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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

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ISBN 970-95193

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1871 Discurso pronunciado por el Presidente de la República en la apertura del VI Congreso de la Unión.

Septiembre 16 de 1871

 

Discurso pronunciado por el Presidente de la República en la apertura del VI Congreso de la Unión.

Ciudadanos diputados:

Toda renovación legal de los poderes públicos tiene una significación favorable al crédito de las instituciones; pero pocas veces la habrá tenido tan clara y oportuna como hoy, en que se instala el VI Congreso constitucional. Grande es, por lo mismo, la satisfacción que experimento al veros reunidos y, mayor todavía, al poder manifestaros en este día solemne, que la paz, ese elemento indispensable de felicidad y progreso, reina de un extremo al otro de la República. Al cerrar sus últimas sesiones el V Congreso constitucional, aún estaban en pie y amagando a la sociedad los escandalosos motines de Guerrero y de Tampico; mas no tardaron en ser destruidos, merced al aislamiento en que los dejó el buen sentido nacional y a la bizarra conducta de las tropas destinadas a sofocarlos. Quedan, sin embargo, diseminados en las poblaciones, algunos mexicanos pervertidos que, acostumbrados a vivir del desorden y de la fortuna de los pueblos, promueven trastornos y revueltas para satisfacer sus criminales instintos. Sus tentativas no pueden perturbar seriamente la paz de la nación, porque las rechaza el buen juicio de una inmensa mayoría y, el Ejecutivo, en cumplimiento de un deber sagrado, redobla su vigilancia y sus esfuerzos a fin de reprimir a todo el que atentare contra el orden público.

Nuestras relaciones exteriores ofrecen el mismo aspecto general, si bien comienzan a tomar un giro aún más favorable que antes. Las que cultivamos con los Estados Unidos de América siguen llevando el sello de armonía y buena inteligencia que les corresponde, sin que haya motivo alguno para temer su alteración. La comisión mixta establecida en Washington continúa desempeñando su encargo, reducido a dirimir reclamaciones presentadas por ciudadanos de cada uno de los dos países contra el gobierno del otro. Aún no se tiene noticia de que el senado americano haya revisado la convención que aprobó el V Congreso constitucional para prolongar el término de la comisión expresada. Dos Repúblicas de América han tenido una transformación en el sentido liberal: Guatemala y el Paraguay, cuyos gobiernos han participado al nuestro su instalación. Con la primera tenemos aún pendiente una cuestión de límites y hoy, que entablamos con ella relaciones de amistad, sería conveniente procurar un avenimiento justo y equitativo para las dos naciones. Con este fin se someterá a vuestra deliberación una iniciativa para el envío de una legación a Guatemala. Con Alemania e Italia subsisten bajo el mismo pie nuestras amigables relaciones. En el último Congreso quedó pendiente de revisión un tratado de amistad y comercio, negociado con Italia, a semejanza del que antes se concluyó con la Alemania del norte. Creo de mí deber recomendaros el examen de este tratado, con la preferente atención que reclama todo asunto de esa especie.

Las relaciones diplomáticas que en otro tiempo tuvimos con las demás potencias de Europa continúan generalmente en la suspensión ocasionada por la guerra que ellas nos hicieron o la violación de neutralidad de que se hicieron responsables. El Ejecutivo, por su parte, sigue animado de la misma disposición que otras veces fea manifestado al Congreso, de reanudar esas relaciones siempre que alguna de las indicadas naciones lo promoviere y precisamente bajo la base de no subsistir los tratados que con ellas nos ligaban. Entretanto, los extranjeros, sin distinción alguna, disfrutan de las garantías sociales que la constitución y leyes de la República conceden a todos sus habitantes. La España, constituida bajo una nueva dinastía, tiene ya acreditado en México a un representante de su gobierno. Los términos en que con él se han entablado relaciones de amistad, auguran favorablemente acerca de su conservación, tan conveniente para los dos países por el número de españoles que entre nosotros contribuyen con su industria a robustecer los intereses de la paz y el orden público.

En el ramo de gobernación, os recomiendo las iniciativas, pendientes de discutirse, sobre reformas a la constitución de la República, que comprenden entre otras importantes enmiendas, la relativa al establecimiento de un senado. Hay otra iniciativa de grave interés en dicho ramo y es la que consulta se reglamente la atribución consignada en el artículo 116 de la constitución, sobre dar auxilio a los estados en caso de sublevación o trastorno interior. Conocidas son las dificultades que se han pulsado al ejercer dicha atribución, colocado siempre el gobierno entre dos peligros, por un lado el de tolerar desórdenes cuando se le pide su remedio y por otro el de violar la independencia de los estados.

En cuanto a los ramos de Justicia e Instrucción Pública, existen pendientes ante el Congreso varias iniciativas de importancia, sobre todo la que consulta el arreglo de nuestro sistema de hipotecas, con la mira de facilitar el establecimiento de bancos hipotecarios que tanto podrían contribuir a movilizar y, de consiguiente, a acrecentar la riqueza pública. Es también digna de recomendarse la relativa a que pronto quede sancionado un código penal, propuesto por el Ejecutivo para el distrito y la Baja California.

El secretario de Fomento tiene presentadas iniciativas sobre asuntos de una trascendencia incalculable, como son los proyectos de nuevas leyes sobre terrenos baldíos y colonización, y os presentará una, proponiendo reglas para que el Ejecutivo pueda hacer concesiones respecto a la construcción de ferrocarriles, con lo cual se evite, en los casos ordinarios, la necesidad de legislar para cada concesión, facilitándose la expedición de éstas, bajo reglas constantes y seguras. Se someterán también a vuestra consideración varios proyectos para extender la comunicación telegráfica en diversas direcciones y hasta los más remotos puntos de nuestras fronteras, adonde conviene hacer llegar con prontitud la acción del gobierno, fomentando al mismo tiempo las relaciones fraternales dé sus habitantes con el resto de los mexicanos. En extender cada vez más la comunicación del pensamiento, en la construcción de vías férreas y canales, en las mejoras materiales de toda especie, sin olvidar una conveniente colonización, es en lo que estriba el porvenir de nuestra patria. Para impulsar estos objetos en cuanto fuere posible y contando con la subsistencia indispensable de la paz, espera el Ejecutivo la patriótica e ilustrada cooperación del Congreso. Hay también algunas iniciativas pendientes de examen, que han sido presentadas por el secretario de Guerra y Marina, entre otras, la que propone el establecimiento de buques guardacostas, tanto en el Atlántico como en el Pacífico. El mismo secretario os presentará otros proyectos con el fin de reglamentar definitivamente varios puntos relativos al ejército nacional, cuya buena organización es una garantía para la independencia, el orden y las instituciones. En el importante ramo de Hacienda, os llamaré la atención hacia la iniciativa, ya presentada, para que se permita la exportación de plata y oro sin amonedar, siempre que este justo y conveniente permiso se combine con la percepción de los impuestos que la situación del erario haga indispensables. El secretario de ese ramo ha presentado algunas otras iniciativas —que os recomiendo— encaminadas a nivelar los gastos y las rentas de la federación, sin fuerte gravamen para los pueblos.

Tal es en general el estado que guardan los negocios públicos: los secretarios del despacho les darán circunstanciados informes de cada uno de sus departamentos. A vosotros toca, ciudadanos diputados, corregir y completar la obra del Ejecutivo en la difícil materia de la administración. Pero aún es más arduo y de mayor importancia el fin inmediato de vuestras tareas. La nación espera que, en ejercicio de nuestras altas funciones, le proporcionéis lo que tanto ansia: paz y confianza en la estabilidad de su gobierno, para dedicarse, bajo el amparo de sus instituciones, al tranquilo desarrollo de sus elementos. La paz es hoy el medio de alcanzar la apetecida y necesaria reconciliación de los mexicanos: mientras sufriere perturbaciones o amenazas, se enconarán cada vez más las pasiones, los odios que han dejado tras de sí tantas guerras, tantas agitaciones y desgracias públicas. Por el contrario, cuando ella esté consolidada, se olvidarán todos los errores, todas las diferencias de partido; habrá siempre controversias, pero sin el veneno del rencor y, bajo los pliegues de la bandera nacional, cabrán todos los hijos de México, sean cuales fueren sus creencias y sus pasados yerros en política. Por mi parte, anhelo con ardor este feliz desenlace y no dudo un momento que vosotros, ciudadanos diputados, secundaréis mi aspiración a ese fin con vuestros actos, en que resplandezca la previsión y el más puro patriotismo.

 

 

Respuesta de Gabriel Mancera, presidente del VI Congreso, en la apertura del primer periodo de sesiones del VI Congreso de la Unión.

 

Ciudadano Presidente de la República:

Grande es la importancia de la solemnidad a que asistimos. La instalación del Poder Legislativo en el día fijado por la primera de nuestras leyes, con un personal en que predomina el elemento nuevo, demuestra claramente que los llamamientos al desorden y a la sublevación no encuentran eco en el país; que las instituciones se arraigan, y que en ellas mismas se ha de buscar de hoy en adelante el remedio a los males de que aún adolecemos a causa de las circunstancias bajo las cuales el nombre de México fue inscrito en el catálogo de los pueblos libres.

Es grato a representantes del pueblo oír de vuestros labios la manifestación de que en estos momentos la paz impera en la vasta extensión de la República. Ellos esperan que sabréis mantenerla por el empleo de todos los medios conciliatorios y prudentes, y restablecerla si llegare a turbarse seriamente, con prontitud y energía; pues para ello contaréis con el buen sentir de los mexicanos y con la abnegación, el patriotismo y la disciplina del ejército y la milicia de la República, que tantas y tan recientes pruebas han dado de su inteligencia y su denuedo. La cordura con que durante el primer semestre de este año ha procedido el ejecutivo, desvaneció las esperanzas de algunos espíritus inquietos, frustrando los deseos de los trastornadores. La historia consignará los hechos, y el pueblo mexicano sabrá conservar en su memoria el nombre de los ciudadanos que para alejar disturbios han sabido prescindir del uso de los derechos que les otorga la ley fundamental.

Satisfactorio es para el Congreso el saber que nuestras relaciones diplomáticas son cordiales, aunque reducidas a un corto número de potencias. Él secundará al ejecutivo en la formación de los tratados que para extenderlas y afianzarlas fueren necesarios; pero teniendo presente que hasta hoy, en su mayor parte, semejantes tratados han sido para nosotros más perjudiciales que benéficos, y que en estos momentos los hombres de todos los países viven en nuestro suelo al amparo de nuestras leyes sin necesidad de una protección especial. Procurará el Congreso consagrarse con atención preferente, al estudio de todas aquellas reformas que la experiencia aconseja como útiles a nuestra constitución; y de la propia manera tratará de llenar los vacíos que en ella se notan y de desarrollar en leyes secundarias los preceptos que encierra.

La reforma de la legislación hipotecaria es ya precisa para dar movimiento a los capitales y para obtener los inmensos beneficios que proporciona el crédito. Penetrado de esta verdad obrará el Congreso siguiendo el dictado de su patriotismo.

Los saludables efectos que ya está produciendo la expedición del código civil dictado para las demarcaciones dependientes del poder federal y adoptado por algunos estados, harán sin duda que la asamblea se ocupe de los restantes, a fin de facilitar la administración de justicia y de procurar la uniformidad de la legislación en todo el país. Las estipulaciones indispensables para reunir y consagrar cuantiosos capitales al establecimiento de vías férreas, son materia propia más bien de un contrato que de una disposición legislativa. El Congreso, por lo mismo, con el estudio conveniente, dictará las reglas a que hayan de sujetarse tales contratos, a efecto de facilitar el rápido establecimiento de las vías de comunicación, sin las cuales todo progreso material será imposible y muy difíciles los adelantamientos de cualquier género. Del establecimiento de extensas líneas de ferrocarriles combinado con la movilización de la deuda pública y con la colonización de los terrenos adyacentes e inmediatos, que se facilitaría por la expedición de una ley para los casos de expropiación por causa de utilidad pública, resultarían para el país inmensos bienes. Espera, pues, esta asamblea que pesándose la importancia del asunto, sea él considerado en la iniciativa del depositario del Poder Ejecutivo.

Las iniciativas presentadas por las secretarías de Hacienda y Guerra serán estudiadas atentamente, para que las resoluciones que a ellas recaigan puedan ser eficaces, tratándose de la seguridad de las costas, de la administración militar, de la nivelación de las rentas y cargos del tesoro público, y de la exportación del oro y la plata sin amonedar, que años ha viene reclamando el muy importante ramo de minería, cuya industria es por ahora la única propia del país.

La Cámara espera que al cumplir los secretarios del despacho con el precepto contenido en el artículo 89 de la constitución, la suministrarán datos bastantes para el estudio de los negocios, y para promover con mayores probabilidades de acierto todo aquello que pueda redundar en bien del país.

Pronto los representantes del pueblo se ocuparán da investigar quién sea el ciudadano al cual el voto público haya querido confiar durante el próximo cuatrienio el encargo de hacer ejecutar las leyes. La mayoría de estos representantes creyó que para alejar todo motivo de trastorno en la paz pública, convenía mantener en este encargo al magistrado que hoy la ejerce, y la mayoría de la nación parece haberse expresado en el propio sentido, cuando recientemente los ciudadanos se han acercado a las urnas del sufragio popular.

A la manifestación de este voto de confianza han contribuido poderosamente los altos méritos del primer funcionario del Estado; pero ella no habría sido tan significativa si en parte no debiera su existencia al deseo general de que la paz pública eche hondas raíces y fructifique a la sombra de nuestras instituciones.

Cuando este cuerpo haya declarado solemnemente quién sea el elegido del pueblo, la ansiedad pública será calmada, y la mayoría de los representantes pedirá al electo que echando un velo sobre momentáneas y transitorias disensiones, haga un llamamiento a los hombres de todos los partidos y marque una era de actividad en los negocios públicos.

Los representantes que por el órgano de mi voz os dirigen la palabra, marcharán resueltos hacia las reformas administrativas, políticas y sociales que la nación demanda, hacia la extinción de los abusos y a la adquisición del bienestar material de los pueblos. La nueva administración va a organizarse en circunstancias propicias para dar al país la población que le hace falta, a fin de fecundizar su suelo y los capitales para proporcionar trabajo y alimento a las clases menesterosas. Si esta administración marcha resuelta por la senda del progreso y de las libertades públicas, inaugurando una política franca y activa, contará, no lo dudéis, ciudadano presidente, con el apoyo y la cooperación del Congreso, cuyo principal deseo está cifrado en la práctica sincera de la constitución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.