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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1867 Carta al Ministro Aguirre

2 de Marzo de 1867, Maximiliano

Mi querido ministro Aguirre:

Como mi salida para Querétaro poniéndome al frente del recién formado ejército, podría interpretarse falsamente tanto en el país por personas malévolas, como en el exterior, por falta de conocimiento de causa, debida á las muchas calumnias que nuestros enemigos diseminan con avidez sobre la conducta de nuestro gobierno, creo necesario bosquejar algunas observaciones, que pueden servir de explicación y de guía en los difíciles momentos presentes.

El programa trazado por mí en Orizaba después de haber oído la franca y leal expresión de los cuerpos consultivos del Estado, no ha cambiado para nada; siempre domina en mí la idea del Congreso, como única solución que puede tomar un porvenir duradero y una base para acercar los partidos que hacen la desgracia de nuestro infortunado país. Emití la idea del Congreso que ya desde mi llegada al país nutria, luego que tuve la certidumbre de que ya podían reunirse los representantes de la nación, libres de influjos extranjeros. Mientras tanto que los franceses dominaron en los centros del país, no había posibilidad de pensar en un Congreso con deliberación franca. Mi ida á Orizaba apresuró la marcha de las tropas interventoras, y así llegó el día en el cual y a se podía hablar abiertamente de un Congreso constituyente.

Que no era posible dar antes tal paso, se mostró con evidencia en la acérrima oposición que las salientes autoridades francesas hacia á la idea emitida.

El Congreso elegido por la nación, verdadera expresión de la mayoría y toda la suma de poder y libertad, es el solo remedio capaz de concluir la guerra civil y de contener el tan triste derramamiento de sangre.

Yo Soberano y Jefe, llamado por la nación, me sometí con gusto otra vez á la expresión de su voluntad, dominándome el mas ardiente deseo de concluir así pronto la desoladora lucha: hacia mas: me dirijia personalmente ó por conducto de agentes fidedignos y leales, á los diferentes gefes que dicen pelean en nombre de la libertad y de los principios de progreso, para que ellos se sometieran como yo al voto legítimo de la mayoría nacional. ¿Cuál era el resultado de estas negociaciones? Que los hombres que invocan el progreso no quisieron ó no pudieron sujetarse á tal juicio, y que contestaron con el fusilamiento de leales y distinguidos ciudadanos, rechazando la mano fraternal que quería la paz entre los hermanos, ó mejor dicho, ellos, partidarios ciegos, dominar exclusivamente con la espada en la mano. ¿Donde está, pues, la voluntad nacional? ¿D e qué parte hay el deseo de verdadera libertad? La sola disculpa para ello es su propia ceguedad; así lo muestran los tristes acontecimientos que bajo tal bandera se cometen y claman al cielo: con ellos, pues, no se puede contar, y nosotros no tenemos y a mas deber que obrar con toda energía para devolver cuanto antes la libertad á los pueblos, y que puedan entonces expresar libre y francamente su voluntad.

Esta es la razón por la cual y o mismo marché á esta ciudad apresuradamente, buscando por todos los medios posibles, restituir á nuestras infelices comarcas la paz y el orden, y salvar al país una segunda vez de influjos extranjeros nocivos. Por el oriente salen y a las bayonetas interventoras: es, pues, necesario llegar al deseado momento, de que otros influjos armados directos ó indirectos no atenten á nuestra independencia y á la integridad de nuestra patria. Estamos en la hora suprema al presenciar que se comercia con nuestra tierra. Es por lo mismo necesario buscar con todos los remedios el término de esta crítica situación, y librar á México de toda opresión de cualquier lado que venga.

Por último, un Congreso nacional resolverá de los destinos de México en cuanto á sus instituciones y formas de gobierno; y si esta reunión no tuviese lugar porque los que la procuramos sucumbiéramos en la lucha, siempre el juicio del país nos concedería la razón, porque diría que habíamos sido los verdaderos defensores de la libertad; que nunca vendimos el territorio de la nación; que procuramos salvarla de una doble opresión interventora, y que de buena fé pusimos los medios de hacer triunfar el principio de la voluntad nacional.

Marzo 2 de 1867

Maximiliano