjeron, y para llegar a concluir y a demostrar la necesidad que había de proclamarla y consumarla, pues era una necesidad social de esas que se imponen por sí mismas, y por los bienes que producen las naciones en que se llevan a cabo.

Esa introducción magistral, que nunca será bien elogiada, y que por sí sola constituye un importantísimo trabajo, es digna portada de la obra que ha escrito el Sr. Vigil, obra de la que carecíamos por completo, pues la historia de la Reforma, por su misma índole, y por tocar el juicio de sucesos y personas contemporáneas, no habla sido hasta hoy escrita.

No son los estrechos límites de un articulo bibliográfico, como el presente, capaces de encerrar un acertado y digno juicio, y un examen minucioso y detallado del Sr. Vigil; pero su mejor elogio se puede hacer, diciendo que nadie se ha atrevido a refutar los justísimas apreciaciones que contiene, pues los mismos periódicos conservadores, cuyo partido no sale bien librano con esta obra, han guardado silencio, convencidos o abrumados sin duda, por el cúmulo de razones incontestables con las que se combaten sus ideas, y decimos que han guardado silencio, porque no merecen el nombre de refutaciones los términos tan impropios como infundados que solo por despecho ha lanzado en sus columnas, alguno de los citados órganos del retroceso.

Hasta ahora no se le ha indicado al Sr. Vigil ningún acontecimiento inexacto, ninguna apreciación injusta, ningún juicio que no esté inspirado en la verdad; y mientras esto no suceda, mientras no se le refute con documentos y razones, y no con frases huecas é insultantes, su historia de la Reforma será, y seguirá siendo la mejor defensa de nuestras instituciones liberales, y la mejor acusación de los errores que en México ha cometido el partido conservador y clerical.

Y no atrevemos a asegurar que en el caso de una formal refutación, el Sr. Vigil sabría defenderse victoriosamente de sus impugnadores, porque ha escrito una obra con conocimiento perfecto de la época y de los hombres de que se ocupa; con vista de documentos importantes o irrefutables y con conciencia, pues el Sr. Vigil siempre ha sido liberal por convicción, y su vida, como sus escritos, son testimonios elocuentes de que nunca ha vacilado en sus principios.

De los dos libros en que divide su historia de la Reforma, el segundo está consagrado a la Intervención francesa y al Imperio de Maximiliano. Es también esta parte una reconstrucción, y está tratada con fidelidad y criterio. Muchos libros, folletos, Memorias y apuntes, se han publicado sobre los acontecimientos de aquella época, lo mismo aquí que en el extranjero; pero todas estas narraciones adolecen de la pasión con que están redactadas, pues sus autores fueron testigos interesados en los sucesos que relatan.

Sucede, por ejemplo, con el sitio de Querétaro. Diferentes versiones corren sobre el modo con que se tomó la plaza, y hasta ahora se ignoraba la verdad de los hechos, a pesar de las continuadas y reñidas polémicas que se han suscitado.

Pues bien, el Sr. Vigil, ha dado a conocer por vez primera en su obra, un documento dirigido al Presidente y suscrito por el jefe de las fuerzas republicanas en aquel sitio, documento que en estos días han reproducido muchos diarios de la capital.

“De la narración hecha por el señor general Escobedo y que hemos insertado en nuestro capítulo anterior, dice el Sr. Vigil, resulta que López no fue más que un agente de Maximiliano; y que si hay alguna responsabilidad por los sucesos del 15 de Mayo, sobre el archiduque deberá recaer.” El testimonio del general republicano es decisivo; no solo por la alta respetabilidad de su carácter, sino porque ningún interés podría suponérsele en justificar a López a costa de la reputación del príncipe austríaco, pues no hay razón que explicara tal preferencia, tratándose de personas entre quienes no ha existido alguno de esos vínculos que hicieran nacer en los espíritus suspicaces la sospecha de una falsificación.

“El hecho, sin embargo se presta a un doble examen que tocaremos brevemente, previniendo las principales objeciones que pudieran oponer aún los que negaran a priori la narración del general Escobedo, fundándose en la alta bien que se han formado de Maximiliano, y en la consiguiente imposibilidad de que cometiere una acción indigna de su posición y de su nombre. Ahora bien, si teniendo en cuenta la índole del archiduque, se investigan los motivos que deben haberle impulsado para confiar a López la misión secreta que llevó al campo liberal, se verá sin esfuerzo que tal conducta se explica por su mismos carácter, y que ella no envuelve un acto de deslealtad que rebaje la nobleza y la honradez personales del desgraciado príncipe. Entre éste y los jefes que le rodeaban, hay que señalar desde luego una divergencia profundísima: mientras que en el uno se advierte inclinación constante a entrar en relaciones, a entenderse con los republicanos, se ve, por el contrario, en los segundos la oposición más resuelta a esa clase de relaciones, como si las considerasen radicalmente imposibles. Esto se comprende: las ideas de Maximiliano le acercaban más a los liberales que a los conservadores, y por otra parte, era del todo ajeno a los profundos rencores que las largas luchas civiles habían sembrado entre ambos partidos. Así hemos visto que el mismo día que salió de la capital para Querétaro, mandó un comisionado para que hablase con el general Díaz, ofreciéndole poner la situación en sus manos; y después, entre las instituciones dadas al príncipe de Salm Salm, cuando se acordó que éste marchase a México, se hallaba la autorización de “abrir negociaciones con personas del partido opuesto.” Nada, pues, tiene de inverosímil que Maximiliano enviase a López cerca del general Escobedo para que entrase en arreglo, con objeto de poner término al sitio de Querétaro.”

Como estas, hay otras observaciones, sobre las que llamamos la atención de los que lean la importante obra del Sr. Vigil.

Resumiendo el “México a través de los Siglos", tanto por los apreciabilísimos trabajos históricos que contiene, que vienen a formar la historia general de México que se escribo en nuestro país, como por su bellísima edición, es una obra digna de poseerse por todo buen mexicano, amante de su patria y de sus glorias.

.Fernán.

 

El siglo diez y nueve. 19 y 29 de julio de 1889.