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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1853 Memorias para servir a la historia de la comunicación inter-oceánica por el Istmo de Tehuantepec. José F. Ramírez.

México, noviembre 2 de 1853.

 

 

Memorias, negociaciones y documentos, para servir a la historia de las diferencias que han suscitado entre México y los Estados Unidos los tenedores del antiguo privilegio, concedido para la comunicación de los mares Atlántico y Pacífico, por el Istmo de Tehuantepec.
Por D. José F. Ramírez, Ex-Ministro de Relaciones.

MOTIVO Y PLAN DE LA OBRA

El desagradable desenlace de las negociaciones seguidas entre México y los Estados-Unidos con motivo de la comunicación inter-oceánica por el istmo de Tehuantepec, aumentando las probabilidades, anunciadas por estos, de un conflicto entre ambos países, me inspiraron la idea de prevenir las desfavorables impresiones que podían formarse contra nuestra República, si su justicia no era bien conocida, particularmente por el mismo pueblo americano. Yo había anticipado, ya, una parte de su justificación en la breve sinopsis de sus derechos que, con el título de Memoria justificativa &c., publiqué el 26 de Marzo del año pasado de 1852, siendo Ministro de Relaciones. Sin embargo, reducida esta al solo negocio privado del contrato celebrado con D. José Garay, no podía llenar sino muy imperfectamente el intento, porque la vindicación plena de la conducta observada por México se encontraba en las negociaciones diplomáticas, hasta entonces mantenidas en el secreto que reclamaba su carácter.

El termino de estas no solo hacia innecesaria su reserva, sino que aun podía ser perjudicial; así es que en las últimas conferencias que tuve con el Ministro americano le propuse su publicación, queriendo darle con esta muestra de cortesía, un testimonio de los benévolos y amistosos sentimientos de la República, a la vez que prevenir contradicciones semejantes a las suscitadas con motivo de la impresión de mi citada Memoria. El Sr. Letcher accedió, con las restricciones que se verán en su propio lugar, y yo las acepte paira darle una nueva é irrefragable prueba de la sinceridad de mis intenciones.

Pocos días después de este acuerdo se recibió la respuesta del Sr. Webster a la notificación, que le hizo nuestro Plenipotenciario, de la reprobación del tratado, y con ella las proposiciones que presentó el Sr. Masson al Senado de los Estados-Unidos, pidiendo que se comunicara a esta corporación toda la correspondencia relativa a aquel negocio. Desde luego presumí que el intento fuera hacer una publicación adecuada al estado de cosas, y con tal motivo mandé reunir los principales documentos, no siendo mi intento, por entonces, más que ampliar la Memoria de 26 de marzo, pues nunca creí que el gobierno de los Estados-Unidos pensara en dar a luz toda la correspondencia. Siendo mi plan tan reducido, yo esperaba concluirla en los pocos días que me había propuesto continuar en el Ministerio.

El arreglo ajustado con el Sr. Letcher quedó destruido por el Senado de los Estados-Unidos, que ordenó la publicación de la correspondencia (a); acuerdo que se llevó inmediatamente a efecto, aunque no sé cumplió con toda fidelidad, por las supresiones que se hicieron dé algunos importantes documentos. Si a esto se agrega la falta de la correspondencia de México con su Legación, y la de las conferencias con el Ministro americano, so comprenderá desde luego que aquella colección es de todo punto incompleta, y que sus objetos solamente se ven a la luz en que al gobierno de los Estados-Unidos convenía se vieran.

Su llegada a México coincidió con mi salida del Ministerio, y su carácter inutilizó mi trabajo, ya muy adelantado, por el grave aspecto con que allí se presentaba la cuestión. El Presidente quiso que se tratara elevándola a la misma altura, y al efecto me encargó esta comisión, por una orden del Ministerio de Relaciones, dando de ella conocimiento al Congreso en el Mensage que le presentó, pocos días después, al abrir las sesiones extraordinarias.

Este cambio me imponía él ímprobo trabajo de examinar minuciosa y detenidamente el enorme cumulo de papeles y datos que forman los antecedentes de este negocio, para extractar su parte sustancial Bajo este plan redacté la-Sección primera, que comprende todo lo relativo al privilegio de D. José Garay, base fundamental de la cuestión, desde la expedición de la ley que formaba su contrato, hasta el traspaso que de él hizo a un ciudadano de los Estados-Unidos.

Mientras yo trabajaba en aquella, la infatigable, actividad y diligencia de los nuevos poseedores de la concesión, mantenían en continuo movimiento la prensa americana, multiplicando sus defensas en artículos, memoriales y folletos, dando ya otro giro más peligroso a la cuestión. A las publicaciones de un tinte ligero y punzante, habían sucedido los epílogos históricos, fundados con largas y profundas disquisiciones de derecho público interno y estenio. Alarmados los especuladores, llamaban ya seriamente la atención de su gobierno en memoriales razonados, provocando sus iras y demandando su protección. Grande ha sido la habilidad y destreza que ha mostrado en este empeño la natural facundia del ingenio americano. El nos ha atacado en todos los puntos, explotando con talento cuanto le venía a las manos.

No siendo posible seguirlo en sus innumerables y variadas faces, ni favorable a la discusión atenerse, en cada caso, a la producción de fragmentos o de datos inéditos, para rectificar, o confutar las mil especies inexactas que se han aventurado, juzgué más acertado y seguro copina: íntegras y a la letra todas las piezas que de alguna manera, podían ser conducentes, ya para prevenir imputaciones maliciosas, ya para presentar reunidos, y en su orden natural, los elementos de una discusión que, a pesar de cuanto se ha escrito, quizá todavía no puede decirse comenzada. Esta determinación cambió, por la última vez, todo el plan material de la obra, modificándolo harto sustancialmente hasta en su sistema. Así, lo que en su origen no era más que un extracto, se convirtió en una colección de documentos tejida con largas narraciones históricas.

Los escritores y algunos de los políticos americanos, que en esta vez no se han manifestado nada corteses ni mesurados en sus palabras, emplearon también todas las armas de la difamación como medio para llegar a su fin; juzgando, tal vez, que el descrédito de México les allanarla una gran parte del camino. Ese sistema me autorizaba para no guardar ninguna especie de contemplación, a lo menos respecto de la exposición de los hechos; es decir, para no ocultar o velar nada de lo que conviniera decir con toda claridad, ni para abstenerme de emitir un juicio, cual lo exigieran los sucesos y sus autores. De otra manera ni la relación seria exacta, ni la defensa de México completa. Para llenar estas condiciones era un obstáculo insuperable la traba que me imponía el carácter semi-oficial de la comisión del gobierno; en consecuencia renuncié a él, y hoy doy a luz mis trabajos bajo mi sola y propia responsabilidad.

Esta determinación no sólo era una exigencia del asunto, sino también de mi propia reputación y decoro, ofendidos en la correspondencia del Ministro americano. El Sr. Letcher que, como se verá, confiaba demasiadamente en su alta capacidad, había concebido desde luego, y hecho concebir a su gobierno, las esperanzas más lisonjeras sobre el éxito de la negociación. Desengañado muy pronto de su error, le fue necesario disculparse, y no pudo hacerlo sino cargando sobre mí toda la responsabilidad del evento. Una vez colocado en esta senda, soltó la brida a su fecundo ingenio, haciéndolo servir para reparar todos los falsos pasos que había dado, o que, como me parece muy probable, se le habían hecho dar. Los chistes, los epigramas y las alusiones malignas, a que S. E. es tan aficionado, sustituidas, muy poco después, con acres censuras é imputaciones odiosas y ofensivas, formaron el floreado de las notas con que entretenía a. su gobierno. En todas ellas se marca muy distintamente el designio de hacerle comprender, que si la negociación se desgraciaba, no sería ni por falta de diligencia ni de destreza, sino por la impericia, inexperiencia y ambición del Ministro mexicano, que no tenía aliento para sobreponerse a las preocupaciones y rencores de sus compatriotas. Tal es, en bosquejo, la idea que el Sr. Letcher quería hacer formar a su gobierno del de México, a fin de que la contemplación no se detuviera en S. E. Pero el gran proceso se encuentra ya ante el inexorable tribunal de los gobiernos y de los pueblos, y la verdad y el buen derecho decidirán por parte de quien está la razón.

Es un proloquio vulgar que no basta tener justicia, sino que es necesario pedirla y saberla pedir. Esta última condición es harto compleja, porque exige la fiel exposición de los hechos con sus pruebas, y la de los fundamentos de derecho. Mi primer pensamiento fue abarcarla en toda su latitud, y de conformidad con él se redacto la Sección primera, que contiene toda la historia del contrato celebrado con D. José Garay. Esta, como decía, es una historia del negocio, o sea larelación de la primera pieza del proceso, formada con la más escrupulosa minuciosidad, y escrita con las palabras mismas de sus documentos, en la parte que estos eran conducentes a la cuestión. Su elección era la que convenía al plan que me había propuesto seguir en la exposición del derecho, reservando también, para su oportunidad, otros pasajes que debían servir de apoyo y confirmación a mis deducciones. Con esta advertencia se comprenderán las frecuentes alusiones y reservas que hago de especies—“que ofrezco discutir a su tiempo, o en su propio lugar”—y cuyas amplificaciones no se encontrarán.

Sustituido, desde la Sección segunda, el sistema de extractos o de relación, con el de la copia íntegra de los documentos, por las razones que he expuesto al principio, no había, sin embargo, prescindido de ventilar la cuestión de derecho, y a fin de precisarla, marqué el testo con los numerosos pasajes que se verán escritos de cursiva o de versales, llevando la escrupulosidad hasta numerar los renglones del despacho impreso en la pág. 547. Hícelo con el intento de facilitar la busca de las especies que fueran materia de mis impugnaciones o defensas, y para más fijar las ideas y el debate. En la misma forma debieron imprimirse el dictamen de la Comisión de Relaciones del Senado de los Estados-Unidos, los discursos de algunos Senadores, una exposición de D. Pedro Hargous, otra del mayor Barnard y un extenso y elaborado papel en derecho que publicó la Compañía de Nueva-Orleans en defensa del que reclama.

La cuestión legal, vasta, difícil é infinitamente complicada por sus extensas ramificaciones con los derechos civil, público, político y aun con las reglas y tradiciones de la ciencia diplomática, exigía un estudio largo y sostenido que no me era ya posible conducir a su debido término. Notablemente desmejorada mi salud por un año de fatigas y de sinsabores en el despacho del Ministerio de Relaciones, emprendí, en seguida, la redacción de estas Memorias, que me han ocupado durante catorce meses, pues que a ellas solamente podía dedicar las horas de desahogo y de reposo que me permitían las obligaciones de la Magistratura que ejerzo, y la hostilidad que ordinariamente acompaña a la abdicación del poder, en los pueblos trabajados por las discordias civiles. Un tal estado del espíritu no era, ciertamente, el más propicio para cobrar aliento, pues ante sus desengaños el ánimo más fuerte y vigoroso, cuando no sucumba, desfallece.—Yo he pagado mi tributo a esta inviolable ley de la naturaleza, y en consecuencia, la cuestión legal, que debía formar la segunda parte de mi obra, queda por escribir.

¿Mas cuál, se preguntará, puede ser el asunto de tan grueso volumen?... El, con muy ligeras excepciones, solo contiene la exposicion de los hechos y sus pruebas, y no es más que una parte, y bien pequeña, del cúmulo de datos y documentos que ha sido necesario consultar, y que forman el expediente de Tehuantepec. El es la pieza principal del proceso que debaten México y los Estados-Unidos, y en la cual sus patronos encontrarán todos los elementos de ataque y de defensa, a la vez que sus jueces un criterio seguro para sus juicios. Afortunadamente nuestra República posee Jurisconsultos distinguidos, que no dudo se apresuren a prestarle los recursos dé su ciencia en tan noble causa; y que entrando de refresco llevarán a feliz cima la obra comenzada. Su parte más molesta y enfadosa, la de extractar, entresacar y coordinar los materiales, queda allanada en estas Memorias; pudiendo descansar en que ellas contienen la fiel é ingenua narración de los hechos, con todas sus pruebas, o con la indicación de sus fuentes. Ni un solo documento importante se ha suprimido. Ningún hecho se ha tergiversado; ni nada se podrá presentar que desmienta las narraciones que forman su trama.

Paso ahora a exponer el sistema de su distribución para facilitar su manejo.

La Sección primera, según antes insinué, es un extracto muy amplio del expediente instruido en el Ministerio de Relaciones para la celebración del contrato con D. José Garay. Comprende desde su origen hasta la cesión hecha a una casa inglesa; continua con las contestaciones a que dio motivo este acto, y concluye con el traspaso que la casa cesionaria hizo a un ciudadano de loa Estados-Unidos. En las piezas originales quedan todavía muchos datos-que favorecen la causa de México. En la relación sé ha seguido estrictamente el orden cronológico.

La SECCIÓN SEGUNDA contiene las dos negociaciones entabladas entre Abril de 1849 y Enero de 1851 para la celebración del tratado de neutralidad del istmo, firmado en 25 de este mes. Como en esa época el contrato de Garay figuraba, hasta cierto punto, como un apéndice inseparable del Tratado, sus respectivos incidentes produjeron tal complicación y variedad en los sucesos, que no era posible relatarlos en un orden estrictamente cronológico, sin introducir una grande oscuridad y confusión. Solamente podía evitarse con la separación, y esto se hizo distribuyéndolos en periodos y secciones regulares, y llevando la narración tan paralela como era posible, pues que los unos eran consecuencias o preliminares de los otros.

En la Sección tercera se da noticia de las varias expediciones marítimas que envió la Compañía de Nueva-Orleans a Tehuantepec para trasportar ingenieros, trabajadores y víveres. Habiéndose verificado, casi simultáneamente, y provocado cada una de ellas discusiones diversas, que se prolongaban por más o menos tiempo, no podía ni aun pensarse en someter sus incidentes al canon cronológico. Transigiendo, con estas dificultades me decidí a no guardarlo sino en las fechas de sus respectivas salidas de Nueva-Orleans, formando a cada una su historia particular y completa. En ese intermedio ocurrieron algunos incidentes que tenían relación con el contrato de Garay, y se les dio allí lugar como un episodio.

Pocos días después de firmado el tratado de 25 de Enero de 1853, pulsó nuestro gobierno tales dificultades para su cumplimiento, que requirieron entrar en algunas explicaciones con el de los Estados-Unidos. Encargóse a nuestro representante en Washington que las hiciera, mas el gabinete americano las repelió, hasta con acritud, manifestándose desde luego en una actitud hostil. Para allanar esta desavenencia hizo volver a México a. su Plenipotenciario, ausente con licencia, y con él entablé la larga negociación a que puso término, en Abril de 1852, la reprobación del tratado por el Congreso. Estos incidentes forman la Sección cuarta.

La QUINTA comprende todas las noticias y documentos relativos a la Convocatoria expedida para la celebración del nuevo contrato del camino de Tehuantepec, conforme a lo dispuesto por un decreto del Congreso. La mayor parte de estos sucesos ocurrieron cuando yo estaba ya separado del Ministerio. Salvas algunas reflexiones, que la claridad del asunto y mi propia defensa exigian, lo demás es una colección de documentos oficiales y de noticias tomadas de los periódicos de la época, cuya exactitud me parecía suficientemente comprobada. Esta sección, a primera vista, de poca importancia, la tiene muy grande para el intento de convencer al gobierno de los Estados-Unidos y al mundo entero, con testimonios irrefragables, de los esfuerzos extraordinarios que hacían los miembros de la administración mexicana-, para mantener la paz y amistad entre ambas Repúblicas; sacrificando a este interés su popularidad, su posición social y aun su reputación personal. No puede exigirse más de los mandatarios de un pueblo regido por instituciones democráticas. En esta parte de la obra, seriamente meditada, se encontrarán importantes y severas lecciones sobre los extravíos a que arrastran la exageración y el abuso de los sistemas y de los principios, y dé sus desoladoras trascendencias.

La Sección sesta que, como insinué en otra parte, debía contener todo el contra mas autorizado que han producido el ingenio y la ciencia de los jurisconsultos y políticos americanos, lo he reducido al dictamen de la Comisión de Relaciones de su Senado, supuesta mi determinación de no ventilar la cuestión legal. Aun esta excepción la he otorgado en honor de los respetables Senadores G. SEWARD, J. P. HALE y de los Sres. Benton y Ben. E. Green, que con tan varonil esfuerzo y nerviosa elocuencia han tomado la defensa de México a la faz de sus gratuitos enemigos y en medio del augusto santuario de sus leyes. Sus raciocinios suplirán ventajosamente mi omisión; siendo, además, mi deseo presentarles este recuerdo como una ofrenda de gratitud y reconocimiento. Al dictamen de la Comisión, y a algunos otros documentos de su clase, solo he agregado unas breves apostillas y remisiones para rectificar hechos, y facilitar la busca de las pruebas que convencen las innumerables inexactitudes allí notadas.

Conteniendo cada Sección materias diversas, se han comprendido en cada una todos los incidentes y documentos que les concernían, hasta completar su asunto. Este sistema, conveniente y necesario al orden y a la claridad, no podía ejecutarse sin algún perjuicio del orden cronológico; mas como no debe jamás sacrificarse la sustancia a la forma, se prefirió el menor de los inconvenientes. Esta advertencia guiará a los que necesiten hacer uso de algún documento particular, buscándolo en la Sección correspondiente a su asunto.

La rápida ojeada que he dado a mi libro, para salvar los más notables deslices tipográficos, no me ha dejado en manera alguna satisfecho de su desempeño literario. Impreso a medida que se escribía, según podrá notarse en muchas de sus páginas, no era posible enmendar lo que una vez se había escrito. Sin embargo, si puede comprenderse lo que he querido decir, y los hechos se encuentran relatados con la suficiente claridad, me doy por satisfecho, pues que al tomar la pluma no me ha movido otro interés que el de la República, comprometida en su conservaron y en su honor, tanto por las contingencias que la amagan, como por el juicio que se forme de la conducta de sus servidores. El buen nombre y el crédito de las naciones es inseparable de sus gobernantes. Estos son las que las elevan al apogeo de la gloria, y ellos también los que las abaten al polvo vil, en que se ha perdido hasta la memoria de generaciones y de pueblos que parecían destinados a perpetuar su nombre en la tierra.

México, Noviembre 2 de 1853-

JOSÉ F. RAMÍREZ.

Nota. —Al fin de la obra se encontrará la tabla de algunas graves erratas que se han escurrido en la edición.

 

Nota:
(a) Imprimióse con el título siguiente:—Message from the President of the United States, in answer to a resolution of the Senate, calling for the correspondence between the Governments of the United States and México, respecting a right of way across the Isthmus of Tehuantepec.—(Hamilton, print. 177 roy. 8.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:
Ramírez José F. Memorias, negociaciones y documentos, para servir a la historia de las diferencias que han suscitado entre México y los Estados Unidos los tenedores del antiguo privilegio, concedido para la comunicación de los mares Atlántico y Pacífico, por el Istmo de Tehuantepec. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1853.