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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1864 Digna respuesta de Juárez a Maximiliano

28 de mayo de 1864

Usted me ha dirigido una carta confidencial fechada el 2 del presente desde la fragata Novara. La cortesía me obliga a darle una respuesta, aunque no me haya sido posible meditarla, pues como usted comprenderá, el delicado e importante cargo de presidente de la República absorbe todo mi tiempo sin descansar ni aun por las noches.

El filibusterismo francés ha puesto en peligro nuestra nacionalidad y yo, que por mis principios y mis juramentos he sido llamado a sostener la integridad de la nación, su soberanía e independencia, he tenido que multiplicar mis esfuerzos, para responder al sagrado depósito que la nación, en ejercicio de sus facultades soberanas, me ha confiado. Sin embargo, me he propuesto contestar aunque sea brevemente los puntos más importantes de su misiva.

Usted me dice que "abandonando la sucesión de un trono en Europa, su familia, sus amigos y sus propiedades y lo que es más querido para un hombre, la patria, usted y su esposa doña Carlota han venido a estas lejanas y desconocidas tierras obedeciendo solamente al llamado espontáneo de la nación, que cifra en usted la felicidad de su futuro". Realmente admiro su generosidad, pero por otra parte me ha sorprendido grandemente encontrar en su carta la frase "llamado espontáneo", pues ya había visto antes que cuando los traidores de mi país se presentaron por su cuenta en Miramar a ofrecer a usted la corona de México, con las adhesiones de nueve o 10 pueblos de la nación, usted vio en todo esto una ridícula farsa indigna de que un hombre honesto y honrado la tomara en cuenta. En respuesta a esta absurda petición, contestó usted pidiendo la expresión libre de la voluntad nacional por medio de un sufragio universal. Esto era imposible, pero era la respuesta de un hombre honorable.

Ahora cuán grande es mi asombro al verlo llegar al territorio mexicano sin que ninguna de las condiciones demandadas hayan sido cumplidas y aceptar la misma farsa de los traidores, adoptar su lenguaje, condecorar y tomar a su servicio a bandidos como Márquez y Herrán y rodear a su persona de esta peligrosa clase de la sociedad mexicana. Francamente hablando me siento muy decepcionado, pues creí y esperé que usted sería una de esas organizaciones puras que la ambición no puede corromper.

Usted me invita cordialmente a la ciudad de México, a donde usted se dirige, para que tengamos una conferencia junto con otros jefes mexicanos que se encuentran actualmente en armas, prometiéndonos todas las fuerzas necesarias para que nos escolten en nuestro viaje, empeñando su palabra de honor, su fe pública y su honor, como garantía de nuestra seguridad.

Me es imposible, señor, acudir a este llamado. Mis ocupaciones oficiales no me lo permitirán. Pero si, en el ejercicio de mis funciones públicas, pudiera yo aceptar semejante invitación, no sería suficiente garantía la fe pública, la palabra y el honor de un agente de Napoleón, de un hombre cuya seguridad se encuentra en las manos de los traidores y de un hombre que representa en este momento, la causa de uno de los signatarios del Tratado de la Soledad. Aquí, en América, sabemos demasiado bien el valor que tiene esa fe pública, esa palabra y ese honor, tanto como sabe el pueblo francés lo que valen los juramentos y las promesas de Napoleón.

Me dice usted que no duda que de esta conferencia —en caso de que yo la aceptara— resultará la paz y la felicidad de la nación mexicana y que el futuro Imperio me reservará un puesto distinguido y que se contará con el auxilio de mi talento y de mi patriotismo.

Ciertamente, señor, la historia de nuestros tiempos registra el nombre de grandes traidores que han violado sus juramentos, su palabra y sus promesas; han traicionado a su propio partido, a sus principios, a sus antecedentes y a todo lo que es más sagrado para un hombre de honor y, en todos estos casos,el traidor ha sido guiado por una vil ambición de poder y por el miserable deseo de satisfacer sus propias pasiones y aun sus propios vicios, pero el encargado actual de la presidencia de la República salió de las masas oscuras del pueblo, sucumbirá, si es éste el deseo de la Providencia, cumpliendo su deber hasta el final, correspondiendo a la esperanza de la nación que preside y satisfaciendo los dictados de su propia conciencia.

Tengo que concluir por falta de tiempo, pero agregaré una última observación. Es dado al hombre, algunas veces, atacar los derechos de los otros, apoderarse de sus bienes, amenazar la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer que las más altas virtudes parezcan crímenes y a sus propios vicios darles el lustre de la verdadera virtud.

Pero existe una cosa que no puede alcanzar ni la falsedad ni la perfidia y que es la tremenda sentencia de la historia. Ella nos juzgará.

Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia, t. 9, pp. 135-137. "La autenticidad de esta carta, fechada en Monterrey el 28 de mayo de 1864, se ha puesto en duda, pues no se ha encontrado el original ni copia de ella. No se conoce ninguna declaración directa ya sea de Juárez o de Maximiliano relativa a esta carta; ninguno de los familiares y amigos cercanos de Juárez tampoco habían hablado de ella. Ralph Roeder, con certera expresión, ha dicho de este documento lo siguiente: "Carta apócrifa en el concepto de algunos. La historia la autentifica. Psicológicamente era auténtica. Avaro de palabras el Presidente no las malgastaba, y la declaración sirvió, por lo menos, para delimitar los distintos niveles de vida que mediaban entre él y el adversario". (Ralph Roeder, Juárez y su México, vol. II, p. 661.) Como resultado de una laboriosa investigación que nos tomó más de 10 años (véase Benito Juárez..., t. 9, pp. 118-131), "consideramos valedera la hipótesis de que sí existió el intercambio de correspondencia entre Juárez y Maximiliano y que por acuerdo, probablemente propuesto por Maximiliano, se pretendió mantener en reserva la respuesta de Juárez. Por considerar que la publicación de esta carta en el New York Herald se hizo a partir del texto original, reproducimos nuestra traducción en español partiendo de la versión en inglés publicada en ese periódico".

 

_________

 

Mayo de 1864

 

DISCUTIDA CARTA DE JUÁREZ A MAXIMILIANO

 

Ha sido muy divulgada una larga carta de Juárez, respuesta a otra de Maximiliano, que se dice escribió a bordo de la fragata austríaca Novara cuando hacía el viaje de Europa a México. Existen de ella dos versiones más o menos coincidentes en su texto, con diferencia respecto a su posible fecha.

Mucho se ha escrito en torno de este documento, pues su autenticidad se ha puesto en duda. Comenzó a circular su texto a mediados de 1864 y, desde luego, aparecieron opiniones declarando apócrifo el documento. Sin embargo, no se conoce ninguna declaración directa ya sea de Juárez o de Maximiliano, en relación a esta cuestión; ninguno de los familiares de Juárez se han pronunciado en el pasado contra ella y el Sr. Pablo Prida Santacilia que es, a la fecha, el vocero de la tradición familiar, no recuerda que su abuelo, Pedro Santacilia, se hubiera referido a ella y menos dudara de su existencia.

Se la ha considerado auténtica por algunos comentaristas, tomando en cuenta el estilo, similar a varios de los documentos públicos que aparecieron en su época firmados por Juárez. Como es frecuente en escritos de esta índole, pudo intervenir parcialmente en su redacción alguna otra persona, por lo que no han faltado quienes creen encontrar en él la mano de Guillermo Prieto.

Ralph Roeder, quien con tanto cariño y acuciosidad estudió al personaje y a la época, ha dicho con certera expresión lo siguiente: "Carta apócrifa en el concepto de algunos, la Historia la autenticó. Psicológicamente era auténtica. Avaro de palabras, el Presidente no las malgastaba y la declaración sirvió, por lo menos, para delimitar los distintos niveles de vida que mediaban entre él y su adversario. Era ese el único servicio que podía prestar a Maximiliano". [1]

Nos ha tocado la dura misión de terciar en esta controversia, toda vez que en una recopilación como la que hemos venido preparando, no podíamos eliminar tan famosa carta ni eludir el estudio de su autenticidad. Comencemos, para facilitar la tarea, discutiendo la posible fecha.

Ángel Pola, en su valiosa recopilación, [2] incluye este documento considerando que fue fechado por Juárez en Monterrey el 28 de marzo de 1864 y, como se indica que contesta a una de Maximiliano escrita a bordo de la Novara el 22 del mes anterior, tendría que ser de febrero.

Estas fechas son notoriamente erróneas, como han señalado ya diversos críticos; Maximiliano estaba el 22 de febrero en Viena y todavía no tenía la Novara a su disposición, no había aceptado en definitiva el trono y aún no pensaba en trasladarse a México y menos de inmediato.

Por lo que hace a Juárez, el 28 de marzo estaba en Saltillo de regreso del penoso intento de establecer el Gobierno en Monterrey y hasta el 3 de abril llegó a radicarse por algún tiempo en la Capital neolonesa.

Por comparación con otros textos coincidentes, que sólo difieren en la fecha, creemos que Pola, al reproducir el documento, sufrió un error en su impresión, por lo que apareció en su recopilación fechada en marzo en lugar de mayo.

Agustín Rivera, en el texto de la respuesta de Juárez, tiene el 22 de abril como fecha de la carta de Maximiliano; sin embargo, comete [3] el error de anotar en la página anterior refiriéndose al 21 de abril "Carta de Maximiliano a Juárez invitándolo a aceptar el Imperio". [4]  En ninguno de los dos casos señala el origen de sus informaciones, ni la fuente del texto de la carta que reproduce.

Frederic Hall, consejero jurídico de Maximiliano, en la obra que publicó en 1868, relata lo siguiente:

"En marzo de 1864, Maximiliano, estando en Bruselas, solicitó a un caballero que fuese a México y comunicase ciertos hechos al Sr. Juárez. Con el fin de que hubiese algo más digno de crédito que simples declaraciones verbales, el Barón de Pont, consejero de Maximiliano, escribió, por orden de S. A. I., una carta a dicho caballero con fecha marzo 16 de 1864 —Bellevue Hotel, Bruselas— en la que se establecía que Maximiliano no deseaba imponerse contra la voluntad del pueblo mexicano apoyado por tropas extranjeras; que no cambiaría o establecería un sistema político de Gobierno contrario a la opinión expresa de la mayoría de los mexicanos; que pedí  al portador de la carta trasmitiese al Sr. Juárez que estaba dispuesto a encontrarse en algún lugar conveniente del suelo mexicano designado por el Sr. Juárez con objeto de discutir los asuntos de México en forma amistosa y que, sin duda, podría llegarse a una conclusión y entendimiento enteramente de acuerdo con la voluntad del pueblo. Dicho caballero fue a México, vio al Sr. Juárez, desempeñó su misión y le entregó una copia de la referida carta. El Sr. Juárez replicó que no podía aceptar ninguna entrevista con Maximiliano".

"La carta a que me refiero estaba escrita en francés y yo la leí y, a menos de que fuese una falsificación, lo que no creo, es una rotunda evidencia en favor de la buena fe de Maximiliano. No me ha sido posible verificar ningún hecho que desmintiese la honradez de sus intenciones". [5]

Hemos localizado en el Archivo de Juárez copia de la carta a que se refiere el Sr. Hall y que, escrita por el Barón de Pont, Consejero de S. A. I y R. Apostólico, como se firma, se dirigía al Gral. W. Zerman en Bruselas el 16 y cuya traducción del francés se reproduce en el volumen anterior; [6] se publicó en 1871 una traducción de Matías Romero pero en ella se omite el destinatario y el texto no es fluido, demasiado afrancesado. [7]

También en el Archivo de Juárez hemos localizado el original de la carta del Gral. Zerman a Juárez, de 19 de marzo o sea tres días después, en que relata sus conversaciones con Maximiliano y el Barón de Pont y envía la copia de la carta antes mencionada. Hemos incluido la traducción preparada por nosotros. [8]

Santibáñez la reproduce en su obra [9]  aceptándola como auténtica y Ángel Pola la acepta con ese carácter y agrega que Luis Blasio, secretario privado de Maximiliano, afirma que la carta es auténtica. Hemos revisado la obra de Blasio con todo cuidado y no aparece ninguna referencia en ese sentido.

Rafael de Zayas Enríquez da por auténtica la carta y sin ninguna base documental, afirma: "Antes de aceptar definitivamente la Corona, tuvo Maximiliano la peregrina ocurrencia de hacer que don Jesús Terán escribiese, en su nombre, una carta a Juárez, llamándolo a la conciliación. Juárez le contesta en los términos siguientes:" [10] a continuación transcribe la carta según la versión de Santibáñez.

En el volumen anterior se reprodujo el informe de Jesús Terán sobre su única entrevista con Maximiliano, que tuvo lugar en marzo y en que no se hizo mención a esta cuestión.

La carta se dio a conocer por primera vez incluida en un reportaje del corresponsal de New York Herald, fechada en México el 26 de junio de 1864, que publicó ese periódico el 15 de julio siguiente. Reproducimos a continuación el texto en inglés y la traducción al español que se hizo, cuidando de no dejarse influenciar por las versiones ya conocidas.

Según fuentes bien confrontadas, se reprodujo esta carta en algún periódico de San Francisco que no hemos podido localizar. De ahí la traduce La Opinión de Sinaloa, que la publicó el 10 de septiembre; de esa misma fuente la reproduce La Independencia de Colima, el 28 de septiembre.

Fue reproducida, probablemente, en la primera quincena de octubre en el Periódico Oficial del Gobierno de la Intervención, en Guadalajara, con algunos comentarios. Lamentablemente no hemos podido localizar esta inserción.

El Pájaro Verde toma la carta del periódico monárquico anterior y la reproduce con un comentario que titula "Una invención" en su número de 25 de octubre y que vale la pena transcribir:

"En algún periódico inglés, apareció hace tiempo una carta de don Benito Juárez al Emperador. El escrito es apócrifo y se conoce desde la fecha, pues supone al Emperador el 2 de junio escribiendo en la Novara. Siendo así que el 29 de mayo fue cuando S. M. llegó. Los periódicos de Europa no acogieron la impostura; pero en Colima y Zapotlán se apresuraron los disidentes a reproducir la supuesta carta y el Periódico Oficial de Guadalajara hace otro tanto para solazarse, dice, poniéndole notas. Tal como encontramos el impreso en el Periódico Oficial, sin omitir, las notas de sus redactores, lo trasladamos  a  nuestras columnas".

La versión que tuvo como origen el reportaje del New York Herald, no indica fecha de la carta de Juárez, pero por los comentarios equivocados de otros periódicos que toma El Pájaro Verdease deduce que se le atribuye el 28 de junio. Además, a la carta de Maximiliano se le señala el día 2 del mes anterior o sea junio. Esto no es posible porque Maximiliano ya había desembarcado e iba en camino de Orizaba a Puebla. Es posible que el corresponsal de New York Herald se hubiera equivocado al copiar incompleto el número de la fecha, omitiendo un guarismo y la verdadera fecha fuera 22; además, si su crónica la escribió el 26 de junio, necesariamente la carta de Juárez debía ser de fecha 28 de mayo, o sea, anterior a su crónica.

En el periódico La América, editado en Madrid, apareció también el 12 de agosto de 1864, una versión de la mencionada carta, que fue la que reprodujo el Gral. Manuel Santíbáñez en su obra, fechando la carta de Juárez en Monterrey el 28 de mayo y la de Maximiliano en la Novara el 22 de abril.

Nuestro dilecto amigo el Dr. Antonio Martínez Báez tuvo la gentil atención de buscar, en su reciente viaje a España, en la Biblioteca Nacional, la colección del periódico La América, e hizo fotografiar la carta atribuida a Juárez. Después de un cuidadoso cotejó con la versión de Santibáñez encontramos que este último le agregó, sin indicar la fuente, la línea "Monterrey, mayo 28 de 1864".

Para la fecha de la carta de Maximiliano se usa la misma expresión del cronista del New York Herald, o sea, el "2 del corriente", que Santibáñez sustituye por "22 del pasado".

También hay una palabra diferente: Santibáñez escribe "intervención" y en la revista española aparece "invitación" lo que parece correcto; acaso fue sólo un error de copia.

En cambio, aparecen en letras cursivas algunas palabras más, indicando que son cita de la carta de Maximiliano a Juárez.

El comentario a la carta, que lleva como firma la letra C, posiblemente Emilio Castelar, colaborador constante de esa revista, se reproduce también en este capítulo por considerarlo de gran valor.

Este mismo texto reproduce el Lie. Rafael de Zayas Enríquez en su obra premiada en el concurso literario abierto por la Comisión Nacional del Centenario de Juárez. [11] En ese mismo año reproduce el texto de Santibáñez, Ángel Pola en el volumen VIII de su obra Benito Juárez. Miscelánea, si bien equivocando la fecha como ya se explicó. [12].

Efectivamente, el 28 de mayo Juárez residía en Monterrey y el 22 de abril Maximiliano estaba a bordo de la Novara, en tránsito de Civita Vecchia a Gibraltar.

En esta versión falta un párrafo que aparece en la del corresponsal del New York Herald y que imprimiremos en cursivas para destacarla.

Esta versión, la del periódico La América, es la más difundida; Ángel Pola la reprodujo equivocándose en el mes de la carta de Juárez; error por demás explicable y frecuente en las imprentas: sustituir mayo por marzo.

La versión del corresponsal del New York Herald llegó a Colombia y en el Senado "se tomó como base, en febrero de 1865, para dictaminar favorablemente la iniciativa de rendir homenaje a Juárez.

El Republicano, periódico oficial del Estado de Chihuahua, publicó, el 22 de septiembre, el texto de la carta de Juárez; pero, pocos días después, el 5 de noviembre, hace publicar el siguiente aviso:

"UNA CONTESTACIÓN FINGIDA"

"En el número 17 de este periódico, hemos publicado un extracto de la respuesta del Presidente Juárez al Archiduque que con dicho rubro tomamos de La Opinión de Sinaloa, número 247, correspondiente al 10 de septiembre último y cuyo extracto fue hecho en San Francisco California, con fecha 30 de agosto próximo, en contestación a una carta fechada el 2 del indicado mes a bordo de la fragata Novara que, según se dice, le dirigió privadamente Maximiliano al ciudadano Presidente de la República. Con la previa autorización del Sr. Juárez, tenemos el honor de dirigirnos al público. Llamando su atención sobre esta terminante manifestación, que tiene por único y exclusivo objeto que aparezca la verdad de este hecho; pues, no es cierto que el señor Presidente de la República haya recibido carta alguna particular del Archiduque y. por consiguiente, no lo es tampoco la respuesta que se le atribuye".

Matías Romero, al transcribir al Secretario de Estado la documentación relativa al homenaje que el Congreso de Colombia hizo a Juárez, le dice el 21 de septiembre de 1865, lo siguiente:

"El único documento de este género que ha emanado del referido ex Archiduque, es una carta que el Barón de Pont, canciller de Maximiliano, dirigió desde Bruselas, con fecha 16  de marzo de 1864, a un General  mexicano   residente  en Europa,  proponiéndole  una  entrevista  con   el  Presidente   de México, de cuya carta acompaño a usted copia.

"El Presidente Constitucional de la República Mexicana a cuyo conocimiento llegó esa carta, no creyó decoroso ocuparse en contestarla, por no entrar en relaciones con un usurpador que especula con las desgracias de México. Es de notarse, sin embargo, la contradicción que hay entre lo que el ex Archiduque Fernando Maximiliano aseguraba que haría en México antes de ir a la República y lo que ha hecho, desde su llegada al territorio mexicano. Aseguraba entonces que estaba lejos de querer imponerse a los mexicanos por fuerza extranjera y contra la voluntad de los mismos y a poco ha sido enviado por el Emperador de los franceses y, desde su llegada, ha sido sostenido en los lugares que ocupa por bayonetas extranjeras. Aparentaba respetar el derecho que toda Nación independiente tiene de disponer libremente de sus destinos, mientras que ahora se ocupa en obligar al pueblo mexicano a aceptar por la fuerza de las armas una forma de Gobierno que le es absolutamente extraña y a la que ha manifestado muy claramente que nunca se someterá; expresaba entonces el deseo de tener el concurso de todas las fuerzas del país, sin distinción de partidos y el de ponerse de acuerdo con los principales hombres del partido liberal, siendo así que después se ha convertido en instrumento ciego de los franceses para exterminar por medio de cortes marciales a todos los patriotas mexicanos que se creen en el deber de tomar las armas en defensa de la independencia de su Patria". [14]

Es raro que se comente un documento falso ¿Por qué lo discute Romero, como si fuera auténtica la carta?

Hay, por lo tanto, una serie de hechos contradictorios que conviene examinar. Comenzaremos por estudiar la posibilidad de que Maximiliano haya escrito la carta el 22 de abril y de que Juárez la hubiera contestado el 28 de mayo.

Según nuestras búsquedas, podemos reconstruir los movimientos de Maximiliano durante los primeros meses de 1864, tal como se presentan en la tabla siguiente:

Desde principio del año hasta 10 de febrero, permaneció en Miramar,

12 de febrero estuvo en Viena.
27 de febrero en Bruselas,
5 de marzo en París,
12 de marzo en París,
16 de marzo en Bruselas,
19 de marzo en Viena,
22 de marzo en Viena,
24 de marzo en Miramar,
1º de abril en Miramar,
8 de abril en Miramar,
9 de abril en  Miramar,
14 de abril se embarca en Trieste,
18 de abril llega a Civita Veccbia,
19 y 20 de abril en Roma,
21 de abril salida de Civita Vecchia,
24 de abril pasó por Gibraltar,
28 de mayo llegó a Veracruz.

El portador de la comunicación pudo en Gibraltar desembarcar, pasar a un puerto español y abordar una embarcación para La Habana, de donde tenía la opción de seguir dos rutas, pues había comunicación para ambas: Sea para Matamoros, Tamps. o para Veracruz; continuar y llegar a Monterrey alrededor del 25 de mayo. Consideramos posible este tiempo de recorrido entre España y Veracruz, si tomamos en cuenta que normalmente e\ tiempo de recorrido de un barco de carga y pasaje, "paquete" como normalmente se le llamaba, era de tres semanas; de suerte que no había imposibilidad de que el mensajero hubiera llegado a Veracruz o a Tampico, alrededor del 15 de mayo y que empleara una semana para llegar a Monterrey.

Creemos, por lo tanto, que de haberse escrito la carta el 22 de abril, pudo llegar a manos de Juárez dos o tres días antes del 28 de mayo; por supuesto, pensando que el emisario fuera un mensajero diligente.

Examinaremos ahora, si fue posible que Maximiliano escribiera la carta.

Hemos ya señalado que en Bruselas, Maximiliano, por conducto del Barón de Pont, propuso a Juárez, a través del Gral, William Zerman, tener una entrevista; también, por la carta de este último a Juárez de 9 de mayo, puede deducirse que tuvo posteriormente dos entrevistas más de las que informó a Juárez en comunicación del 12 de abril, que no hemos localizado.

Obsérvese que no se trata de las mismas entrevistas que relata en su carta del 19 de marzo; en éstas Maximiliano es el que habla y Zerman dice a Juárez "me convenció que no desea otra cosa sino establecer en su país una Monarquía constitucional, reuniendo a todos los partidos progresistas".

En cambio, en las dos últimas entrevistas a que se refiere la carta del 9 de mayo, Zerman dice: "Hablé a S. A. de la verdadera condición del sentimiento nacional en México"... menciona además la renuncia condicionada al trono de Austria o sea que esas entrevistas deben haberse celebrado antes del 9 de abril.

También refiere Zerman que Jesús Terán ha entrevistado a Maximiliano y "confirmado enteramente todo lo que le he dicho". Efectivamente, Terán liego a Viena el 2 de marzo y entrevistó a Maximiliano al día siguiente. A su llegada envió al Archiduque la siguiente nota escrita en español:

"El que suscribe, mexicano admitido a una audiencia del Señor Archiduque Maximiliano de Austria, tiene el honor de poner en conocimiento de S. A. I. que ha llegado a esta ciudad y está dispuesto a presentársele a la hora que S. A. se sirva  designarle".

El lector podrá apreciar que ni Zerman ni Terán hablan de haber sido conductos de carta alguna para Juárez; sólo Terán menciona la insistencia de Maximiliano de entenderse con Juárez y de mantener una conversación con él.

Juárez debe haberse enterado de la publicación de la carta que se le atribuía y, sin embargo, no hizo, bajo su firma, declaración alguna desautorizándola; sólo y en forma tímida, El Republicano de Chihuahua publicó una rectificación en que se desmiente la autenticidad de ese documento "con la previa autorización del Sr. Juárez".

Nos llama la atención que, en cambio, ante la publicación de la biografía que Antonio Zerecero preparó, envía inmediatamente a Romero una amplia carta rectificando dos pasajes interesantes, pero no fundamentales, de su vida, de menor importancia frente a la autenticidad de la carta que comentamos.

Es más, al discutirse en el Senado de Colombia la moción de que se rinda un "tributo de homenaje de admiración al héroe republicano de México, al Sr. Benito Juárez"... se presentan varios argumentos y, como único documento, el texto de la carta a Maximiliano. Ésta es una traducción del texto del New York Herald. Conociendo la rectitud y rigidez de Juárez, sorprende que al contestar al Gobierno de Colombia el decreto honrándole y la documentación anexa, no haya hecho rectificación alguna.

A su vez, no cabe duda que Maximiliano tuvo que conocer la versión de la carta, pues se publicó en la ciudad de México cuando ya radicaba en ella.

Hemos revisado con el mayor cuidado los archivos de Juárez y de Maximiliano sin encontrar ningún documento que haga alusión a la mencionada carta, ni que rectifique su existencia.

La amplia difusión de ella, en vida de Juárez y de Maximiliano, la falta de rectificación directa de ellos, la posibilidad cronológica de haber sido escrita, como ya analizamos y el propósito de Maximiliano de tener una entrevista con Juárez, todo ello nos hace considerar la hipótesis de que sí existió el intercambio de correspondencia y que por acuerdo, probablemente propuesto por Maximiliano, se pretendió mantener en reserva la respuesta de Juárez que fue la que se divulgó, precisamente a partir de fuente imperial o sea que la indiscreción partió de quienes rodeaban a Maximiliano.

Maximiliano, que resultaba mal tratado en la carta, tuvo interés en aparentar ignorarla, sin atreverse a desmentirla.

Juárez, probablemente, destruyó la carta de Maximiliano y la minuta de la suya; respetuoso de lo convenido, nunca la comentó directamente, ni aceptándola ni desmintiéndola.

Para mejor comprensión del lector, se presenta a continuación la secuencia cronológica de una serie de hechos que pudieron tener relación con la discusión sobre la autenticidad de la carta de Juárez a Maximiliano.

1864

Febrero 22.—Carta de Maximiliano a Juárez, según Pola.
Marzo 3.—Entrevista de Terán con Maximiliano en Viena.
Marzo 16.—Carta del Barón de Pont al Gral. Zerman, fechada en Bruselas.
Marzo 19.—Carta de Zerman a Juárez; comenta que Maximiliano desea un entendimiento y conversación.
Marzo 28.—Carta de Juárez a Maximiliano, según Pola, fechada en Monterrey.
Abril 3.— Llega Juárez a Monterrey.
Abril 21.—Carta de Maximiliano a Juárez, según Rivera.
Abril 22.—Carta de Maximiliano a Juárez, según versión corregida de Pola.
Abril 24.—Pasó Maximiliano por Gibraltar.
Mayo 2.—Fecha de la carta de Maximiliano, según New York Herald.
Mayo 17.—Llegada a la Martinica.
Mayo 28.—Llegada de Maximiliano a Veracruz.
Mayo 28.—Fecha de la carta de Juárez, según Agustín Rivera y Santibáñez.
Junio 26.—Crónica del corresponsal del New York Herald, en México.
Julio 15.—Publicación de la crónica anterior en Netv York Herald.
Agosto 12.—El periódico La América de Madrid, publica la carta atribuida a Juárez.
Septiembre 10.—La Opinión de Sinaloa. Traducción hecha en San Francisco el 30 de agosto.
Septiembre 28.—La Independencia de Colima. Traducción hecha en San Francisco el 30 de agosto.
Octubre 25.—La reproduce El Pájaro Verde, tomada del Periódico Oficial de Guadalajara. La considera de fecha 28 de junio y la de Maximiliano a Juárez de 2 de junio.
Noviembre 5.—Diario Oficial del Gobierno de Chihuahua; desmiente, con autorización de Juárez, la existencia de esas cartas.

 

1865

Febrero 27.—Dictamen del Senado de Colombia honrando a Juárez. Cita párrafos de la carta de Juárez a Maximiliano.
Septiembre 21.—Matías Romero insiste en nota a Seward sobre la no autenticidad de la carta.

Notas:
1 Ralph   Roeder.   Juárez  y   su   México.   Vol.   II,   1ª   Ed.   México,   1952. Pág. 661.
2 Ángel Pola. Biblioteca Reformista. Vol. III. Miscelánea. Págs. 365 y sgts.
3 Agustín Rivera. Anales Mexicanos- La Reforma y el Segundo Imperio. Lagos, 1891. Pág. 182.
4 Agustín Rivera. Ob. cit. Pág. 181.
5 J Frederic Hall. Life of Maximilian, Late Emperor of México. New York, 1868. Págs. 28 y 29. Traducción de Rosa López Portillo de Franco.
6 Tomo 8 de esta obra. Pág. 779.
7 Correspondencia de la Legación mexicana en Washington, durante la Intervención extranjera. Vol. V. Págs. 648 y 649.
8 Tomo 8 de esta obra. Pág. 782 y 783.
9 Reseña histórica del Cuerpo de Ejército de Oriente. México, 1892. Apéndice. Pág. 3.
10 Rafael  de Zayas  Enríquez. Benito  Juárez.  Su  vida. Su  obra. Pág.  195.
11 Benito Juárez. Su vida. Su obra, México, 1906. Pág. 195.
12 Ángel Pola. Benito Juárez. Miscelánea. Ob. cit. Págs. 365 y sgts.

14 Carta de Matías Romero a William Seward, septiembre 21 de 1865. Correspondencia de la Legación Mexicana en Washington durante la Intervención extranjera.   1860-1868.  México, 1871. Yol. V.  Págs.  647 y 648.

[…]

 

LA CARTA DE JUÁREZ SEGÚN NEW YORK HERALD.

Nuestra versión en español

 

Respetable señor:

Usted me ha dirigido una carta confidencial fechada el 2 del presente desde la fragata Novara. La cortesía me obliga a darle una respuesta, aunque no me haya sido posible meditarla, pues como usted comprenderá, el delicado e importante cargo de Presidente de la República absorbe todo mi tiempo sin descansar ni aun por las noches.

El filibusterismo francés ha puesto en peligro nuestra nacionalidad y yo, que por mis principios y mis juramentos he sido llamado a sostener la integridad de la Nación, su soberanía e independencia, he tenido que multiplicar mis esfuerzos para responder al sagrado depósito que la Nación, en el ejercicio de sus facultades soberanas, me ha confiado. Sin embargo, me he propuesto contestar aunque sea brevemente los puntos más importantes de su misiva.

Usted me dice que "abandonando la sucesión de un trono en Europa, su familia, sus amigos y sus propiedades y lo que es más querido para un hombre, la Patria, usted y su esposa dona Carlota han venido a estas lejanas y desconocidas tierras obedeciendo solamente al llamado espontáneo de la Nación, que cifra en usted la felicidad de su futuro". Realmente admiro su generosidad, pero por otra parte me ha sorprendido grandemente encontrar en su carta la frase "llamado espontáneo", pues ya había visto antes que cuando los traidores de mi país se presentaron por su cuenta en Miramar a ofrecer a usted la Corona de México con las adhesiones de nueve o diez pueblos de la Nación, usted vio en todo esto una ridícula farsa indigna de que un hombre honesto y honrado la tomara en cuenta. En respuesta a esta absurda petición, contestó usted pidiendo la expresión libre de la voluntad nacional por medio de un sufragio universal. Esto era imposible, pero era la respuesta de un hombre honorable.

Ahora cuán grande es mi asombro al verlo llegar al territorio mexicano sin que ninguna de las condiciones demandadas hayan sido cumplidas y aceptar la misma farsa de los traidores, adoptar su lenguaje, condecorar y tomar a su servicio a bandidos como Márquez y Herrán y rodear a su persona de esta peligrosa clase de la sociedad mexicana. Francamente hablando me siento muy decepcionado, pues creí y esperé que usted sería una de esas organizaciones puras que la ambición no puede corromper.

Usted me invita cordialmente a la ciudad de México, a donde usted se dirige, para que tengamos una conferencia junto con otros jefes mexicanos que se encuentran actualmente en armas, prometiéndonos todas las fuerzas necesarias para que nos escolten en nuestro viaje, empeñando su palabra de honor, su fe pública y su honor, como garantía de nuestra seguridad.

Me es imposible, Señor, acudir a este llamado. Mis ocupaciones oficiales no me lo permitirán. Pero si, en el ejercicio de mis funciones públicas, pudiera yo aceptar semejante invitación, no sería suficiente garantía la fe pública, la palabra y el honor de un agente de Napoleón, de un hombre cuya seguridad se encuentra en las manos de los traidores y de un hombre que representa, en este momento, la causa de uno de los signatarios del Tratado de la Soledad. Aquí, en América, sabemos demasiado bien el valor que tiene esa fe pública, esa palabra y ese honor, tanto como sabe el pueblo francés lo que valen los juramentos y las promesas de Napoleón.

Me dice usted que no duda que de esta conferencia —en caso de que yo la aceptara— resultará la paz y la felicidad de la Nación mexicana y que el futuro Imperio me reservará un puesto distinguido y que se contará con el auxilio de mi talento y de mi patriotismo.

Ciertamente, Señor, la historia de nuestros tiempos registra el nombre de grandes traidores que han violado sus juramentos, su palabra y sus promesas; han traicionado a su propio partido, a sus principios, a sus antecedentes y a todo lo que es más sagrado para un hombre de honor y, en todos estos casos, el traidor ha sido guiado por una vil ambición de poder y por el miserable deseo de satisfacer sus propias pasiones y aun sus propios vicios, pero el encargado actual de la Presidencia de la República, salido de las masas obscuras del pueblo, sucumbirá si es éste el deseo de la Providencia, cumpliendo su deber hasta el final, correspondiendo a la esperanza de la Nación que preside y satisfaciendo los dictados de su propia conciencia.

Tengo que concluir por falta de tiempo, pero agregaré una última observación. Es dado al hombre, algunas veces, atacar los derechos de los otros, apoderarse de sus bienes, amenazar la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer que las más altas virtudes parezcan crímenes y a sus propios vicios darles el lustre de la verdadera virtud.

Pero existe una cosa que no puede alcanzar ni la falsedad ni la perfidia y que es la tremenda sentencia de la historia. Ella nos juzgará.

Soy de usted, etc., etc.

Benito Juárez

 

 

LA CARTA DE JUÁREZ SEGÚN EL PERIÓDICO OFICIAL DE LOS IMPERIALES DE GUADALAJARA

 

Respetable  Señor:

Me habéis dirigido privadamente una carta, fechada el 2 del corriente a bordo de la fragata Novara y mi carácter de persona cortés y respetable(a) me impone la obligación de contestarla, aunque muy de prisa y sin meditación, (b)  pues, como debéis suponer, el importante y delicado cargo de Presidente de la República absorbe todo mi tiempo y no me deja solaz ni aun de noche.(c)

El francés está buscando minar y destruir nuestra nacionalidad y yo, que por mis principios y mi juramento soy el llamado a sostener la integridad nacional, su soberanía y su independencia (d) tengo que trabajar con mucha actividad, multiplicando mis esfuerzos, a fin de corresponder al sagrado depósito que la Nación, ejerciendo sus facultades soberanas, me ha confiado. Esto no obstante, me propongo contestar, aunque muy brevemente, los puntos más importantes de vuestra carta. (e)

Me decís que "abandonando la sucesión de un trono en Europa, abandonando vuestra familia y vuestros amigos, vuestras propiedades y lo más caro al hombre, vuestro país, habéis venido con vuestra Esposa Doña Carlota a tierras distantes y no conocidas, sólo por obedecer al llamamiento espontáneo de una Nación que fija en vos la felicidad de su porvenir." Admiro hasta cierto punto toda vuestra generosidad pero me sorprende mucho encontrar en vuestra carta la frase "llamamiento espontáneo" pues yo había visto antes que cuando los traidores de mi país se presentaron bajo su propia autoridad en Miramar a ofreceros la Corona de México con algunas actas de nueve a diez ciudades de la Nación, no percibisteis en eso sino una farsa ridícula, (f) indigna de la seria consideración de un hombre honrado y decente. En contestación a tal absurdo, exigisteis la expresión libre de la voluntad nacional, como resultado del sufragio universal. Esto era pedir una imposibilidad, pero era el justo deber de un hombre honorable hacerlo. ¡Cuán grande pues, debe ser mi sorpresa, al veros venir al territorio mexicano, sin que se haya cumplido alguna de las condiciones!(g) ¿Cómo no he de maravillarme al veros aceptar la misma farsa de los traidores, adoptar su lenguaje, condecorar y tomar en vuestro servicio bandidos como... y rodear vuestra persona con esta ciase peligrosa de la sociedad mexicana?(h) Hablando francamente, me he engañado mucho(i) porque creía y esperaba que erais una de esas organizaciones puras que la ambición no puede corromper. (j)

 

Me invitáis cordialmente a que vaya a México, adonde os dirigís, a fin de que celebremos una conferencia en unión de otros jefes mexicanos, armados hoy, prometiéndonos las fuerzas necesarias para nuestra escolta durante el viaje y empeñando, como fianza y garantía, vuestra palabra, vuestra fe pública y vuestro honor. Es imposible, Señor, que acceda a esta instancia, porque mis ocupaciones oficiales no me lo permiten.(k) Pero si, ejerciendo mis funciones públicas pudiera aceptar tal invitación, no sería suficiente la fe pública, la palabra de honor de un agente de Napoleón...   de un hombre cuya seguridad está confiada a los mexicanos... y que en este momento representa la causa de uno de los que firmaron el Tratado de la Soledad. Conocemos demasiado bien en América el valor de esa fe pública,(l) de esa palabra y de ese honor, justamente como sabe el pueblo francés lo que valen los juramentos y promesas de un...

También decís que, de la conferencia —si yo acepto— no dudáis que resulte la paz y en ella la felicidad de la Nación mexicana; que colocándose el Imperio en un lugar de honor distinguido, contaría en lo futuro con mi talento y mi patriotismo para el bien general.(m) Es indisputable, Señor, que la historia de nuestros tiempos registra los nombres de grandes traidores, que han hecho traición a sus juramentos, a sus palabras y a sus promesas, que han sido falsos a su propio partido y principios, aun a sus antecedentes y a lo más sagrado para el hombre de honor; cierto también que en todos estos casos de traición el traidor ha sido guiado por la vil ambición de mando y el deseo miserable de satisfacer sus pasiones y aun vicios(n) pero un hombre a quien está confiado el cargo de Presidente de la República, saliendo cerno ha salido de las oscuras masas del pueblo,(o) sucumbirá si así lo decreta la sabiduría de la Providencia (p) desempeñando su deber hasta lo último, correspondiendo a las esperanzas de la Nación que preside y satisfaciendo las aspiraciones de su propia conciencia. (q)

La falta de tiempo me obliga a concluir y sólo añadiré una observación.(r) Al hombre le es dado a veces atacar los derechos de otro, apoderarse de sus propiedades, amenazar las vidas de los que se atreven a defender su nacionalidad, hacer aparecer las más esclarecidas virtudes como crímenes y hacer resplandecer sus vicios como virtudes. Pero hay una cosa que está fuera del alcance de los falsos y perversos y esa es la sentencia tremenda de la historia. Ella nos juzgará.(s)

Soy etc...

Benito Juárez

 

Nota: Las notas a este documento fueron puestas por los redactores de ese periódico y se reproducen como parte del mismo.

a Si él mismo no se lo dice, los suyos no muestran intenciones de concederle esa respetabilidad.
b Si no medita en semejantes casos ¿cuándo meditará?
c Es mucho lo abrumado que lo tiene la Presidencia de una República, que ya no tenía más de dos o tres Estados ¿qué sería cuando tenía 20 tantos? No parece sino que la ocupación y la prisa que no le dejaba meditar la causaban el ensillar el rocín para emigrar más adelante, según lo que después se declara.
d Desdichados de los mexicanos si no tuviéramos otra esperanza. El Tratado MacLane-Ocampo lo está demostrando.
e Es mucho el trabajo que abruma a don Benito, quizás se acercaba el Gral. Mejía y estaba levantando sus aduares.
f Ridícula la  farsa del Gobierno juarista empeñado en que la Nación le ha confiado sus facultades soberanas, cuando de todas parles lo repelen y manifiestan su adhesión al Imperio; lo prueban hasta los pretextos de los sangrientos excesos que mandaban  hacer sus agentes,  Zacoalco  por  ejemplo.
s ¡Mentira! Como otras muchas ¿qué no sabrá leer don Benito o su camarilla lo tendrá tan guardado que no llegan a sus oídos las adhesiones de todas partes?
h ¿Qué distintas son esas personas tan respetables, a los que entran a Mascota y a Zacoalco?
i  Siempre os  estáis  engañando,  don  Benito.
i Quizá alude a la suya, por no tener ambición no quiere soltar la polla, mientras ponga los huevos de oro.
k Tenéis mucho miedo, don Benito, éstas son vuestras ocupaciones oficiales.
l Cada uno juzga  por sí mismo a los demás.
m Aquí se contoneó don Benito, se estiró el cuello de la camisa y no se retorció los bigotes, no más por qué no los tiene.
n Cualquiera creería  que estas alusiones se dirigen  a  los  disidentes.
o Éste  es  vuestro único  timbre.
p Así lo esperamos en  ella.
q Si la conciencia está en su  interés  pase.
r Torna, la falta de tiempo: no corra V. S., don Benito; ¡espere usted hombre!
s Dios os pedirá cuenta de lo mucho que nos habéis mortificado y la historia lo  dirá  con  otras cosas  más  que  harán  más  obscuro  vuestro  blasón.

 

 

 

LA CARTA DE JUÁREZ SEGÚN LA AMÉRICA (15)

 

 

(Monterrey, mayo 28 de 1864).

Muy respetable señor:

Me dirige usted particularmente su carta del 2 del corriente, fechada a bordo de la fragata Novara, y mi calidad de hombre cortés y político me impone la obligación de contestarla, aunque muy de prisa y sin una redacción meditada, porque ya debe usted suponer que el delicado e importante cargo de Presidente de la República, absorbe casi todo mi tiempo, sin dejarme descansar de noche. Se trata de poner en peligro nuestra nacionalidad y yo, "que por mis principios y juramentos soy el llamado a sostener la integridad nacional", la soberanía y la independencia, tengo que trabajar activamente, multiplicando mis esfuerzos para corresponder al depósito sagrado que la Nación, en el ejercicio de sus facultades, me ha confiado; sin embargo me propongo, aunque ligeramente, contestar los puntos más importantes de su citada carta.

Me dice usted que, abandonando la. sucesión de un trono de Europa, abandonando su familia, sus amigos, sus bienes y lo más caro para el hombre, su Patria, se han venido usted y su esposa doña Carlota, a tierras lejanas y desconocidas, sólo por corresponder al llamamiento espontáneo que le hace un pueblo que cifra en usted la felicidad de su porvenir. Admiro positivamente, por una parte, toda su generosidad y, por otra parte, ha sido verdaderamente grande mi sorpresa al encontrar en su carta la frase: "llamamiento espontáneo", porque ya yo había visto antes, que cuando los traidores de mi Patria se presentaron en comisión por sí mismos, en Miramar, ofreciendo a usted la corona de México, con varias cartas de nueve o diez poblaciones de la Nación, usted no vio en todo eso más que una farsa ridícula, indigna de ser considerada seriamente por un hombre honrado y decente.

Contestó usted a todo eso exigiendo una voluntad libremente manifestada por la Nación y como resultado de sufragio universal: esto era exigir una imposibilidad, pero era una exigencia propia de un hombre honrado. ¿Cómo no he de admirarme ahora viéndole venir al territorio mexicano sin que se haya adelantado nada respecto de las condiciones impuestas? ¿Cómo no he de admirarme viéndole aceptar ahora las ofertas de los perjuros y aceptar su lenguaje, condecorar y poner a su servicio a hombres como Márquez y Herrán y rodearse de toda esa parte dañada de la sociedad mexicana?

Yo he sufrido, francamente, una decepción; yo creía a usted una de esas organizaciones puras, que la ambición no alcanzaría a corromper.

Me invita usted a que venga a México, ciudad donde usted se dirige, a fin de que celebremos allí una conferencia, en la que tendrán participación otros jefes mexicanos que están en armas, prometiéndonos a todos las fuerzas necesarias para que nos escolten en el tránsito y empeñando como seguridad y garantía su fe pública, su palabra su honor. Imposible me es, señor, atender a ese llamamiento: mis ocupaciones nacionales no me lo permiten; pero si en el ejercicio de mis funciones públicas yo debiera aceptar tal invitación, no serán suficiente garantía, la fe pública, la palabra y el honor de un agente de Napoleón, de un hombre que se apoya en esos afrancesados de la Nación mexicana y del hombre que representa hoy, la causa de una de las partes que firmaron el Tratado de Soledad.

. . . . . . . . . . . . . . . .

Me dice usted que dé la conferencia que tengamos, en el caso de que yo la acepte, no duda que resultará la paz y con ella la felicidad del pueblo mexicano; y que el Imperio contará, en adelante, colocándome en un puesto distinguido, con el servicio de mis luces y el apoyo de mi patriotismo. Es cierto, señor, que la historia contemporánea registra el nombre de grandes traidores que han violado sus juramentos y sus promesas, que han faltado a su propio partido, a sus antecedentes y a todo lo que hay de sagrado para el hombre honrado; que en estas traiciones, el traidor ha sido guiado por una torpe ambición de mando y un vil deseo de satisfacer sus propias pasiones y aun sus mismos vicios; pero el encargado actualmente de la Presidencia de la República, salido de las masas oscuras del pueblo, sucumbirá —si en los juicios de la Providencia está determinado que sucumba— cumpliendo con un juramento, correspondiendo a las esperanzas de la Nación que preside y satisfaciendo las inspiraciones de su conciencia.

Tengo necesidad de concluir por falta de tiempo y agregaré sólo una observación. Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios propios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad y es el fallo tremendo de la historia. Elia nos juzgará.

Soy de usted atento seguro servidor.

Benito Juárez

 

COMENTARIO DEL PERIÓDICO LA AMÉRICA

El agradecido cliente de Napoleón III ha escrito una carta al Presidente Juárez, de cuyo contenido podernos juzgar por la contestación que éste le ha dado y que insertamos en otro lugar. ¿Qué lógico encadenamiento de ideas ha podido conducir a Maximiliano, descendiente de reyes y emperadores, a entablar correspondencia con un oscuro hijo del pueblo, ilustrado por sus hechos personales? Ensayemos adivinarlo.

Maximiliano vivía en Miramar, considerado como un Príncipe digno, ilustrado, a la altura del siglo XIX, incapaz de prestarse a nada que fuera dudosamente digno de asociar a ello su nombre. Así sería quizá, pero el demonio tentador puso ante sus ojos un trono y víctima de repentina ambición cayó del pedestal en que la opinión de Europa le tenía colocado.

Aceptó una soberanía usurpada, un Imperio basado en sangre; pero vio todavía delante de sí la imponente figura del Presidente Juárez, perseverante en la adversidad, en lucha con los soldados de Napoleón y con la defección de algunos traidores mexicanos, dispuesto a no perder sino con la vida la autoridad que el pueblo le ha confiado. Tal enemigo no era despreciable y Maximiliano debió decirse que puesto que él, descendiente de reyes, se había dejado seducir por un trono, Juárez, descendiente de unos pobres indios, podría contentarse con menos. Pero las almas honradas no admiten indecorosas transacciones. Juárez rechaza con indignación las ofertas de su adversario y con las nobles frases de su carta coloca en el lugar que le corresponde al seductor engañado en sus esperanzas, al Magistrado Supremo incorruptible en medio de la adversidad.

No todos son en México Almontes y Márquez. El llamado Emperador y sus parciales lo irán aprendiendo. También a Doblado y a Uraga han pretendido mancharlos con negros rumores de traición a Juárez y adhesión al nuevo orden de cosas; pero Uraga y Doblado continúan fieles al Presidente y a la defensa de los grandes intereses de su patria.

Los tiempos que corremos son de cartas; pero hay cartas de cartas. Maximiliano ha escrito también a su querido Ministro Velázquez de León encargándole la erección de un monumento a los mártires de la independencia mexicana. ¡A tanto llega la ironía, que hallándose Maximiliano en México sostenido por bayonetas francesas, levanta monumentos a los mexicanos independientes!

También la Princesa Clotilde [16] ha escrito otra carta a su querida señora la esposa de Almonte dándole las gracias por el regalo de un precioso tocador. ¡Algo se va ganando con el viaje a México para cuando ocurra la vuelta a Europa!

Nuestros lectores se admirarán de que un Soberano se entretenga en entablar correspondencia con un querido Ministro que diariamente recibe órdenes personal y directamente de su boca imperial. Es una importación francesa en México de la escuela del gran muñidor establecido en París. También Napoleón III ha escrito una carta a su querido Ministro el Mariscal Vaillant encargándole por lo más sagrado que el teatro de la Ópera que se está construyendo en París y que vendrá a costar a Francia la friolera de unos cuatrocientos millones de reales, no se halle concluido antes que el Hospital, asilo del dolor, que se edifica por cuenta de la Villa de París. Es verdad que los trabajos del teatro de la Ópera iban a ser suspendidos por falta de dinero; que esto lo sabía el Emperador y que su recomendación era inútil; pero era preciso escribir la carta y dar un golpe teatral, nunca más oportuno que ahora que se trataba de un teatro. ¡Cuánta pequeñez! O como decía Julio Favre, ¡cuánto miserable expediente!

c

(Emilio Castelar)

 

Notas:

15 La tomó el Gral. Manuel Santibáñez, Rafael de Zayas Enríquez, Agustín Rivera y Ángel Pola; este último equivocó al fecharla en marzo, en lugar de mayo.
16 Probablemente sea un error:  debe ser Carlota.

 

 

 

 

 

Presidencia de la República en conmemoración del Primer Centenario del fallecimiento de Benito Juárez. Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia. [Selección y notas de Jorge L. Tamayo]. México. Editorial Libros de México, S. A. Segunda edición, 1974. Vol. 9, pp. 119-143