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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1864 Orden del ministro de Hacienda José María Iglesias al gobernador Santiago Vidaurri para que deje de usar las rentas federales y otros textos relacionados con la rebelión y traición de Vidaurri.

Saltillo, enero 20 de 1864.

 

 

Ciudadano gobernador del estado de Nuevo León y Coahuila
Monterrey

Los graves acontecimientos ocurridos últimamente, han acabado de destruir la ya escasa fuente de recursos con que estaba el supremo gobierno atendiendo a los gastos más urgentes de la administración pública.

A no ser por tal circunstancia, no se haría alteración alguna respecto de las rentas federales de que ha estado disponiendo libremente ese gobierno; pero la imperiosa necesidad de no seguir careciendo por más tiempo de esos fondos, hace indispensable que vuelvan a ser percibidos por la tesorería general de la nación.

En consecuencia de lo expuesto, el ciudadano presidente ha tenido a bien disponer que, tanto los productos de la aduana de Piedras Negras como todos los demás que deban colectarse en este estado de Nuevo León y Coahuila, pertenecientes al erario federal, queden desde luego a disposición de éste, para que puedan percibirlos sin dificultad alguna.

El gobierno se propone cubrir las preferentes atenciones del servicio público y hacer a la vez cuanto le sea posible en auxilio de este estado, por cuyo bienestar y prosperidad tiene el más vivo interés.

Excusado es encarecer al patriotismo e ilustración de usted, la notoria importancia de quedar fielmente cumplida la suprema disposición que tengo el honor de comunicarle, reiterándole con tal motivo las seguridades de mi consideración y aprecio.

Independencia y Libertad.

Saltillo, enero 20 de 1864.

(José María) Iglesias

 

Iglesias reitera la orden a Vidaurri.

Saltillo, enero 28 de 1864.

Señor don Santiago Vidaurri

Muy estimado señor mío:

Por la apreciable de usted de 24 del corriente, me he impuesto con sentimiento de las dificultades que presenta para que sea cumplida la orden sobre rentas federales, así como de las observaciones que hace sobre el remedio de la actual situación política del país. Respecto de ambos puntos, me es forzoso entrar en algunas breves explicaciones.

Si el pensamiento salvador a que usted alude consiste, como parece claro, en la separación del señor Juárez de la presidencia y en la adopción de una política distinta de la que se ha seguido hasta aquí en la cuestión extranjera, mi opinión es enteramente contraria, pues creo, por muchas y muy poderosas razones que sería prolijo enumerar aquí, que la variación indicada no haría otra cosa que ponernos de peor condición, bajo todos aspectos.

Considerando que a Nuevo León y Coahuila no deben faltarle los elementos necesarios para ser estado sin que se aplique las rentas generales, no puedo convenir en que su ruina dependa de que el gobierno recobre lo que le pertenece.

No hay que olvidar, por otra parte, que el mismo gobierno ha llegado ya por desgracia a un estado tal de penuria, que no le es posible seguir careciendo de los muy pocos fondos propios que le quedan. Invertirlos en sus más urgentes atenciones, cuidando a la vez de proporcionar al estado en que reside cuantos auxilios le fueren dables, es el único programa realizable en las presentes circunstancias.

Si Nuevo León y Coahuila se encuentran en mal estado a pesar de haber conservado los inapreciables beneficios del orden y la paz, a la consideración de usted dejo los perjuicios resentidos por la república entera y por el gobierno que la representa, después de tanto tiempo de estar envuelta en una guerra a la vez extranjera y civil.

De esperarse es, señor gobernador que, reflexionando usted maduramente en el asunto, se convenza de que el gobierno en nada se excede con disponer de lo suyo y, cuando obra a impulsos de una necesidad imperiosísima, es de todo punto imposible la derogación de una orden que no se dictó sino después de calcular todas sus consecuencias.

Muy patrióticas son las indicaciones de usted sobre arreglar lo de Matamoros, aprovechar sus recursos, desterrar la dilapidación, comprar armamento y organizar tropas.

El gobierno abunda en esas ideas; mas, cabalmente, para realizarlas necesita fondos y por eso quiere contar con los únicos que conserva.

Por otra parte, las mismas razones que obran para que el gobierno perciba en Tamaulipas las rentas generales, existen para que otro tanto haga en Nuevo León y Coahuila y las mismas razones que usted alega para oponerse a esta disposición, pudiera alegar Tamaulipas.

Generalizándose esta conducta en los estados, vendríamos a parar en que el gobierno no contaría en ninguna parte con los recursos que le corresponden.

Ya usted comprenderá que no es posible pasar por semejante resultado.

Aprovecho esta oportunidad para ofrecerme a las órdenes de usted, como su muy atento servidor que besa su mano.

José María Iglesias

 

Informe sobre los manejos de Vidaurri y Milmo en el comercio con Texas.

Monterrey, enero 29 de 1864.

Sr. don Pedro Santacilia
Saltillo

Mi muy querido y recordado amigo:

Cuando en días pasados indiqué a usted que probablemente visitaría al señor presidente y que esperaba obtener el apoyo y recomendación de usted sobre un asunto puramente comercial, lo hice en la esperanza de que las desavenencias ocurridas en Matamoros se hubiesen arreglado de un modo satisfactorio para el gobierno general.

Mi intención era –y aún es- llevar el comercio que Texas ha tenido con el estado de Nuevo León al de Tamaulipas.

Las razones que nos asisten para llevar a cabo esa determinación son poderosas.

Yo supongo que usted sabe ya que el Sr. Milmo -yerno del Sr. Vidaurri- ha cometido, a la sombra de su suegro, tropelías inauditas no sólo contra los intereses del estado de Texas, sino abiertamente contra comerciantes extranjeros e individuos particulares.

Después de haber realizado con nuestro comercio una suma fabulosa, ha embargado -en pago de la cantidad de $ 54,000, que reclama por cierto contrato de harina- 15’000,000 de papel confederado y 2,120 pacas de algodón.

No ha habido citación de partes, procedimiento judicial, sentencia, ni auto interlocutorio o final, como previenen las leyes del país. Sólo la voluntad del Sr. Milmo, la complacencia del Sr. Vidaurri y la entera sumisión del alcalde 1° (primero) de Piedras Negras a los mandatos de aquéllos.

Aquí diré de paso que el dicho Alcalde, como funcionario civil y obrando en su esfera política, no tiene jurisdicción ni autoridad para decidir sobre los derechos de las partes interesadas en el negocio.

En Texas, por lo pronto, y como medida de represalia, se ha prohibido la exportación de los algodones y detenido todos los bienes muebles pertenecientes a ciudadanos de este estado.

Pero eso no es todo.

No será difícil que si el Sr. Vidaurri sigue en su ciega obstinación, permitiendo que se nos infieran otros agravios, se rompan las hostilidades entre este estado y el de Texas.

Yo he hecho todo lo posible para evitar dificultades, pero mis continuas quejas han sido desatendidas.

Nuestro gobierno toma hoy otras medidas para arreglar este negocio, pacíficamente si es posible.

La cuestión es muy sencilla. El Sr. Milmo vendió harina a uno de los agentes de Texas.

Se estipuló pagarle a razón de 100 pacas de algodón todos los meses, las cuales debían entregarse en San Antonio o en cualquier otro punto al oeste del Río Bravo.

Desde que los federales ocuparon a Brownsville, el ardor meridional del Sr. Milmo y el excesivo celo del Sr. Vidaurri por la confederación, se han calmado algún tanto y -si no lo hacen ambos a dos- el primero exige el pago entero de lo que se le adeuda y que se entregue en algodón en Piedras Negras.

Por eso no solamente embarga cuanto viene a mano, sino que no se para siquiera a considerar que comete abusos de confianza cuando se apodera de artículos que se entregaron de buena fe a su socio en Matamoros para que los remitiese al Paso del Águila...

Francamente hablando, la conducta del Sr. Vidaurri no ha sido de un estadista, pues al apoyar la reclamación injusta de un solo individuo ha sacrificado los grandes intereses de Nuevo León.

Para dar a usted una idea de lo que vale este comercio, bastará decir que hace cerca de dos años que el Sr. Vidaurri ha estado recibiendo mensualmente de 40 a 50,000 pesos de renta de los derechos que se han pagado por algodones en Piedras Negras.

El mes pasado recibió 7,000 pacas por las que se pagaron al gobierno de este estado a razón de ocho pesos cada una.

Además, el tráfico con Texas ha traído a este estado, desde que comenzó la guerra con los Estados Unidos, una circulación en dinero efectivo de cerca de 3,000,000.

Usted, amigo mío, se asombrará cuando le diga que Nuevo León tiene empleados más de 3,000 carros en el comercio de Texas.

Yo fui quien traje ese comercio al Sr. Vidaurri hace más de años y hoy podré llevarlo a Tamaulipas si se restablece la paz en Matamoros y el gobierno del Sr. Juárez protege nuestros intereses.

Laredo es el punto que recomendaré para introducir los algodones.

El gobierno general que en las circunstancias actuales necesita fondos -que no obtiene de Nuevo León- podrá conseguir crecidas rentas en Tamaulipas con tal que se dispense a nuestro comercio que es legal la debida protección.

Ese comercio lo tenemos hoy en grande escala con Inglaterra.

En nombre de nuestra antigua amistad, en nombre de los grandes intereses y ventajas que resultarán a este país y en nombre, en fin, de la sinceridad y honor que usted sabe muy bien han distinguido siempre mi conducta, le ruego encarecidamente hable con el señor presidente sobre los particulares que arriba he mencionado y me informe sobre su decisión.

Si usted cree necesario que vea en persona al Sr. Juárez lo haré inmediatamente.

Escríbame bajo sobre al Sr. Margain a fin de que su carta no sufra extravío.

Anita se ha mejorado algún tanto y tengo esperanzas de que se salvará.

Elisa envía a usted sus recuerdos y yo le aseguro me crea siempre su afectísimo amigo y paisano que mucho lo quiere.

J. A. Quintero Ruego a usted que nadie sino el señor presidente lea esta carta.

 

Respuesta de Vidaurri a Iglesias.

 

Monterrey, febrero 1 de 1864.

Ciudadano ministro de Hacienda y Crédito Público

Saltillo

En las comunicaciones de usted de 20 y 28 del mes próximo pasado y principalmente en la de 30 del mismo sobre la aduana de Piedras Negras y rentas federales, veo con sentimiento que sin oírseme, sin considerar las circunstancias excepcionales en que se halla este estado, por la esterilidad del tiempo que casi ha agotado sus manantiales de riqueza que son la agricultura y ganadería, sin cerciorarse de si esas rentas bastan o no para llenar sus más imperiosas necesidades, sin considerar que éstas nacieron de los sacrificios que hizo Nuevo León y Coahuila para cooperar a la conquista de la libertad, mandando sus fuerzas a pelear contra la reacción por todo el territorio nacional que fue el teatro de aquella guerra, en cuyo sacrificio está invívita una deuda enorme a cargo del gobierno federal, puesto que se cargó en su servicio; sin atender a que una de esas necesidades es de actualidad y de propia conservación, cual es su defensa por una parte si el enemigo avanza como es probable y por otra permanecer en orden como hasta aquí, librándose del vandalismo que asuela a muchos estados de la confederación sin examinar, digo, ninguno de estos puntos o teniendo su valor en poco o en nada, se insiste en el recobro de dichas rentas federales y se me amaga en la última de esas notas.

Además, en la que usted me pasó con fecha 28 del mismo mes y en la que acabo de recibir del señor ministro de Guerra del día de ayer, con motivo de lo sucedido en la hacienda de Potosí y últimamente en la estancia de las Raíces, ambas jurisdicciones de la municipalidad de Galeana, se reprueba que este gobierno en vista del contesto de los respectivos partes de aquella autoridad, calificara el hecho relativo a Potosí, esto es, la introducción de fuerza armada al territorio de Nuevo León y Coahuila como un procedimiento atentatorio al ver que dicha fuerza disponía a mano armada de la propiedad de una hacienda sin tener ya conocimiento previo de su procedencia, ni menos el aviso oficial que creo debió dárseme si venía, como vino, autorizada, lo cual no podía adivinar este gobierno y se reprueba también lo que dije al ministro de Guerra y al público con referencia al despojo que de 12 caballos hizo la fuerza que mandó el teniente coronel don Adolfo Garza, sin más formalidad que tomarlos.

Con lo expuesto, ciudadano ministro, sólo consigno los hechos y los términos de las cinco comunicaciones que dejo citadas, por las consecuencias que pueda tener su contenido, si antes no se reflexiona en lo que se trata de hacer, según se trasluce de ellas.

Dilucidar punto por punto dichas comunicaciones, fundar la no devolución de las rentas federales, demostrando que esto importa el desquiciamiento del estado, no haría otra cosa que cumplir con mi deber representando razones concluyentes pero desgraciadamente el espíritu y letra de las dos últimas me persuaden que sólo lograría agitar las cuestiones suscitadas por ese ministerio y el de Guerra, cuando las actuales circunstancias demandan prudencia y calma en los gobernantes, teniendo, como tenemos, un deber superior a todos.

Así lo entiendo por mi parte y, por lo tanto, me abstendré hasta donde me sea posible de aparecer en pugna con el gobierno, ya que tuvo a bien librar las órdenes de que me ocupo; mas, en medio de las dificultades que me impiden explicarme con respecto a esas cuestiones y su enlace con lo que interesa a todos los mexicanos que es la defensa contra el invasor, apoderado ya de la mayor y más importante parte del país, no puedo ni debo omitir esta declaración explícita:

“Que como hasta aquí, he de cumplir el deber en que estoy constituido por la confianza de mis conciudadanos, de velar por su bienestar y salvar al estado, como creo haberlo conseguido hasta ahora, de cualquiera (sic) mal que lo amenace, venga de donde viniere, aceptando por supuesto desde ahora la responsabilidad de mis actos cuando las leyes recobren su imperio y exigiéndolo desde luego o cuando las circunstancias lo permitan, a los que atenten contra su paz y seguridad, que le viene de sí por su propia moralidad, a pesar de las consecutivas maquinaciones fraguadas fuera de su seno para perderlo”.

Respecto a que se forme la cuenta del monto de las rentas federales percibidas por este gobierno y de la inversión que se les ha dado, se ha librado ya la orden correspondiente a la tesorería del estado; debiendo advertirse que siempre que se ha ordenado a la aduana de Piedras Negras que no disponga de un solo peso, sin mandamiento de este gobierno, se le ha prevenido que rinda sus cuentas a la oficina superior respectiva y le ministre todos los datos que le pida.

La que se presentará por esta tesorería quizá dará a conocer al gobierno las necesidades del estado y verá en ella la pureza de esa inversión.

Dios y Libertad, Monterrey, febrero 1° de 1864.

Santiago Vidaurri

Y lo transcribo a usted para que, reuniendo en junta pública ese vecindario, le ponga en su conocimiento el contenido de esta por la importancia que encierra y le manifieste que si el gobierno general con este motivo dictare alguna medida que hiera los intereses del estado el de éste está resuelto a hacer que se mantenga como hasta aquí el orden público y la dignidad del mismo estado porque tiene la convicción de que así satisface al imperio de las leyes y a la voluntad e intereses de los pueblos con cuya opinión cuenta para todo.

Dios y Libertad, Monterrey, febrero 1° de 1864.

Santiago Vidaurri

Manuel G. Rejón

 

Carta de Vidaurri al ministro José María Iglesias.

Monterrey, febrero 4 de 1864.

Sr. don José María Iglesias

Muy estimado señor mío:

Debo a usted una contestación a su apreciable de 28 del mes próximo pasado y voy a dársela con la mesura y brevedad que sea posible, teniendo en cuenta el contenido de la última que usted me libró como ministro de Hacienda y otra del de la Guerra.

En primer lugar mi pensamiento que sólo indiqué en mi carta de 24 no consiste en la separación del Sr. Juárez, pues creo haber excluido esta idea expresamente; tampoco ni explícita ni implícitamente toqué la cuestión extranjera por más clara que parezca a usted tal interpretación.

En resumen, hablé de un pensamiento pero no de su sentido; en segundo lugar, veo que se trata de entrar conmigo en campaña, arrostrando con las consecuencias.

Supongo que todo sea favorable a los que tal piensan; no por eso los resultados mejorarán la causa pública sino que la empeorarán.

Todavía es tiempo de que ustedes reflexionen en lo que se proponen hacer; si ustedes dan un paso, yo daré dos; si se afectan porque califico de vandalismo actos que lo son a toda luz, yo he de combatir ese mal y sostener las providencias que dicte en este sentido.

Si, al contrario, se hace a un lado el amor propio; si el gobierno conoce su posición, lo que debe y no debe hacer persuadiéndose de que no hay autoridad tan ilimitada que sea superior a la justicia y a las garantías principales de toda sociedad, en tal caso, todo se podrá arreglar y quizá tendría yo ocasión de emitir mi pensamiento que se refiere a la unión de los mexicanos todos, inclusos los reaccionarios, que no se harán sordos, a lo menos en general, a la verdadera voz de la patria.

Traslúcese de esto que mi pensamiento entraña cuestiones cardinales de política interior, relacionándose por supuesto con la cuestión extranjera, que mientras son no se nos hable de un arreglo que salve la independencia y el honor nacional, nuestro deber es claro, la resistencia por todas partes y por cuantos medios nos sean posibles.

Repito a usted lo que dije en mi anterior, esto es, que notará vacío o debilidad en mis ideas; consiste esto, en que encuentro resistencia en mí mismo para consignar por escrito, ni siquiera indicarlo, lo que hace la generalidad de los ciudadanos.

“El proceso del gobierno” demandando el remedio de sus males, que se desprenden de sus medidas y de las cuales, según la voz común más autorizada ya nos hacemos responsables todos.

Un solo hecho cito a mi pesar: que el gobierno que tiene un ministro acusado de un vicio abominable no puede irle bien ni hacer el bien.

Acaso desagrade a usted esta carta, lo sentiré; pero no me he podido explicar en otros términos, procediendo del significado de las órdenes que la motivan así como de sus tendencias.

De todos modos me suscribo a usted atento servidor q. s. m. b.

Santiago Vidaurri

 

Juárez decide entrar solemnemente a Monterrey y enfrentar la rebelión del gobernador Vidaurri. Benito Juárez.

Quinta de López a la entrada de Monterrey, febrero 12 de 1864.

Sra. doña Margarita Maza de Juárez

(Saltillo)

Mi estimada Margarita:

A las diez de hoy hago mi entrada a la ciudad.

No lo hice ayer porque este señor gobernador que es aficionadísimo a llevarse de chismes ha estado creyendo que lo veníamos a atacar y, en consecuencia, había tomado sus medidas de defensa, yéndose a la Ciudadela a apoderarse de la artillería y esparciendo la voz de que no había de recibir al gobierno.

Como todo no pasa de borrego y de fanfarronada, yo no me he dado por entendido y he seguido mi marcha.

Pude haber entrado anoche; pero he querido, contra mi costumbre y mi carácter, hacer mi entrada solemne.

Como en lo general de la población hay buen sentido, ya se están preparando las gentes con cortinas para el recibimiento.

Veremos ahora con qué otro pito sale este señor.

No dispongas todavía tu viaje hasta que yo te avise.

Dile a Santa que tenga ésta por suya y que no tenga cuidado.

Recógeme unos cepillitos de ropa que dejé en la mesa en que me afeitaba.

Memorias a nuestros amigos y muchos abrazos a nuestros hijos.

Soy tu esposo que te ama.

(Benito) Juárez

 

Carta de Vidaurri a Juárez.

Febrero 13 de 1864

Sr. presidente don Benito Juárez

Mi muy estimado señor y amigo:

Estoy cierto de que después de una corta conversación entre usted y yo quedan allanadas las dificultades que han surgido con motivo de la venida del gobierno con fuerza armada, cuando al estado corresponde custodiarlo y defenderlo hasta el último trance.

El Sr. Doblado me ofreció hoy que marcharía mañana para el Saltillo con su división, convencido de que la presencia de su fuerza era un obstáculo para ese arreglo; mas como me tocara el punto de la seguridad personal de usted, le dije que iría una persona de mi familia a hacerle presente que jamás ha estado más seguro que en la capital de Nuevo León y Coahuila.

Tal es el objeto con que mandé a Milmo, mi hijo político; pero notando alguna diferencia entre lo que me acaba de informar de parte de usted y lo que me aseguró el Sr. Doblado respecto de su regreso, por estos motivos me tomo la libertad de dirigirle a usted esta carta que presentará a usted don Juan Villalón, y si tiene la bondad de interrogarle le hará cuantas explicaciones quiera para que forme idea.

Santiago Vidaurri

 

Carta de Vidaurri a Juárez

Ciudad de Monterrey, febrero 14 de 1864.

Sr. presidente don Benito Juárez

Mi estimado amigo y señor de mi respeto:

Por el nombre sagrado de la patria, suplico a usted se sirva remover la causa que ha producido la situación en que nos hallamos, disponiendo vuelva al Saltillo la división Doblado, ya que creyendo a este señor intermediario entre usted y yo, no ha correspondido al papel que él mismo tomó.

Después, todo entraría a su estado normal, porque las demás dificultades son conciliables, mucho más cuando yo veo en el presidente lo que no ven otros, que es impecable.

Esta será mi base, si tengo el gusto de hablar con usted.

En cuanto a su seguridad personal y libertad para ejercer su autoridad, sería un sacrilegio ponerlas siquiera en duda, sino que, al contrario, en Nuevo León y Coahuila las tendrá más plenas que en el mismo México.

Además corresponde al estado, por deber, el honor de guardar el supremo gobierno.

Me reduzco a lo que queda dicho, por parecerme lo esencial por ahora.

En vista de ello, usted resolverá lo que tenga a bien.

Yo he cumplido con mi obligación, procurando restablecer la confianza como base de lo demás.

Con tal motivo soy el de siempre, su afectísimo amigo y servidor, q. b. s. m.

Santiago Vidaurri.

 

Proclama de Vidaurri, gobernador de Nuevo León y Coahuila.

Monterrey, febrero 15 de 1864.

Gobierno del estado libre y soberano de Nuevo León y Coahuila

Circular

Por la precipitación y magnitud de los últimos acontecimientos que ha tenido lugar en esta capital, no se había dado oficialmente conocimiento de ellos al estado.

Pero hoy todos los pueblos sabrán por otros conductos que, con motivo de la entrada a ella del supremo gobierno y de la fuerza armada de Guanajuato, el de mi cargo se retiró a la Ciudadela concentrando allí toda su fuerza militar, por considerarlo así prudente para poner en seguro la dignidad del estado y su tranquilidad y bienestar seriamente amenazados.

Aunque la situación violenta que de esto nació ha terminado con la retirada de las fuerzas de Guanajuato y la del gobierno general, sin embargo, la alarma que estos movimientos hayan producido, deben tener al estado en una penosa ansiedad.

Para calmar ésta y cumplir este propósito que siempre he tenido de poner a mis conciudadanos al tanto de todo lo que ocurre, me ocupo de formular una relación circunstanciada de lo acaecido al presentarse en esta capital el señor Presidente de la República y de las causas que me compulsaron a tomar una actitud preventiva.

Por tanto, no puedo por ahora hacer otra cosa, para tranquilizar el espíritu público, sino asegurar que el estado se ha salvado de una humillación indigna y de graves trascendencias para su paz y tranquilidad y, por consiguiente, para las garantías que hasta aquí han gozado sus habitantes.

Dios y Libertad, Monterrey, febrero 15 de 1864.

Santiago Vidaurri

Manuel G. Rejón, secretario

 

Carta circular de Vidaurri en contra de que se obedezca a Juárez.

Monterrey, 16 de febrero de 1864.

Mi querido amigo: (Ver Nota 1)

La presente no tiene más objeto que encarecer a usted la necesidad en que estamos hoy todos los buenos hijos del estado, de apurar cuantos medios estén en nuestra mano, para salvar a aquél de la ruina que lo amenaza de parte de la desmoralización y vandalismo, que viene encabezando la camarilla que desgraciadamente rodea al gobierno de la nación.

Ésta, después de la lección que ha recibido en esta capital donde el gobierno del estado le marcó el alto, conteniéndola en su propósito de lanzarnos en los horrores de la guerra civil, lejos de volver sobre sus pasos y oír las razonables proposiciones que se le hicieron para reorganizar la defensa del país, parece que insistirá en sus deplorables ideas y desarrollara la desmoralización, pretendiendo introducir en los pueblos la desunión y desconfianza, para acabar con abandonamos en manos del enemigo extranjero, como lo ha hecho con todos los estados del interior en donde, con más elementos y recursos que aquí, no organizo siquiera un aparato de defensa, sino que a la noticia de la aproximación del invasor, se retiró huyendo, vergonzosamente y dejando a los pueblos de su tránsito aniquilados por el vandalismo de los que le siguen.

Interesa pues, en gran manera, que todos los amigos hagamos esfuerzos sobrehumanos para salvar a Nuevo León y Coahuila de la suerte deplorable que les espera si estos hombres llegan a lograr sus fatales proyectos.

Del buen juicio y rectitud de intenciones de usted espero que hará, por su parte, cuanto conduzca al propósito de mantener y conservar el orden y la paz de que gozamos, porque es el único medio con que podremos salvarnos en parte del cataclismo universal que amenaza a todo el país.

La unión y la fe son el escollo en que se han de estrellar los proyectos perniciosos de la camarilla corrompida que se nos viene encima.

Que haya, pues, unión y armonía entre todos los hijos del estado. Así lo espero de mis buenos amigos para quienes es la presente, así como para usted, que juzgo como uno de los mejores.

Como pudiera suceder que manden algunas órdenes a los pueblos o bien comisiones y agentes para desarrollar sus planes, se ha mandado hoy mismo una circular a las autoridades de todos los pueblos para que no hagan caso de esas órdenes y para que sean aprehendidos sus agentes.

En tal concepto, espero que usted, de acuerdo con todos los amigos, ayudará a evitar cualquier trastorno que pretendan ocasionar, haciendo que sean aprehendidos los alborotadores y todo aquello que sea necesario para mantener inalterable el orden y la paz.

Soy de usted como siempre, afectísimo amigo, seguro servidor q. b. s. m.

Santiago Vidaurri

Nota:

1. Se envió a diversas personas un ejemplar caligráfico.

 

Vidaurri es declarado traidor. Benito Juárez.

Saltillo, a 5 de marzo de 1864.

El ciudadano Presidente de la República se ha servido dirigirme el decreto que sigue:

Benito Juárez, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a sus habitantes, sabed:

Que en uso de las amplias facultades de que me hallo investido, y considerando:

Que, conforme a los artículos 40 y 41 de la constitución de la república, cada uno de los estados de ella es libre y soberano tan sólo en lo concerniente a su régimen interior y corresponde exclusivamente a los poderes de la unión resolver todo lo que toca a los intereses generales y a la soberanía nacional, sin que los estados puedan en ningún caso contravenir a las estipulaciones del pacto federal;

Que, según la fracción XIV del artículo 72 y la III del artículo 85, es facultad exclusiva del congreso de la unión y del Presidente de la República, determinar en todo lo que se refiere a la paz o la guerra con una nación extranjera;

Que, según la fracción 1 del artículo 111 y la XI del artículo 112, ninguno de los estados puede celebrar tratados o arreglos, ni resolver la paz o la guerra con una nación extranjera, o con un ejército de ella;

Que, de acuerdo con estos preceptos de constitución, la ley de 25 de enero de 1862, en su artículo 1º. (primero), comprende entre los crímenes contra la independencia y la seguridad de la nación, entrar en comunicaciones con un invasor extranjero sobre el modo de realizar los planes de la invasión; contribuir de alguna manera a que bajo su influencia se organice algún simulacro de gobierno, dando votos, concurriendo a juntas o formando actas y, en general, cualquiera especie de complicidad para excitar o preparar la invasión o para favorecer su realización y éxito.

Que, conforme a esas prevenciones de la constitución y las leyes, son actos de traición las relaciones en que ha entrado el Gral. Santiago Vidaurri con el general en Jefe del ejército francés invasor de la república, ya recibiendo la comunicación de éste, fecha 15 de febrero último en que lo excita a la traición, sin que el Gral. Vidaurri cumpliera el deber de limitarse a trasmitirla al gobierno supremo y ya contestándola el día 1º (primero) de este mes, en los términos que constan en el Boletín Oficial de Monterrey, número 19, del día 3 del mismo;

Que, también es un acto de traición lo dispuesto por el Gral. Vidaurri el día 2 y publicado en dicho Boletín, convocando a los habitantes del estado de Nuevo León para que concurran a votar por la guerra o la paz y la sumisión a los planes del invasor; puesto que, conforme a la constitución, ni el gobierno del estado, ni el estado mismo, pueden en ningún caso resolver nada de lo que toca a la soberanía nacional, ni contravenir a las estipulaciones del pacto federal y puesto que ya es un acto de traición poner en duda el cumplimiento de ese deber y provocar a los habitantes del estado para que resuelvan si el estado traicionará a la república;

Que, si bien son claras y terminantes las citadas prevenciones de la constitución y las leyes, el gobierno supremo cree conveniente advertir a los habitantes de aquel estado, para que no sean víctimas de la perfidia y la traición y sepan que ni para demostrar su patriotismo opinando por la guerra, les es lícito concurrir a esa votación, que envuelve una injuria a sus sentimientos de mexicanos en las desgracias de la república y una duda de su fidelidad a la patria.

Y que, habiéndose declarado en sitio el estado de Nuevo León y habiéndose mandado someter a juicio al Gral. Vidaurri, por su rebelión contra el gobierno nacional y sus actos anteriores de connivencia con los traidores, a lo que se agrega este último acto de manifiesta traición, no puede ejercer ninguna autoridad en el estado, ni deben ser obedecidas sus disposiciones.

He tenido a bien decretar lo siguiente:

Artículo único.- Siendo un acto de manifiesta traición lo dispuesto por el Gral. Santiago Vidaurri el día 2 de este mes, convocando a los habitantes del estado de Nuevo León para que concurran a votar por la guerra o la paz y la sumisión a los planes del invasor, todos los que formen las juntas para la votación, o concurran a votar, o de cualquiera modo sostengan o favorezcan el cumplimiento de esa disposición, serán considerados como cómplices de la traición de aquél y quedarán sujetos en sus personas y bienes a las penas establecidas por las leyes.

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido cumplimiento.

Dado en el Saltillo, a 5 de marzo de 1864.

Benito Juárez

Al ciudadano Sebastián Lerdo de Tejada, ministro de Relaciones Exteriores y Gobernación.

Y lo comunico a usted para su inteligencia y fines consiguientes.

Independencia, libertad y reforma.

Saltillo, marzo 5 de 1864.

(Sebastián) Lerdo de Tejada

 

Se informa a Juárez que Milmo, yerno de Vidaurri, está preso.

Monterrey, marzo 30 de 1864.

Sr. presidente licenciado don Benito Juárez

Saltillo

Mi querido amigo y compadre:

A mi carta de ayer sólo tengo que añadir que los libros de la casa de Milmo están ya recogidos y los tiene en depósito el empleado de la tesorería general que está conmigo. Milmo continua preso en la cárcel a disposición de este cuartel general.

Al parte oficial que doy a usted con esta fecha, agregaré, que en este momento acabo de saber que el enemigo se ha detenido más acá de Salinas, esperando nuestras fuerzas.

En consecuencia he mandado reforzarlas con un batallón de infantería y con toda la caballería disponible y va encargado del mando el Gral. Antillón.

Cuidará de seguir comunicando a usted cuanto más ocurra, su adicto amigo y compadre que atento b. s. m.

Miguel Negrete

Aumento:

No puede usted tener una idea de lo que estoy trabajando.

Deseo saber cuándo piensa usted venir, que nos haría buen provecho.

Venga usted pronto y que venga mi comadrita.

Miguel Negrete

 

Proclama de Juárez a los habitantes de Nuevo León y de Coahuila.

Monterrey, abril 4 de 1864.

Conciudadanos:

La presencia del supremo gobierno en la capital de Nuevo León, después de los sucesos que acaban de pasar, es, bajo todos conceptos, un fausto acontecimiento para la república entera, pues este solo hecho viene a demostrar de una manera elocuente y en extremo significativa, cuán invencible es la fuerza de los pueblos y cuán grande el poder de sus autoridades legítimas, cuando unos y otras, apoyados por la opinión, acatan y defienden, en cumplimiento de sus deberes, el mandato de la ley.

Frescos se conservan en la memoria de todos, porque son demasiado recientes, los sucesos extraordinarios que aquí tuvieron lugar y que, de hoy más, sólo debemos guardar en el pensamiento, como experiencia de lo pasado, que servirá de enseñanza para el porvenir.

Un hombre (Ver Nota 1) -el único por fortuna-, abusando de la posición elevada que ocupaba como gobernador, se declaró en abierta hostilidad contra el gobierno general y traicionó la santa causa del pueblo y vendió a sus hermanos, proyectando entregarlos al yugo del invasor; pero el pueblo que ha conquistado con la revolución la conciencia de su derecho, el pueblo que tiene fe en los destinos futuros de la república, se levantó en masa para protestar enérgicamente contra la traición y respondió con un grito unánime de entusiasmo a la voz del supremo gobierno que le llamaba a las armas en nombre de la patria, de la independencia y de la ley.

Compatriotas, todo está ya concluido.

El traidor, acompañado de sus pocos cómplices, huye acobardado y perdido, llevando en el corazón la conciencia de su crimen y el supremo gobierno, sin necesidad de apelar a las tropas leales de que dispone, ha destruido con sólo su fuerza moral, con sólo su título de legalidad, los proyectos liberticidas que en mala hora concibiera la traición.

Pero esto no era bastante y el gobierno, para completar su obra, ha venido a esta capital con el doble objeto de dictar cuantas medidas juzgue convenientes para reorganizar el estado, remediando los males que le aquejan y utilizar en seguida cuantos elementos encierra para la defensa de la nación.

Para ello cuento con la unión de todos los mexicanos.

Que trabajen unidos los que mandan como jefes; que combatan unidos los que obedecen como soldados y el triunfo, no lo dudéis, compatriotas, el triunfo nos pertenece.

Para ello cuento con la cooperación activa, eficaz, irresistible del pueblo que sabrá conservar sin mancha y sabrá legar con gloria a sus hijos, la independencia y la libertad, que a costa de tanta sangre ganaron nuestros padres con el heroísmo en el combate y con el martirio en el cadalso.

Monterrey, abril 4 de 1864.

Benito Juárez

Nota:

1. El Gral. Santiago Vidaurri.

 

Vidaurri reconoce a Maximiliano.

Salinas Victoria, a 4 de septiembre de 1864.

Yo, el infrascrito, declaro reconocer al emperador Maximiliano como legítimo soberano de México y me someto a su autoridad.

Además, me comprometo, sobre mi honor, en no emprender ni favorecer ningún conato que tuviera por objeto atacar al gobierno imperial de México.

Salinas Victoria, a 4 de septiembre de 1864.

Santiago Vidaurri

Nota:

1. Con redacción y fecha idénticas, Julián Quiroga se adhirió al imperio en Salinas Victoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.