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1870 Manifiesto a los Católicos contra textos protestantes.

Zacatecas, agosto 5 de 1870

 

A los católicos de esta ciudad y de toda la Diócesis: Salud y paz en nuestro señor Jesucristo.

Estoy informado, y es un hecho por desgracia, haber venido á esta ciudad en estos últimos dias algunas personas, procedentes de Monterey, según se dice, sin más objeto ni otra misión que la de expender una multitud de libros prohibidos y reprobados por la Santa Sede, en razón de su perversa doctrina. Entre esos libros vienen las Biblias protestantes, ese Libro divino, precioso tesoro de la Iglesia de Cristo, tan respetable, como que es la palabra del mismo Dios, y conservado por esto con tanto esmero y cuidado por la Santa Iglesia católica; pero que en las manos de los protestantes ha venido á perder completamente toda su respetabilidad, toda su grandeza y estimación, su misma divinidad, rebajándomele hasta el nivel de un libro cualquiera, supuesto que para ellos tanto vale y quiere decimos en sus páginas santísimas, cuanto quiere y se le ocurre á la caprichosa interpretación que arbitrariamente le puede dar cualquiera que lo lea; resultando de aquí, como es muy natural, esa infinidad de monstruosos y contradictorios errores en que abundan y sostienen todas las sectas protestantes. Lo que admiten unas, rechazan y niegan las otras; estando solo de acuerdo en su odio á la Iglesia Romana y en combatir al catolicismo de todas maneras. Vienen también otros muchos y diversos impresos, todos anticatólicos, plagados de gravísimos errores, y dispuestos algunos de tal manera, con tal arte y tanta malicia, que los incautos y la gente sencilla pueden fácilmente tragar el veneno, sin haberlo antes sospechado, ni mucho menos querido.

En tales circunstancias ¿qué deberá hacer el Gobierno eclesiástico de la Diócesis? ¿Callarse y dejar que cunda el mal, y que los propagadores del error engañen y perviertan á su antojo á tantos niños y á tantos fieles sencillos, que con la mejor buena fé vayan á adquirir algunos de esos libros? No: libre Dios do -semejante crimen á este Gobierno eclesiástico. Encargado como estoy de él, y pesando por esto sobre mis flacos y débiles hombros una inmensa responsabilidad ante Dios primeramente, y después ante la Iglesia y á los ojos de mi Illmo. Prelado, ausente ahora y ocupado como está en el sacrosanto Concilio Vaticano, no me es posible callar: mi silencio, de suyo muy criminal, vendría, en cierta manera, á favorecer las miras de los enemigos de la Iglesia y la propagación de las malas doctrinas, cooperando así á la seducción v á la ruina de muchas almas. Debo, pues, en conciencia hablar y levantar muy alto la voz para prevenir el mal y advertir á todos los católicos, á fin de que ninguno, por ignorancia, se deje sorprender ni engañar.

No es mi ánimo refutar aquí todos los errores en que abundan esos libros salidos de las imprentas y de las sociedades bíblicas protestantes de los Estados-Unidos. Siendo esta, como lo es, una breve y sencilla exhortación, no permite una formal controversia, ni hay por otra parte necesidad de ella. Esos errores nada tienen de nuevo, son muy antiguos, y todos los sábios apologistas de la santa Iglesia católica los han contestad mil veces victoriosamente. En la ilustrada y culta Europa no corren con crédito ni aceptación alguna, y se nos traen por acá esos sucios harapos, esos viles y miserables despojos, que no gustan y se desechan por allá.

El fin principal de  todos esos escritos es combatir á la Iglesia Romana y corromper la fé de los católicos, sustituyendo en su lugar otras doctrinas, condenadas todas y reprobadas por la Iglesia católica, única Maestra de la verdad, asistida del Espíritu Santo y encargada por su divino Fundador de ensenar y predicar la verdad á todas las naciones. Se pretende sostener todos esos errores y absurdos con la misma santa Escritura; pero entendiéndola les protestantes é interpretándola á su antojo y caprichosamente, y no en el sentido que le ha dado siempre la Iglesia, única que tiene derecho y autoridad para interpretarla y explicarla debida y rectamente, según la inteligencia y voluntad santísima del mismo Dios.

La fé viene por una humilde sumisión á la autoridad. Cuando ella es recta y sana, dice San Juan Crisóstomo, no se investiga ni se cuestiona, sino que se cree fielmente, porque nada bueno se puede tener con las disputas y cuestiones. La fé nace, crece y se desarrolla maravillosamente en todo corazón recto, puro y sencillo. La santa Iglesia la define así: La fé es una virtud sobrenatural por la cual creemos en Dios y en todo lo que su Iglesia nos manda creer.

La fé católica tiene por garantía, por base firmísima la palabra del mismo Dios interpretada por la Iglesia, que ha recibido el don de la infalibilidad. Desde el momento en que sabemos positivamente, por la autoridad de la Iglesia, que Dios ha hablado, no debemos ocuparnos sino de creer lo que El ha dicho, y creerlo firmemente: que se le comprenda ó no  se le comprenda, poco importa: el fundamento seguro, la certidumbre, está en la palabra de Dios, y esto basta.

Estamos ciertos los católicos de que jamás nos engañaremos en nuestra fé, creyendo, como creemos, con los patriarcas y los profetas y todos los justos de la antigua Ley: cuando creemos con Jesucristo Hijo de Dios, con la Santísima Virgen su divina Madre, con los apóstoles, con los mártires, con los confesores y las vírgenes: cuando creemos con toda la" Iglesia y sus Concilios: con los santos Padres, con todos los teólogos, todos los santos de todos los tiempos, de todos los lugares, de todas condiciones y edades: cuando citemos, por último, lo que todo el mundo católico, con lo que ha habido de verdaderos cristianos, de hombres sabios, fieles y virtuosos, ha creído tan firmemente.

Exhorto, pues  vivamente á todos los católicos de esta nueva y naciente Iglesia de Zacatecas, y los conjuro y les ruego encarecidamente por la sangre y piadosísimas entrañas de Nuestro Señor Jesucristo, que permanezcan fieles y constantes en la confesion de la única fé verdadera, la de la Iglesia católica, que heredamos y en la cual fuimos educados por nuestros piadosos padres y por un beneficio muy señalado de la divina Misericordia, tos exhorto igualmente á que huyan con prontitud y buena voluntad de todo escrito de perversa doctrina, como se huye de un áspid ó de un lugar fétido y corrompido; teniendo mucho cuidado y redoblando su vigilancia los padres de familia, á fin de que en sus casas no se introduzca el veneno, que. causaría ciertamente consecuencias funestísimas. Mirad con horror todo libro, todo escrito, sea el que fuere, en que se ataquen y se ridiculicen los dogmas, el culto y las prácticas de nuestra santa Religión, así como !a autoridad y la enseñanza de la Iglesia Romana. Aborreced siempre el vicio y el error; pero compadeceos y mirad con entrañable caridad á todos aquellos que desgraciadamente viven lejos del seno de la única verdadera Iglesia, fuera de la cual no hay ni puede haber salvación. 0- rad siempre y pedid al Señor por la exaltación dé la católica, porque ilumine con su gracia á todos nuestros hermanos separados de la misma Iglesia, á fin de que, destruido el error y todas las herejías, haya un solo Pastor y un solo rebaño, y pueda así ser glorificado y santificado en todas partes el santo y terrible nombre de Dios.

Zacatecas, Agosto 5 de 1870.

J. M. del R. Guerra.
[José María del Refugio Guerra y Alva, obispo de Zacatecas]