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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1861 Instrucciones Confidenciales al vicealmirante Jurien de la Gravière

París, 11 de Noviembre de 1861

Vice Almirante E. Jurien de la Gravière.

Las instrucciones oficiales que tengo el honor de enviarle en esta fecha, determinan, tanto como sea posible hacerlo a distancia, la acción que usted deberá ejercer de acuerdo con los Comandantes en Jefe y los Comisionados por las potencias aliadas para realizar el objeto de la Convención del 31 de octubre. En efecto, perseguir en común la reparación de los agravios y obtener garantías capaces de poner a los residentes extranjeros al amparo de nuevas afrentas, tal es, si puedo hablar así, el terreno legal del acuerdo que se ha establecido entre Francia, Inglaterra y España. El pensamiento del Emperador, sin embargo; movido por un interés de humanidad y de civilización, se ha proyectado más lejos, y es necesario que usted sea informado de ello.

No sabría hacer otra cosa mejor a este respecto que comunicarle a título estrictamente confidencial, una carta que S. M. escribió a su Embajador en Londres, y un despacho que yo mismo dirigí al Conde de Flahault. para invitarlo a llamar la atención del Gabinete británico sobre las eventualidades que podrán resultar de una demostración de fuerza contra México y sobre el partido que los intereses de este infortunado país y los de Europa nos aconsejan sacar.

Usted verá, por la respuesta igualmente anexa aquí, que el Gobierno inglés considera muy justas las ideas del Emperador, pero no ha creído deber prometer su concurso activo para ejecutarlas.

El Gabinete de Madrid, al contrario, está mejor dispuesto a no negarse, pero hay razones para suponer que él no se inclina muy fervientemente hacia la candidatura eventual del Archiduque Maximiliano. Sea lo que fuere, no me parece dudoso que, si aparece un partido considerable bajo la influencia de las fuerzas combinadas y trabaja en favor del restablecimiento de la Monarquía, ni Inglaterra ni España pondrán obstáculos a sus progresos. ¿Existe ese partido y realmente se encuentra en condiciones de expresar sus intenciones con probabilidades más o menos seguras de éxito? Es éste, mi querido Almirante, el punto que deberá ser enseguida motivo de vuestras entrevistas con el Sr. Dubois de Saligny, y de vuestras más serias investigaciones. Tan generoso y útil es ayudar a una Nación a salir del abismo, como sería temerario y contrario a nuestros intereses arriesgarnos en una aventura. Nuestros esfuerzos deben tender a inspirar a la parte honesta y pacífica del pueblo mexicano el valor de expresar sus deseos. Si la Nación permanece inerte, si ella no siente que nosotros le ofreceremos una tabla de salvación inesperada, si no se da a sí misma un sentido y una moralidad y los aplica con nuestro apoyo, es evidente que nosotros no tendremos más que atenernos a los términos de la Convención del 31 de octubre y no intentar otra cosa que ocuparnos de los intereses precisos en vista de los cuales ésta ha sido concluida. La experiencia no será completa sino hasta que la ocupación de los puertos haya sido efectuada y se dirija una expedición al interior, esto es, hasta México.

El Gobierno inglés ha abordado esta eventualidad con una extrema repugnancia, y me ha parecido, reservándonos frente a él nuestro derecho de hacer lo que exigiera la seguridad de nuestros conciudadanos, que sería imprudente tratar de presionarlo a pronunciarse anticipadamente. Consideraciones parlamentarias lo habrán decidido teóricamente por la negativa, sin duda. Pero a nosotros nos basta con que los términos del artículo 1s de la Convención, que dejan a los Comandantes en Jefe el cuidado de adoptar en el terreno las medidas más propias para alcanzar el fin de la expedición, sean suficientemente amplios como para justificar la interpretación que queremos darle.

Es más importante saber si el Gobierno español, que proporciona el más fuerte contingente militar de tierra, acepta esta interpretación, y nuestro Embajador en Madrid, a quien yo pedí una respuesta categórica, me ha quitado toda duda a este respecto. El Mariscal, Duque de Tetuan, ha referido en los mismos términos al Sr. Barrot, que serían dirigidas al Comandante en Jefe español, instrucciones de una elasticidad más o menos discrecional y que él le remitiría además una carta particular autorizándolo a entenderse con usted para efectuar una marcha sobre México, siempre que las circunstancias les parezcan favorables a ambos. Naturalmente, hará lo que dependa de usted para comprometer al Comandante en Jefe británico a participar en ese movimiento en la proporción que considere más conveniente y, si éste no creyera poder unirse a usted, le ofrecerá como signo de confianza recíproca, ocupar sólo los fuertes de Veracruz.

Según los informes que poseo, la popularidad de España en México dista mucho de ser igual a la nuestra. Este hecho se explica por antiguos recuerdos que hay que tener en cuenta y, sin herir ninguna susceptibilidad, sería necesario, en mi opinión, que nuestras tropas ocupasen el frente de la columna expedicionaria y que fuera distribuida una proclama, con el fin de tranquilizar a la Nación mexicana contra toda idea de conquista y todo ataque a su independencia en cuanto a la elección y forma de su Gobierno, antes del comienzo de las operaciones en el interior.

El Sr. Dubois de Saligny, como lo digo en mis instrucciones oficiales, no podrá en toda esta parte de la tarea que le ha sido confiada a usted, ni substituir su responsabilidad a la vuestra, ni motivar ningún conflicto. No obstante, este agente superior de mi departamento, ha dado demasiadas pruebas de capacidad y de buen juicio como para que no crea deber recomendarle a usted le trasmita los testimonios de mi mayor confianza y aproveche las opiniones que podrá sugerirle un conocimiento exacto de los hombres y de las cosas de México.

Edouard Antoine Thouvenel.

Ministro de Relaciones Exteriores de Francia.